¿Existe La Habana?

“Existes porque pienso en ti, porque te nombro y mi corazón se acelera, porque te sueño aún despierto, existes porque a tu existencia, basta mi memoria, saber que un día te reencuentro y desaparecen distancias, existes, porque si asi no fuera, te juro que te inventaría”.

Existe La Habana? Ser Habana o no ser Habana? será esta la cuestión? Si la Habana no existe, ¿Donde coño nací y crecí entonces? Si la Habana es sólo pedazos de recuerdos que intento armar, ¿Será que somos al final un rompecabezas?

La Habana, es mucho mas que recuerdos, es realidad tangible y corpórea, vive en nosotros con la misma intensidad y fuerza que un día vivimos en ella. Dejamos allá pedazos de nosotros, fantasmas que deambulan por sus calles, ellos y nosotros intercambiamos historias, la andamos juntos,  la mantenemos viva, la amamos y la llamamos nuestra con fuerza multiplicada.

Si un día terrible, nuestra Habana se convirtiera en sólo un recuerdo, si desapareciera de golpe, nosotros, junto con ella, desapareceriamos lentamente; sin pasado, sin su presencia, seríamos sombras vivientes, solo sombras.

Nuestra ciudad y saboreo con un gusto especial el llamarla mía o compartirla y decir nuestra Habana, es mucho mas que un montón de recuerdos buenos o malos, tampoco será nunca unos cuantos montones de basura o escombros o unos huecos inmensos en el asfalto. Podrá estar a oscuras por horas y no perderá su brillo, su luz natural, se basta a si misma para conservarse hermosa y eterna en espera de tiempos mejores.La Habana no pertenece a gobiernos o partidos, ella, como Cuba, es nuestra.

El punto no es donde fui más feliz, si alguien esta gozando aquí o llorando allá o viceversa, si al final somos uno sólo y lloramos o reímos juntos y La Habana, nuestra Habana comparte y multiplica nuestras lagrimas y risas.

Amar, recordar a La Habana, no es amar piedras o vivir de recuerdos, es amarnos a nosotros mismos. Nuestra ciudad, no es los contratiempos o malos ratos que pasamos, no confundo ni cargo jamas mi Habana con culpas ajenas, la declaro inocente de penas y tristezas causadas por terceros o cuartos.

Por suerte, nadie puede desaparecer a La Habana por decreto, aunque existan quienes insistan en llamarla sólo un recuerdo y hasta duden de su existencia, ella esta ahí y aquí, en nosotros y en ellos, dandonos sombra y calor a los que la amamos y a los que creen que la olvidan. Se sobra Habana para todos y tendremos Habana para rato, ¡para siempre!  Si un día desapareciera, pido desde ahora el privilegio de irme junto con ella, de hundirme para siempre con el Malecon y el Capitolio, cuando un cataclismo gigante decida eliminarla.

No, La Habana no es sólo pedazos de recuerdos, ni un rompecabezas gigante que intentamos vanamente armar, como consuelo de nostalgias y ausencias. No es nuestro primer beso de amor ni un orgasmo perdido en un derrumbe o en un parque, La Habana, somos nosotros, los de aquí y los de allá, ¡nuestra propia sangre! Ella lo sabe y se inventa amaneceres y futuros en esa patria prometida, “con todos y para el bien de todos”.

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