El muchacho del pull over.

Cuando escribí “Un pull over en La habana”, muchos se imaginaron al muchacho, con 6 pies de estatura, trigueño de ojos azules, visitante habitual de gimnasios, seductor; todo un galán, no faltó quién llegó a pensar que el letrero en el pull over fue sólo un pretexto para conocerlo.

Acostumbro a valorar a las personas por lo que llevan en su Corazón, por sus sueños, su osadía en luchar por ellos, pocas personas me han impactado tanto como este muchacho que lucía con orgullo un pull over, que aún hoy, pienso en él. Los que no han vivido en La Habana o Cuba en general, tal vez no puedan entender mi deslumbramiento.

Aún anoche, un amigo especial, a quien no veía desde mi regreso de La Habana, me dijo; cuentame de ese pull over,como fue todo, solo le respondi, tal y como lo relaté, solo describí el momento, no agregue ni enriquecí con imágenes. Este amigo especial, a quién quiero y admiro, fue uno de los muchos que sufrió represiones y espanto.

Primero me tomé la foto con el muchacho de espaldas, quería constancia gráfica del letrero en el pull over, despues le dije; ahora de frente quiero que todos sepan quién eres tú, que vean tu rostro. Dos muchachos que junto a él, cargaban cajas para el almacén, disfrutaban el minuto de fama de su amigo, al público que asistía con asombro a una sesión de fotos inesperada, sólo lo recuerdo mirando con asombro, apenas tuve tiempo de reparar en ellos, no lucían pull overs que me subyugaran.

Hay un detalle que recuerdo, el rostro de mi madre, sonriente y orgullosa, a pesar de sus 83 años, su educación en las Dominicas americanas y un montón de cosas mas, desde el fondo de su Corazon, aplaudía con orgullo mi gesto y me regalaba la mejor de sus sonrisas.

Estoy consciente que no basta un pull over, un letrero para borrar angustias e injusticias. No bastan cientos o miles de pull overs, pero sé que muchos, como yo, se alegraron de verlo lucir con orgullo.

Siempre que regreso de La Habana, no falta quién me pregunte; conociste a alguien, te enamoraste, sólo pude responder afirmatívamente en este, mi mas reciente viaje. Me enamoré de un pull over y conocí a alguien que lo lucía con orgullo, sin miedo a burlas ni a represalias, alguien que perdió el miedo para siempre y que hoy, quiero presentarles.

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