Coppelia!

                      

 Coppelia, todos los caminos conducían a ella, no importaba a donde fueras, al cine, al teatro, al ballet, al final todos terminabamos reunidos allí. Despues de disfrutar de un Lago de los Cisnes espectacular y aplaudir a rabiar a Charín, nos ibamos a Coppelia. Sitio obligado de todo habanero que se respetara. Las colas de Coppelia, eran algo asi como el metro de New York, podias encontrarte de todo y tenias que estar preparado para todo. Lo mismo podías volver a ver el Lago, en una versión callejera y popular que escuchar a Barbra Streisand con acento cubano y terrible voz, desgarrar la madrugada con uno de sus clásicos. Todo era posible, a veces, lo de menos era tomarse el helado. Ibamos a Coppelia por disfrutar el lugar, por negarnos a dejar que la noche muriera joven, por querer demostrarnos a nosotros mismos que estabamos vivos, que estar despiertos a la 1 de la manana no significaba que estabamos haciendo guardia. Asi poco a poco, Coppelia, a empujones, codazos, largas colas y bolas de helados, se convirtió, para siempre,  en la capital de La Habana. 

Hay millones de anecdotas en torno a Coppelia. Me contaron que en una de las tantas redadas que la policía hacia por alla, una noche al montarlo en la persiguidora, se escuchó el grito de uno diciendo, COCHERO A PALACIO! Me imagino que hasta el chofer de la persiguidora tuvo que reirse!. Y esa parada de la guagua de Coppelia, donde la gente estaba horas y las guaguas pasaban y casi todos seguian allí, pensando, soñando y hablando de todo y sin la menor idea de subirse a una guagua, pero bueno, esa es otra historia. 

Coppelia, no solo tenía vida nocturna, vivia las 24 horas! Por ella desfilaba toda La Habana, amas de casa, obreros, estudiantes, desempleados, todos pasamos alguna vez por Coppelia, hacerlo era dejar constancia de nuestra existencia. Creo el caballero de Paris, no se decidió a habitar en uno de sus rincones por tanto bullicio y vida nocturna. Coppelia, no merece un cuento, toda una novela de varios tomos no seria suficiente. Ella, escribe sus memorias día a día, no tendremos que hacerle un monumento, ella lo es,  dejo de ser una heladeria, ya no nos importa si venden helados, panes o aguacates. Ahí esta Coppelia, sin introducción y sin epitafio, sin despedidas de duelos, porque nunca morirá!

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