Por que siempre La Habana?

Muchos amigos, sobre todo de otros países, me preguntan; por que siempre La Habana? Es un pie forzado? Es algo voluntario o involuntario?

No tengo deudas con La Habana, soy de los que en cada momento ha dado a sus seres queridos el cariño y atención que el momento demanda. Si La Habana, desapareciera hoy, no me quedaría un te quiero sin decir o un pensamiento sin expresar. Tampoco creo, como dice un amigo especial, que mi ciudad, este en deuda conmigo, por cada escrito que le dedico, La Habana me inspira y motiva. Todos debemos mucho a esa ciudad tendida al mar y al amor, de ahí vinimos, allí regresamos una y otra vez en viaje real y en sueños. Allá volveremos al final, cuando nuestro espíritu decida abandonar esta materia donde habita.

El acto de escribir, no es una acción voluntaria, mis amigos recuerdan cuando escribí “Besos”, en víspera de mi viaje a La Habana. No quería escribir, la cercanía del viaje, del encuentro con mi madre y mi ciudad, llenaban mi mente. Carecía de la paz mental necesaria para poder hacerlo, las ideas daban vueltas en mi mente, me resistía a escribir. Una noche, fue casi una orden; o escribía o las ideas estallaban en mi cabeza. Cuando publique, “Ciudad alucinante”, pretendí comentar sobre los parques de La Habana. Empecé a recorrer mi ciudad, recorriendo los parques que conocía, de ese andar, nació ese escrito, uno de mis favoritos.

Muchos saben que retomé el oficio de escribir, casi de un modo casual, del brazo de una amiga virtual. Una amiga, que desde el otro lado del mar, soplo con todas sus fuerzas y le quito el polvo a mis alas. El polvo se fue para siempre y mis alas ya no quieren quedarse quietas ni un momento. Otro amigo virtual, dese Paris, me alentaba a escribir en un blog, me lo repetía una y otra vez. Una noche me decidí y así nació Habanero2000, mi yo virtual, donde he sumado amigos y gano experiencia cada día.

Así, entre amigos que me alientan y apoyan y hasta me suben a escenarios, mis escritos, mi ciudad y yo, andamos caminos nuevos cada día. Sumamos amigos y afectos.

He escrito comentando sucesos en Miami, pero La Habana se me cuela, sin querer. La traje conmigo en mi corazón y desde allí, recrea ruinas, malecón y playas. Viste su bata cubana por las noches y sale a pasear bajo las estrellas a buscarme ideas nuevas. Me sopla al oído, me sugiere temas Me hace guiños, me provoca, sabe como hacerlo.

Si, la Habana, me toma de la mano y me lleva a donde quiere. No me resisto, no puedo, ni quiero. Seguiré este andar con ella, sin ofrecer resistencia, con el disfrute enorme de ser siempre un hijo fiel. Cada nuevo escrito, cada nuevo sueño alcanzado, será siempre un tributo a mi ciudad, mi madre y mis amigos.

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Rosita, mis amigos y yo, una tarde inolvidable!

Siempre he oído decir que las plantas necesitan recibir cariño, alguna caricia, para darnos su mejor color y belleza. Sin amor, sin afecto, se marchitan y mueren. He asistido, varias veces al milagro del amor en un ser extraordinario; extraña fusión de luz, mujer y flor, basta el cariño de sus eternos admiradores, un piropo, un recuerdo especial y sus pétalos se abren, su sonrisa va aumentando e inunda el espacio. Resta penas y años, suma sueños y alegrías. La magia del amor, la rejuvenece, la hace aún más bella. Así es y será siempre un encuentro con Rosita.

Asistí a muchos de sus espectáculos en La Habana, todos los teatros de la ciudad, se rindieron a su arte. Largas colas de admiradores de todos los tipos y edades. La aplaudí infinidad de ocasiones, aún hoy recuerdo sus actuaciones y la aplaudo en el recuerdo y en el presente. Aplausos sin final, como su arte y su belleza, su luz inextinguible, vencedora de años y contratiempos.

Un día, al soplo de una amiga, retome el oficio de escribir. Comencé a andar La Habana en mis memorias. En ese deambular por mis recuerdos, en una ocasión me encontré frente a ella, no es un lugar, no es un teatro, no es una calle habanera, pero escribir sobre mi ciudad y no mencionarla, es dejar la historia inconclusa. No se puede pretender escribir sobre La Habana y no mencionar a nuestra Rosita.

Asistí a The Place of Miami, desde su apertura, fuertes lazos indestructibles, me unen a este lugar. Siempre fui un espectador, aplaudí a decenas de figuras de renombre internacional, me tome fotos con algunos. Miraba el escenario desde lejos, como algo mítico e inalcanzable. Jamás imagine que un día, de la mano de un amigo especial, me subiría a él, a leer mis escritos, ni siquiera imaginaba en aquel entonces, volver a escribir.

Un día, la magia desbordo mis sueños, The Place, mis amigos, mis escritos, hicieron el conjuro. Tal vez algunas de las madres de mis antiguos alumnos, desde Guanabacoa, hicieron un trabajo especial, se que a pesar de los años, no me olvidan. Se también que cuando mi madre, desde el Rincón, a mi lado, pidió con toda la fe del mundo que mis sueños se hicieran realidad, un rayo de sol, la envolvió, ambos escuchamos un susurro: concedido, pero tendrá que luchar por ellos. Un sueño se me escapo del mundo virtual y fue tomando forma, vida propia. Me vi, en un escenario, en The Place, con un proyector de luz frente a mi y toda la luz del mundo en forma de flor y mujer a mi lado. Junto a mi, Rosita Fornes, leyéndole mis escritos, compartiendo aplausos, saludando amigos. Tomándonos de la mano como viejos amigos, cuando la emoción apenas nos dejaba hablar.

No se si algún día reciba algún reconocimiento o premio por mis escritos, no creo merecerlos, ni los espero. Cuando leí a Rosita mi escrito “Una tarde con Rosita”, su emoción, sus lágrimas fueron el equivalente a un Nobel de literatura, su beso en la mejilla, dándome las gracias, una medalla que guardare por siempre.

Para todos los que asistimos al encuentro con Rosita, la tarde del domingo, esas horas en que dimos amor y recibimos luz, serán inolvidables. Nuestro amor y agradecimiento hicieron el milagro. Rosita, volvió a ser la Fornes tridimensional, la de Confesión en el Barrio Chino, la De repente en TV. Una mujer sin edad, dueña de una mirada capaz de seducir y enamorar a cualquiera, vencedora del tiempo, sin final.

Así son los sueños, un día son una fantasía pequeñita, apenas una chispita. Otro día se convierten en un fuego que nos renueva y transforma. Así es nuestra Rosita Fornes, artista, amiga, extraordinario ser humano. Magia de mujer y flor, que reverdece colores al aliento de te quieros y de gracias por existir.

La Habana y el mar.

La Habana, es una ciudad tendida al mar. No le basto una bahía o una costa, decidió estar recostada al mar. Se agencio donde descansar, especie de cojín o almohada y le llamo malecón. Las olas la bañan y refrescan. El mar y La Habana, se mezclan, se confunden tierra y mar intercambiando límites y sueños.

Los habaneros, amamos el mar, pertenecemos a él, tanto como pertenecemos a la tierra. Necesitamos la brisa del mar, una buena ola rompiendo cerca, nos alegra el día. Tengo un amigo que me dice siempre que el mar cambia mi estado de ánimo. No importa si tuve una semana difícil, ni el stress acumulado, basta una ola y aparece la sonrisa. Es el mismo mar que rompe contra el malecón, olas que van y vienen, con mensajes de amor de la ciudad a sus hijos. Olas que llevan de regreso un no te olvido gigante y un beso eterno.

Hay ciudades sin mar, incompletas. Para nosotros, mar y ciudad, van unidas. Tuve la suerte, de tener el mar casi al doblar la esquina, al alcance de la mano. Iba caminando a tomar el sol y darme un baño de mar en la costa, un par de tenis viejos, una toalla y casi estaba listo para el encuentro habitual. A veces, iba solo a sentarme frente al mar, saberlo cerca, alejaba preocupaciones, ensanchaba el pecho.

El mar esta presente en La Habana de un modo especial, no es un complemento o un marco, es parte activa e importante de una ciudad que empieza en el Almendares y no termina en la costa, que tal vez sigue más allá y se convierte en ola. A veces, el mar ha querido llegar mas adentro de la ciudad, salta el malecón, desconoce barreras y visita viejos conocidos. Llega allí, inesperadamente y entre sustos y risas, sus amigos lo reciben. Al mar se han lanzado muchos tras un sueño, algunos lo alcanzaron, otros quedaron en el mar . El, los guarda para siempre.

Mi madre, habanera de pura cepa, ama al mar entrañablemente. Cuando éramos niños, nos llevaba a ver a su viejo amigo. Juntos pasábamos días maravillosos, mi madre, el mar y nosotros. Siempre que regreso a La Habana, dedico al menos un día a visitar al mar, no voy solo nunca, llevo a mi madre. Ella acumula carcajadas durante todo el año, luego las despilfarra feliz durante mi visita. Sus mejores risas, son siempre en el mar, reímos los dos como niños. El mar, nos agradece la visita y nos regala sus mejores olas.

El mar, me recuerda mi ciudad y mi madre, a ambas las baña, refresca y alegra, ambas lo aman, no serian las mismas sin él. Yo, tampoco seria el mismo sin él. Nosotros, seriamos otros, sin el malecón y las olas rompiendo, sin la bahía, sin el mar tragándose al Almendares. Sin esa brisa, seriamos otra ciudad diferente. Por suerte, mar y Habana, están unidos para siempre, como una ola gigantesca que salta muros y fronteras ,que nos inunda el alma. Que un dia, recogera a todos sus hijos y los llevara de vuelta, segura de su fuerza y de su amor, indetenible!

¡Reinaldo!

reinal arenas

Sí, la valentía es una locura, pero llena de grandeza.” Reinaldo Arenas

No fue habanero por nacimiento, si por adopción y decisión. En un momento de su vida, casi compartimos el barrio, tal vez nos cruzamos alguna vez. Me perdí la oportunidad de conocerlo, de darle un abrazo, tal vez de estar en su libro.

Supe de él, por vez primera, por un amigo. Una llamada por teléfono: tengo un libro genial, si lo lees en un día, te lo presto. Así llego a mis manos “Antes que anochezca”, por supuesto que no lo devolví en un día, necesite toda una semana para leerlo y releerlo, disfrutarlo a plenitud. Después, no recuerdo como, pude leer, “Viaje a La Habana”. Pregunte, indague por este escritor, su vida y su obra ejercían algo especial sobre mi. Supe que “Celestino antes del alba”, era suya. Cuando estudiaba en el preuniversitario, esta novela, llego a mis manos, aún recuerdo aquellos párrafos, hacha, hacha, hacha.

Durante mi estancia en Madrid, un amigo comento que me gustaba escribir, alguien del grupo dijo; ¿un nuevo Reinaldo Arenas? Me sonroje, solo balbucee: no, no tengo tanto talento, solo me gusta escribir, realmente hace tiempo no escribo nada, tal vez no vuelva a escirbir nunca. Una amiga dijo: pero tendrás un final feliz, no te imagino con un final triste. Es cierto que me gustan los finales felices, siempre apuesto por ellos, tal vez por eso, muchos no entiendan mi admiración por Reinaldo.

Pienso que a pesar de todo, Reinaldo, amaba los finales felices, todos nacemos para ser felices, aunque a veces el destino se tuerza y la felicidad se pierda en alguna esquina de la vida. A veces, somos felices y lo ignoramos. Creo que él nunca fue tan feliz, como cuando vivía en un cuartito de La Habana vieja, allí con escaseces y mil dificultades, la felicidad lo visitó.

Tuvo una vida de novela, su mejor novela es, de hecho, su propia vida. Retocarla un poco, exagerar algunas cosas, rendir tributo a sus ídolos, nos dieron una obra que nos atrapa desde el primer instante. Libro que obliga a leerlo, aún cuando alguien se escandalize de tanto desparpajo, así fue Reinaldo, irreverente, rebelde, mágico.

Hoy, si me reencuentro con mis amigos de Madrid, les diría que he vuelto a escribir, alguien le quito el polvo a mis alas y volví a volar. Les diría que jamás seré otro Reinaldo; Reinaldo Arenas, sólo puede haber uno, que renace a la vida y a la creación cada vez que uno de nosotros se sienta a escribir algo, bueno o malo, pero con el corazón. Reinaldo, no murió, no esta en el infierno, adonde lo escoltaron las brujas de su vida, vive agitado e insomne en cada obra nuestra.

Fotografia tomada de Google.

Yo, soy de Buenavista y tu?

Quincallas, puestos de viandas, boticas, carnicerías, bodegas, pequeñas panaderías, cafeterías, cines, lugares que al unirse e interactuar entre si, conforman y caracterizan a un barrio habanero.

Los barrios de la habana, mezcla rara de pueblos de campo y gran ciudad, tienen características muy propias. Cada barrio habanero, es único, irrepetible. Partes del gran mural de la ciudad, cada uno suma su color, su toque peculiar. Si quitamos uno, La Habana estaría incompleta, la unión de todos, enriquece y hace la ciudad.

Buenavista, Luyano, Pogolotti, Cayo Hueso, cada barrio aporta algo a la ciudad, la conforma y redondea. Piezas únicas de un rompecabezas que se arma y rearma día a día, fichas de un juego de domino interminable.

Un barrio habanero, es como una gran familia. Todos se conocen, se saludan al pasar. Muchos jugaron, estudiaron juntos, tuvieron el primer amor en el barrio, nuestra primera aventura. En nuestros barrios despertamos a la vida. Cuando regresamos, los vecinos nos saludan con cariño. Juntos recordamos anécdotas, unas buenas, otras malas, pero todas, parte importante de nuestras vidas. El pasado nos conforma, vive en nosotros; somos hoy, el resultado de ayer, su consecuencia.

Para muchos, La Habana es el barrio donde crecieron, esas calles que anduvieron con o sin zapatos. Ese lugar exacto de la ciudad donde por vez primera tuvimos sentido de pertenencia. Recuerdo un amigo que en nuestra primera conversación, me dijo orgulloso: yo, soy de Pogolotti! No hacia falta decir más. Otros, me dicen; ella no sabe que yo soy de Luyano! o deja que me acuerde que yo nací en La Lisa! Así somos, no importa si vivimos en Miami, Madrid o Paris, seguimos perteneciendo, con orgullo, a ese pedacito de La Habana donde nacimos.

Muchos, aunque hoy compramos en grandes tiendas, no olvidamos la quincalla del barrio, esa tienda pequeñita con una o dos empleadas, desabastecida y pobre, pero nuestra. Visitamos hoy farmacias de lujos, pero allá, en un rinconcito del recuerdo, aún vive la botica del barrio, a pesar de escaseces y ausencias. Hace años, no escucho; habrá llegado el café a la bodega? O voy a buscar el pan antes que cierren. Ya no veo películas viejas en cines de barrio. Allá en nuestros recuerdos, afincados en nuestra memoria, esas voces y lugares siguen vivos. Nuestros barrios, viven en nosotros, con la misma intensidad que un día vivimos en ellos.

El exilio, la distancia, nos va cambiando. Hoy no somos los mismos, hemos cambiado, cambiaremos aún mas, es inevitable. Algo no cambiara jamás, nuestro amor por nuestro barrio, La Habana, por Cuba. Mi sobrino-hijo, siempre me dice: no te siento, como una visita, cada vez que vienes, es como si nunca te hubieras ido. Tiene razón, nunca me fui del todo, algo mío quedo para siempre en el barrio, junto a mis seres queridos. Un beso de mi madre, una brisa habanera y se despierta, vuelvo a ser el de antes, el de siempre!  Me quito el pull over Armani, el jeans y los zapatos de marca, busco un short viejo y unas chancletas de mi hijo, me siento en el portal; el tiempo detenido reinicia su marcha, todo vuelve a ser igual.

Viviremos en grandes ciudades, viviendo a todo tren la modernidad y el desarrollo, pero siempre, con orgullo, recordaremos nuestro barrio. Gritando a quien quiera o no escucharnos, yo soy de Pogolotti, Buenavista o Luyano, soy de mi barrio!

Hablamos español o cubano?

Recuerdo una vez que le dije a una persona en el aeropuerto: a esa viejita, le dio una sirimba, posiblemente no pueda hacer el viaje, me miraron como si hablara en otro idioma. Explícame, que cosa es una sirimba, yo, la mire asombrado de tanta ignorancia; un patatús, que es eso? Me reí, le explique que para un cubano una sirimba o patatús, es perder el conocimiento, poner los ojos en blanco, como un desmayo, pero mas folklórico!

Tenemos nuestra forma peculiar de usar el idioma, La Habana, cada provincia, tienen sus modismos, su propio idioma. Recuerdo la primera vez, allá en mi infancia, que una vecinita dijo que no encontraba las cutaras y que se había comido un guineo. Ante mi asombro tuvo que hacer la traducción necesaria.

Nunca olvido cuando comencé a trabajar como profesor en Guanabacoa, apenas entendía a mis alumnos. Poco a poco, incorpore palabras y frases nuevas, no las decía, pero al menos sabía el significado. Algo parecido a lo que nos pasa a muchos con el ingles, terminamos entendiéndolo, aunque no lo hablemos.

Hablamos cubano y se lo enseñamos a los demás. Cuando alguien me pregunta; habla español? siempre respondo sonriente, y cubano también! Cuando recién llegue a Miami, traía conmigo la costumbre de corregir lo mal dicho, intente corregir a medio Miami, termine dándome por vencido. Lo que mas risa me causó fue la forma de conjugar el verbo venir, la primera vez que una amiga soltó delante de mi; “yo me vine temprano en la mañana“, sólo le respondí, suerte que tú tienes. Muchas de mis primeras amistades aquí, jamás han vuelto a soltar un “me vine” delante de un cubano.

La Habana, exhibe, orgullosa, un lenguaje propio. Los habaneros, hablamos un poco mas duro, atropellamos más las palabras, tenemos tanto que decir, que a veces el tiempo no nos alcanza. No aceptamos interrupciones, nuestro discurso a toda velocidad, no conoce freno ni stops. Los camagüeyanos, son más pausados, tienen más tiempo, paran, toman aire. Los orientales, son más caribeños, más…santiagueros. 

La Habana, acuña, día a día frases antológicas, renombramos lugares. Un buen día, al influjo de una telenovela, la palabra fonda, desapareció, cedió su espacio a una nueva; nacieron las paladares, ya llevan años entre nosotros. Un día, alguien, cambiara su nombre, serán rebautizadas. Cada día surgen frases, palabras para definir situaciones, nombrar lugares.

Cuba, una isla pequeña, crea y recrea el español día a día. Hablamos cubano, saboreamos el idioma a ritmo de rumba y ron. Nos pegamos en el domino, pedimos otra fría y a veces, paradojas del idioma, nos quejamos de que la fría, esta caliente.

Si alguien se equivoca, le decimos que se tiro con la guagua andando, a los que no son muy duchos en el arte de amar, los llamamos “mala hoja”, uno de los peores insultos que se le pueden decir a un cubano que se respete. Cuando el idioma español llego a Cuba, se deslumbro con la belleza de la isla, aún no ha salido de su asombro. Anda ahora por las calles de La Habana persiguiendo a una sensual mulata que al movimiento de sus caderas le hace olvidarse de reglas, diccionarios y academias, por más reales que sean. Hablamos cubano, los que vivimos lejos, reforzamos y acentuamos nuestra cubania con frases y dichos, aunque nuestros hermanos de Latinoamérica, a veces, no entiendan ni malanga de lo que decimos.

Hablamos alto, nos ayudamos con las manos, inventamos palabras, cambiamos su significado. Aportamos al castellano, una versión nueva, tropical y caribeña, cubana!

La Habana, una madre que llora.

La Habana es un poco o un mucho, la madre de todos los habaneros. De los que quedaron allá, a su abrigo y calor y de los que un día decidimos partir. Cuba, de Maisi a San Antonio, es la madre solicita que reparte caricias y mimos, mas allá de distancias e ideologías. Ciudad y país, bandera, Patria, que va con nosotros siempre. Que no reconoce distancias, que olvida ofensas y perdona siempre, aprendió a amar a todos sus hijos, a todos! Que lucha incansable, por el amor entre sus hijos.

Allá, en La habana, quedaron las madres de muchos, entre ellas, la mía. No pudimos traerlas con nosotros y vamos, iremos, una y otra vez, en busca del abrazo necesario, del beso infinito, de la palabra exacta. Las madres habaneras, las cubanas, nunca cortan del todo el cordón umbilical. No importa la edad de sus hijos, siempre seremos sus niños. Aprendimos a andar de su mano y así seguimos. Manos que se extienden en la distancia, que llegan en el momento preciso, cuando se abre el precipicio, basta un halón y nos salvan!

Mi madre, desde su portal en La Habana, siempre nos aconseja, a mis hermanas y a mi estar unidos. Si algún disgusto, pone en peligro nuestras relaciones, ella acude a resolverlo, nos quiere hermanos por siempre, mas allá de diferencias e ideas. Aprovecho cualquier ocasión para dejarle saber que velo por mis hermanas y ellas por mí, que estamos unidos, eso le da paz, le hace feliz y reconforta de nuestra ausencia.

La Habana, Cuba, nos quiere unidos, no peleando entre nosotros, sabe que nada lograremos, mientras nos desgatemos en discusiones en imposiciones absurdas. Allá en La Habana, por decisión propia, nuestra bandera, amaneció hoy a media asta. Se vistió de luto. Nuestro triangulo, hoy tiene un rojo peculiar, no de sangre, de vergüenza, de dolor! El espectáculo de cubanos divididos, enfrentándose entre si, haciendo alarde de intolerancia e incomprensión, espanto a La Habana, estremeció a Cuba. Es capaz de soportar nuestra ausencia, pero la pelea entre nosotros, le arranca lágrimas amargas.

Cuentan que hoy, temprano en la mañana, La Habana, luciendo una bata cubana negra, fue con otras madres, entre ellas, la mía, hasta al Rincón a pedir, entre lágrimas, por la unión de nosotros, porque sus hijos se amen y entiendan como hermanos.