Las casas en la playa!

Hace días, unos amigos me invitaron a pasar el fin de semana en un hotel en Miami Beach. Habían reservado un apartamento, que incluía dos cuartos, sala comedor, balcón y cocina. Allá fuimos cargados, en aras de ahorrar y pasarla bien. Mientras disfrutaba de las comodidades, recordé las famosas casas en la Playa de La Habana.

Que habanero que se respete, no cargo con bultos y paquetes, a pasar una semana o solo un par de días, en una casa en la playa. Muchos, crecimos, sin conocer hoteles. Nos conformábamos con aquellas casas en la playa, medio en ruinas. Nada podía detenernos para pasar unos días diferentes, ni la falta de agua, ni dormir en el suelo. Nuestras casas en la playa, parecían más bien, edificios multifamiliares, solares de verano.

A las casas en la playa, llevábamos de todo. Era una mudada en jabas y guaguas. Preveíamos cualquier carencia y cargábamos con todo lo necesario. Pobres ventiladores plásticos, que hicieron una y otra vez el viaje a las playas, única opción para dormir tranquilo, sin el acoso de los mosquitos. Recuerdo una ocasión que compre un repelente y me embadurne en él, huyéndoles a los mosquitos. Estrenaba unas chancletas azules, mis pies terminaron azules y mis flamantes chancletas, de supuesta marca, casi disueltas por el repelente. Se imaginan, el efecto de esa sustancia química sobre la piel?

Las casas en la playa, eran mucho más que disfrutar del sol y el mar, más que compartir entre amigos y familiares. Eran una fiesta, nos olvidábamos de todo, nos íbamos para la playa! En tiempo de escaseces y privaciones, nos la arreglábamos para encontrar qué cocinar. Hacíamos una gran comida al día, cada uno aportaba algo de su inventiva y al final, saboreábamos satisfechos el resultado. En muchas ocasiones, una gigantesca ensalada fría, ayudaba cuando el hambre apretaba.

Muchas parejas que carecían de privacidad y condiciones, aprovechaban las casas en la playa, como lunas de miel improvisadas. Nosotros, los cubanos, curamos stress y angustias con amor. Aprendimos a sustituir tilos y meprobamatos con abundancia de sexo. Ansiolítico perfecto, nuestro amor en los tiempos de crisis.

Para una parte de la población, ir a una casa en la playa, era abrir una ventana a Las Vegas. Shows y producciones incluidas. Decididos a soñar, no teníamos limites, nunca lo hemos tenido. Más allá de prohibiciones y represiones, aprendimos a vivir el día a día, a nuestra forma y manera. Aunque a veces, en pleno show, alguien tocara autoritariamente a la puerta y pelucas y vestidos, desaparecieran, como por arte de magia.

Desde la comodidad del hotel en Miami Beach, evoque las casas en las playas. Nuevos y valiosos amigos ocupan el lugar de otros lejanos u olvidados. A pesar de todo el confort y sin ser masoquista, un pedacito de mi, echaba de menos aquellas locuras y aventuras que significaban, una casa en la playa en La Habana.

Una casa en la playa, ha sido, como una islita, dentro de la isla mayor rodeada de playas. Dentro, dábamos rienda suelta a sueños y alegrias. Escondíamos u olvidábamos, penas, frustraciones y tristezas. Cada casa en la playa, se convertía en una explosión de risas, una fiesta, un baile, aunque una mañana, sonara la campana anunciando el final y dejáramos, en el apuro, alguna cazuela vieja olvidada. El representante del “plan”, llegaba, como la madrastra inflexible, dispuesto a contar, uno por uno, todos los utensilios incluidos en el inventario.

Cerrábamos la puerta de la casa, guardábamos sueños y carcajadas, en mochilas y jabas. Nos íbamos sin mirar para atrás, conscientes siempre, que el mañana, llegara puntual, estrenando sentimientos, colores y sueños.

Un puente de manos tendidas!

Hace días, compartí con mis amigos de Facebook, una reflexión, sobre un joven de 19 años, un muchacho, que apenas comienza a vivir. Ya carga a sus espaldas 4 intentos suicidas. Incomprensiones, rigideces, absurdos, a veces ponen fin a una vida que apenas se estrena. Después, los padres se lamentan, no encuentran consuelo, entonces, es tarde para actuar.

Este joven, casi un niño, siente, como muchos, el desprecio e incomprensión, en su propio hogar. No bastan burlas en la calle, abusos, risitas, también tiene que soportar que le controlen hasta el tiempo que pasa en Internet. Sus padres, ni siquiera pretenden llevarlo a un sicólogo que lo corrija de supuestas desviaciones sexuales. Se limitan a hacerle, día a día, la vida imposible.

No tengo el record de suicidios en Cuba o en La Habana, estas noticias, no se divulgan, no salen en periódicos, ni en el noticiero. Nuestra ciudad, nuestra isla, a pesar de marchas gays y banderas de arco iris al viento, sufre, padece y exhibe, intolerancias e incomprensiones. Son muchas las ciudades del mundo, donde en cualquier rincón, un joven incomprendido, intenta el suicidio.

El muchacho, que hablo conmigo, es de origen cubano. Trate de ayudarlo, desde mi visión del mundo y mi experiencia. El busca un novio, a ultranza, que como el príncipe del cuento, rompa el maleficio, con un beso. Le explique que él seria su propio príncipe, buscando un trabajo que lo independizara, estudiando, triunfando. Los besos, no hacen el milagro, somos nosotros, con nuestro esfuerzo y no darnos por vencido, quienes hacemos el milagro!

Cuantos jóvenes en Miami, en La Habana, acarician tal vez la idea del suicidio, como salida a dificultades, que su edad e inexperiencia, ven enormes, insalvables. Cuantos talentos perdimos, cuanta vida joven se perdió y se pierde, por falta de una mano tendida, de una palabra de aliento.

Lamentarnos, llorar, no devuelve vidas perdidas. Todos somos diferentes, únicos! Todos tenemos el mismo derecho a exhibir con orgullo nuestra existencia, lo que nos identifica. Nadie es mejor que nadie, más o menos hombre, por su orientación sexual. Años de intolerancia, solo han logrado un triste record de suicidios y adolescentes que sufren. Todos somos culpables, por cada vida que se pierde por la intolerancia e incomprensión.

En ocasiones, hacemos largos discursos, por el progreso, por la unidad de los cubanos, de todos los hombres. Acaso, los gays de un lado y del otro, no forman parte de esa “patria con todos y para el bien de todos” o repetiremos errores y discriminaciones en nombre de la sinrazón?

Miremos a nuestro alrededor, tendamos sin reservas, ni complejos absurdos, nuestra mano; abierta y sincera a todo el que la necesite. Cada uno de nosotros, puede hacer la diferencia. No esperemos que el vecino lo haga para seguirlo. Encabecemos, con dignidad y orgullo, la marcha de apoyo y reconocimiento a todos los necesitados de un lado o del otro. Una vida salvada, un futuro rescatado, puede hacer la diferencia. Nosotros, podemos hacer la diferencia. Sin himnos, sin banderas al viento, abriendo nuestros corazones y mentes, con solo un gesto de aliento.

El muchacho de mi historia, es real, iba a asistir el domingo a nuestro encuentro entre amigos en The Place of Miami. Imagino que no lo dejaron ir. El sabe que puede contar conmigo, estoy seguro que también podrá contar con muchos de ustedes. Un montón de manos tendidas, pueden convertirse en un puente a la vida, al futuro!

La familia!

La familia cubana, es peculiar, diferente a todas. Reproduce en miniatura, la población de la isla, sus características y comportamiento. Nuestra familia, es unida, indivisible, aunque a veces parezca que se llevan mal, se quieren entre si. Ni años, ni lejanías han podido destruirla.

Qué madre cubana, no ha gritado a voz en cuello; estos niños me van a volver loca! Si algo le pasa a esos niños, si alguien quiere hacerles daño, se convierte en una leona, dispuesta a defenderlos frente a todos.

Los cubanos, le decimos a nuestra madre, vieja, pura. Tenemos la certeza que no hay vieja mas pura, que esa, la nuestra. Si alguna mujer mayor, nos tiene un cariño especial, nos da su aliento en momentos difíciles, decimos; es como si fuera mi madre, no hay nada más que agregar. La incorporamos a la familia, la hacemos nuestra.

La familia cubana, esta en constante movimiento, los muchachos, llaman a sus amigos, primos. Cuando un amigo, lleva años a nuestro lado, cuando hemos pasado mas de un momento difícil juntos, lo llamamos; mi hermano! Así vamos, sumando familiares, enriqueciendo nuestra familia.

Nuestros sobrinos, hacen añicos, el refrán, “a quien Dios, no le da hijos, el diablo, les da sobrinos”, nos llaman, con orgullo, papa! La escasez de vivienda, obligo a convivir juntas a varias generaciones. El concepto de familia, cambio, se adapto a situaciones nuevas. Los tíos nos convertimos en papás, sin querer y los sobrinos en hijos. Recuerdo mi primer viaje a la habana, mi sobrino-hijo, lloraba a gritos y me tocaba, como diciendo para si; existe, esta aquí! El, sabe que siempre estaré a su lado, cuando me necesite. Como todos ellos estan, siempre, junto a mi.

En nuestras familias, nos fajamos, discutimos, nos tiramos los trastos a la cabeza, parece que vamos a irnos a las manos, al final, todo termina en un abrazo. Los lazos familiares, no los rompemos, están siempre ahí, se renuevan y multiplican, como la vida misma. Dos hermanos discuten, parece que se acaba el mundo, si alguien se atreve a apoyar a uno, ese mismo le dice; es mi hermano, no te metas!

En años de familias dispersas por el mundo, nuestra familia se redefinió, se adapto a nuevos tiempos, la sala de la casa, creció, llego a Europa, a Miami, hasta África. Tal vez no podamos reunirnos todos en un almuerzo de domingo, pero nuestros corazones siguen juntos, lazos indestructibles nos unen. La familia cubana, no cree en lejanías, ni en años sin verse. Siempre que llamo a mami los domingos, pregunto que hizo de almuerzo, junto a ellos saboreo su comida y comparto la sobremesa.

Tengo una amiga que emigro siendo niña. Sus padres, hermanas, están de este lado, pero a cada rato arma maletas y amores y va a Cuba a dar y recibir amor de sus primos, de esa familia que el mar, ni la distancia logra disolver.

Los cubanos, somos todos, al final, una gran familia. Dispersos por el mundo, esperando el momento de ese gran abrazo que nos una y reconcilie definitivamente. Nos tocaremos unos a los otros, seguros que existimos, seguros que el camino por andar, ha de ser unidos, sin tirarnos trastos a la cabeza, dándonos unos a los otros amor, fuerzas para construir la familia mayor, “con todos y para el bien de todos”

La Playa de Marianao!

 

Me cuenta un amigo, que camina en sueños y despierto por La Habana, que la playa de Marianao era un lugar especial, con cabarets, Coney Island y sus playas rescatadas a las rocas. Con una vida intensa que duraba las 24 horas. No alcancé a disfrutar de ese esplendor. Mi amigo, se encarga de revivir esa magia para mí.

Recuerdo un Coney Island, en ruinas, donde una vez, me subí a la Montaña rusa, que me pareció enorme y peligrosa, al bajarme casi no podia caminar, de los demás aparatos algunos funcionaban, otros ya estaban fuera de servicio. Finalmente el parque entero se vino abajo, como tantas otras cosas y sueños. Un día, volví a pasar por allá y vi un nuevo parque triste y pobre pariente lejano del anterior, sin su alegría y esplendor, tratando de fingir una sonrisa que no lograba salir del alma, que no encajaba en esa ciudad abandonada a su suerte

Allá existían, hace años diferentes playas o clubs, algunas, por mas que intentaron cambiárselos, aún conservan su nombre original. El Náutico, Cubanaleco, la Concha, otras, solo puedo recordarlas por los nombres actuales, el Lubumba, el Fontan. Las recuerdo de niño, que podíamos elegir a cual ir y mami nos llevaba al Náutico y a la Concha. Un día decidieron que eso no estaba bien, todo, hasta las playas, debían ser racionalizadas, medidas y asignadas. Las repartieron por sindicatos y entonces había que buscar un amigo, de la salud, para ir al Cubanaleco o militar, para ir al Lumumba. Las playas del oeste de la habana, no pudieron escapar a la racionalización, bendito el aire y el sol que no pudieron ser controlados y racionalizados. 

Hace años hicieron cafeterias y pizzerías, remodelaron un antiguo restaurant de comida china. La Cocinita, Mare Aperto, el Himalaya, intentaron sobrevivir, dar cierta variedad y color a la playa de Marianao, fracasaron. Una fue bautizada como la cochinita y termino siendo un triste reverbero, otro fue casi un mar en retirada, cerrado y las montanas del Himalaya, terminaron convertidas en llano. La playa de Marianao, aún conserva del ayer, el sol, el mar y el aire, su gente que la sigue andando, bajo sol o lluvia; lo esencial. 

Esa zona especial de La Habana, perdió su esplendor donde termina la arena y empieza la ciudad. Allá, en la arena y en el mar, “en la barranca de todos”, toma sol y sueña un pueblo que no renuncia a su esencia, que se toma una botella de ron bajo un sol que le calienta hasta la sombra y ríe y disfruta, jode y hace el amor, consciente que la alegría no se reparte por cuotas, ni se asigna, se vive día a día, mas allá de adversidades y limitaciones.

Mercedes!

Es una mujer común y corriente, no es una escritora, ni una cantante conocida, cumple hoy, 78 años. Mercedes, es una cubana que en 1960 abandono Cuba. Puede usar joyas visibles, pero siempre lleva con ella, prendida en su corazón, su joya mas valiosa; su isla, sus recuerdos, que ni siquiera un alzheimer’s que comienza, lograra arrancarle.

Mercedes, tiene toda la cubanía a flor de piel. La descubrí mientras esperaba su vuelo a Atlanta. Su hija y sus nietos, la esperan para celebrar juntos, su cumpleaños. Solo pude separarme de ella, cuando la deje sentada en el avión. Su gracia criolla, su sonrisa, sus anécdotas, tejieron una red, que me atrapo, para siempre.

Encontrarme con esta mujer, reír con sus historias, fue como si La Habana, viniera a saludarme. Su esposo de origen argentino, amo intensamente a Cuba. Allí, conoció a Mercedes. Tal vez, por estar casada muchos años, con un diplomático, mi ciudad, la eligió a ella de embajadora, para enviarme su risa y su alegría. Mercedes, es como un cascabel, no para de reír y de contar historias.

Tiene mil historias que contar, me hablo de su primer amor, aún mantienen contacto. Se conocieron en España, en Oviedo, en la verbena de San Mateo, el patrón de Oviedo, fue la primera vez que bailo sobre la hierba. Aún recuerda la canción que bailaron. Busca en su cartera y me muestra una foto reciente, con su primer amor. Me convenzo, esta mujer, la envío mi ciudad. Ella, como La Habana, no olvida un amor, tiene el raro privilegio de una vida larga y la frescura de un primer amor en su sonrisa y en su alma. Ríe a carcajadas, me contagia su risa.

Mercedes, me cuenta, que una vez, en Madrid, le preguntaron si era cubana, se asombraron; rubia y con ese pelo, ese no es pelo de cubana! Aclaro que Cuba, exhibe todas las “razas” y todas con igual orgullo. Le soltó a la española; a ustedes son lo que mas les gusta la carne negra. Me mira y me dice, el mejor invento español, no es el submarino, es la mulata, eso lo sabe todo el mundo.

Conversando con Mercedes, le conté que escribía, de mi blog, de mis encuentros entre amigos, en The Place, me dio su email. Le encanto la idea de reunirse a compartir escritos y anécdotas, de reír juntos.

No se me ocurrió tomarle una foto, dejar constancia de su existencia, compartirla con ustedes. En el momento de abordar, Mercedes, no encontraba el ticket, entre risas, me dijo, se me olvidaba que lo puse en el bolsillo mas seguro, lo sacó de su pecho. Esta mujer, como La Habana, se ríe de achaques y de arrugas, habla del mañana y vive a plenitud el presente.

Guardo en el balckberry su email, ya le envíe un mensaje, tal vez nunca responda. Tal vez Mercedes, no es un ser real, fue un regalo que mi Habana quiso hacerme, la creo para mi. Su nombre aparecía en la lista de los pasajeros, pero se que mi Habana, lo puede todo. Tal vez mañana u otro día reciba respuesta de Mercedes, no me extrañaría que al abrir el mensaje, una ola del malecón, me salpicara el rostro o un colibrí, saliera volando.

Ruinas y escombros.

Entre ruinas y escombros, andan algunos. Disfrutan detenerse en ellos, se sientan sobre ellas, hacen discursos. Entre ruinas y escombros del pasado, a veces, olvidamos vivir el presente, luchar por el futuro.

Todos, tenemos nuestras ruinas y escombros, no son patrimonio exclusivo de nuestra Habana. Tener conciencia de ruinas y escombros, no quiere decir que renunciemos a tener sueños y futuro, que existen, más allá de fracasos y de heridas. Nuestra ciudad, existe, a pesar de montones de basura, o edificios en ruinas apuntalados. Se levanta sobre ellos, los sostiene, los alienta a esperar un poco más. Sueña y espera.

A veces, miro dentro de mí y veo ruinas, sueños rotos, experiencias, quedan algunos escombros del pasado. No somos perfectos, aunque lo intentemos. Nos apuntalamos un día, para poder continuar el batallar diario, curamos heridas, maquillamos cicatrices. No soy, no somos un montón de ruinas o escombros de un pasado que nos marco. Construimos día a día, el presente, soñamos con el futuro, amasamos sueños, seguros que serán realidad mañana.

No podemos limpiar nuestras vidas de golpes, fracasos, heridas. No podemos borrar lo vivido, dejar de ser. Escombros del pasado, quedan como prueba que hubo tiempos peores, que tendremos tiempos mejores. Tampoco podemos detenernos en las ruinas, si lo hacemos, corremos el riesgo de terminar como ellas, cubiertas por el polvo. De esas piedras, levantaremos el futuro, servirán de material de construcción y no de lecho o monumento.

La Habana, conoce de ruinas y abandonos, de partidas. En estos años, se le han derrumbado, algo más que viejos edificios. Sigue en pie, no renuncia a la belleza, ni a los sueños. Espera, con la certeza de quien se sabe dueña del tiempo y esperanzas.

El pasado, fracasos y heridas, conforman el presente, nos dan experiencia, pero no podemos vivir detenidos en ellos. La vida sigue y nosotros, debemos seguir con ella. Aunque todos, carguemos algunos escombros con nosotros, su peso, nos da conciencia que somos mortales, pero no logran detener nuestra marcha.

La Habana, ha perdido hijos, construcciones y sueños, pero sabe que un futuro de luz la espera. Regresaran sus hijos y los hijos de sus hijos, recogerán piedras, escombros, ruinas, amasaran con ellos, una nueva ciudad, una nueva Cuba. Nos arrancaremos, los restos de derrumbes, daremos espacio a nuevos sueños, conscientes, que el sueño mayor, se amasa, con el amor de todos.

Tal vez, alguien decida, dejar en algún parque, un montón de ruinas y escombros, advertencia al mañana, del ayer difícil. Tal vez, alguien decida, dejar para siempre en su alma, su montoncito de ruinas y fracasos. A veces, es bueno recordar. Yo, propongo, borrar todas las ruinas, estrenarnos del todo, sin olvidar, cuando el momento de convertir en presente el mañana, llegue. Un día diremos, ves esta cicatriz, fue una herida que me ayudo a crecer, ves esta pared, fue parte de una ruina, hoy es un edificio que se eleva a las nubes y sonríe al sol.

No, no son tiempos de andar entre ruinas y escombros, de sentarnos sobre ellas a meditar, son tiempo de luz, de futuro, de convocar los sueños, de hacer, tiempos de construir. Un día nos pedirán cuentas y estoy seguro que no queremos sentir la vergüenza, de mostrar solo, ruinas y escombros.

Habana de mil rostros.

 

La Habana, tiene diferentes rostros, hay una Habana para cada hora del día, para cada ojo que la mira, para cada hombre o mujer que se pierde por sus calles.

 
Es una de las pocas mujeres, capaz de amanecer bella. No importa si paso la noche en vela rumbeando, en hospitales, velando por sus hijos o ayudándolos a lanzar una balsa al mar, La Habana, amanece siempre bella y radiante, hermosa.

Existen quienes la ven y se detienen en las huellas del tiempo y del abandono, se recrean en ellas, no ven más allá de montones de escombros o basura. Otros, entre los que me cuento, la vemos siempre hermosa, deslumbrante, conocemos sus manchas, pero disfrutamos su intensa luz. Eternamente bella y deslumbrante, se adorna con luz de sol y luz de luna, invoca los vientos que agitan su pelo al viento, cautiva a quien la mira, a quien camina por sus calles. Sabe como hacerlo, son años ensayando sonrisas y gestos, andares y destellos.

En ocasiones, La Habana, muestra un rostro de espanto, ella acostumbrada a todo, aún se asombra de violencias. Se remanga su bata cubana y corre en auxilio de sus hijos. A veces, viste de blanco, es como una nube de esperanza andando por las calles. Ensaya su mejor sonrisa y saluda a todos, entre mariposas multicolores, entre flores, muestra un rostro de esperanza, que seduce y gana adeptos.

Mujer de rostros diferentes, ciudad donde cada calle cuenta una historia distinta. La Habana, se reinventa a cada instante a cada paso de quien la anda y explora, se estrena para cada mirada. Hay mil Habanas en una. Vive en el recuerdo de cada hijo que partió, cada uno la recuerda a su manera, como la vio y vivió. Se sabe amada, recordada, andada y un montón de cosas más. Se maquilla de esperanzas y sueños, dibuja sonrisas y guiños, en cada nuevo rostro que nos muestra.

Cada vez que la visito, descubro algo nuevo, algo que quedo por ver o disfrutar. Se muestra diferente. Al andar mi ciudad, del brazo de mi madre, siento risas en cada esquina, un viento especial nos refresca y saluda. Mi Habana, viste sus mejores galas, se hermosea. Con mi madre de un brazo y mi ciudad prendida en el corazón y en el andar, descubro rostros, luces, recuerdos, historias. Regreso deslumbrado y feliz de cada paseo.

Ciudad, mujer, dispuesta a todo, estrena un nuevo rostro ante cada adversidad o alegría. Arregla vestidos viejos, se adorna con arco iris, se perfuma con agua del Caribe. Entre colibríes y mariposas camina por la historia, segura de sus pasos y su andar. Sabe adonde va, sin prisa, tiende sus brazos al futuro que la espera y sueña.