El Payret, un cine con historia.

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Junto al Yara, es uno de los más populares cines de La Habana, vecino de importantes sitios habaneros. Trata de tú a nuestro Capitolio, son años compartiendo alegrías y penas. Intercambia público con el Lorca y acoge en su portal, cuando llueve, a los vagabundos del Parque Central y de la Fraternidad; el Payret, un cine con historia.

Cine con un pasado glamorosa, fue teatro en otra vida y aún lo sigue siendo en ocasiones, las 9 musas asisten puntuales a cada función, invitandones a soñar con las artes y algo más. Tambien sirvió de refugio y pretexto a más de uno en aquellas terribles redadas que espantaban a La Habana y a las madres. Me cuenta un amigo, que un día, rumbo a una función de ballet, lo detuvieron junto a otros más, su único “pecado” ir camino al Lorca. Los montaron a todos en un camión, los cisnes y las wilis, se quedaron esperando por ellos. Los que admitieron que iban a ver ballet eran multados y algunos enviados a trabajar a la agricultura a “rehabilitarse”. Mi amigo inteligente y “camaján” cuando llego su turno solo dijo; no se que hago aquí, yo salí de la Universidad e iba al Payret a ver Tiburon Sangriento, le pidieron disculpas y lo dejaron ir, ironías del absurdo, si no supiera que mi amigo no miente jamas, creería que inventó la historia.

La cercanía al Lorca y a otros lugares populares, lo convirtieron en sitio preferido por muchos para robar un beso , una caricia o algo más. La Habana, nos lo prestó, como refugio y albergue y muchos nos apropiamos para siempre del prestamo. Ser elegido como sitio de encuentros y explosiones de amor, le garantizaba un público ardiente y puntual, que no perdía funciones, aunque no mirara películas.

Lugar de citas para los habaneros, nos vemos en el Payret, se repetía día a día en una Habana que se abría al amor, manifestación de libertad e independencia. Parafraseabamos a la protagonista de una pelicula famosa y repetíamos sin cesar, vamos a amarnos, mañana,sera otro dia!

Tal vez la culpa de todo sea de la escultura de Rita Longa, La Ilusión, en su vestíbulo, a su influjo y asombro todos vivimos ilusiones e hicimos de un cine, un sitio de amor y citas, de manos tomadas y caricias a oscuras, besos multiplicados en una pelicula, donde todos eramos protagonistas y repetíamos incansablemente escenas de amor, buscando la perfección absoluta.

El Payret, sigue recibiendo y cobijando a quienes se acercan a él, sabe mucho y espera. Un día sacara sus butacas al Parque central, será uno de los invitados especiales de la Habana, asistirá humildemente a una función especial del Lorca, nos reconocerá a todos, lo saludaremos con respeto y cariño y juntos aplaudiremos a rabiar en una función que desbordará nuestra ciudad y nuestro amor ¡Una función que llevamos años esperando y que el Payret espera seguro y tranquilo, mientras, sigue siendo cómplice de citas, besos, pasiones y mucho más!

El Payret, un cine con historia, que vive el presente y sueña con el futuro; con la certeza de regresos y luces. Nos espera a todos allá, en su portal.

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La Habana, ¡Ciudad alucinante!

Hace años, cuando aun no había conjugado en presente, ni pasado el verbo partir, viajando en una de las famosas máquinas de 10 pesos de Playa a CentroHabana, compartí espacio con un grupo de españoles jóvenes entre 20 y 25 años. Miraban asombrados y extasiados la ciudad. Se decían unos a otros, es una ciudad alucinante, pretendían llevarse para siempre en sus ojos el recuerdo de una ciudad que los deslumbraba y seducía. Confieso que no entendía del todo su deslumbramiento. Yo, veía edificios sin pintura, en mal estado y montones de basuras acumulados, tan acostumbrado estaba a mi Habana y a su magia que casi la ignoraba, me perdía en detalles.

La mayoría de nosotros, no teníamos punto de comparación, nunca habíamos viajado, no conocíamos otras ciudades. Un día, mis ansias rotas por emigrar y las alas de mis amigos, me llevaron a Madrid, busque en sus calles el recuerdo de mi ciudad, lloré frente al mapa de Cuba en el Parque del Retiro. Me inundé en lágrimas una noche, cuando al saber que acabábamos de salir de Cuba, un hombre, con su acordeón, nos cantó, “Cuando salí de La Habana”. En la distancia, comprendí la magia de mi ciudad y entendí entonces en toda su magnitud la frase que un día escuché en el taxi, es una ciudad alucinante, ciudad mágica que se baña en el mar y en el amor; La Habana de nuestros sueños.

La Habana, es una señora que aún conserva su belleza y encanto, como escuché decir una vez, es una mulata de esplendorosa belleza, no es blanca, ni negra, resultado de mezclas mejoradas, exhibe con orgullo su belleza criolla acumulada por años. Lava a escondidas sus vestidos viejos, refresca su rostro en el mar, se maquilla un poco y espera. Esperar es el oficio de muchas madres que de una forma u otra esperan por sus hijos. Nuestra Habana espera con la certeza del que lleva años esperando y no pierde la fe, sabe que todo llega.

La Habana, vive multiplicada y engrandecida en la memoria de sus hijos, desatada y libre, bella y perfecta. No le falta nada, solo sus hijos y en ellos viaja por el mundo, los sostiene y alienta, los cuida. Se sabe fuerte para todos y acude puntual en la memoria a la cita diaria con nosotros.

Un día despertará de su largo sueño,se arrancara con desdén consignas y carteles, se sacudirá el pelo al viento y con ese andar seguro de mujer que se sabe hermosa, marchará al encuentro de los siglos y de nosotros. No hará preguntas, se sabe dueña de todas las respuestas. Alguien curioso, le dirá, ¿Es cierto que hubo un tiempo que anduviste sucia, mal vestida, casi viviendo de limosnas? Sonreirá con picardía y dirá, sabes, no me acuerdo. Refrescará sus pies en la espuma de las olas que rompen junto a ella y seguirá indetenible, conquistando sueños guardados. Ciudad alucinante, mi ciudad, nuestra!

¡Las fiestas de Diez pesos!

Cuando llegaron los terrible años 90s con su crisis, La Habana, se vistió de negro. Fue como si una terrible y ayunante noche, nos cubriera, el golpe fue duro, casi perdemos la sonrisa y los dientes. Pero como cubanos al fin fuimos sobreviviendo y capeando el temporal. Uun grupo , no pequeño, decidio ponerle lentejuelas y plumas a la noche, surgieron asi las famosas fiestas de 10 pesos.

Aquellos que tenían casas grandes, con patios o azoteas capaces de resistir 100 personas o mas, organizaron shows de travestis. Se vendía ron y se cobraban 10 pesos por la entrada y allá ibamos todos, con los 10 pesos en mano a pagar por nuestro pase a un mundo mágico, subterraneo y fantástico, donde la palabra imposible no existía. Bailábamos, enamorábamos, aplaudíamos a rabiar conciertos únicos. Los teatros, estaban cerrados, Mirtha, Annia y Maggie, se nos hicieron inalcanzables y lejanas, una nueva versión de ellas, nos deleitaba cada noche. Vivíamos un mundo inventado por nosotros mismos, donde Rosita Fornes podía ser mulata y Maggie una negrita de Poggolotti.

Gran mérito el de estos travestis que sin ningun recurso, salian a escena transformados en estrellas rutilantes. Llegaron a tener su público y eran seguidos en ese mundo, donde no exitían guardias, ni trabajos voluntarios, solo el deseo de burlar la realidad, aunque solo fuera por unas horas.

No crean que fue fácil convencerme a ir estas fiestas, al principio, me negué, me parecian demasiado subterraneas, para mi gusto, pero tanto insistieron mis amigos, que una noche me ví en una, bailando, sudando a mares, quitandome la camisa y robandole público a las estrellas. Nos hicimos habituales de estos cabarets improvisados, El Eden, la Madriguera, la fiesta de Papito y muchas más, eran la única opción que teniamos, para olvidar estómagos vacíos y apagones , soñabamos o enloquecíamos, esa era nuestra opción cero!

Nuestras estrellas, llegaban a las fiestas como pudieran ,en bicicleta o caminando, pero ahí estaban inventando maquillajes y vestidos a la luz de reflectores improvisados Fue asi como en la Cuba de los 90s, y sin saberlo ellas mismas, asistimos a conciertos de la Streissand, Celine Dion, Ednita Nazario, Olga Tañon y muchas más. Nadie podía imaginar el trabajo que pasaban y cuanto esfuerzo y sacrificio había detras de cada actuación.

No piensen que estas fiestas eran un caos, para nada, security, portero, barman, director de escena, sonidista eran el equipo que garantizaba que la fiesta saliera bien y pudiera competir con las otras Eran muchas, todo estaba organizado y calculado, la inventiva del cubano se lució. Un día alguien penso que aquello no estaba bien y fueron cerrandolas una tras otra, todavía hoy subsisten algunas, cambiado de lugar y burlando el control, desafiandolo todo, donde vivir el día a día es el mayor desafío.

Fiestas de 10 pesos, donde reimos, amamos y soñamos, con mas intensidad que en discotecas de lujo, eran nuestras; hijas de la necesidad de diversión y hermanas de la negativa a aburrirnos en aquella ciudad, donde de pronto un día, desaparecieron los gordos y los gatos.

Las casas del Té!

 

                           

La Habana, como toda Cuba, ha sido siempre una ciudad que toma café a cualquier hora del día, celebramos con café todos los acontecimientos, pero de repente, un dia en La Habana de escasecez y sustitutos hizo su entrada el Te, con bombos y platillos se fue abriendo paso en una ciudad donde todo es posible, aparecieron entonces las populares Casas del Te.

La más popular y la primera en hacer su entrada triunfal, fue la Casa del Te de la Habana Vieja en Obispo y Mercaderes. El encanto del lugar, las tertulias que se hacían, la convirtieron en sitio obligado de los eternos caminantes y amantes de esa zona de La Habana, caminar todo Obispo, hacer un descanso, que a veces era de horas, en la Casa del Te, calmar la sed con un té helado que nos sabía a gloria, ser parte del grupo de habituales, saludar, conversar y hasta amar, eran parte del ritual que se repetía día a día. Alli nos atendía Santa, que se acercaba a la mesa y nos decía; que quieren, tengo pastelitos, uno por persona, apurense en pedir quedan pocos, especie única de camarera multifoficio, no solo servía te helado, llevaba números de teléfonos y mensajes de amor de una mesa a otra. Allí, mientras tomábamos té, y soñabamos, una pianista que tenía que repetir noche tras noche “Casablanca”, le daba un toque casi mágico a la noche y a nuestros sueños.

Poco a poco, surgieron más, en el Barrio Chino, en G y 23 y hasta en el parque de las afueras de la ciudad. La Habana, dio la bienvenida al té, por todo lo alto. Los habaneros, competíamos con Londres y toda Asia, tomabamos galones de té diariamente, cuando hacemos algo, siempre nos gusta exagerar, de repente, todos eramos amantes del té. A todas horas, nada de a las 5 de la tarde, a mediodía, medianoche, desayunabamos con té a falta de otros líquidos y hasta brindabamos con té cuando el ron escaseaba.

Las casas del té, tenían un encanto especial, sitios de reunión,tertulias literarias, discusiones de ballet, complicidad entre amigos ávidos de conversar, olvidar problemas y soñar, las visite muchas veces, alternando mis visitas al Café de O’Reilly, donde me había convertido adicto al café con marrasquino, todo no podía ser te.

El té casi corría por las calles de La Habana en un desbordamiento incontenible, hasta humildes cafeterias de barrio lo incluyeron en su oferta diaria. No crean que el té le gano la ciudad al café, llegó para quedarse, pero sus casas fueron cambiando o cerrandose, la de G y 23, terminó convertida en hamburguesera, cambio tertulias por largas cola, sus visitantes no solo tenían sed, tenían hambre, comían y se iban, desaparecieron las tertulias,el encanto, la de Obispo y mercaderes, paso al área dolar, perdio magia encanto y misterio. Me cuenta un amigo que al pasar los años volvió con billetes verdes y pasaporte azul en el bolsillo, se sento y pidio té con menta, la camarera , sorprendida, le aclaro que no estaba en el menú y no sabían hacerlo, mi amigo sorprendido , incredulo y frustrado, se fue sin pedir nada, y siguio tomando té con menta en sus memorias.

Estas casas,se convirtieron en historia, el té se quedo con nosotros, aunque no pudo quitarle al café su lugar privilegiado. Muchos dejamos la ciudad, pero nunca olvidamos a los buenos amigos y las Casas del Té, estarán por siempre entre ellos. Me he reunido con amigos, hemos pedido té, conversado largas horas, evocando sin querer el esplendor de tertulias pasadas y las Casa del Té en la Habana , al pagar, dejamos una buena propina , diciendole a la camarera , gracias “Santa” aunque ese día no nos trajera números de telefonos ni mensajes de amor, conscientes que algo faltaba a nuestro sueño, algo perdido para siempre en el recuerdo de aquel te que un día inundó la ciudad y aún hoy inunda nuestra memoria,conscientes que un día, en una ola gigantesca asaltará la ciudad reclamando de nuevo su lugar.

¡Un pull-over en la Habana!

Dando algunos retoques a uno de mis escritos, escuché la noticia y vi las imagenes de una marcha contra la homofobia en La Habana. Tal vez yo me adelante a la marcha cuando en mi última visita a la Habana llamé y abrazé a un muchacho que vestía con orgullo un pull- over que podría escandalizar a muchos. Un pull-over que años atras le hubiera costado, al menos, una noche entre rejas.

Hay detalles, instantes que valen por años de recuerdos, por vidas enteras. Mientras celebraba mi llegada a La Habana y disfrutaba en una cafeteria área dolar de mi merienda “obligada”, pasó junto a la mesa un joven cargando algunas cajas. El letrero impreso en su espalda me cautivo, mi esperada merienda perdió sabor y sustancia. No podía dejar de mirar el cartel en la espalda que se perdía en las puertas de la cocina.

Dejamos de conversar sobre mi viaje, no peleé más por la hamburguesa fría y la ausencia de productos que aparecían en la carta. Casi me levanto y entro en la cocina buscando al muchacho del pull- over que me había embrujado. Despues de unos minutos, que me parecieron siglos, regresó el muchacho, de frente, era uno mas. El letrero en su espalda resumía todo el encanto de su presencia, lo elevaba a una categoria mítica que me embrujaba y seducía.

Estos impulsos mios que un día me llevaran al sol, aunque me queme, me hicieron levantarme y ante los ojos atónitos de todos, abrazarlo. Le pedí de favor hacerme una foto con él, pero con él de espalda, quería compartir con mis amigos la magia del pull- over que me sedujo, que me hizo recordar redadas, humillaciones y un monton de cosas mas.

Recordé historias, confesiones. Un compañero de estudios en la Universidad que hace unos meses encontré y me confesó lo mucho que sufrío y soportó; ¡yo no existía!, fueron las palabras que encontró para resumir su sufrimiento y ostracismo.

Mientras unos, con igual inclinación optaron por ser martillo y arremeter con fuerza, defenderse con uñas y dientes, otros, fueron el yunque donde oportunistas y confundidos descargaban sus frustraciones y rencores. Vidas destrozadas, suicidios sin razón, lagrimas que desbordarían al Almendares, madres que nunca encontraran consuelo, tragedias terribles.

Un pull-over, no es jamás un telón gigantesco que pueda ocultar, para siempre, horrores, humillaciones, vejaciones. No devuelve la vida a los que se la quitaron, no basta para secar las lagrimas de tantas madres, pero coño, ¡Que feliz me sentí de ver lucir con orgullo un pull-over asi en mi Habana, en las primeras horas de mi llegada!

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Reencarnacion!

                     

“Despues que muera, si es que muero algun día, reencarnare un día de sol, en primavera,volvere a ser materia de súbito, de un solo golpe, seré un tocororo, una palma real, seré una ceiba! y allí junto a muchos, me afincare en mi tierra para siempre a la espera de los siglos, sin miedo a huracanes, ni tormentas.”

Siempre pensé que para reencarnar, tenía antes que morir, dejar de ser, abandonar este cuerpo, ser inmaterial, asistir ausente a mi propio funeral. La vida y la muerte son misterios y eso somos al final; misterios.

La Habana, señora todopoderosa, tendida al mar y al sol, invoca sus fuerzas, lanza sus conjuros, hace milagros a la luz del sol.

En mi último viaje a la Habana, volví a subir la escalinata de la Universidad, escalón a escalón, me senté a la sombra del Alma Mater. Anduve de nuevo, por vez primera desde mi graduación, por los rincones de la Universidad. Me encontré cara a cara con jóvenes que eran como fui yo hace años, sentí un erizamiento en la piel, nos miramos, nos reconocimos. Yo, estaba frente a mi hace unos años, ellos  miraban en mi, su futuro, sin saber que los aguardaban sueños nuestros por realizar, que un futuro mejor espera por ellos.

Comprendí que se puede estar vivo y reencarnar en personas, esos jóvenes, vivirían por mi los sueños que se me rompieron un día perdido en los años. Fue como si una fuerza especial, una tormenta electromagnetica se desatara entre nosotros. Allí , en una esquina de la plaza Cadenas, volví a repasar libros y lecciones antes de entrar a clases, volví a reír con la inocencia y la fuerza con que solo ríen los que se saben dueños del futuro y no temen a nada.

Milagros en La Habana podrìa ser el nombre de este escrito, no fue un milagro como tal,  mi Habana, el sol, el Alma Mater y mis sueños se unieron para reencarnarme en jóvenes, andar en sus pies todo el recinto universitario, volver a ser joven por un instante. Tener conciencia que la vida es un ciclo indetenible e indescifrable.

Siempre digo que se pueden vivir muchas vidas y seguir siendo uno mismo. Yo, he vivido mas de tres o cuatro vidas, me reinvente muchas veces, aún hoy me reinvento, sin dolor ni frustración por lo que no fue. Cada nueva vida ha traído a mi nuevos sueños,  hasta hoy, no me arrepiento de nada, aunque el precio pagado fueran sueños rotos y nuevas vidas por vivir.

Hoy, se que nada pasó por gusto, nada fue casual. Otros jóvenes, en los que sin saberlo ellos, ni proponermelo yo, he reencarnado, andaran caminos que un día se se cerraron para mi, yo seguiré andando por caminos que ellos no tendran que transitar jamas, nuestros sueños convergeran un día.

Por el momento, yo regresé a mi oficio de evocar en la nostalgia mi ciudad. Ellos andan a toda fuerza andando nuestra Habana y amasando un futuro común. Desde aquí escribo, desde allá en ellos, soy parte de ese futuro que amasamos con amor y esperanzas.

El Capitolio!

               

Siempre lo vi majestuoso y atractivo, como esos señores que saben su importancia y aunque en el fondo son buena gente, miran siempre con el orgullo del que sabe su valor. Seguro de si, ha resistido abandono, humillaciones, pero no ha perdido su dignidad. El sabe que cuando todo pase, y el absurdo sea solo un mal y terrible recuerdo, seguira ahí, listo para su momento, nuestro CAPITOLIO!

Durante años, lo vi de lejos, impresionante. Desde niño leía en la prensa,“el antiguo capitolio“,y contaban historias de personajes que se reunían allí. Crecí y un día descubrí que la constitución del 40, fue aprobada por un congreso que se reunía en nuestro Capitolio , comprendí que algo faltaba en las clases de historia que había recibido . En silencio, empeze a quererlo y admirarlo.

Un día, cursando el primer año en la Universidad, en el laboratorio donde trabajabamos 20 horas a la semana, por aquello del estudio y trabajo, organizaron una visita al Capitolio . Allá me fuí a ver a ese señor que llevaba años haciendome guiños e invitandome a conocerlo.

Si de lejos es majestuoso, por dentro, me dejo sin aliento. Era otro mundo, era tal su encanto que los guias que nos acompañaban y los que laboraban en allí, lo amaban,  sentían cada deterioro como una herida propia. Ninguno de ellos hablo despectivamente de él. Mientras mis pasos se sumaban a muchos más en el salon de los Pasos Perdidos, me contaban que era y es el Capitolio. Es el nombre de la estrutura en si, que eso de “antiguo capitolio nacional”era un soberano disparate y un alarde de incultura, acaricié sus paredes y columnas, en un  susurro le dije, eres hermoso! A partir de ese día, nos tratamos de tú.

Nuestro Capitolio compite en belleza y majestuosidad con los mejores del mundo. Guarda, entre muchas joyas, la estatua de la República, que en su tiempo fue la 2da mas alta bajo techo, ahora, es lógico que este encorvada, recogida en si misma ya se volvera a erguir algun día , lo se.

Sentado en el centro de La Habana, conversa día a día con el parque Central, el de la Fraternidad, lanza un beso a La Joven India y se acuesta a dormir con la música de famosos ballets. Duerme y espera, es un caballero y no hace preguntas sobre el diamante que le quitaron, ni reclama a gritos atencion a sus jardines. Espera,con esa paciencia que solo tienen los que se saben dueños del tiempo.

Sus jardines abandonados han sido testigos de citas y besos robados, de caricias, de carreras huyendole a redadas. Más de una lagrima ha derramado cuando ha visto con dolor y verguenza llevarse a jóvenes que solo iban a encontrarse con Gissele o con los Cisnes y no pudieron llegar nunca. Una noche, la Joven India, lo miro y le dijo, llorando? él respondió, si, los hombres, tambien lloran! Sacó del bolsillo un pañuelo azul, blanco y rojo y  secó sus lagrimas.

Señor de La Habana de siempre, espera iniciar un día ese Carnaval gigantesco donde todos arrollaremos por la carretera central en una comparsa indetenible encabezada por, la más alta que nunca, estatua de La República!