Un concierto despues, nos tomamos un cafe?

Hace una semana, cuando algunos dudaban si el concierto se daría o no, cuando Miami se dividía a favor o en contra. Cuando aún parecía incierto, escribí, “Un concierto”, mi modesta opinión al respecto.

Los días pasaron, Pablito llegó a Estados Unidos, fue entrevistado en Washington. Sus declaraciones, sorprendieron a muchos, otros las esperábamos, seguros y confiados, las presentíamos. Escribí, “Creo, sé, que Pablito tiene un mensaje, para nosotros y para el mundo, dejémosle hablar y cantar.” Pablito, habló y cantó, no defraudo a los que confiamos en el.

Es cierto que muchos deseábamos al American Airlines Arena, desbordado de publico, asistieron 3 500 personas, algunos dicen que alrededor de 5000, un número muy por debajo de la capacidad del lugar. No se auto engañen los que estaban en contra del concierto, muchas personas no asistieron, simple y llanamente por problemas económicos, en tiempos de crisis, no todos pueden disponer de un dinero extra para asistir a un concierto, por mucho que admiren al autor de Yolanda.

Como dato curioso, quiero decirles que los asistentes, superaron en mil a la capacidad de Miami Dade County Auditorium, o sea, de haber sido en ese teatro el concierto, 1000 personas se hubieran quedado afuera con las ganas de escuchar y aplaudir a Pablito.

Alguien se tomó el trabajo de contar a las personas protestando afuera? No tengo ese dato, solo ví afuera, a un grupo no muy numeroso de personas y créanme, no se cobraba por participar.

El mayor éxito del concierto, es su realización, tenerlo del lado de los recuerdos y no de los imposibles. Todos los asistentes de pie, coreando sus canciones, un regalo a Pablito del exilio que no lo rechaza, que le tiende la mano, aunque como dijo alguien, sea “un sobrio apretón de manos”

Los tiempos cambian y si queremos ser parte de los nuevos tiempos, tenemos que cambiar a su ritmo, no quedarnos atrás. Estamos consumiendo el año once del tercer milenio, vivamos y pensamos como corresponde a los nuevos tiempos. No es tiempo de aplanadoras, es tiempo de puentes, de amor y no de odios. Tenemos la opción de cambiar o convertirnos en fósiles, nosotros decidimos! 

Recién iniciamos la semana posterior al concierto, sigue en pie mi invitación a compartir un café con los que asistieron al concierto y con los que protestaron. Solo pido despojarse de odios antes de tomarnos juntos el café, dialoguemos como hermanos, preocupados y ocupados por y en el futuro de la patria.

El mismo día que publiqué, Un concierto, un amigo, de visita en mi casa desde mi computadora, leyó mi artículo. Mi amigo, estaba, esta, en contra del concierto, pero esa no era, no es razón suficiente para terminar nuestra amistad, seria absurdo. Mientras leia, se volvió hacia mi, me miro y me dijo, “te estas arriesgando”. Si no puedo decir lo que pienso, me vuelvo a Cuba, si decir lo que pienso, mi verdad, es un riesgo, créanme, lo disfruto intensamente.

En estos días leí muchas veces sobre dignidad, respeto y decoro, muchos usaron y abusaron de estas palabras. Por esa dignidad, ese decoro y ese respeto que merecemos todos, se impone el dialogo, nadie tiene la verdad absoluta, compartamos entre todos la gran verdad de Cuba, dejando a un lado odios e intereses personales. “Callen hombres, cuando hablan pueblos”.

Quedémonos, para siempre, con lo mejor de ser cubanos, con una Cuba, “con todos y para el bien de todos”.

Los espero con una tacita de café y una sonrisa.

Atardecer en La Habana.

El sol, no dice adiós igual en todas partes, un atardecer en La habana, tiene un encanto especial, un toque mágico. Un atardecer en La Habana, es la despedida de dos amantes.

Mis amigos, saben que tengo un estrecho vínculo con el sol, tal vez por ser un signo de fuego, tal vez sólo porque amo la luz. Entre un amanecer y un atardecer, prefiero siempre ver la salida del sol. Aún así, no puedo dejar de amar las puestas del sol en La Habana.

Ver al sol marcharse, decir adiós a la ciudad, despedirse casi con un beso, es un espectáculo único. Los que lo hemos visto, no lo olvidaremos nunca y lo evocamos en la distancia. A veces, me ha parecido ver a La Habana, tender los brazos en un desesperado intento por retener a su amante, solo lo deja partir cuando le susurra al oído, vuelvo mañana. Desde el malecón, al horizonte estalla, en colores, un estruendoso beso de despedida.

Siempre digo que La Habana, es una ciudad donde el amor habita en cada esquina. Los habaneros, los cubanos en general, somos dados al amor. Amamos a plenitud, sin trabas ni racionalizaciones, tal vez porque el amor aún en los momentos más difíciles, nunca pudo ser medido, ni asignado en cuotas. Disfrutamos esta abundancia única y feliz, la disfrutaremos siempre. Aunque amamos a cualquier hora del día, bajo lluvias, ciclones, truenos, amenazas de guerra y movilizaciones, cada puesta de sol, nos trae siempre una invitación al amor. Nosotros, obedientes, nunca rechazamos la oferta.

En algunos lugares, el sol se pone de pronto, anuncia su partida y desaparece en segundos. En La Habana, una puesta de sol, es una fiesta de los sentidos, conlleva tintes rojizos por toda la ciudad, es un despedirse sin querer, un alargar intencionalmente la partida, un beso que se alarga y disfruta intensamente. El sol, se despide lentamente y las sombras y fantasmas, comienzan a salir, se adueñan de la ciudad.

Cada viaje a mi ciudad, a los brazos de mi madre es un amanecer a toda luz, cada despedida, un atardecer. Mi madre, no me retiene, sabe que me faltarían las fuerzas para desprenderme de sus brazos. No le digo vuelvo pronto, ella sabe, con certeza que lo haré. Nuestro atardecer, no tiene tintes rojizos, tiene el color y el sabor de lágrimas retenidas, de besos aplazados. Yo, seré siempre su sol, ella, mi ciudad que me espera. Entre amaneceres y atardeceres, transcurre nuestra vida, la de muchos.

 

A pesar que la partida del sol, durante muchos años, ha estado acompañada por la pregunta; tendremos apagón esta noche? Los habaneros se recrean con el atardecer, aprendimos a ver el lado bueno de todo, apostamos siempre por la alegría y el amor. Nos sentamos en el muro del malecón a deleitarnos con cada puesta de sol, olvidamos por unos minutos dificultades y sueños rotos. Dejamos que el embrujo de una puesta de sol en nuestra ciudad, nos posea. Cuando llegue la noche, nos haremos preguntas que tal vez quedaran sin respuesta, pero guardaremos en el corazón un poco de la maravilla repetida día a día, de la puesta de sol en La Habana.

 

El sol se pone, llega la noche, soñamos, suspiramos y amamos. Cada puesta del sol, trae la esperanza de un luminoso amanecer, de un nuevo y especial día que esperamos y que poco a poco, empieza a asomarse en el horizonte de la patria.

¡¡¡SOY CUBANO!!!

Para Cuba que sufre, la primera palabra… José Marti.

¿Por qué siempre Cuba? ¿Se puede ser ciudadano del mundo y seguir pensando constantemente en Cuba? ¿Es la cubania un pretexto, una palabra o fuego en el corazón? Cuantas preguntas, cuantas respuestas, aunque basta una sola, porque Cuba lo necesita o porque soy cubano y llevo a Cuba en el alma.

Conozco una persona que llego a Miami en el primer grupo de inmigrantes cubanos, llegó, creció y triunfo. Recuerdo una vez que conversábamos sobre Cuba y me decía: cierro los ojos y siento hasta el olor de mi tierra, soy guajiro, aunque lleve 50 años viviendo en una ciudad y sea un alto ejecutivo de una importante compañía. Nací en el campo cubano y no podré olvidarlo nunca.

Tengo un amigo especial que mis lectores conocen, mi amigo del exilio. Cada conversación con él, es un viaje a La Habana de los 50s. Cada viaje termina cuando las lagrimas le impiden continuar hablando, me pide perdón, nos abrazamos. Son más de 50 años sin pisar Cuba, sin andar por las calles de La Habana, su amor por su tierra, aumenta cada día. Cuba no se olvida, esta presente en cada uno de nosotros que la recordamos y exhibimos con orgullo.

Un día, conversando con un americano, me decía que nosotros somos el pueblo que grita su nacionalidad con más orgullo. Saboreamos decir, ¡soy cubano! con un deleite especial. Sin chovinismo, porque este conlleva el desprecio de lo ajeno y esto no se ajusta nosotros. Amamos a los países y a las ciudades que nos acogieron. Supimos vencer barreras de idiomas y culturales, nos integramos, pero en esa integración, no nos desprendimos de Cuba, al contrario. Cuba, fue escudo y fuerza para seguir adelante y triunfar. Nuestro amor por Cuba, es la fuerza que nos impulsa adelante, que nos distingue y alienta.

No importa el país donde estemos, en el norte o en el sur, Cuba, sigue presente y latente en nuestros corazones, cada día con mas fuerza. Nos alimentamos de ese amor por Cuba. Es como un compromiso con la patria, nos fuimos, pero para triunfar y no olvidarla nunca.

Almorzamos hoy en un restaurante ciento por ciento americano y la próxima semana, volvemos al arroz y los frijoles negros. Leemos a Sinclair Lewis y a Ernest Hemingway, pero seguimos guardando bajo la almohada a Marti, a Dulce María y a muchos más. Disfrutamos con la Streisand, Madonna y hasta con Lady Gaga, pero seguimos escuchando a Celia, al Benny y bailando casino.

Somos cubanos que es algo mas que jugar a la pelota, pegarse en el domino, tomarse una fría, aunque este caliente o decir en tono de broma, el último, que apague el morro. Ser cubano, es una mezcla rara y única, somos ciudadanos del mundo, pero llevamos en la frente, con orgullo, la estrella solitaria, la llevaremos por siempre. Aprendemos nuevos idiomas, pero seguimos alzando la voz al hablar y gesticulando. Tomamos coca-cola, pero no olvidamos el guarapo.

Ser cubano, hablar de Cuba, no es una matraquilla o letanía para consolarnos. Es un orgullo infinito, un amor sin final, por nuestra tierra. Ser cubanos, es llevar nuestra bandera en el alma, seguros que un día la pondremos mas alta que las palmas. Si un día perdemos ese amor, ese constante hablar de Cuba y evocarla, perderíamos raíces y cimientos, razones y porqués, por eso reafirmamos con orgullo, ¡Soy cubano!

Fotografia inicial tomada de Google, la del cierre, cortesia de Michel Blázquez, pintor cubano.

Vientos de esperanza!

                

A veces, para los que vivimos lejos de ella, Cuba, sin proponérselo, se nos acerca, se hace presente de súbito. Basta una palma, la imagen de nuestra bandera, un recuerdo y  Cuba, acorta distancias y borra años. A veces es suficiente un plato de comida, como dijo el poeta, un plato de frijoles negros y picadillo, nos trae de nuevo a nuestra islita. La patria, puede ser muchas cosas.

En ocasiones, nuestra bandera remonta vuelo y decide visitar a cubanos, dispersos por el mundo por más de medio siglo. A todos, lleva un mensaje de unión, de  igualdad, de hermandad. Muchos, entre los que me cuento, recibimos el mensaje con amor y abrimos los brazos y el alma para recibirlo plenamente. Sentimos como nuestro pecho se ensancha al recibirlo.

Veo mi bandera en el aire, libre, sin amo, ni ataduras, nunca los tuvo, ni tendrá. Recuerdo la misa en Santiago de Cuba, durante la visita de Juan Pablo II, escucho de nuevo las palabras de monseñor Pedro Meurice Estiú . Vuelvo a sentir el asombro y la emoción de aquella mañana de enero.

Hay quienes, tal vez sin querer, dejan que las heridas hablen. Hay quienes, olvidan que el odio, daña mas a quien lo guarda y alimenta, que al odiado. Hay quienes cuando hablan de nuestros hermanos de allá, de los que decidieron quedarse  o no pudieron irse, se refieren a ellos en tono despectivo. Hablan de educarlos, de valores perdidos para siempre, de la necesidad de cambiarlos. Sin saberlo, tal vez sin proponérselo, al hacerlo, desde ellos sopla un viento negro que aleja la nube que nos trae la patria.

Nuestros hermanos, los que viven allá, los que han soportado tormentas, los que sin proponérselo y sin saberlo, se ven atrapados en comentarios despectivos, en proyectos de re-educación, ellos, no nos odian. El cubano no es dado a odiar esta hecho para amar y hacer, más allá de absurdos y pesadillas, de odios ajenos. Nuestros hermanos, nuestro pueblo, no nos odia, no nos odiaran nunca. Nos critican cuando comentemos un error, cuando hablamos despectivamente de balseros, cuando protagonizamos penosos incidentes frente a oficinas de congresistas, cuando dejamos que el odio y no la razón hable. Ellos tienen mucho que enseñarnos, también tienen mucho que aprender de nosotros, es un camino de doble vía, un puente ancho que hemos de  transitar, una y otra vez, en ambas direcciones. Ambos, ellos y nosotros, somos la oruga que lleva años esperando para desplegar sus alas de colores y remontar vuelo al infinito.

Todos tenemos que cambiar  y todos estamos obligados a ser parte del cambio.Todos somos imperfectos, los de allá, y los de acá. Emigrar, no nos hizo mejores, quedarse en Cuba, no los degrado para siempre. Evolucionar juntos, tomados de la mano o mejor aún, abrazarnos y comenzar a cambiarnos mutuamente es la mejor opción.

Todos tenemos el derecho a ser escuchados, los de aquí y los de allá. También tenemos la obligación de saber escuchar a los demás, aunque su discurso, no coincida del todo con el nuestro. Se impone el dialogo, sin ofensas, sin tonos despectivos. Somos hermanos y nuestra madre, la patria, nos quiere unidos. Seamos parte del puente  y no obstáculo, sumemos, no restemos, Cuba, lo necesita. Se que no todo esta perdido.

Si mañana, ves en una nube  la bandera cubana, si en una  palma se confunde nuestra bandera, no dejes que el viento negro del odio la espante. Abramos los brazos, el corazón y la mente al llamado de la patria, hacerlo, nos hará mejores, luzcamos, para siempre, con orgullo, en la frente, “la estrella que ilumina  y mata“, recibamos a la patria de pie  y con los brazos abiertos, sin odios, sin vientos oscuros, dejémonos llevar por el amor, no por el odio e impulsemos a esa nube con el viento fuerte de la esperanza!

Un concierto!

               

Hace días, una amiga, me pidió, por escrito, mi opinión, sobre el concierto de Pablito en Miami, en cierto modo, decline la invitación. Preferí enviarle dos excelentes artículos de dos escritores, con más talento e información que yo al respecto.

Mis amigos, saben que estoy a favor del concierto. Creo en puentes, en seres humanos sinceros, en sumas, no en restas. Creo que alimentar el odio y comportarnos como aquellos que criticamos, no nos hace mejores, al contrario, nos debilita, entre nosotros y ante el mundo.

Pablito, es un ser humano de extraordinaria calidad. No dudo que cometiera errores, yo y ustedes, también los hemos cometido. “El que este libre de culpa, que tire la primera piedra”. Todos hemos pagado en algún momento de nuestras vidas un precio muy alto por un error. “No somos Dios, no nos equivoquemos otra vez”

Por que desatar un odio contra quien no lo genera, ni lo merece. No quiero pretender imponer un criterio, vivimos, en un país libre,  tal vez el país mas libre del planeta. Por que pretender limitar y empañar esa libertad que tanto amamos? Los que quieran ir al concierto, podrán asistir, los que estén en contra, podrán manifestarse pacíficamente, sin ofensas, ni agresiones, en la acera de enfrente.

Hemos clamado durante años porque se reconozca la existencia de una Cuba en el exilio. Porque nuestros hermanos de allá, los que se están comiendo el cable, se identifiquen con nosotros y nos unamos en un solo pueblo. Recibamos dignamente a Pablito, no solo por que él lo merezca, sino, porque hacerlo, demuestra nuestra condición de personas con ideas firmes y mentes lúcidas, capaces de evolucionar con los tiempos. Demos ejemplo a nuestros hermanos de madurez y civilización. Demostremos al mundo que Miami, no es una republica bananera, que la ciudad que creció al influjo y empuje de los inmigrantes cubanos es hoy una ciudad culta y consciente, a la altura de estos tiempos. Capaz de continuar en su lucha y su quehacer. No somos perros rabiosos, no lo seremos nunca. Tenemos heridas, cicatrices, recuerdos, muertos y angustias, también tenemos la suficiente entereza de reconocer de que lado esta la razón y no pasarnos.

Yo, personalmente aplaudo al autor de hermosas canciones, desde mi humilde asiento, me emociono al escuchar sus letras. Crecí escuchándolas y aunque, como me dijo una amiga, algunas tal vez las asocie con momentos desagradables, me quedo, para siempre,  con el gran artista y ser humano. Las escucho una  y otra vez. Disfruto su voz extraordinaria y  vuelvo a pensar que no somos Dios  y ruego porque no nos equivoquemos otra vez. Me pongo de pie, y aplaudo al ser humano que en muchas ocasiones tendió una mano al necesitado, a quien estuvo en desgracia.

Jamás he escuchado una historia de alguien denunciado por Pablito, que una sola persona cumpliera condena por una  acusación suya, al contrario. Se de muchas historias de personas que ayudo, que ayuda y que ayudara mañana. Creo, sé, que Pablito tiene un mensaje, para nosotros y para el mundo, dejemosle hablar y cantar.

Los que decidan no ir al concierto, perderán la oportunidad de disfrutar de la  actuación de un gran artista. Los que protesten de forma civilizada, sin dar una imagen errónea del exilio cubano, actuaran de acuerdo a sus principios, serán  consecuentes con ellos.  Ambos, son y serán mis hermanos. Nos sentaremos juntos la semana siguiente al concierto, a tomarnos y saborear un buen café cubano y sin insultos, ni ofensas, entre hermanos no tienen sentido, me contaran, unos, como lloraron y aplaudieron de pie la interpretación de Yolanda, otros, como consecuentes y firmes estuvieron dos horas, de pie, con carteles en contra del concierto. Nos despediremos con  un abrazo, seguros que unidos, todo será posible!

¡Cuba en el alma!

“Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”.

Mario Benedetti

No siempre la medicina puede encontrar la causa de un dolor o una dolencia física, a veces, muchas veces, hay  que buscarla donde la ciencia no llega.

A pesar de  no tener seguro medico, visitó  médicos y hospitales en busca de un diagnostico. Casi estaba a punto de declararse en bancarrota. Estaba convencido que ese dolor en el pecho, debería tener alguna explicación.En su intento de curarse, visitó brujos y adivinos, cartománticas y lectoras de café.

Pidió dinero prestado a amigos y bancos. Viajo todo el mundo, Madrid, Paris, Londres, Roma. No quedo especialista de renombre que no visitara. Compartió con  amigos dispersos por todo el planeta, a todos dijo sus síntomas. Muchas veces al verlos, su dolor empeoraba. Algunos le confesaron que sufrían de  lo mismo,  ya se habían acostumbrado a vivir con ese dolor. Cuando se hacia muy fuerte, una buena botella de vino, ayudaba a aliviarlo. Pensó a lo mejor era un nuevo tipo de neuropatía, esta vez por exceso de carne roja y vitaminas, decidió ponerse  a dieta. Ayuno durante una semana, su dolor no disminuyo; algo tenia entre pecho y espalda, él lo sabía, estaba seguro.

Un mediodía, en casa de una amiga, sufriendo una de sus crisis de dolor, la escucho decir: ven siéntate a la mesa, hoy hice un almuerzo que tal vez te ayude con ese maldito dolor. Sin ganas, arrastrando los pies, salio  del cuarto, en la mesa del comedor, lo esperaba un plato de frijoles negros, arroz blanco, carne de puerco y yuca hervida con mojo. Su estado general mejoro, el dolor no desapareció del todo, pero disminuyó. Disfruto del almuerzo y cuando saboreaba su tacita de café cubano, su amiga se le acerco, lo  abrazo y casi al oído, le dijo: compadre usted no tiene nada, son estos años, queriéndose hacer el americano, cuando en el fondo es tan cubano como las palmas, acéptelo y vera como se siente mejor.

Los enfermos, a veces tardan en tomar conciencia de la causa de su mal. Los hipertensos, quieren  seguir comiendo con sal, los diabéticos  comiendo dulces. Los peores enfermos, son los que quieren negar su origen, sus raíces, arrancarse de adentro esa cubanía que se renueva y multiplica por más que alguien quiera arrancarla o ignorarla.

Nuestro enfermo del cuento, decidió ir a ver a la mejor santera que conocía. Sacó pasaje y en un día de abril, aterrizo en La Habana. No aviso de su llegada, no hacia falta, ella, lo esperaba, sin darse vuelta le dijo: sabia que vendrías, llevo años esperándote, desde aquel día que decidiste lanzarte al mar en una balsa. Se volvió, lo miro, ambos corrieron a su encuentro, se abrazaron llorando; ¡mamá! ¡hijo mío!

Ello lo llevo al malecón, le quito la camisa, dejo que la luz del sol le hiciera la única radiografía que necesitaba, lo abrazo bien fuerte. No tienes nada mi hijo, deja que Cuba se suelte libre en tu alma, no importa lo lejos que estés, los años sin vernos a ella y a mi, pero déjala vivir en ti sin ataduras, sin negaciones. No hay peor dolor que querer negar su tierra, cuando se lleva bien adentro. El se puso la camisa, tomo del brazo a su madre, la beso. Se agacho, beso la tierra donde nació y por vez primera, en muchos años, no sintió dolor en su pecho.

Fotografia tomada de Google.

Que cocino hoy?

En la mayoría o en todos los hogares habaneros, esta era o es una pregunta obligada. No por abundancias y no saber que elegir, sino, por escaseces y no saber que inventar muchas veces.

Nuestras amas de casa, como las he llamado muchas veces, “magas de casa”, aprendieron a vencer dificultades. Inventaron recetas y sustitutos. Si algún día se publica un libro de cocina con las creaciones de las amas de casa cubanas, mas de uno se asombrara y creerá es  una exageración. El día a día de ella, es la prueba que nada se exagera ni aumenta.

Ahora, que me como medio pollo o más de una sentada, recuerdo aquellos exquisitos pollos asados de mami. Después de darle el punto exacto, lo deshuesaba y servia por cucharones, única forma de garantizar la igualdad a la hora de servir. En un hogar con 5 hijos y suegra incluida, garantizar un plato de comida bien servida y sin discusiones, era una tarea titánica. Solo ella pudo hacerlo día a día, contando platanitos fritos y diciendo,”tocan 5 por persona”. En un país, donde todo estaba medido y racionalizado, nuestro hogar, no era la excepción.

Aún ahora, cuando visito La Habana, en otro tono y significado, mami me pregunta qué cocina. Su acto de cocinar, escapo a la racionalización y la medición, pago un alto precio. Se que en el fondo de su corazón, preferiría escaseces y no abundancias con lejanías y ausencias. Se que nunca lo dirá, su consuelo es saberme feliz, conquistando sueños.

Recuerdo una vez que el arroz escaseo mas de lo acostumbrado, alguien nos aconsejo hervir fideos  y picarlos en pedacitos pequeños, sustituyéndolo. Créanme, sólo lo hicimos una vez. Comimos tortillas de masas de pan empapadas en leche condensada. Fuimos capaces de inventar sustitutos en aras de responder a la pregunta diaria, qué cocino hoy? Dimos una nueva dimensión a la frase; a falta de pan, casabe.

Se acuerdan de Nitza Villapol, con un programa semanal de cocina, dando recetas rapidas y faciles de hacer. A veces, se pasaba en su intento de ofrecernos algo nuevo, otras lograba darnos una nueva opcion a la hora de inventar, que cocino hoy?

Siempre recuerdo la frase de un personaje de “La duodécima noche” de Shakespeare, “nunca se esta tan bien, que no se pueda estar mejor, ni tan mal, que no se pueda estar peor”. Cuando llegaron los  terribles y difíciles años 90, nuestras amas de casa, casi tiran la toalla. Ya nadie preguntaba que cocino hoy. Cuando las amas de casa se sentaban a pensar que hacer para el almuerzo, los gatos las miraban de reojo y huían espantados. Muchos de esos gatos recelosos, no vivieron para contar la historia.  Aparecieron nuevos platos y nuevos alimentos, masa carnica, buen titulo para una película de terror, picadillo de soya y otros inventos mas. Nada logro vencer a nuestras heroínas de la cocina. Hicieron una pausa, respiraron hondo y continuaron poniendo un plato en la mesa para sus familias, nada ni nadie podrá vencerlas.

Pregunta repetida día a día, hija de la decisión de subsistir por encima de dificultades y limitaciones. Hermana de una voluntad férrea de mantener el hogar y la familia, más allá de limitaciones, más allá de lejanías y ausencias.