La escalinata!

En el último año del preuniversitario, en el momento de seleccionar la carrera a seguir, me vi en una encrucijada. Me gustaban muchas carreras, elimine todas las de la CUJAE, no tenia aptitud ninguna para el dibujo técnico y me imaginaba sufriendo aún con la primera cuartilla al terminar el curso. Eliminé medicina, me apasionaba, pero las heridas y la sangre no eran conmigo, yo quería curar sin ver llagas y sufrimientos, así fui eliminando varias. En confianza, yo quería una carrera que se estudiara en la colina universitaria, siempre había soñado con subir diariamente esa escalinata. En lo alto, el Alma Mater, me esperaba con los brazos abiertos, mi vocación por la química y la biología y la escalinata, me decidieron, Bioquímica fue la elegida!

Día a día disfrute de la escalinata universitaria durante 5 años. Allí nos sentamos, estudiamos, soñamos con el futuro. Recuerdo que cada año agregábamos una letra más al Lic, que un día estaría delante de nuestros nombres. Pase largas noches haciendo guardias. Recuerdo cuando inauguraron el monumento a Mella, mi grupo, modestia aparte, uno de los mejores de toda la Universidad, fue seleccionado para hacerle guardia ininterrumpida durante mas de 24 horas. Esa noche la pasamos entre postas al monumento y conversaciones, en uno de los locales al pie de la escalinata, todos estábamos muertos de sueño y hambre, pero felices de estar juntos, al final estábamos en casa. 

Hoy cuando voy, siempre paso aunque sea una vez a verla, majestuosa, impresionante, en mi época de estudiante siempre las palomas estaban presentes en sus escalones o sobre los muros. No se, si como otras palomas, emigraron, cambiaron de lugar o simplemente murieron, pero ya no están. Son tantas las palomas que hoy faltan. 

No puedo evocar mis años de estudiantes, sin la presencia de la escalinata universitaria, subirla, siempre fue todo un símbolo para mí. Cada escalón, cada paso adelante, nos acercaba a nuestra meta, a nuestros sueños. En aquel entonces, ignoraba, que muchos sueños, se romperían y tendría que inventarme nuevos, rehacerlos y seguir adelante. 

Recuerdo el día que desafiando a muchos y elegantemente vestido, me decidí a buscar mi titulo universitario. Mi intento fracasado de irme del país me había prácticamente “vaporizado”. No entre por uno de las entradas laterales, subí a paso firme cada uno de sus escalones, desde lo alto, el Alma Mater, me animaba. Entre a la secretaria, pedí mi titulo, nadie se atrevió a pedirme carta de centro de trabajo, ni ningún documento absurdo, me lo entregaron. Me acerque a ella y le susurre al oído, gracias, me pareció escuchar, es tuyo, lo ganaste. Baje triunfante la escalinata con él en la mano. 

El Alma Mater, desde su trono en lo alto de la escalinata reina sobre la Universidad, la ciudad y mi corazón. Dispuesta a recibirnos a todos, a entregarnos nuevos sueños y metas, a alentarnos. Madre que nutre almas y anhelos. Junto a nosotros, sueña y espera.

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Un monumento al puerco!

En mi ultimo viaje a La Habana, escuche la canción del grupo Buena Fe, “El puerco, mamífero nacional“. Me reí muchísimo, mientras reía, pensaba que estaban en lo cierto. Si algún día, se deciden a reconocer meritos; el puerco, será declarado mamífero nacional, no tengo dudas.

En que comida especial, reunión de amigos o familiares no esta presente el puerco? Quedo en Cuba, fiel a los que decidieron o no tuvieron otra opción que quedarse. Vino con los que decidimos partir, divide su vida y ejercicio, entre dos orillas. Sirve de sustento a unos, a otros de alimento nostálgico y necesario.

Junto al arroz, los frijoles negros y la yuca, integra el selecto grupo de alimentos que años de escaseces, no pudieron desaparecer. Asiste puntual y necesario a nochebuenas, fin de años y cumpleaños. Sabe que sin él, cualquier reunión de cubanos esta incompleta. Cuando todo falta, él, nos tira un cabo de sobrevivencia.

En tiempos difíciles, cuando neuropatías y anemias reinaban por La Habana y toda Cuba, asumió la difícil tarea de paliar hambrunas. Acudió, sacrificándose y ofrecido.

Aún ahora, cuando regreso a casa, mami, en su comida de bienvenida, tiene que incluir un buen bistec de puerco. Tributo o gesto de reconocimiento, no puede faltar a mi regreso.

Los años y el exilio, le obligaron a asumir nuevas funciones, aprendió idiomas e incorporo días festivos. No falta a thanksgivings o pool parties, cubanizo feriados de otros países, ganó seguidores y admiradores. Tengo un amigo ecuatoriano, que cuando me invita a fiestas y le digo que no estoy  seguro de poder ir, que tratare, me aclara: habrá carne de puerco y hasta me envía fotos  ese día, para tentarme. Sabe que un buen cubano, nunca desprecia una invitación a saborear carne de puerco.

Puerco salvavidas nacional, cuando las vacas desaparecieron, El permaneció, venció enfermedades, prohibiciones. Se repetía incansable, yo puedo, yo puedo. Se negó a ser plato exclusivo del turismo. Si el perro, es el mejor amigo del hombre, el puerco es, el mejor amigo del cubano. Los cubanos, nos burlamos del colesterol, cuando el asunto es sobrevivir y llevar algo a la mesa, no importan ácidos grasos, ni triglicéridos.

Cuando estudie zoología, la profesora, no pudo explicar muy bien su hábitat. Hoy, un libro de esa materia que se respete, tendrá que decir; vive en campos, balcones, apartamentos y hasta en bañaderas.

Cuando llegue el momento de hacerle un monumento, cada provincia, le hará uno, La Habana, lo pondrá en el malecón, en un lugar bien visible, recordatorio de tiempos difíciles. Tal vez no necesitemos hacerle un monumento, en cada estomago sobreviviente, gracias a él, estará su mejor monumento, en cada niño satisfecho, en cada sonrisa digestiva. En las mesas cubanas, existe, desde ya, un monumento de agradecimiento al puerco. Si quieren firmas para declararlo mamífero nacional, será un nuevo censo de población y viviendas, que incluirá, por vez primera, a muchos cubanos por el mundo.

Trabajando por cuenta propia.

Trabajo por cuenta propia, he leído mucho en los últimos días sobre esto. Cada nueva noticia, me sorprende, esto no es nuevo, llevamos años, trabajando por nuestra cuenta, inventando sin límites, creando.

Acaso, cuando un ama de casa, prepara un delicioso almuerzo, de algo que parecía imposible de comer, no ha trabajado por su cuenta? Recuerdo una vecina, costurera, que se las arreglaba, para vestir a sus hijas y a mis hermanas, inventando de cualquier pedacito de tela, algo moderno y digno para vestirlas, lo hacia, por su cuenta, sin ayuda de nadie. Así, aprendimos a trabajar por cuenta propia, a resolver el día a día, ajenos a ofertas y mercados, sin temor a despidos.

El cubano, ha aprendido a resolverlo todo, sabe que depende de él mismo y lo hace por su cuenta, por su disposición a no dejarse vencer. Pone a prueba su inventiva y creatividad en todo, nada lo detiene. Hicimos de La Habana, la ciudad del mundo que mas consume pizzas, creamos una nueva modalidad, la pizza cubana y así andamos las calles de la ciudad, saboreándola en cada esquina. Arreglamos televisores, VCR, lavadoras y hasta naves espaciales si nos dejan. No tendremos buenas herramientas ni materiales, pero nos sobra talento para el “invento”.

Trabajadores por cuenta propia, inventores naturales, solo que ahora, oficializados, dan rienda suelta a la imaginación. Se sientan en portales, en las esquinas, pensando que hacer para resolver el día a día. Cuando un cubano se decide a inventar, a crear, apunta a la Luna y aterriza en Saturno.

La Habana, se inunda de vendedores, hacemos de todo, desde churros, hasta chicharrones. Somos capaces de vender hasta cajas de muerto. Criamos puercos en bañaderas y después vendemos su carne por el barrio, a nuestra cuenta y riesgo. Improvisamos fábricas de puré de tomate y después salimos por el barrio, pregonando nuestra mercancía o disimulándola bajo un montón de ropa sucia. Si no vendemos algo, conocemos al que lo tiene, vamos, lo compramos y en el compra-venta, ganamos unos pesitos. Somos capaces de venderle un vestido para los quince a una señora de mas de sesenta y un estuche de maquillaje, a un estibador de los muelles.

Antes, caminábamos cuadras, kilómetros sin encontrar donde tomar agua. Ahora, que lo hacemos por nuestra cuenta, encontramos cientos de cafeterías improvisadas, donde tomarse un café o encontrar alguna bebida que refresque del calor y comer algo. Como lo hacemos? Ni los cubanos de allá, lo saben. Aprendimos a hacer milagros, sin saber como explicarlos. Tal vez Cachita, nos ayuda, cuando ve que la soga aprieta, afloja el nudo, no nos abandona.

Trabajar por nuestra cuenta, nos enseño, que todo, debemos hacerlo nosotros mismos, nada cae del cielo. Construir una nueva Cuba, el futuro que todos soñamos, depende sólo de nosotros. No necesitaremos licencias, pagaremos el impuesto en sacrificios, pero lo lograremos. Ese es nuestro trabajo por cuenta propia, aún pendiente.

Ha cambiado nuestra esencia?

Un día, comentando sobre conciertos y visitas de artistas cubanos a Miami, un amigo, nos soltó de pronto, “el exilio, ha perdido su esencia” Esta frase quedo en mi dando vueltas, casi me mareo.

La esencia de algo, como todo, esta en constante cambio. Nada esta dado de una vez y para siempre, esto lo aprendimos hace mucho tiempo. Siempre mantengo y mantendré, mi respeto por los primeros inmigrantes cubanos, para ellos, todo fue mas duro. Tuvieron que enfrentarse a un mundo nuevo, detrás quedaba Cuba, prohibida. Tengo entre ellos, amigos entrañables, la diferencia de edad y del momento en que llegamos al exilio, no es obstáculo para nuestra amistad, son mas las cosas en común, que las diferencias. Detrás de ellos, vinimos muchos, poco a poco, en oleadas, como en Camarioca o el Mariel. En aviones o en balsas improvisadas, reclamados o invocando la ley de ajuste cubano, por mar o cruzando fronteras. Al final, todos llegamos, trayendo en el corazón a nuestra islita y eso, es lo que importa.

Somos muchos los que hemos llegado a este país, nuestro exilio, nuestra esencia, es la suma de cada uno de nosotros. Desde la figura mas destacada, hasta el último desconocido recién llegado, todos conformamos, con el mismo derecho y pasión, el exilio cubano. Sumando diferencias, nos hemos ido formando y evolucionando hasta llegar a lo que hoy somos, a lo que seremos mañana.

Si alguien, me preguntara cual es la esencia del exilio cubano, respondería; el amor por Cuba. No hay otro sentimiento más fuerte capaz de unirnos, de identificarnos.

Por supuesto, que no todos los cubanos del exilio, somos iguales, si fuera así, seriamos aburridos y todos sabemos que donde hay dos cubanos, todo puede pasar, menos aburrirse. Los que han visto a un grupo de cubanos reunidos, en cualquier lugar del mundo, tienen ahí una muestra de lo que somos. Todos gritan al mismo tiempo, discuten apasionadamente, pero los une un amor inmenso por su país, por esa islita que se agiganta en el recuerdo. Evocarla, da fuerzas para vencer dificultades, saberla cerca y nuestra, consuela de ausencias y angustias.

No hay una única esencia del exilio. Cada uno de nosotros aporto algo y así, poco a poco, se conforma la esencia de este andar por el mundo con Cuba, en el corazón.

No querido amigo, la esencia del exilio, no se ha perdido, ha cambiado con los tiempos. Se ha enriquecido con el aporte de todos y de cada uno de nosotros. No estamos encerrados en una torre, ajenos a los nuevos vientos. Queremos ser, somos y seremos parte del presente y del futuro, de esa Cuba, que estamos seguros, comienza a gestarse en el corazón de todos los cubanos. Esa, es nuestra esencia.

El 9/11 y nosotros.

El 9/11, ocurrió a un escaso año de mi llegada a este país. Recuerdo, como si fuera hoy, ese terrible día. No tenía que trabajar y dormí la mañana. En ese momento, compartía renta con dos amigos, me despertó el teléfono, no me molesté en responder, desde la cama escuché la voz de una señora mayor que decía; ¡Despiértense, enciendan el televisor, un avión se estrelló contra las torres gemelas! Pensé se había confundido con alguna película, por si las dudas, encendí el televisor. Allí estaba una de las torres gemelas ardiendo por el impacto de un avión, me dije, debe ser alguna película, cambie de canal. Recorrí todos los canales y vi, espantado y consternado la misma imagen, repetida en todos los canales.

Al mes justo de llegar a Miami, viaje a New York, era uno de los cubanitos que mas viajaba antes de asentarse definitivamente en Hialeah. Salí de La Habana, directo a Madrid, después Paris y ahora la Capital del mundo. Siempre agradezco esa invitación a pasarme una semana en La Gran Manzana, al amigo especial que gesto mí llegada a este país. Pude apreciar en toda su impresionante belleza, las torres gemelas. En aquel momento, no pude imaginar que no volvería a verlas, que un día serían un montón de escombros y polvo.

Recuerdo que esa mañana, llame al Mobil a uno de los amigos con que compartía renta, le dije; las torres gemelas están ardiendo, al segundo enmudecí, me decía, qué pasa, habla, solo pude balbucear un; ¡Se derrumbaron! los dos hicimos silencio. Un minuto de silencio de todo el país por todos los muertos, por todos los que asistieron al trabajo y encontraron la muerte, un minuto de silencio involuntario y unánime.

Cuando me recuperé, comencé a llamar a mi amigo en New York, imposible, no teníamos comunicación con la gran ciudad. A la angustia general por todos los muertos, sumaba la angustia por los amigos y conocidos. Después supe que todos estaban bien, no formaron parte de aquellas terribles escenas que nunca olvidaremos.

Despues, ya mas calmado, llame a mi madre. Desde La Habana, ella, angustiada, necesitaba oír mi voz. Recuerdo que casi lloraba desde el otro lado del teléfono, preguntaba por todos los amigos que conocía. Muchos en La Habana y Cuba, se sumaron al dolor general por nuestros muertos, por el golpe recibido. En este, su extenderse por el mundo, nuestra islita, también hizo suyo el dolor y el golpe recibido.

Trabajar en el aeropuerto, me hizo ser protagonista de los sucesos en cierta medida. Madrugadas en la pista, cuidando aviones, días largos, con miles de pasajeros esperando por un vuelo que los regresara a casa, acentuaban aún más la angustia de esos días. Por un tiempo deje de admirar a los aviones, los miraba con recelo, como si fueran misiles destructores.

Han pasado los años. Poco a poco, la vida volvió a la normalidad, al mes exacto de esa mañana, viajaba a La Habana a los brazos de mi madre. Nuestro primer abrazo, después de más de un año sin vernos. La vida sigue su curso, aunque para muchos, se detuvo para siempre. No he podido olvidar a un muchacho americano, miembro de las tripulaciones de American, uno de los primeros amigos que hice en este país. Nunca más volvimos a conversar, a abrazarnos a la salida de un avión. Guardo, para siempre, su sonrisa y su amistad, su alegria al verme.

Por todo el dolor y la angustia vividos ese día, no podremos olvidar jamás la terrible mañana del 11 de septiembre del 2001. Las heridas se cierran, pero quedan cicatrices, recuerdos. Sumamos a las heridas y cicatrices nuestras, las de este país, que nos recibió sin preguntas que es hoy, nuestro. Este es el lugar que escogimos para vivir, cuando lo golpean, también nos golpean a nosotros. En el torrente de lágrimas derramadas esa mañana, de las que aún se derraman al recordar, están las nuestras, las de los que vinieron hace más de 50 años y las de los que llegaron ayer. Entre todos los que están  decididos a no dejar avanzar el terrorismo, estamos nosotros.

¡El milagro de Caridad!

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Leí varias noticias sobre miles de cubanos, reunidos, convocados por la Caridad del Cobre, tanto en Cuba, como en Miami. Millones por el mundo, reunidos en oración, encendiendo velas, pidiendo milagros. Asistíamos, sin saberlo a uno de los tantos milagros de la Virgen. Cubanos, reunidos en torno a ella, olvidando diferencias, dejando a un lado odios, el milagro de la unión, aunque sea solo por un día.

La Caridad del Cobre, ha devenido símbolo de cubania, ha escapado a religiones y creencias, pertenece al pueblo. Si al inicio de la construcción de su iglesia, cambiaba de lugar, aparecía y desaparecía, ahora viaja por todo el mundo, nos arenga a la unión, a olvidar diferencias. No habita solitaria en El Cobre, esperando la visitemos, sale a nuestro encuentro, nos habla de frente. Sabe como llegar a nuestros corazones, nos conoce.

¿Por qué esperar al día de la Caridad del Cobre para reunirnos todos y olvidar desacuerdos, para abrazarnos como hermanos y cargarla en hombros? Los cubanos, no podemos, no debemos ser como esas familias mal llevadas que solo se reúnen en velorios o bodas, se saludan, se abrazan, se dicen; tenemos que vernos mas a menudo. Después se dan la espalda y se olvidan, se dividen, toman rumbos distintos.

No podemos dejar todo el trabajo a la Virgen, no bastan 24 horas de unión para salvar la patria. No basta llevarla virgen en hombros un solo día. Debemos llevar la patria en hombros todos los días. Reunidos todos junto a ella, por encima de diferencias y desacuerdos.

La Caridad del Cobre, se eleva sobre si misma, basta un gesto y todos acudimos solícitos. 24 horas de tregua al odio, a la división entre hermanos, de querer imponer criterios e ideas, de creernos todos que nos asiste la razón. La Patria, lleva años convocándonos, suplicándonos y nosotros haciéndonos los sordos, tirando cada uno para su lado. Es hora de tirar todos juntos, en dirección al futuro, no son tiempos de dividir, si no de sumar.

La Caridad del cobre, es la patrona de Cuba, llegó un día sobre olas, vivió en las montanas. Ahora anda por el mundo, tocando puertas y corazones. Cuando el frío es fuerte, se cubre la espalda con su manto azul, rojo y blanco, toma un buen café cubano y sigue, incansable, indetenible, llamándonos a la unión.

Ella, hizo el milagro de unir a los cubanos a todos, aún a los ateos, por 24 horas. Dejo de ser un símbolo religioso, para ser un símbolo patrio. La virgen, no quiere que la llevemos en hombros un día, quiere caminar, junto a un pueblo unido por siempre. No olvidemos que dondequiera que estemos; la patria, es lo primero.

Llevemos todos los días, en el corazón, el mensaje del milagro de la unión de todos los cubanos. Entreguemos a la Virgen, para que los arroje lejos de la Isla, nuestros odios y diferencias. Dejemos que el amor que brota de ella, nos invada y mejore en una patria “con todos y para el bien de todos”. La Virgen ,Nuestra Patria y la historia, nos lo agradeceran.

Fotografia tomada de Google.

¡Caridad!

Virgen de la Caridad

Patrona de Cuba, madre amantísima de los cubanos. La Caridad del cobre, reina en Cuba y en nuestros corazones. Su día, es un poco o un mucho, un cumpleaños colectivo que celebramos con amor y devoción, no solo allá en nuestra islita. En este regarnos por el mundo, donde hay un cubano, en este, su dìa, hay fiestas y emociones, velas encendidas y esperanzas renovadas.

 Nunca he ido al Cobre, le debo esa visita a la virgen de la Caridad. Pienso hacerlo del brazo de mi madre. Ambas se miraran de frente, una dirá; gracias por cuidármelo, otra responderá; él también es mi hijo, no puedo abandonarlo. Mami, no sabrá que siempre que pido a la Caridad del Cobre, pienso en ella, la imagen de la virgen y de mi madre se me funden y confunden. No sé si es el exilio o los años, pero últimamente, se me mezclan ciudades, banderas y un montón de cosas mas. Mi madre y la virgen, no podían escapar a este sobreponerse símbolos y amores. 

Busque en Internet, el por qué la patrona de Cuba. Pienso que los veteranos mambises, pidiendo al papa Benedicto XV, su proclamación, fue como un mirar al futuro, una premonición de tareas por venir. Me resulta llamativo el hecho de tres hombres en un bote, entre olas, en el mar, junto a ella. ¿Presentirían acaso que tendría que cuidar de muchos cubanos cruzando el mar en botes improvisados? Pienso que sabían que su labor, no terminaría en tierra firme, que tendría que ir con nosotros a recorrer el mundo, a cuidarnos. Así lo ha hecho, no cede en su labor de velar por nosotros, el mar no la detiene, para ella no existen fronteras.

 La Caridad del Cobre, como Cuba, se multiplica. Sigue reinando desde montañas, pero tiene también su Ermita en Miami, uno de los primeros lugares que visitamos muchos al llegar a esta ciudad. Recorre el mundo en maletas, se afinca en Madrid, Paris, Lima. Tiene su rinconcito en cada negocio cubano, en cada hogar. Es parte de la familia.

 Ser patrona de Cuba, virgen, haber sido coronada por Juan Pablo II, no la distancia del pueblo. La hicimos nuestra. En momentos de apuro, nos volvemos a su imagen o miramos al cielo y decimos; ¡Ay cachita, ayúdame! No es exceso de confianza, así somos, si queremos a alguien lo tuteamos, la pasamos la mano por el hombro y andamos juntos. Ella nos conoce, nos da licencia para tutearla y contarle travesuras, ríe con nosotros. A pesar de preocupaciones y tristezas acumuladas, no ha perdido la sonrisa, no la perderá nunca.

Nos sostiene a todos en brazos, dispuesta a defendernos con uñas y dientes. Se sabe nuestra madre, nos protege y enseña a amar. Camina sobre el mar, recorre ciudades, continentes, no descuida a nadie. No nos pide actos de arrepentimiento. No necesita títulos, ni protocolos largos para escucharnos, basta un, ¡Madre, ayúdame! y acude puntual a enjugar llantos, a deshacer tristezas. Mi madre, ella, todas las madres cubanas, se saben necesarias, imprescindibles, basta un grito, una queja y sus manos acuden a curar heridas, a salvarnos del abismo. 

Se mezclo con su pueblo, que le ofrenda miel y girasoles, que se arrodilla ante ella y la llama, Cachita, Oshun, Caridad, ¡Madre! Se sabe símbolo y patrona, protección y guía.

Viste de amarillo y en dias de fiesta luce orgullosa una bata cubana blanca azul y roja y desde lo alto de la sierra, espera con su pueblo, en la certeza de ¡Un futuro de unión, luz y amor!

Fotografia tomada de google.