El Rincon de San Lazaro.

Siempre digo a mis amigos que Dios y yo nos entendemos muy bien sin necesidad de intermediarios, pero ser cubano y escapar totalmente a nuestro delicioso ajiaco religioso, es practicamente imposible. He visitado muchas de las iglesias católicas y algunas de las protestantes, también alguna que otra vez fuí a ver a algun santero famoso en mi intento de adivinar el futuro y buscar soluciones inmediatas a mis problemas. Con los años, aprendí a hablarle a Dios de frente y deje de buscar la ayuda de las religiones, aunque sigo visitando iglesias, llevando flores y abriendo mi corazón a todos los caminos que me lleven a Dios. En este constante conversar y buscar a Dios, una mañana de enero, un amigo me llevo al Rincón.

Sin dudas que Dios, esta en todas partes, pero por alguna razón, siempre he sentido su presencia de una forma especial en el Rincon. Esa pequeña y humilde iglesia de las afueras de La Habana es, sin dudas, el mayor lugar de devoción de nuestra ciudad y uno de los mayores de Cuba. Dicen que San Lazaro-Babalu aye, siempre ayuda a quien le pide, pero hay que cumplirle y allá van cada año en cualquier fecha, sus fieles, especialmente en los días que rodean al 17 de diciembre. Nunca he ido en esos días en que a pie desde todos los rincones de La Habana, miles de personas, en silencio marchan al Rincón a rendir devoción y respeto al santo. Muchos amigos me han contado historias, de esas horas de caminata y espera hasta poder entrar a la iglesia, cada una de ellas con un encanto especial.

Cuando mi eterno amigo y yo, estabamos a punto de vivir la aventura de nuestro viaje a España, como puente para llegar a Miami, un día le dije; mañana, nos levantamos en ayuno y oración y nos vamos para el Rincón hasta que cierren, dicho y hecho. Solo un vaso de agua y un poco de café y alla fuimos, encendiendo velas y pidiendo, hasta que a las 4 de la tarde una monjita, nos dijo que iban a quitar el transporte en unos minutos y decidimos irnos. A la salida, vendian pan con lechón, se imaginarán que devoramos cada uno como 4 y nos supieron a gloria!

Unos días antes de nuestra salida, regresamos al Rincón, dimos gracias y pedimos protección y en medio de la paranoia que teníamos, vencimos el miedo y le contamos a la monjita, que ya nos conocia, sobre nuestro viaje. Nos dijo la oración para el emigrante y nos bendijo. La he vuelto a ver muchas veces, la primera vez que regresamos a Cuba, fuimos especialmente a buscarle, a contarle de nosotros, nuestro viaje y nuestros éxitos , le dejamos una limosna para los enfermos, nos dijo todo lo que podría comprar con aquel dinero, que nos parecia tan poco.

En cada uno de mis viajes a La Habana, he vuelto al Rincón, esa paz y cercanía a Dios, me son necesarias. En las últimas ocasiones he llevado a mami, le he lavado sus pies cansados en agua bendita. Ella, ha permanecido de pie , junto a mi, mientras me arrodillo y pido por tenerla muchos años a mi lado, por su salud, la mía y la de todos los que quiero. Nos sentamos juntos en los bancos conversamos entre nosotros y con Dios, damos gracias por cada encuentro y por todos los encuentros por venir, oramos juntos por el mañana, seguros que El, nos escucha.

Algo de la fe y la magia del Rincón, queda con nosotros para siempre, convocándonos a una próxima visita.

 

 

 

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