Vamos a comer fuera!

 

                     

Comer fuera, ha sido y es, para el habanero, una salida importante, un acontecimiento para el cual se prepara toda la familia, pero no crean que es salir, elegir un restaurante y sentarse a comer; comer fuera en La Habana se fue convirtiendo en toda una odisea. Este sencillo y esperado acto de ir a comer fuera, como tantas cosas más, se nos fue complicando y dificultando hasta hacerse algo casi exhaustivo y maratónico.

Largas colas para poder comer algo, salir temprano de casa, cuando nos sentaban a la mesa, ya sin fuerzas, a punto de consumir la última molécula de energia, ni hablabamos, había que guardarla para el acto de llevar la cuchara a la boca y recuperar las fuerzas perdidas. Un buen día, algún sesudo ideó una nueva forma de reservar los turnos para los restaurantes; llamando por teléfono! Una ciudad con pésimo servicio telefónico, donde sólo unos pocos tenían acceso al servicio, sufrió de largas noches con lineas congestionadas. En casa hacíamos bromas sobre el dedo índice de mami, dedo mágico que podía llevarnos a La Carrreta, El Centrovasco o RanchoLuna, en su experimentado marcar los números una y otra vez.

Comer fuera, no era un lujo ni una salida ordinaria, era, para muchos, la única vía de acceder a alimentos racionados o casi desaparecidos. En mi casa, en especial,donde un padre estricto y dirigente se negaba a comprar nada en bolsa negra, era practicamente un acto de sobrevivencia. Comer fuera se convirtió en la nueva forma de adquirir chorizos, jamon queso, mantequilla y hasta algún pan extra.

Mami, fue desarollando habilidades desconocidas se transformó en toda una experta en desaparecer platos en una bolsa sin fondo, casi mágica, capaz de guardar comida para una semana, sin que nadie lo notara. Muchas veces, ni yo me daba cuenta. Creo que visitamos todos los restaurantes de La Habana, según las necesidades que teníamos, no era un paseo, en realidad comer fuera, se convirtió en una forma más de sobrevivir.

Un mediodía fuimos a La casa de los Vinos, la entrada era por la cocina, una higiene extrema. Mis hermanas y yo, estuvimos a punto de un colapso, cuando vimos por vez primera grandes cantidades de chorizos, jamones y quesos, ese día comprendí como se sintió Alicia ,en el país de las maravillas. Especie de orgasmo alimentario disfrutando a distancia manjares soñados, estabamos en la cueva de Alibaba y en vez de joyas y tesores, encontramos alimentos prohibidos y perdidos que aparecían ante nosotros, casi al alcance de la mano.

Recuerdo al 1830, El Emperador y La Torre, restaurantes de lujo que por mucho tiempo, a pesar de escaceses y dificultades, mantuvieron un status “clasista”, aislandose en sí mismos, células enquistadas que nos abrían una puerta a un mundo de lujo y buena atención, no escuchabamos el que quiere? o se acabo! o hace tiempo no tenemos, donde no tiraban los platos. Nos sentíamos respetados y considerados, nos aislábamos un poco del día a día racionado y agobiante.

Un buen día aparecieron las Paladares, mezcla de restaurantes y casas de familia . Los que podíamos, ibamos a las Paladares a comernos un bistec de puerco o un pollo frito, mientras afuera, en la ciudad los gatos huían espantados y se pasaban unos a otros el mensaje de alerta, antes de desaparecer del todo. En esa época,donde los gordos perdieron grasas y barrigas, comer fuera, donde se pudiera , era la opción para escapar al picadillo de soya y a la masa cárnica.;

El área dolar hizo su aparición en los restaurantes habaneros, han aparecido muchos nuevos,y algunos conocidos se han pasado a esta área, asegurando suministros y sobrevivencia. Cuando viajo a La Habana, mami, sólo acepta ir a a una cafetería donde se come tranquilamente su medianoche y toma su suero de helado, tal vez tema que a fuerza de costumbre empieze a guardar la comida servida en alguna bolsa que encuentre. Como ella, muchas han sobrevivido a todo, magas de casa camaleónicas, capaces de adaptarse a todo y triunfar.

Muchos hábitos han desaparecido, algunos costará trabajo recuperar. Sé que un día, se abrirán todos los restaurantes, sacaran sus mesas a la calle, no tendremos que pagar en dolares, ni hacer largas colas. Seremos todos invitados de honor a un almuerzo gigantesco, saborearemos una sabrosa comida cubana y andaremos despues, juntos, por la ciudad, felices, con los sueños en el alma, desbordandose y haciendose realidad.

2 thoughts on “Vamos a comer fuera!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s