El teatro Garcia Lorca!

                          

Hay lugares con una magia especial, entrar a ellos es como irnos a otra dimensíon, te transportan a otros sitios, otras épocas, una vez que traspasamos su puerta, todo es diferente, asi ha sido siempre nuestro Gran teatro, el Lorca, como le llamamos todos. No importaba si ibamos con el estomago vacio o las peripecias que hacíamos para que los habituales nos vieran con alguna mudita nueva. Al Lorca, ibamos con lo mejor que teníamos, aunque fuera sudados despues de bajarnos de una 64 o una 22. Cuando llegabamos a su gran portal, sabíamos que algo especial iba a suceder, una vez dentro, ya no importaban crisis, picadillos de soya, guaguas repletas, ni salidas aplazadas. Traspasar su puerta era entrar en nuestros sueños, en un gran sueño colectivo, estabamos en la gloria, era otro mundo. Nunca sabré si aprendí a amar al ballet por si mismo o por las escapadas que significaba traspasar las puertas del Lorca. Todos eramos como una gran familia, hermanados por dobles lazos, nuestro amor al arte y nuestro deseo de soñar. La entrada al Lorca, era un ticket al pasado o al futuro a otro mundo, nos mirábamos con complicidad, nos conocíamos todos, conversabamos a la entrada y en los intermedios, sabiendonos conscientes de ser prisoneros de esa extraña magia que se ejercía sobre nosotros.

En el Lorca, disfrute del major ballet del mundo. Allí se inicio mi amor por Charín, un amor sin final, tantas veces la vi bailar y seducir a todos con su arte. Recuerdo una ocasíon que mientras Charín volaba el escenario en una vaquita antológica, hubo un pequeño incendio en un camerino, pero nadie interrumpio la funcíon, preferíamos aplaudir en llamaradas que perdernos un solo segundo de su arte. Disfrute de figuras como Josefina, Mirtha y de la propia Alicia, ya en el ocaso de su carrera, pero aún una estrella y una señora de la escena, lastima que un día, se convirtiera en freno de las mismas figuras que ayudo a crear. No siempre fuimos a ver ballet en el Lorca,  allí, disfrutamos de operas, zarzuelas. Vimos brillar a Rosita, en aquel escenario que resultaba pequeño para ella, muchos mas estuvieron alli, siempre lo mejor. Recuerdo aquel concierto de Amaury Perez, donde canto a una banqueta vacía,  aquella cancíon que hacia a dúo con Mirtha Medina y abandonó el escenario llorando por su amiga ausente. El no era el único,allí lloramos muchos al llegar y ver cada vez menos de los habituales, no hacíamos preguntas. Asi poco a poco se fueron muchos y un día se nos fue la propia Charín,  fue como si hubieran apagado el Morro para siempre, como si la gigantesca lámpara que colgaba del techo, se negara a que la volvieran a encender. Un día, me llego mi turno, yo tambien tenía derecho, despues se fueron unos y llegaron otros, el teatro, sigue llenandose con nuevos complices.

En ningun otro teatro del mundo he vuelto a sentir esa extraña sensacíon , es que el Lorca, era y es nuestro teatro. Podremos ir a otros teatros mas lujosos, despues de una gran comida y estrenando ropas de marca, llegaremos en autos del año, miraremos alrededor y diremos en silencio, no es igual, todos sabemos que no es igual!

Un día regresaremos todos a una funcion gigantesca, tendrán que abrir las puertas y poner sillas en el parque Central, en los portales del hotel Inglaterra y en los jardines del Capitolio y en las zapatillas y en las voces de nuevos artistas, volveremos a aplaudir y a disfrutar de esas leyendas que hemos amado durante años. Estoy seguro, al Lorca, le sobra magia para regalarnos ese sueño y todos los sueños que le pidamos.

                         

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