Fantasmas al sur de mis memorias.

Cuentan que allá al sur, cruzando el mar, habitan fantasmas. Hay casas o refugios donde los fantasmas se niegan al olvido y reviven una y otra vez, infancias, vidas y memorias. Es una lucha tenaz contra el olvido, un seguir vivo, más allá de distancias, de la muerte

Allá al sur de mi existencia viven mis fantasmas, esos que cuando faltan las fuerzas y disminuyen las ganas, me empujan a seguir, me alientan y sostienen. Ellos no descansan, en su labor diaria, fantasmas victoriosos que no creen en finales, ni partidas.

En una casa, allá en un barrio habanero habita el niño que fui, el que soy aún, el que seré siempre. En las mañanas mi fantasma mayor lo despierta con un beso.

– Vamos despiertate, apúrate, no llegues tarde al colegio.

Allá en la mesa me sirve desayunos, conversa, me arregla la pañoleta, me despide con un beso. Regreso de la escuela, me recibe otro beso, somos felices en el reencuentro. Me da a probar potajes, delicioso le digo sonriendo.

– Lávate la cara y las manos y ven a almorzar.

Se sienta a mi lado, conversa, es y será siempre su costumbre.

Junto al fantasma de mi infancia, juegan otros fantasmas, son mis hermanas. Tomo en mis brazos la más pequeña e insisto en enseñarla a caminar, jugamos a que los marcianos nos persiguen por el patio y entre sustos y risas pasa la tarde.

El fantasma de mi adolescencia, regresa de la escuela al campo y la casa le parece inmensa, luminosa y limpia; repite besos y abrazos y el fantasma mayor lo mira emocionada, lo ama mucho.

Compartiendo tiempo y espacio entre fantasmas, un yo, joven se encierra.en su cuarto a estudiar, toma café y se empeña en estudiar toda la noche, nunca lo logra y su fantasma mayor le apaga la luz y lo besa suavemente para no despertarlo. Mis fantasmas celebran mi graduación, el orgullo a veces crece mucho en el corazón de quien nos ama.

Allá los fantasmas se niegan a que la casa esté vacía, no aceptan ausencias. Mi fantasma mayor se sienta en el portal y mientras mis otros yo recorren las memorias, sueña mi regreso, sabe que siempre volveré a sus brazos en explosión de amor y sentimientos. Me acaricia en la memoria y espera, me esperará por siempre.

Los fantasmas se niegan al olvido, a un ya no estás y multiplicados, laboriosos, llenan rincones con su risa y aliento. Fantasmas necesarios que esperan regresos, que saben que sin ellos andaría sin rumbo. Cuando las fuerzas fallan, ellos me recuerdan caminos, iluminan rutas.

Allá al sur de mis memorias, decenas de fantasmas hacen la labor diaria de mantener intactos la historia de mi vida, la de muchos. No, nunca nos fuimos del todo, tampoco la muerte pudo vencer memorias, allá existen fantasmas que se encargan de mantener vivos los recuerdos. Allá habitan fantasmas que nos aman y esperan.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El tal Habanero publica su segundo libro, alabao.

Cuca invita a Yuya, su vecina de Hialeah a tomarse un café, recordando cuando lo compartían, alla en un solar perdido en CentroHabana. Lo saborean y la conversación adornada con el aroma del café, se hace inevitable.

-Cuca, tu viste esto, otro libritico del tal Habanero,¡hasta cuando por tu madre! No le basta con el blog, con poner sus escriticos en cuanto grupo de cubanos hay en Facebook, otro libro más. En cualquier momento anuncia el lanzamiento del libro y allá van sus “seguidores” a aplaudirle y halarle la leva, como dirian en Cuba.

– Ay Yuya no seas así, la tienes cogia con el pobre hombre, escribe porque le gusta y con eso no le hace daño a nadie, al contrario a muchos le gustan sus escritos. Mira su cuento “Yo tengo dos papás” tuvo miles de visitas en Uruguay y Argentina y como ese muchos más. En este libro tiene cuentos inéditos y hay como dos historias que les cambio el final, dándoles un nuevo aire.

– Ya no sabe que inventar para que la gente le compren sus libriticos, es capaz de pararse en los semáforos de Hialeah a vender sus libros a grito limpio, ¡aquí sus historias de Cuba y Miami a buen precio! ¡Si me compra uno, el segundo a mitad de precio! ¡Vaya agarra su lagrimita de nostalgia aqui! Esas historias se las leen 3 o 4 na’ma que no se venga a hacer ahora el escritor famoso. Ya me tiene cansá, aburría con su cantaleta de La Habana, que si los girasoles y los sinsontes. Ave María purisima, ¡hasta cuando!

– Mujer cálmate, que él ni se entera de lo que tu dices y de todos modos va a seguir escribiendo. Si te aburre, no lo leas y sanseacabo.

Mientras conversan, el camión de Amazon prime parquea frente a la casa de Cuca y deja un paquete. Cuca, sale y lo recoge.

– Mira me llegaron los libros del habanero, compré dos porque pensaba regalarte uno, pero como tú no lo quieres ver ni en pintura, se lo voy a regalar a Margarita.

Cuca abre el paquete con los dos ejemplares de “Cuba y Miami son también de un pájaro las dos alas”. Yuya se levanta del sillón y de un tirón le arrebata un libro a Cuca.

– Dame acá que este me lo leo esta noche que Manolo anda con el camión pa’ Atlanta, que Margarita, ni Margarita, que se compre uno si lo quiere leer.

-Mi santa lo tuyo es mucho con demasiado, contigo hay que decir aquello de: ¡que gente caballero, pero que gente!

Dia de la mujer, 365 veces al año.

Dia internacional de la mujer, esta manía nuestra de nombrar días, de querer resumir en un día homenajes y amores.

Muchos hablan de la igualdad de la mujer, de su necesidad de andar al lado del hombre como igual, disparates; ¡como pretender disminuirla, empequeñecerla, igualandola al hombre! La mujer es un ser superior, hecha de polvo de estrellas, sueños, acero, tesón, sonrisas y desvelos, un ser único, irrepetible, sólo a ellas le es dado el don de iluminar futuros y hacer milagros.

Alguien dijo una vez que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, yo agregaría, al lado, delante, alentando, tejiendo sueños y metas; así están presentes siempre, como seres de luz, iluminando rutas, abriendo caminos.

Todo hombre tiene en su vida mujeres especiales, inolvidables, madres, hermanas, amantes, amigas. Guardamos recuerdos imborrables de momentos especiales, de esos que sin su presencia y aliento, todo hubiera sido distinto. Son seres únicos, con la rara habilidad de recoger pedazos y armarnos de nuevo, da darnos un beso y susurrar: todo estará bien y al final lo logran, todo esta bien o mejor.

Al final, no es un día de homenaje, son 365 días de diario y merecido homenaje, de darle gracias por ser y estar, por soplarnos fuerzas, ideas y alientos en los más difíciles momentos.

Mi madre estudio secretariado, era una hábil mecanógrafa y taquígrafa tenía vacaciones y días libres, jornadas de 8 horas, un día se casó ; nunca más tuvo días libres, sus jornadas fueron de 24 horas, no más vacaciones, ni soñar con retirarse. Ella no perdió jamas la sonrisa, ni la dulzura, no se cansó, no llamó nunca enfermo. Se entrego en cuerpo y alma a criar y amar a sus hijos; hoy vive, eterna, inolvidable en nuestros corazones; así son las mujeres, mezcla rara de hadas, magas, luz, hechiceras de la fantasía y el amor.

A todas las mujeres, a mis amigas especiales que amo entrañablemente, a mis compañeras de trabajo, a todas las que alguna vez me han sonreido, amado y alentado, compartido risas y lagrimas, alientos y metas, mi admiración y mi mano extendida, no para que me sigan; para que me ayuden a continuar, a no desmayar, a levantarme cada día. Felicidades por ser, hoy y siempre.

Fotografía tomada de Google.

Lourdes Libertad, desafía la tormenta.

Lourdes Libertad en concierto y en Alfaros, una noche de sábado que por esas deliciosas coincidencias de la vida, estoy libre. La tentación y las ganas de disfrutar una noche cubana entre amigos, pudieron más que los temores por la pandemia. Así, entre amigos, disfruté mi primera salida a un lugar público, en tiempos de pandemia.

Lourdita, puntual, asiste a la cita con su público, disfruta esos aplausos que la reciben. Es su reencuentro con el público, sin ustedes no soy nadie, dice emocionada y feliz, mientras se entrega en notas y agudos, entre aplausos. Desafía la tormenta, sabe que volverán tiempos mejores y aporta voz y arte en el empeño.

Poco a poco, como quien reparte regalos entre amigos, entrega canciones y va transformando el lugar en un parque habanero o lo hace Malecón o calle, solar o barrio. Pablito asiste al concierto y el breve espacio en que no estas, se hace inmenso. Es noche de magias y reencuentros.

Un momento especial, cuando Miami Latino le entrega una placa de reconocimiento por sus 40 años de vida artistica. Aunque creo son más, si recordamos que siendo un bebé hizo televisión; es toda una vida dedicada al arte, al arte que recibió al nacer de su madre, Lourdes Torres.

Las madres no podían faltar a este concierto, no se perdonarian esa ausencia. Canta de Lia, Todo pasa menos tú y Lourdita y yo sabemos que entre notas, mami me acaricia la frente y susurra a mi oído: aquí estoy, como siempre. Estrena, en su voz, una canción de Lourdes Torres, es noche de madres arropando recuerdos, iluminando rutas.

Rinde homenaje a algunas mujeres que ella llama, tremendas. Farah, en su voz vuelve a hacer su largo viaje, entre recuerdos y voces. No falta nuestra Rosita, sin un reproche la evoca y trae al escenario, eterna e inmensa, nuestra Rosa sin final. De Moraima, recrea su Perdóname conciencia y desde un rincón del escenario, la mora aplaude, presente y feliz.

Lo pronostiqué cuando hablé de este concierto en Facebook, sería una noche cubana en el corazón de Miami y entre notas y armonías, la Habana, Cuba, asiste y aplaude feliz, de saberse inmensa, de ser Patria y vida a la vez.

Se despide de su público que le pide, insistente, otra, otra y regala una más, como el mago del cuento que no se cansa de sorprendernos y siempre tiene un As en su sombrero.

La noche termina y regreso a casa feliz. Le debo a Lourdita dedicarle y firmarle mi libro, ella me debe, por siempre, canciones, abrazos y próximos encuentros.

Compadre, no se faje con familiares o amigos por políticos.

Elena y Rosa son amigas de siempre, de esas amigas que no importan, años ni distancias. Rosa vino para Miami primero, 10 años después llegó Elena. Nunca dejaron de llamarse, ni de cuidar una de la otra.

Elena es republicana e hizo de Trump su idea fija, su semiDios, Rosa es demócrata, no sólo hizo donaciones a la campaña de Biden, se ofreció voluntaria para hacer llamadas y movilizar a la gente para que votaran azul en las elecciones. A todos les sorprendía que esa diferencia de ideas políticas no afectará su amistad, que no se insultaran una a la otra o se agarraran de los moños, gritando el nombre de su candidato.

Elena y Rosa tienen bien claro que las amistades, la familia no se dividen por la política.

Una tarde de domingo, Elena invitó a Rosa a almorzar, su arroz con pollo especial fue el plato fuerte, después de saborear el arroz con leche, se sentaron en el portal a tomar el café y a darle a la sin hueso.

– Elena , tú sabes que Manolo, mi primo, fue a Tampa a visitar a su hermana, él y su cuñado siempre se han llevado como hermanos, bueno, no siempre.

– ¿Que pasó Rosa?

– Nada que Manolo es republicano, Trumpista y la misma noche que llegó, en plena comida se le ocurrió cagarse en la madre de todos los que habían votado por Biden, él no sabía que su cuñado había votado demócrata, aquello fue el acabose, casi se van a las manos él y su cuñado. Hasta le echó en cara que gracias a él estaban aquí y ahora votaba por un cochino demócrata que eso era el colmo. No se dieron golpes porque su hermana se metió en el medio. Manolo recogió sus cosas y regresó, otra familia más dividida por la política. Algo absurdo, dos hombres que eran como hermanos, fajados por dos tipos que ni los conocen.

– No es la política mi amiga, tú y yo pensamos diferentes y jamás hemos discutido, nos respetamos y reconocemos el derecho de cada uno de elegir al candidato o partido que quiera, es la falta de tolerancia.

– Sabes, ahí discrepo contigo, eso es más que falta de tolerancia. Desde enero del 59, en Cuba, la política dividió familias y separó amigos. Si alguien no era revolucionario, le dejaban de hablar y mantener contacto con los que se iban del país, era pecado mortal. Esos cubanos que se fajan con amigos y familiares, son buenos discípulos de esos que nos dividieron, de los que mandaron a grupos a tirar huevos y acosar a los que se iban del país cuando el Mariel. Viven en Miami, pero no evolucionan, aprendieron tan bien la lección que siguen en lo mismo.

– Tienes razón Rosita, se comportan aquí igualitico, no aceptan ideas contrarias a las suyas y destruyen familias y amistades sólo por diferencias políticas ¿Donde quedaron esos tiempos que la gente iba a votar, uno demócrata, otro republicano y a la salida se iban juntos a tomarse un cortadito?

– Son historia antigua, aunque todavía queda gente de esa.

– Claro que sí, mira Maargarita y Jose, el tal Habanero2000 ese, él es más demócrata que la Hillary y ella ama a Trump y siguen siendo los mejores amigos del mundo, jamás se han insultado, al contrario. Creo que en estos días van a comer juntos. Las fotos de esa comida de esos dos, van a ser una bomba en Miami, como si Biden invitara a Trump a almorzar. A más de uno le va a dar un soponcio cuando vean esas fotos, serán un símbolo de que las amistades no se destruyen por política, ojalá muchos sigan su ejemplo.

– Eres tremenda. Hay más casos de gente así, tú y yo no somos una especie en extincion y me alegro de amistades asi.

– El otro día en el Sedanos una gritaba en contra de los demócratas, una cajera casi le tira la caja por la cabeza. La gente se reía del ridículo que estaban haciendo las dos, fajadas por Trump y Biden, cuando al final a ninguno de los dos les importan ellas.

– Asi es Elena, uno puede apoyar a un político o al otro, a un partido u otro, pero no hay que exagerar y caer en los extremos, que gente buena y mala hay en todas partes y no se puede generalizar.

– Ay Rosita, está división no ayuda a nadie.

– Lo sé, mira mi hijo Luisto que trabaja en el aeropuerto, el dia que declararon ganador a Biden fue vestido de azul. Desde ese día una compañera de trabajo dejó de hablarle, antes le elogiada sus escritos y hasta le pedía que escribiera cuentos para niños, ahora ni le habla. Él sigue siendo el mismo, ella perdió un amigo.

– Lo absurdo es que muchos vinimos a este país buscando libertades y derechos y ahora quieren cortar esas libertades y derechos e imponer sus criterios a los demás. Niegan lo que dicen defender y rinden homenaje a los que dicen odiar y combatir.

– Asi mismito,¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografías tomadas de Google

Un café con la Patria, la vida y la libertad.

Nos duele la Habana con consignas y carteles, con promesas que nunca se cumplieron. Duele tanto en la memoria y en la piel, que, a veces, recordar se hace un oficio difícil.

Allá, donde la esperanza se disfraza en sueños y muchos murmuran opiniones, aún alientan amaneceres que se niegan a morir, que luchan por nacer.

Allá en un barrio habanero, de esos que no visitan turistas, ni políticos. Gloria cuela el café, abre la puerta de la cocina y grita.

– Cunda, ven que estoy colando.

Un voooyyy, responde mientras Gloria prepara las tazas y lleva el café recién colado para la sala, Cunda está en el portal y toca a la puerta.

– Entra, está abierta.

Gloria sirve el café y entre aroma y sorbos de café , las amigas conversan.

– Mi santa que es eso de si Patria o muerte o Patria y vida, ya estoy medio mareá con tantas consignas. Tú que has estudiao y te las sabes todas explícame todo este rollo. Tú eres más joven y tienes estudios, yo soy una negra que apenas sabe leer, explícamelo mi santica.

– Sabes, no me gustan las consignas, de tanto oírlas se me han atragantado. Para mi, lo más importante es la Patria, es lo primero. La Patria es la madre mayor y no me refiero a la tierra y a las palmas o a este olor a café, la Patria es más que eso. Nuestros recuerdos la conforman, nuestra infancia, nuestros primeros amores, el primer beso y la primera tristeza, las caricias de mamá, el nacimiento de los hijos, nuestros muertos, el sudor y la sangre de muchos es la Patria. La vida es hermosa, hay que vivirla a plenitud, disfrutarla y a veces uno siente que se le va la vida en una lucha inútil, en un batallar sin final. Patria y vida se unen por un futuro mejor y se resisten a la muerte. Sabes, cuando nacemos lo único seguro que tenemos es la muerte, esperándonos al final o a mitad del camino, por eso hay que gozar la vida, saborearla, pero yo agregaría algo más, la libertad. Porque la vida, aunque sea en la Patria, no es vida si no sé es libre y la libertad da otro sentido a la vida y viste de arcoíris a la Patria. Por eso yo quiero vivir mi vida a plenitud en mi Patria con libertades, porque sin la libertad la Patria está de luto y la vida es amarga y dura.

– Coño Gloria tu eres medio poeta, ¡que lindo hablas!

– Dejate de boberias y tomate el café que se va a enfriar.

Alguien toca a la puerta.

– Empuja que está abierta.

– Llegué a buena hora.

Dice Yeni mientras Gloria le sirve su café.

– Te quedó especial, este no es el de la bodega y hablando como los locos ¿ustedes vieron el video de la canción Patria y vida? ¡Que bueno está el Yotuel ese!

– ¿A ti lo que te llamó la atención fue nada más el negro sin camisa?

– No Gloria, me gustó la canción y aunque hay cosas con las que no estoy de acuerdo, tú sabes que yo soy de la juventud, si pienso que al final y al principio, Cuba es de todos y a todos hay que escucharlos, que mandando a callar a la gente y queriendo oír sólo lo que uno quiere, no se avanza. Que eso de la unidad y lucha de contrarios es una realidad y hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– Estás clara Yeni, hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– ¡Que lindo hablan ustedes! Yo me quedo boba escuchándolos.

– El punto es una vida digna en la patria de todos, con libertad, como dijo Martí, “con todos y para el bien de todos”

La tres amigas toman el café , sonríen, hay cafés que tiene aromas a libertades.

Fotografía tomada de Google.

Viaje al centro de una cola.

Elena apenas durmió, era la 1 de la mañana, se lavó la cara, se peinó, tomó un poco de “café” y salió a desafiar los elementos; decidida a comprar ese día pollo y aceite y algo más.

Cuando llegó se sorprendió, no había nadie. Una amiga que trabajaba en la tienda le había dicho, con mucho secreto, que iban a sacar pollo, aceite, mayonesa y algunos embutidos. Pensó encontrarse un montón de personas, hasta pensó que su amiga Iraida le había mentido, vaciló entre quedarse o volver a su casa. La necesidad y las ganas de poder llevar algo a su casa pudieron más. Con su mascarilla puesta se recostó a la puerta del mercado, decidida a esperar. Total hacía años que esperaba milagros y promesas, una espera más no hacía la diferencia.

Empezaron a llegar personas, algunas traían termos con su “café” y jabas de la shopping con algún pan dentro que, milagrosamente, escapó al hambre del día anterior.

Una señora la miró y dijo:

– Coño mira que madrugué para ser la primera y la blanquita esta me ganó . Seguro es de Buenavista y está entrená en esto

Elena la miró y sonriendo le dijo:

– Nacida y criada en Buenavista mi santa. Esto de las colas y pasar trabajos no tiene raza, ni color. El que no se ponga pa’ su número se queda en eso, pidiendo el agua por seña.

Llegaron los organizadores de la cola, émulos de esos que ponian números y clasificaban personas en la Alemania nazi. Con una pluma le ponían el número en el antebrazo a las personas, después le escaneaban el carnet de identidad. Mucha organización y control de colas y poca comida para repartir y poner en la mesa del cubano.

Elena se miraba su número 1 en el antebrazo, orgullosa y feliz, el 1, el 1, se repetía una y otra vez. No importaba estar despierta desde la 1 de la mañana, no sentía ese vacío en el estómago, el 1, el 1, ese era su triunfo.

La cola era de varias cuadras, eran muchas personas y en el intento de guardar la distancia entre ellas, las colas amenazaban con atravesar la ciudad, cruzarse unas con otras, en un laberinto de colas y necesidades.

Cuando faltaba una hora para que abriera la tienda, Elena sintió fatiga, las horas sin comer nada, la falta de sueño le estaban jugando una mala pasada, se puso pálida, sudaba. Micaela, la misma que tenía el número dos y se había sorprendido que la blanquita le quitara el número 1, metió la mano en su jaba, sacó un pomo plástico y le dijo:

-Date unos buches mi santa, es guachipupa de la buena, le pongo bastante azúcar pa’ poder aguantar estas horas pará’ aquí , no tengas pena, tomate unos buches verás que se te pasa la sirimba esa.

Elena dudo, no le hacía mucha gracia tomarse ese líquido que Micaela le ofrecía, pensó en giardias, amebas y hasta virus acechandola, esperando que acercara su boca para atraparla. Le dio un mareo, o se tomaba la guachipupa de Micaela o se iba a desmayar y perder su número 1 de la cola. Agarró el pomo plástico y se tomo 5 largos buches de la guachipupa ofrecida, el alma le volvió al cuerpo. Le dio las gracias a Micaela, gracias a ella terminaría triunfal su cola, con su primer número 1 en la historia de las colas.

Abrieron la tienda, Elena pudo comprar pollo, aceite, un pomo de mayonesa, hamburguesas y puré de tomate. A sus hermanos que vivían en Miami, tal vez les pareciera ridícula su compra, ella la miraba como su trofeo, como un premio o medalla a esfuerzos y sacrificios.

A la salida se encontró con Micaela.

– Ay blanquita, tengo un dolor de cabeza de tres pares y vivo en La Lisa, no sé como voy a llegar.

– Ven, vivo cerca y tengo ibuprofen, con eso se te quita el dolor.

– ¿Ibo que mi santa?

-Me las mandó mi hermano, son muy buenas para los dolores, ven te tomas un poco de jugo y esperas a que se te pase.

Así se fueron Elena y Micaela, apoyándose las dos, dándose una mano y alientos en su batalla por la sobrevivencia. Porque al final asi somos, damos lo que tenemos, nos negamos a desaparecer, amamos la patria y la vida.

Una mala decisión de Daniela Levine Cava

Vivimos tiempos difíciles, todos los sabemos. La pandemia que se resiste a darse por vencida, la pérdida de empleos, la preocupación por el mañana, han caracterizado la vida de la gran mayoría de nosotros. Algunos hemos sumado otras preocupaciones, hemos recibido golpes inesperados.

Mis amigos saben que soy demócrata 100%, soy un tipo amante de libertades y derechos, pertenezco al grupo que disfruta tender una mano y ayudar a todo el que lo necesite sin esperar nada a cambio, sólo el placer de hacer el bien. En la pasada campaña electoral por la alcaldía de Miami, voté por Daniela Levine Cava, no sólo porque era demócrata, me gustaba su persona y más aún la posibilidad de que una mujer ocupara la alcaldía de Miami Dade. Su rival Esteban Bovo me parecía una mala opción, su cara no me inspiraba confianza y las historias que me contaron personas que lo conocían personalmente, decidieron mi voto por Daniela.

No quisiera tener que arrepentirme de haber dado mi voto a Daniela y de convencer a muchos que votaran por ella, como la mejor opción para el condado. En el día de ayer, Daniela Levine Cava, decidió, de un plumazo, por decreto, suspender a la compañía Eulen, sus operaciones en el aeropuerto de Miami. Quiero creer que Daniela ha sido mal informada y peor manipulada. Desde mi llegada a Miami he trabajado en la misma compañía, su estabilidad, que sólo se vio afectada por la pandemia, el trato de la dirección de la compañía me han hecho amar mi trabajo e incluso rechazar otras ofertas con mejores posibilidades, por cuestiones de fidelidades y agradecimientos. Ayer cuando leía el memo donde Daniela ponía fecha límite al trabajo de Eulen en el aeropuerto de Miami, me sentí traicionado, decepcionado; en los argumentos citados por Daniela me parecía escuchar las quejas de los malos trabajadores que han pasado por la compañía, de esos que no conocen disciplina laboral y entrega al trabajo, de esos que han traído a Miami los malos hábitos laborales de sus países y se quejan de todo, incapaces de amar lo que hacen y llaman a los llamados a cumplir con su trabajo, malos tratos.

Ayer, después de leer el memo de Daniela, conversé con muchos trabajadores, créanme, la indignación, el disgusto de la mayoría de los trabajadores alcanzó niveles que ni yo mismo llegué a imaginar, los trabajadores me decían: a dónde tenemos que ir a quejarnos, si van a hacer una manifestación o firmar cartas, me avisan, tenemos que luchar, reclamar que la alcaldesa nos escuche, que venga a hablar con nosotros, no es posible que en medio de esta crisis perdamos un trabajo de tantos años.

Soy de los que piensan que nadie tiene la verdad absoluta, la verdad es la suma de todas las verdades individuales. Ignoro a quienes ha escuchado Daniela; yo, nosotros, los trabajadores de Eulen la invitamos a escucharnos, todos tenemos el derecho de ser escuchados y no solo un pequeño grupo resentido. Que Daniela venga a nuestros puestos de trabajo, que hable con nosotros, que compruebe in situ, las condiciones de trabajo, el espíritu de los trabajadores, que venga como una amiga sencilla y cordial, sin parafernalia a conversar con cada uno de nosotros y de la razón a la mayoría. Los argumentos citados en el memo, no son ciertos, discútalos con los trabajadores en sus puestos de trabajo, sin la presencia de jefes, ni de nadie que los presione, que puedan hablar libre y francamente con usted y resolver esta situación que nos preocupa y mucho, a todos.

Tenemos el derecho de ser escuchados, está en juego nuestro futuro laboral y el pan y el techo de mas de 900 familias.

En mi caso personal, soy supervisor en uno de los departamentos de la compañia Eulen en el aeropuerto, después de declinar muchas ofertas, finalmente acepté la posición de supervisor y la he desempeñado basado en el respeto, consideración y en mi mano extendida a todos los trabajadores, yo, como muchos supervisores, mantengo lazos de afecto y amistad con mis trabajadores y me resisto a la idea de perder mi colectivo de trabajo.

Una vez más, pedimos a Daniela Levine Cava, se reúna con nosotros, la mayoría de los trabajadores de Eulen, que nos escuche y revoque su decisión. No es tiempo de sumar preocupaciones, de golpear a familias.

En lo personal, sea cual fuera la decisión final de Daniela, seguiré siendo demócrata y luchando por libertades y derechos, aunque en un futuro mi voto sea por un republicano que nos escuche y tenga en cuenta.

Confiados en las leyes y derechos que este país nos da, esperamos ser escuchados y tenidos en cuenta. No vivimos en un régimen totalitario, del cual muchos escapamos, las libertades de este país, que hoy es nuestro, nos protejen y alientan a luchar por derechos.

Daniela, la esperamos en nuestros puestos de trabajo, tenemos una conversación pendiente.

#unamaladecisiondeDanielaLevineCava

Fe, Esperanza y Caridad, tres viejas amigas.

Ellas se reunían una vez al año, desde un 1ro de enero perdido en el tiempo y la historia, cuando se conocieron entre alegrías, promesas y discursos.
Atrás habían quedado su juventud y sus sueños, los discursos y las promesas. Fe, Esperanza y Caridad se negaban a desmemorias y se aferraban a recuerdos, repetían una y mil veces la historia de sus vidas.
– Esperanza, ¿te acuerdas cuando fuimos a alfabetizar? Nunca nos habíamos separado de nuestros padres y una noche estábamos durmiendo en un bohio en medio del campo, por suerte estábamos cerca y podíamos reunirnos y darnos ánimo.

– Claro que me acuerdo Fe, fue la primera vez que me bañé con agua fría con una latica y un cubo, mirando las estrellas.

– Esos fueron los mejores tiempos. Nuestros sueños estaban intactos. Confiabamos en el futuro, la revolución, aplaudíamos discursos, repetíamos consignas.

– Ay Esperanza, de esos tiempo sólo nos quedan los recuerdos. A ellos me aferro, si los pierdo, me muero de pena.

– Los recuerdos son del carajo, a veces se aparecen y nos dan una una bofetada. Cada vez que recuerdo que le dejé de hablar a mi hermana cuando me dijo que se iba del país, aquel, ¡olvídate que yo existo! Aún me duele.

– Ay Caridad, menos mal que tu hermana no te hizo caso, gracias a ella puedes comprar en las tiendas y no te faltan medicinas y el café Bustelo. ¿Quién nos iba a decir que íbamos a sobrevivir gracias a los familiares que se fueron del país?

– ¿Se acuerdan cuando el Mariel? Fe vino a verme asustada y confundida de tantos gritos, tantos golpes, ahí empezaron a romperse muchos sueños. Hice café y le dije: las ideas no se defienden con gritos, ni dando golpes, se demuestran, se convence a la gente, no es más fuerte el que grita más alto, ni le asiste la razón al que intimida. Fe lloraba y yo apenas la podía consolar, no sabía como. Ay Esperanza tú siemore que nos reuníamos nos hablabas del futuro, de sueños, cuando tus hijos se fueron del país buscando una mejor vida, tu esperanza era verlos pronto.

– Así es mi santa, las esperanzas se nos fueron apagando, la fe en lo que creíamos disminuía y terminamos viviendo de la caridad de los que se fueron. ¿Quién nos lo iba a decir?

Memorias y ausencias

Traté de prepararme para esta ausencia y multipliqué besos, abrazos, inventé palabras y piropos.

Te atrapé en fotos y memorias, atesoro tus palabras de amor, tu desvelo, tu decir: todo estará bien, tu fe ciega en la bondad, en mí.

Hoy te abrazo en el recuerdo, te escucho en la memoria, recreo tu imagen, revivo instantes.

Sabes, no te has ido del todo, aunque habitas en la gloria y eres luz, sigues aquí, conmigo. Atrapada para siempre en mis recuerdos, inmortal, incansable, alentándome, haciendo realidad, uno a uno, mis sueños, mis intentos.