Un ¡basta! Enorme estremece una Isla.

Soy una Isla que estalla, un rayo de luz, un verso sujetado al sur de mis memorias, un mar de pueblo que abraza al mar que nos rodea.

Soy una Isla en lucha por su vida, su historia y su futuro, soy una roca en medio del camino, que decidió, para siempre, inventarse otro camino.

Todos somos la Isla iluminando amaneceres, somos luz, clamor, llanto y grito, somos esperanza, vida.

Somos parte del pasado y queremos ser futuro, que usted, él, yo, ellos, nosotros, todos contemos no el 1 , el 2 o el 3, queremos contar para la historia. Ser hacedores y parte de decisiones, tener voz alta y fuerte, no más oídos sordos, no más enemigos si discrepo, no más locos gritando por bocinas, mientras el hambre y la angustia recorren la Isla, sus entrañas.

No queremos que nos hagan la historia, que nos regalen gobiernos y leyes, queremos escribir, con nuestras manos, nuestra historia. No intervenciones, ni regalos, no bombas desde afuera, ni palos y fusiles desde adentro, apuntando a nuestro pueblo, no migajas, ni que decidan por nosotros. Que un basta enorme anuncie a todos que tomamos las riendas del futuro. Acaso no entienden de cansancios, de un pueblo que habla con voz propia, que no reconoce otro mandato que su voluntad y su fuerza.

Somos Isla y pueblo, con derechos, dignidad, con fuerza y ganas, queremos tomar las riendas del camino y seguir la ruta que salve la patria para todos, esa patria que hace años prometieron, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.

Cuba duele y mucho.

Cuba nos duele a muchos y es un dolor terrible. Sólo un golpe de suerte, una salida a tiempo nos salvó de estar dentro y no fuera, mirando espantados a nuestros hermanos morir.

Cuba duele y es un dolor terrible, unas ganas enormes de hacer y no encontrar las vías. Las palabras alientan, dan ánimos, pero no curan ni al covid, ni al hambre.

Muchos queremos tender incondicionales manos, ayudar como sea que nos faciliten la vía, que el camino se abra y la ayuda fluya, espontánea, solidaria, de hermano a hermano. Como quien comparte una tacita de café o un plato de comida.

Ayudar es la palabra de hoy y nos preguntamos , ¿cómo? Lloramos de impotencia y queremos convertir lágrimas en fuerza y acción, en comida y medicinas que llegue oportuna y solidaria.

Hoy se impone canalizar la ayuda, dar, porque hace días el pan nos sabe amargo y el café no sabe igual. Hay gente muriendo del otro lado y muchos, allá, abandonados a su suerte.

Sobre errores y mal manejo ha crecido esta tragedia y los discursos no salvan vida, ni matan hambre, las consignas se atragantan y no es hora de poses y repetir palabras que no tienen eco y se pierden en el éter.

Allá, los que tienen algo, quieren compartirlo y ofrecen autos y sus vidas para ayudar a salvar al pueblo. Demuestran que todo no esta perdido y un gigantesco; yo vengo a ofrecer mi corazón, recorre la isla, estremece y conmueve.

Que se abran las reservas de tiempo de guerra, ya el pueblo está en guerra con la muerte y el hambre, que se le dé pan al pueblo, se le garantice la canasta básica por un tiempo determinado, que no tengan que arriesgar sus vidas en interminables colas por un trozo de pollo o una botella de aceite, que lo que tengan para vender en dólares y euros se le entregue gratuito a las familias aisladas, el hambre mata tanto como el covid. Que se acepte la ayuda de todos los que queremos ayudar y que esa ayuda llegue al pueblo, que no se venda en dolares que no tienen, ni se especule con ella. Cuando todos tengan la comida garantizada por un tiempo determinado, entonces podrán cerrar el país totalmente, y un quédate en casa enorme podrá cortar las vías de transmision del virus. No es posible hablar de aislamiento e irresponsabilidades cuando hay que jugarse la vida para poner un plato de comida en la mesa.

Si un día los cuarteles se convirtieron en escuelas, que hoy los hoteles de lujo se conviertan en hospitales, que nadie espere atención médica tirado en el suelo, ni durmiendo en una silla.

Hablo con mis hermanos y muchos temen por sus vidas, hay miedo y hambre en Matanzas, hay espanto en las madres que abrazan con fuerza a sus hijos, que quieren ser la muralla que los proteja y salve.

No me hablen de imperios, ni luchas ideológicas, el pan no sabe de enemigos políticos, y una tableta para bajar la fiebre no pregunta, ni pide partido político.

Cuando muere un hermano, algo de nosotros muere con él. El futuro está muriendo ante nuestros ojos y muchos, por suerte, nos resistimos a contemplarlo con los brazos cruzados. Nos duele Cuba y mucho.

Fotografías tomadas de diferentes páginas de Facebook

Una Islita entre escombros

Pancho salio de Cuba en el 60, era parte de esos primeros cubanos que llegaron a Miami dispuestos a dejarse la piel trabajando, a darlo todo y comenzar una nueva vida. Logró salir con su mujer y su hijo pequeño, llegaron a un rincón del Miami de entonces y en un modestísimo apartamento y con 2 trabajos se aferró a sueños y ganas para salir adelante. No temía al trabajo, ni al futuro.

Los viernes pagaban en su trabajo, una noche de jueves mientras disfrutaba su café le dijo a su mujer:

– Mañana, por vez primera desde que salimos de Cuba, voy a comprar algo que no es comida, ni ropa, no es indispensable tal vez, pero que necesito tener, ver todos los días.

Juana no hizo preguntas, confiaba en él, sabía que era incapaz de hacer un gasto inútil.

El viernes, al salir del trabajo, Pancho pasó por una tienda, salió con una bolsa grande que llevaba con cuidado y orgullo. Llegó a su apartamentico y le dijo a su mujer:

– Mira Juana, nuestra islita, nuestra Cuba que nunca nadie podrá arrebatarnos, quiero que nos acompañe, como un talismán de la buena suerte, quiero que nuestro hijo crezca mirándola, sabiéndose cubano y orgulloso de serlo.

El tiempo pasó y el trabajo y esfuerzo dieron sus frutos, dio estudios y carrera a su hijo, compró algunas propiedades y vivía con comodidad. El día que su hijo se graduó invitó a sus amigos a cenar, uno de sus amigos le dijo:

– Debes estar feliz, tu hijo es prácticamente gringo y ahora médico.

Su hijo que escuchó la conversación le corrigió:

– No, no soy gringo, soy cubano, nací en esa islita que usted ve en ese cuadro y muy orgulloso de serlo, llegué a este país de 1 año, amo este país donde me he hecho hombre, pero aquí en mi corazón late Cuba con alientos a palmeras y brisas del mar, con aires de libertad; esa es mi patria.

Pancho lo abrazó orgulloso y feliz, como sólo puede ser feliz un hombre cuando su hijo sigue su ruta y aliento.

Pancho seguía las noticias sobre Cuba y hablaba con sus amigos, soñaba con ese regreso, volver a andar las calles habaneras, sentarse en el muro del malecón, recorrer los campos, sentir ese olor a Cuba que guardaba en el alma. Cuando estaba solo se acercaba al cuadro que había comprado hace años y acariciaba su islita, volveremos a vernos, le decía.

Un domingo a la hora del almuerzo su hijo le dijo:

– Papá, les compré un apartamento en la playa, frente al mar, sé que disfrutaras verlo todos los días y saber que del otro lado, en la otra orilla, Cuba te espera.

Se abrazaron emocionados, Pancho quedo mirando a su islita y hasta le pareció verla sonreír.

Cuando se mudaron al nuevo apartamento, compraron muebles nuevos, solo llevaron de su antiguo hogar, el cuadro de la islita de Cuba.

Pancho era feliz, tenía salud, aún estaba fuerte, ya se había retirado y vivía con comodidad, sus años de trabajar duro habían dado frutos. Pasaba horas pensando en su Cuba, imaginándola, trayendosela en el recuerdo y soltandola libre y radiante en sus sueños. Miraba el cuadro con su islita y lágrimas de emoción corrían por sus mejillas.

Su hijo quería que se mudaran con él, siempre le decía:

– Viejo vente conmigo, ese edificio donde viven ya esta viejo y no me siento tranquilo con ustedes viviendo ahí.

– Ay mi hijo, ese edificio va a durar más que yo, soy yo quien esta viejo, dejame allá frente al mar, cerca de mi tierra.

Un día los invito a comer, cuando terminaron la cena, después de la sobremesa les dijo:

– Quédense a dormir hoy, es tarde y mañana se van, estaré más tranquilo sabiéndolos aquí que manejando hasta la playa.

Pancho y Juana se quedaron a dormir, cuando se despertaron su hijo, casi llorando les dijo

– Miren las noticias.

Les puso el televisor, ahí estaba su edificio o lo que quedaba de él, la parte en que ellos vivían se había desplomado. Los viejos se abrazaron llorando, Pancho gritó

– ¡Cuba, Cuba, no puedo haberla perdido por segunda vez!

Juana y su hijo sabían a que se refería. A Pancho no le importaban las porcelanas que habían perdido o las joyas que estaban entre los escombros; su islita, la que guardaba hace años y acariciaba y hablaba con ella era lo que le preocupaba en ese instante.

Llegaron al lugar del derrumbe, a pesar de prohibiciones y medidas de seguridad, Pancho logró acercarse al lugar de derrumbe, allí, entre escombros, pero reluciente, como quien vence obstáculos y renace de cenizas, su islita brillaba al sol, intacta, como si la Caridad del Cobre la hubiera tomado en sus manos, protegiéndola. Pancho intentó recogerla, pero no lo dejaron acercarse más. Habló con un bombero al que logró convencer y emocionar, fue y arriesgando su vida le trajo su islita. Cuando Pancho estrechó junto a su pecho el cuadro, florecieron girasoles entre los escombros, volaron sinsontes entre los pedazos en pie del edificio y un rayo de sol con aires de libertad iluminó el cuadro con la islita de Cuba.

Fotografía tomada del profile de un amigo de Facebook.

40 años de arte y entrega, de empeños y ganas.

Anoche, entre luces, aplausos, recuerdos y ganas, Lourdes Libertad celebró sus 40 años en escena. Arropada por recuerdos, amigos fieles y admiradores, vistió de gala y cubania la noche de Miami, hizo historia.

Lourdita ha logrado imponerse en este Miami que parecía negarse a abrirse al empuje de nuestros artistas, de esos que dejaron atrás éxitos y público y apostaron todo a una nueva vida. Ella a fuerza de voz y temperamento ha hecho suya esta ciudad que no pudo resistirse a su empuje.

40 años en escena, celebra alguien que nació entre acordes, notas y escenarios. Desde la gloria la Lourdes mayor aplaude feliz, extasiada, segura que no hay finales, ni muertes decretadas para quien vive en el corazón de un pueblo y deja su retoño reverdeciendo laureles en cada escenario. Desde otra dimensión esa fuerza extraña y desconocida ilumina la ruta de Lourdita.

Allí estuvieron sus amigos, sumaron aplausos y bravos, su público fiel, faltamos algunos, entre ellos este habanero atrapado en su trabajo, pero seguro del éxito de la noche. Gracias a amigos pude disfrutar videos de la actuación de Lourdita, aplaudirle a pesar de no estar presente, vibrar con cada agudo, con cada nota.

Hubo invitados que aportaron entrega y esfuerzos en el homenaje a Lourdita, entre ellos Marcelino Valdes, basta su voz para garantizar calidad y arte.

Ya es historia el espectáculo, ya esta del lado de los recuerdos, fueron días de esfuerzos de todo un equipo para garantizar el éxito y lo lograron con creces.

Saben que me gusta soñar y me imagino a su público habanero aplaudiendola, sumándose a este homenaje. La Habana, nuestra Isla, se bastan para la magia y los milagros.

Gracias Lourdita por estos 40 años y por los años por venir, gracias por tu entrega, tu arte y tu fuerza, tu no bajar la cabeza y aceptar retos y desafíos, ¡felicidades!

Entre traidores anda el juego.

Entre traidores anda el juego y los insultos llueven, abundantes e inoportunos.

Allá y acá padecemos del mal de atacar a todo el que no piense igual, de querer destrozar a dentelladas a todo el que se atreva a pensar diferente, a pensar por sí mismo.

Todo aquel que ose pensar por sí mismo, desgajarse del rebaño, decir no estoy de acuerdo, se busca tremenda salación; un, eres tremendo comemierda o tú estas equivocado o eres un traidor, pretende frenarlo en seco.

Donde quiera que estemos pretendemos reeditar la unanimidad, amamos los robots que obedecen sin objeciones, que siguen orientaciones de arriba ciegamente, obedientes y dóciles. Si Luis Alberto Montaner se atreve a criticar a Trump, allá van a despedazarlo, ¡estas equivocado! le gritan, vergüenza del exilio cubano, le dicen otros. El que hasta ayer era orgullo de muchos, ahora es tremendo comemierda por no sumarse a la comparsa proTrump, así andamos o mal andamos ¿seremos capaces algún día, de este lado del mar, de aprender que la unanimidad es imposible y que el que piensa diferente merece atención y respeto?

Si allá, al otro lado del mar, ven una foto de Leoni Torres con Willy Chirino, le gritan traidor y cuando anuncia una canción en la que unirán voces y talentos, cubren sus cabezas con cenizas espantados de tanta osadía. Lo que debería ser un motivo de orgullo y fiesta de la cultura cubana, se convierte en el objetivo de ataque. Willy Chirino no tiene sus manos manchadas de sangre, no ha financiado bombas, no ha ordenado fusilamientos, sólo, como muchos, no está de acuerdo con el gobierno cubano. Cubano de pura cepa, busca a otro cubano y en ese abrazo de las dos orillas, más allá de ideologías y fanatismos, esta el orgullo de ser cubano. Entendamos de una vez y por todas, que Cuba no es un partido, no es un gobierno.

Muchos que gastan tinta y voces en criticar a Leoni Torres, las ahorran para preguntar por la suerte de Luis Manuel Otero Alcántara. Hubiera sido hermoso que esos que hoy llaman traidor a Leoni Torres, aunque no compartieran las ideas de Luis Manuel, se preocuparan por él, apoyaran su pensar diferente, aunque no lo aplaudieran, pero no, es mucho pedir y en un chapoleteo constante dicen amar libertades, mientras las reprimen.

Entre traidores anda el juego, porque al final la Patria es la traicionada, la que espera, impaciente, ser “de todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google

Una fiesta de recuerdos.

Un día los recuerdos decidieron reunirse, convocar una fiesta de memorias. Estaban cansados de venir de uno en uno, de ser convocados por una foto, un sueño, un olor o un suspiro ¡queremos una fiesta con todos reunidos! que no falte nadie, exclamación a coro. A Pepe le gustó la idea, nos reuniremos en abril, un día cualquiera, la dijo a sus recuerdos.

Llegó el día señalado, estaban todos, hasta recuerdos perdidos allá en el inicio de los tiempos, llegaron de uno en uno, en grupos, saludaban y ocupaban su lugar, apretados uno al lado del otro, para garantizar espacio a todos.

Allí estaba su primer llanto, el primer beso de su madre, pañales cambiados y noches de desvelos; recuerdos que creía perdidos para siempre le sonreían, le hacían guiños. Se vio niño del brazo de mamá, adolescente, joven, estudiante, trabajador, hombre, temba, amante.

Disfrutó especialmente los recuerdos de mamá, esos días que la hacía feliz y orgullosa, que su risa era capaz de borrar penas y distancias. Se detuvo en esos recuerdos, porque saben, eso somos, recuerdos; cada instante vivido es un tesoro, revivirlos es un placer especial, hondo. En el balance final sólo lo que podamos recordar será lo que realmente vivimos, lo importante; recordar tiene la suerte de hacernos volver a vivir en la memoria.

Decidió recibir a sus recuerdos, con su recuerdo mayor entre sus brazos, apretando fuerte a su madre, haciéndola eterna en su memoria. Ella es su talismán de la buena suerte, su refugio y consuelo, su resguardo. Recordó sus años de estudiante, sus compañeros del pre, de la carrera, esas ganas de graduarse, su desconocer que vivía uno de sus mejores tiempos. A veces sucede que los recuerdos nos hacen trampas, nos preguntamos, ¿realmente fue así, no me parece? La nostalgia y los años nos juegan sucio y endulzan o borran los recuerdos. En esta fiesta de recuerdos todos llegaron sin adornos, tal y como fueron, estaban sus éxitos y también sus fracasos, sus risas y sus lágrimas, su vida entera.

Pepe miró frente a frente a sus recuerdos, sólo con el recuerdo de su madre entre sus brazos pudo hacerlo, es duro eso de enfrentarse de golpe a todos los recuerdos, de repasar de una vez, toda la vida.

Frente a él, exámenes, graduaciones, escuelas al campo, actos de repudio, salidas del país, abrazos en la distancia, amores olvidados, llamadas los domingos, viajes a sus raíces, cada recuerdo lo emocionaba y conmovía, le hacia reflexionar.

Cuando estuvieron todos Pepe los miró y les dijo: no me abandonen nunca, le tengo terror a vivir en el olvido, a la terrible desmemoria. Los recuerdos rieron: vinimos a alegrarte, a una fiesta gigante, ¡disfrútala! y allí en el recuerdo aparecieron cakes de cumpleaños, fiestas junto a mamá y su familia, con sus amigos, risas desbordadas, abrazos multiplicados, fuertes, necesarios. Los recuerdos lo rodearon, competían por llamar su atención, por hacerlo vivir de nuevo emociones y momentos.

Pepe los abrazó a todos muy fuerte, ¡no me abandonen nunca! Gritó como una orden, una súplica, mientras disfrutaba de todos, reviviendo uno a uno, instantes de su vida.

Los recuerdos esos traviesos que apuntalan el hoy y aseguran el mañana, que se aparecen sin avisar, nos traen sonrisas y lágrimas, sin ellos no existimos, por eso siempre los invito a mi fiesta, ¡a mi vida!

Fotografía tomada de Google.

Fantasmas al sur de mis memorias.

Cuentan que allá al sur, cruzando el mar, habitan fantasmas. Hay casas o refugios donde los fantasmas se niegan al olvido y reviven una y otra vez, infancias, vidas y memorias. Es una lucha tenaz contra el olvido, un seguir vivo, más allá de distancias, de la muerte

Allá al sur de mi existencia viven mis fantasmas, esos que cuando faltan las fuerzas y disminuyen las ganas, me empujan a seguir, me alientan y sostienen. Ellos no descansan, en su labor diaria, fantasmas victoriosos que no creen en finales, ni partidas.

En una casa, allá en un barrio habanero habita el niño que fui, el que soy aún, el que seré siempre. En las mañanas mi fantasma mayor lo despierta con un beso.

– Vamos despiertate, apúrate, no llegues tarde al colegio.

Allá en la mesa me sirve desayunos, conversa, me arregla la pañoleta, me despide con un beso. Regreso de la escuela, me recibe otro beso, somos felices en el reencuentro. Me da a probar potajes, delicioso le digo sonriendo.

– Lávate la cara y las manos y ven a almorzar.

Se sienta a mi lado, conversa, es y será siempre su costumbre.

Junto al fantasma de mi infancia, juegan otros fantasmas, son mis hermanas. Tomo en mis brazos la más pequeña e insisto en enseñarla a caminar, jugamos a que los marcianos nos persiguen por el patio y entre sustos y risas pasa la tarde.

El fantasma de mi adolescencia, regresa de la escuela al campo y la casa le parece inmensa, luminosa y limpia; repite besos y abrazos y el fantasma mayor lo mira emocionada, lo ama mucho.

Compartiendo tiempo y espacio entre fantasmas, un yo, joven se encierra.en su cuarto a estudiar, toma café y se empeña en estudiar toda la noche, nunca lo logra y su fantasma mayor le apaga la luz y lo besa suavemente para no despertarlo. Mis fantasmas celebran mi graduación, el orgullo a veces crece mucho en el corazón de quien nos ama.

Allá los fantasmas se niegan a que la casa esté vacía, no aceptan ausencias. Mi fantasma mayor se sienta en el portal y mientras mis otros yo recorren las memorias, sueña mi regreso, sabe que siempre volveré a sus brazos en explosión de amor y sentimientos. Me acaricia en la memoria y espera, me esperará por siempre.

Los fantasmas se niegan al olvido, a un ya no estás y multiplicados, laboriosos, llenan rincones con su risa y aliento. Fantasmas necesarios que esperan regresos, que saben que sin ellos andaría sin rumbo. Cuando las fuerzas fallan, ellos me recuerdan caminos, iluminan rutas.

Allá al sur de mis memorias, decenas de fantasmas hacen la labor diaria de mantener intactos la historia de mi vida, la de muchos. No, nunca nos fuimos del todo, tampoco la muerte pudo vencer memorias, allá existen fantasmas que se encargan de mantener vivos los recuerdos. Allá habitan fantasmas que nos aman y esperan.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El tal Habanero publica su segundo libro, alabao.

Cuca invita a Yuya, su vecina de Hialeah a tomarse un café, recordando cuando lo compartían, alla en un solar perdido en CentroHabana. Lo saborean y la conversación adornada con el aroma del café, se hace inevitable.

-Cuca, tu viste esto, otro libritico del tal Habanero,¡hasta cuando por tu madre! No le basta con el blog, con poner sus escriticos en cuanto grupo de cubanos hay en Facebook, otro libro más. En cualquier momento anuncia el lanzamiento del libro y allá van sus “seguidores” a aplaudirle y halarle la leva, como dirian en Cuba.

– Ay Yuya no seas así, la tienes cogia con el pobre hombre, escribe porque le gusta y con eso no le hace daño a nadie, al contrario a muchos le gustan sus escritos. Mira su cuento “Yo tengo dos papás” tuvo miles de visitas en Uruguay y Argentina y como ese muchos más. En este libro tiene cuentos inéditos y hay como dos historias que les cambio el final, dándoles un nuevo aire.

– Ya no sabe que inventar para que la gente le compren sus libriticos, es capaz de pararse en los semáforos de Hialeah a vender sus libros a grito limpio, ¡aquí sus historias de Cuba y Miami a buen precio! ¡Si me compra uno, el segundo a mitad de precio! ¡Vaya agarra su lagrimita de nostalgia aqui! Esas historias se las leen 3 o 4 na’ma que no se venga a hacer ahora el escritor famoso. Ya me tiene cansá, aburría con su cantaleta de La Habana, que si los girasoles y los sinsontes. Ave María purisima, ¡hasta cuando!

– Mujer cálmate, que él ni se entera de lo que tu dices y de todos modos va a seguir escribiendo. Si te aburre, no lo leas y sanseacabo.

Mientras conversan, el camión de Amazon prime parquea frente a la casa de Cuca y deja un paquete. Cuca, sale y lo recoge.

– Mira me llegaron los libros del habanero, compré dos porque pensaba regalarte uno, pero como tú no lo quieres ver ni en pintura, se lo voy a regalar a Margarita.

Cuca abre el paquete con los dos ejemplares de “Cuba y Miami son también de un pájaro las dos alas”. Yuya se levanta del sillón y de un tirón le arrebata un libro a Cuca.

– Dame acá que este me lo leo esta noche que Manolo anda con el camión pa’ Atlanta, que Margarita, ni Margarita, que se compre uno si lo quiere leer.

-Mi santa lo tuyo es mucho con demasiado, contigo hay que decir aquello de: ¡que gente caballero, pero que gente!

Dia de la mujer, 365 veces al año.

Dia internacional de la mujer, esta manía nuestra de nombrar días, de querer resumir en un día homenajes y amores.

Muchos hablan de la igualdad de la mujer, de su necesidad de andar al lado del hombre como igual, disparates; ¡como pretender disminuirla, empequeñecerla, igualandola al hombre! La mujer es un ser superior, hecha de polvo de estrellas, sueños, acero, tesón, sonrisas y desvelos, un ser único, irrepetible, sólo a ellas le es dado el don de iluminar futuros y hacer milagros.

Alguien dijo una vez que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, yo agregaría, al lado, delante, alentando, tejiendo sueños y metas; así están presentes siempre, como seres de luz, iluminando rutas, abriendo caminos.

Todo hombre tiene en su vida mujeres especiales, inolvidables, madres, hermanas, amantes, amigas. Guardamos recuerdos imborrables de momentos especiales, de esos que sin su presencia y aliento, todo hubiera sido distinto. Son seres únicos, con la rara habilidad de recoger pedazos y armarnos de nuevo, da darnos un beso y susurrar: todo estará bien y al final lo logran, todo esta bien o mejor.

Al final, no es un día de homenaje, son 365 días de diario y merecido homenaje, de darle gracias por ser y estar, por soplarnos fuerzas, ideas y alientos en los más difíciles momentos.

Mi madre estudio secretariado, era una hábil mecanógrafa y taquígrafa tenía vacaciones y días libres, jornadas de 8 horas, un día se casó ; nunca más tuvo días libres, sus jornadas fueron de 24 horas, no más vacaciones, ni soñar con retirarse. Ella no perdió jamas la sonrisa, ni la dulzura, no se cansó, no llamó nunca enfermo. Se entrego en cuerpo y alma a criar y amar a sus hijos; hoy vive, eterna, inolvidable en nuestros corazones; así son las mujeres, mezcla rara de hadas, magas, luz, hechiceras de la fantasía y el amor.

A todas las mujeres, a mis amigas especiales que amo entrañablemente, a mis compañeras de trabajo, a todas las que alguna vez me han sonreido, amado y alentado, compartido risas y lagrimas, alientos y metas, mi admiración y mi mano extendida, no para que me sigan; para que me ayuden a continuar, a no desmayar, a levantarme cada día. Felicidades por ser, hoy y siempre.

Fotografía tomada de Google.

Lourdes Libertad, desafía la tormenta.

Lourdes Libertad en concierto y en Alfaros, una noche de sábado que por esas deliciosas coincidencias de la vida, estoy libre. La tentación y las ganas de disfrutar una noche cubana entre amigos, pudieron más que los temores por la pandemia. Así, entre amigos, disfruté mi primera salida a un lugar público, en tiempos de pandemia.

Lourdita, puntual, asiste a la cita con su público, disfruta esos aplausos que la reciben. Es su reencuentro con el público, sin ustedes no soy nadie, dice emocionada y feliz, mientras se entrega en notas y agudos, entre aplausos. Desafía la tormenta, sabe que volverán tiempos mejores y aporta voz y arte en el empeño.

Poco a poco, como quien reparte regalos entre amigos, entrega canciones y va transformando el lugar en un parque habanero o lo hace Malecón o calle, solar o barrio. Pablito asiste al concierto y el breve espacio en que no estas, se hace inmenso. Es noche de magias y reencuentros.

Un momento especial, cuando Miami Latino le entrega una placa de reconocimiento por sus 40 años de vida artistica. Aunque creo son más, si recordamos que siendo un bebé hizo televisión; es toda una vida dedicada al arte, al arte que recibió al nacer de su madre, Lourdes Torres.

Las madres no podían faltar a este concierto, no se perdonarian esa ausencia. Canta de Lia, Todo pasa menos tú y Lourdita y yo sabemos que entre notas, mami me acaricia la frente y susurra a mi oído: aquí estoy, como siempre. Estrena, en su voz, una canción de Lourdes Torres, es noche de madres arropando recuerdos, iluminando rutas.

Rinde homenaje a algunas mujeres que ella llama, tremendas. Farah, en su voz vuelve a hacer su largo viaje, entre recuerdos y voces. No falta nuestra Rosita, sin un reproche la evoca y trae al escenario, eterna e inmensa, nuestra Rosa sin final. De Moraima, recrea su Perdóname conciencia y desde un rincón del escenario, la mora aplaude, presente y feliz.

Lo pronostiqué cuando hablé de este concierto en Facebook, sería una noche cubana en el corazón de Miami y entre notas y armonías, la Habana, Cuba, asiste y aplaude feliz, de saberse inmensa, de ser Patria y vida a la vez.

Se despide de su público que le pide, insistente, otra, otra y regala una más, como el mago del cuento que no se cansa de sorprendernos y siempre tiene un As en su sombrero.

La noche termina y regreso a casa feliz. Le debo a Lourdita dedicarle y firmarle mi libro, ella me debe, por siempre, canciones, abrazos y próximos encuentros.