Con Martí en el corazón y en los brazos.

Pedrito nacio en Nuevitas, un pueblito al norte de Camaguey. Siempre fue un niño muy despierto, con ansias de saberlo todo y con un corazon enorme donde cabía todo el amor del mundo. Pedrito es de esos niños que lo preguntan todo, parecía tener tatuado en la frente; quiero saberlo todo.

Su abuela Margarita , fue maestra muchos años, una mujer profundamente martiana. Enseñó a leer a Pedrito con libros de Marti, le enseñó a entenderlo y a amarlo.

Pedrito hizo suya la frase del apostol, “ser cultos es el único modo de ser libres” y él estaba decidido a ser un hombre libre; en el sentido exacto de la palabra libertad. A los 5 años ya se había leído Ismaelillo, La Edad de oro y hasta los versos sencillos de Marti.

En todos los actos públicos en su escuela, Pedrito leía algo del Apóstol. Muchos se asombraban de los conocimientos de ese niño de 1er grado, capaz de recitar versos y citar frases de Martí.

En las noches de apagón en su pueblo, se sentaba al lado de su abuela Margarita y le pedía le contará historias de Martí . Su abuela le contaba de como organizó la guerra de independencia, de su amor por la patria, por su hijo, de su sacrificio por la libertad de Cuba.

Una vez su papá le trajo de regalo las obras completas de Martí. Le costó trabajo conseguirlas en La Habana, pero sabía que para su hijo ese era el mejor regalo posible. Pedrito las guardó como un tesoro junto a una foto del Apóstol.

Un mes de septiembre, todos corrían por el pueblo, cerraron la escuela y la tienda que vendía en cuc que estaban una al lado de la otro, compartiendo una pared. Viene el huracán, va a arrasar con todo, es un monstruo, gritaban todos por el pueblo. Aseguraron las casas, se encerraron. Margarita se arrodilló frente a la imagen de la Caridad del Cobre, juró no levantarse hasta que el ciclón pasara y todos estuvieran sanos y salvos.

Afuera el viento rugía con fuerza, como una fiera dispuesto a devorarlo todo. Todo el pueblo quedó sin electricidad, las casas destruidas, los arboles por el suelo; la destrucción era casi total

Cuando el viento comenzó a disminuir y el huracán se alejaba, Margarita dio las gracias a la Caridad del Cobre y se levantó del suelo con ayuda de Pedrito, se asomó a la ventana.

-La escuela y la tienda estan destruidas, el viento las derribo. Gritó Margarita.

Pedrito abrió la puerta de la casa y cruzó la calle, nadie pudo detenerlo, ni siquiera el viento que aún soplaba con fuerza. Corrió directo en dirección a la escuela y a la tienda. Algunos, desafiando los vientos buscaban entre los escombros conservas y refrescos de la tienda; Pedrito comenzo a remover los escombros de la escuela, entre ellos estaba el busto de Martí . Lo tomó en sus manos, lo limpio un poco, lo apretó contra su pecho protegiéndolo de vientos y lluvias y regresó a su casa.

Su mamá comenzó a pelearle.

-Me vas a matar del corazón, Pedrito, casi me muero del susto cuando te vi entre los escombros de la escuela.

-Dejalo mujer, él sabe lo que hacía.

Pedrito los miró y les dijo.

– Perdonenme si los asusté, pero no podía dejar que el viento se llevara a Martí. Sería como si se llevara el futuro de Cuba y yo quiero un día, con Martí en los brazos y en el corazón, ayudar a construir esa patria “con todos y para el bien de todos”. No podía permitir que el huracán se lo llevara, perdonenme.

Margarita lo abrazó emocionada, le acarició el pelo y le susurro al oído; sabes, Martí esta orgulloso de ti, no murió en Dos ríos, vive en niños como tú; en el futuro de la patria.

Fotografía de Yander Zamora, tomada de Internet, un buen amigo me la envío

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2 Lourdes en concierto.

Cuando supimos la noticia del fallecimiento de Lourdes Torres, algunos pensaron que su hija Lourdes Libertad, suspenderia su concierto en Alfaro’s. He escuchado historias de artistas que sobreponiendose a penas y dolores han subido al escenario, se deben a su público. Lourdita pertenece a esa raza de artistas, a esos que saben de compromisos y entregas, que convierten su dolor en arte y sus lágrimas en aplausos.

El concierto en Alfaro’s de Lourdes Libertad, es ya historia. Una ovacion con el público de pie la recibio, anticipando emociones y bravos.

Agradece a todos los amigos presentes, en especial a Rosita Fornes que ilumina Alfaro’s en este, hasta siempre a Lourdes Torres.

Desde el inicio supe que sería un concierto diferente. Desde el olimpo de nuestras artes, invocando espiritus, desafiando reglas y decretos, en un conjuro cubanisimo, entre girasoles y aromas de gloria; Lourdes Torres se hizo presente en el escenario. Fue un concierto a dos voces, dos mujeres en escena, burlandose de muertes y finales, en un milagro del arte y el amor.

Entre anécdotas de su madre que Lourdes Libertad comparte entre canciones, entre notas y aplausos, nos trajimos a Lourdes Torres a escena. Tenia que ser en Alfaro’s, donde ella dijo en una ocasión que quería le celebraran sus 100 años, de la mano de su hija y del amor de muchos.

Los aplausos, los bravos, las lágrimas de emocion y las ganas de que la noche fuera eterna, fueron el premio a tanta entrega, fuerza y talento, tanto valor.

Quedan muchas canciones de Lourdes Torres por retomar, quedan nuevas entregas de Lourdes Libertad. Nos volveremos a encontrar entre aplausos y recuerdos, entre canciones y emociones, sobra voz, fuerza y ganas para seguir imponiendose en la escena miamense. Desde la gloria le alientan a seguir, a continuar. Lourdes Libertad lo sabe y acepta el reto, segura y fiel, a su medida, a su manera, ¡Como cualquiera!.

Me niego a este adiós.

Intentó decirme adios. Ensayó las más tristes palabras , mientras poco a poco se hacía niebla y suspiro ante mi.

Tomé sus manos le miré a los ojos, desnudé almas y vidas.

Le hablé de recuerdos, de esos buenos e intensos que sostienen la vida, que son ancla y muralla. Le abracé con fuerza, le susurre al oído un; no te vas, tú te quedas.

Insistió en despedidas. Un, no estaré más estremeció el planeta, desgarró nubes, desarmó arcoiris.

Le besé con recuerdos, con caricias de antaño. Compartimos alientos, suspiros y la vida. Me abrí el pecho, tomé en mis manos mi corazón palpitante. Si te vas, te lo llevas, sin ti se moriría. Me haces trampas, me dijo, me devolvió la vida; me quedaré mi hijo, tú siempre terminas ganando las batallas.

Fotografía tomada de Google o de la página de algún amigo en Facebook, disculpen mi mala memoria.

Ella, creadora de vida y de sueños .

Ella esta siempre en el centro de la vida, desafiante, tenaz, casi invencible.

Tiene el don de poder ser un postre delicioso o el primer café de la mañana. Ella es un almuerzo de domingo o la sopa que alivia malestares. Es un primer dia de clases. Tiene la eterna fuerza del regreso.

Sabe de magias, conjuros, hechizos del amor y de la vida. Invoca fuegos, lluvias, vientos, crea huracanes que arrasan con las penas Adivina futuros, acaricia el presente, lo reordena.

Su voz hace milagros, me convierte en un joven estudante o en un niño que corre; cazando mariposas y esperanzas.

Ella se basta para inventarse sueños, los recrea, embellece; los viste de arcoiris. Los regala generosa y feliz, mientras sonríe.

Consejera de vidas, hacedora de triunfos, se atrinchera en recuerdos, en besos, en te quieros. Se levanta murallas de ilusiones.

Si sus ojos te miran, acarician tu alma, sanan heridas, remiendan corazones; regalan nuevas vidas.

Ella es bruja y hada, leona fiera, paloma, montaña, abismo, puente y aliento, gigante y trueno, lluvia de abril y brisa de verano. Es palma y ceiba, girasol, bandera. Ella es mi madre, mi fuerza, mi bastion, mi aliento.

Hasta siempre Lourdes.

Debería estar durmiendo, el viernes madrugo y sólo tengo mañana para terminar de armar maletas y alistar abrazos; el viernes viajo a Cuba a ver a mi madre.

Aunque lo intento, no puedo dormir, el dolor de la noticia me muerde en el pecho, me invita al desvelo; hoy perdimos a una figura importante de nuestra cultura, voz, temperamento y talento que adornó nuestra escena durante años; Lourdes Torres murió en La Habana. Otra de las grandes que se nos va, que deja espacios vacíos para siempre.

Les confieso que lloré con la noticia, no lloré sólo por el adiós a una artista querida, lloré por una madre que se nos fue, por su hija huérfana. Porque no importan edades, ni carreras, siempre que una madre se va, nos deja irremediablemente huérfanos. Vi el video de Lourdes Libertad y no pude llegar al final, su dolor podía ser el mio, de cierto modo lo compartíamos.

Mis amigos y los que siguen mis escritos, saben que he pasado dias difíciles con mi mamá. Yo , como Lourdes Libertad, pertenezco a esa legion de hijos que al partir, dejaron detrás madre y afectos anclados a la isla y al amor. Yo, como Lourdita, he llorado en la distancia de impotencia, ambos, de un modo u otro nos apoyamos y alentamos en esta desigual batalla contra el final. Uno lucha con todo contra el destino, sin mas armas que un amor inmenso, unos besos y un montón de te quieros.

Por esas coincidencias extrañas de la vida, estaré en La Habana en el último adios de su pueblo a Lourdes Torres. Robaré unos minutos a mi madre e iré a compartir lágrimas con Lourdita, a ofrecerle mi hombro, uno más entre los muchos que las quieren y admiran. No existen las palabras de consuelo, no se inventaran nunca, pero los abrazos se bastan para sostener amigos.

Allí en el adios a Lourdes estarán muchos, desde el olimpo de nuestra cultura vendrá Lecuona a escoltarla, la tomará de la mano y con la misma confianza que la lanzó a la gloria, le dirá; vamos cominito, todo estará bien, muchos esperan por ti.

Lourdes no se nos va del todo, nos deja su arte, sus canciones, su voz. Habitará por siempre en la eternidad reservada a quien supo ceñirse glorias y humildades; en el amor de muchos, en ese sitio exacto reservado a quienes logran ganarse el corazón de pueblos. ¡Hasta siempre Lourdes!

En guerra contra el olvido.

Entre el olvido y yo hay una guerra, sin cuartel ni treguas, sin armisticios.

Nos miramos, retandonos, desafiantes. Él a que gana la partida, a que logra borrarme de su mente, yo a que me afinco en el amor, a que me quedo para siempre; vencedor de desmemorias y de olvidos.

Esto de luchar contra el olvido, sin mas armas que el amor y algunos besos, puede parecer absurdo, tonto. Es una guerra declarada, intensa y dura. Cuando cree que venció que la hizo suya, llega mi voz y la rescata del olvido; la hace mia. Me acaricia entre recuerdos. El olvido se atrinchera en el silencio, en la maldita distancia y prepara su proxima batalla. Yo me invento discursos de amor, palabras nuevas, piropos no escuchados, deslumbrantes. Disparo mis palabras en ráfagas de amor y el olvido se bate en retirada; me mira con odio y retrocede.

Aprovecha mi ausencia decretada y se atrinchera en la rutina diaria, en esa en la que vivo entre neblinas, en un recuerdo; sabe que solo ahí puede vencerme. Intenta borrarme, invoca terribles desmemorias.

No le temo a guerras ni a batallas. Disparo mi mejor arma, la invencible; la tomo en brazos en el momento justo, basta un beso, sólo uno y sus ojos regresan del olvido, sus manos temblorosas me acarician, deshacen maleficios, telarañas. Grito un te quiero, inmenso y desafiante. Vuelve a ser mía, mia para siempre. No hay olvido que pueda derrotarme.

Fotografía de Yohandry Leyva.

Calor cubano en el norte de Europa, ¡Alabao!

Juanito y Yohandry nacieron allá en las provincias orientales, entre montañas y rebeldías, sueños e historias. Aunque no eran familia, se criaron como hermanos, compartiendolo todo, sonrisas y penas, hambres, angustias e ilusiones. El calor de Santiago, el sol del Caribe los bautizaron de sudor y glorias.

Cuando llegó la hora de ir a estudiar a la Universidad, Juanito se decidio por una carrera que solo se estudiaba en La Habana, Yohandry decidio quedarse en Santiago y estudiar medicina.

La situacion económica del país se hizo crítica. Se hablaba de la opción cero, un, resistiremos enorme pretendía imponerse a todos. Juanito tenia unos amigos suecos que lo invitaron a visitar su país. Llamó a Yohandry una noche y le dijo.

– Mi hermanito unos socios suecos que conocí aqui me invitaron a irme pa’ Suecia. ¿Te imaginas este mulato entre hielos y nieves? A mi nunca me ha gustado mucho la idea de irme del país, mi sueño era hacerme informático, casarme, tener 2 chamas y echar palante, pero esto está de apaga y vamonos. Aconsejame mi hermano.

– A mi, como a ti, la idea de irme no me gusta mucho. Lo mío es el sol, morirme de calor todos los días y andar estas calles de Santiago mil veces en un día. Te confieso algo, ando de novio con una chica de Dinamarca, me quiere invitar a conocer a su familia y quién sabe, hasta nos casemos. Si te vas para Suecia, estaremos cerca y podremos vernos. ¡Nos piramos mi hermano! El último que apague el Morro y el primero que regrese, que encienda la esperanza. Mete caña que nos vamos a vivir entre hielos y nieves.

-Que sea lo que Dios quiera. Antes de irme voy a Santiago, tengo que ver a la vieja, darte un abrazo y llenarme el pecho con ese sol, llevármelo conmigo. Tenemos que ir juntos a la playa, que el mar nos dé la suerte y la bendición para el viaje.

-Te espero mi herma. Hasta el norte de Europa a pie, quién nos lo iba a decir.

Pasaron los dias, Juanito y Yohandry se encontraron en Santiago. Caminaron esas calles ardientes de sol, se secaron el sudor con sus camisas, tomaron pru y guarapo se tendieron al sol frente al mar. Cargaron las pilas para un viaje largo, como quien se prepara para vencer cambios y seguir siendo; más allá de latitudes y climas, tierras y lejanías.

Antes de regresar a La Habana, fue con su mamá a despedirse de su abuela Pancha, una viejita encantadora que presumía de saber conjuros y de adivinar el futuro tirando los caracoles. Al salir, guardo en su bolsillo un regalo especial de su abuela.

Cuando llevaban meses fuera de Cuba, una mañana Juanito llamo a Yohandry.

-Mi hermanito tú no piensas venir a verme. Aqui hay un frío que parezco un pinguino, necesito un abrazo cubano para enfrentarlo. Un abrazo coño o muero congelado.

-Yo creo que tú eres medio brujo y le metes a tirar los caracoles como tu abuela Pancha. Te iba a llamar para decirte que el viernes salgo para allá, estaré 4 dias, necesito tambien un abrazo cubano para soportar este frío de pinga.

Cuando Juanito y Yohandry se encontraton, se abrazaron tan fuerte que empezaron a sudar. Los amigos suecos los miraban asombrados; ¡Dos tipos sudando en pleno invierno!

Al día siguiente, Yohandry se despertó primero, fue a la cocina en silencio y coló un café cubano que inundo el apartamento con su aroma. Juanito se despertó gritando, ¡Qué coño es esto! Desde que salí de Cuba no sentía ese olor tan rico.

-La vieja me mandó un paquete de café Serrano y una cafetera, quise darte la sorpresa.

-Sirveme un poco mi herma que me muero de ganas.

Saborearon el café, como quien bebe recuerdos y esperanzas. Juanito dijo.

– Vístete que vamos a la playa.

-Qué playa compadre, tú estas loco o el café te hizo daño; el mar está congelado. ¿Tú quieres darte un baño de hielo?

-Vamos a la playa, es una promesa que le hice a mi abuela, que iríamos a la playa cuando vinieras a visitarme. Abrigate bien, que afuera hay un frio de tres pares .

Llegaron frente al mar. Un viento helado amenazaba congelarles hasta los principios. Juanito sacó un cuchillo y en la helada arena escribio CUBA. Tomó de la mano a Yohandry, sacó 3 caracoles, rojos, blancos y azules y los arrojó contra el mar helado. Una explosión estremecio la playa.

Una ola gigantesca les arrebato abrigos y ropas, un sol intenso iluminó la playa. Juanito y Yohandry se abrazaron y se tendieron al sol. Un verano cubano en pleno invierno al norte de Europa es un milagro de voluntades y conjuros. Un milagro que sólo logran; los que llevan a Cuba en el alma.

Estos cubanos son capaces de todo, se inventan Cuba en cada esquina del mundo.

Fotografia cortesía de uno de los muchachos en la foto, Michel Vega P.