Taxis en La Habana!

 

   

Durante muchos años, encontrar un taxi en La Habana, fue una tarea digna de un héroe mitológico, lo sigue siendo, aún pagando el servicio en dólares. Recuerdo, una vez, en uno de mis viajes, quería ver una función del Lago, en el Lorca y llevar conmigo a mami. Pedí un taxi a las 7:30 pm, la función era a las 8 y 30, el taxi llego a casa a las 9 pm, ya me había desvestido y tomábamos café en el portal, contándonos historias, cuando apareció y tuvo que irse vacío. Muchos no tienen dólares y tienen que conformarse con un servicio de taxis, prácticamente inexistente. La Habana, sueña con escuchar un día las míticas frases, “rápido, siga a ese auto” o “hasta el parque central, estoy de prisa”.

 

Un buen día hicieron su aparición en La Habana, los chevys, recuerdan aquella canción de Virulo que decía “y ahora vuela”. Una ciudad acostumbrada a autos viejos y lentos, de repente, tenía autos del año que nos parecían naves espaciales. Taxis de nuevo tipo, no decíamos, llévame para…, sino, para donde vas? Nunca pude explicármelo, pero así fue siempre. Entre las tantas exclusividades de La Habana, sumamos una más, taxis con vida independiente, desobedientes, nos llevaban para donde querían ellos, no nosotros. Taxis, sin piezas de repuesto que fueron muriendo de muerte natural, uno tras otro. También tuvimos Ladas, pero igual de difíciles y esquivos, imponiendo sus propias reglas.

 

Todos los habaneros, alguna vez, montamos en las máquinas de 10 pesos, como que tenemos fijación con los 10 pesos! Mezcla de taxi y guagua, con recorrido fijo, al pararlo, solo decíamos llega hasta…, o va por… Podíamos ir cómodamente o alternando turnos para poder descansar la espalda, a veces confundíamos piernas y rodillas propias con ajenas en un amasijo humano que costaba trabajo desenredar y que muchas veces disfrutábamos. En una ciudad, donde todo escaseaba y se ahorraba, compartíamos e intercambiamos sudores en un acto supremo de abundancia y rebelión a la racionalizacion impuesta. Estos autos viejos aún andan por las calles de la ciudad, no se si es su calidad, o la inventiva del cubano, pero creo seguirán rodando por siempre. Cuando no los necesitemos, serán piezas museables rodantes en exposición itinerante por toda la ciudad.

 

Por tener taxis exclusivos, tenemos hasta bici taxis. Pobres muchachos que por ganarse unos pesos recorren parte de la ciudad pedaleando, sudando a mares. Simbiosis de bicicleteros, taxistas y guías turísticos, que sonriendo, una tarde, quisieron contarme historias de la ciudad que mas conozco y amo del mundo.

 

Imagino taxis, bici taxis, máquinas de 10 pesos y chóferes, sumados a un carnaval incontenible, arrollando al ritmo de la alegría , luciendo colores al viento, desde el cabo de San Antonio, hasta la punta de Maisí. Un pueblo que no pregunte para donde va, que diga, voy contigo! y el chofer, sonriente, diga, monta, te llevo hasta donde quieras; vamos juntos!

     

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