¡El Yara!

Cine privilegiado, vecino de figuras cimeras en el panorama habanero. Intercambia a diario saludos con Coppelia y el Habana Libre. A solo cuadras del malecon habanero, rodeado siempre de jovenes y público en general, situado  justo en uno de las esquinas mas estrategicas y concurridas de La Habana, 23 y L. El Yara, lleva años sobreviviendo en una Habana, que le sigue fiel y no le abandona, cambio de nombre, cuando alguien penso que Radiocentro, como tantos otros, deberia eliminarse y buscar uno mas “patrioticio. A veces, critico a quienes cambian de nombres al hacerse ciudadanos americanos, tal vez ese cambia-cambia de nombres que vivimos, los dejaron traumatizados  para siempre.

El Yara, pudiera contar la historia de la vida de muchos de nosotros. La primera vez que lo visite, siendo muy niño, ponian una pelicula mezcla de ciencia-ficcion y terror que me dejo aterrado por dias, despues fui cientos, multiples veces. Fue testigo de citas, besos, frustraciones, discusiones y sueños. Recuerdo cuando fui vaporizado por intentar abandonar el pais y una tarde, casualidades de la vida, marco en la cola del cine, exactamente detras de mi antiguo jefe, investigador de renombre en la Habana Se puso nerviosos, miraba a todos lados. Corria el riesgo que alguien pensara que aún eramos amigos y lo vaporizaran a él tambien. Tomó a su esposa del brazo y desaparecio de la cola, mientras yo reìa con ganas y algunos pensabas que habia perdido la razon repentinamente.

Un dia el Yara, asistio asombrado a un publico diferente, algo pasaba, largas colas para ver la pelicula que era mirada en absoluto silencio. Cuando parecia que el cine iba a venirse abajo de la risa colectiva, solo se escuchaba alguna carcajada incontrolable, seguida de la orden tajente de hacer silencio. Asistimos mudos y casi atados de manos a la proyeccion de “Alicia en el pueblo de Maravillas” solo 4 dias duro en cartelera. Los mismos encargados de hacernos permanecer en silencio, se cansaron y la pelicula desaparecio de escena, casi a punto de batir records de espectadores en tan poco tiempo.

El Yara, ha servido de cine, lugar de citas, portal inmenso para reunir jovenes y soñadores, cine multioficio, de perfil ancho, como dijeran allá. A veces comprábamos el helado en Coppelia e ibamos a saborearlo “allá en la barranca de todos”. El Yara, asiste dia a dia a su propia funcion, invitado de lujo en la vida de una ciudad, que apoyada en su malecon, suspira  y sueña.

No he comentado mi última visita al Yara o al Radiocentro, aún no ha sucedido, siempre habrá una próxima. No se si iré a ver una pelicula o solo a sentarme en uno de sus muros, si iré enamorado o solitario, dormido o despierto. No se si será un dia de lluvia o de sol. Será, por seguro, un dia de sueños realizados. Solo quiero que me acompañen muchos y si queremos reir a carcajadas o gritar que nadie nos mande a callar, al contrario, que la risa sea colectiva, unidos todos en una carcajada sin final.

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