La Rampa!

                     

La Rampa, es en si una ciudad en miniatura, no le falta nada, mas bien le sobra, se desborda, por tener, lo tiene todo, Coppelia, la esquina del Yara, el Habana Libre, termina en el Malecón y la recorre un montón de gente que a diario camina rampa arriba, rampa abajo, hasta una obra de teatro le dedicaron.

La Rampa ha vivido momentos de esplendor, de tristezas, de penas y alegrías, lo ha visto todo y aún le falta mucho por ver. Cada día, cada noche, cada instante, asiste a su propio espectáculo. Este pedacito de la ciudad, viene siendo el ombligo de la Habana y aunque muchos, un día, cortamos el cordon umbilical, seguimos unidos a ella por algo mas fuerte, nuestras memorias y vivencias, nuestro andarla una y otra vez aunque estemos lejos.

Yo, la conoci de muy niño, mi padre tenía un puesto muy alto en un ministerio, en 23, cerca del malecon, a veces me llevaba allá y sus secretarias, dulces y guataconas, se fajaban por llevarme a merendar y dar un paseo por 23. Desde esos días lejanos de mi infancia, la Rampa y yo, nos hicimos amigos, firmamos, para siempre, un pacto secreto de amistad, cada vez que regreso a mi ciudad paso a saludarla, aunque sólo sea unos minutos, muchas veces en el recuerdo, vuelvo a andar por ella, visito Coppelia, me recuesto un par de horas en sus rejas, revivo algunas de las mejores aventuras que compartimos, termino sentandome en el Malecon, desde allí la contemplo y salpicado de mar, reafirmo una vez más, los lazos que nos unen.

A veces, en mis caminatas por La Habana, me ha parecido oír al Prado, a Galiano, a Neptuno, a San Rafael y otras calles famosas conversar entre ellas y quejarse de esta muchachita que les ha robado público, al final, terminan perdonandola, es tan joven y hermosa!

La Rampa, es como un paseo de carnaval interminable, una fiesta de 15 inconclusa, o una de las famosas fiestas de 10 pesos que florecieron en los 90s y se negó a que la cerraran. Lugar de encuentros y desencuentros, de miradas intensas y grupos reunidos. Cuando no teníamos nada que hacer ni adonde ir, ella nos acogía y entretenía hasta altas horas de la noche, contaba con las mejores armas, tomábamos helado en Coppelia,nos reuníamos a la sombra del Yara, nos sentábamos en cualquiera de sus esquinas, algunas con nombres peculiares, allí ganamos batallas al aburrimiento, conocimos amigos y amantes, soñamos!

La Rampa es el Disneylandia de los habaneros, nuestro parque de diversiones o nuestro zoológico, tenía y tiene cada personajes! o mejor aún, La Rampa es nuestro equivalente de Las Vegas, jugábamos a todo y nos jugábamos todo, aunque no tuvieramos un centavo en el bolsillo y los shows, únicos, irrepetibles y gratis. 

Muchos caminábamos por ella sin saber que pisábamos sobre obras de artistas que adornaban sus aceras, estabamos tan entretenidos buscando contacto visual con alguien, que casi nunca miramos para abajo, mas de uno dio un buen tropezon y cayó en unos brazos deseados.

La Rampa, es y sera siempre nuestro eterno carnaval y nosotros la comparsa incansable que cambia de ropa, color y coreografía, pero sigue ahí, incansable, arrollando al ritmo de la vida!

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