La gripe y nosotros!

Hace días, tengo varias ideas guardadas, en espera de desarrollarse en un nuevo escrito. Este fin de semana, obligado a permanecer en casa, por una gripe inoportuna, releí los emails que yo mismo me envío, cuando me surge una idea. Volví a cerrarlos, decide escribir sobre la gripe y nosotros.

Recuerdan cuando teníamos gripe en La Habana. Cada nueva epidemia o variedad de virus, lo bautizábamos con un nuevo nombre. La cariñosa, porque no quería abandonarnos, Elvira, porque se iba y volvía y así cada año cambiaba de nombre, aunque los síntomas fueran los mismos. También la llamamos Pinochet, porque era malísima y no creía en nadie, hasta Leoncio, el villano de  turno en la telenovela, La esclava.

Los habaneros, los cubanos en general, hacemos realidad el refrán; al mal tiempo buena cara, aunque la tos no nos dejara apenas hablar, seguíamos haciendo chistes y burlándonos de la gripe de turno. Si somos capaces de burlarnos de muertes anunciadas, no hay gripe capaz de asustarnos o quitarnos el sueño.

Ahora que dispongo de una variedad abrumadora de medicamentos para la gripe, me pregunto, como pudimos sobrevivir, vencer malestares, tos y fiebres, con solo aspirina, mucho liquido y vitamina C?

Hoy, temprano, aproveche que no llovía y salí a comprar algo que me ayudara a combatir esta gripe, parecía un niño en una juguetería. Los DayQuil, NyQuil, creo que para todos los momentosQuil, los Robitusins, y una infinidad de otros medicamentos, competian entre si por llamar mi atención. Mientras tanto, yo, pensaba; como no morí de gripe antes, sin todos estos medicamentos. Que será de esos habaneros que no tiene FE (familiares en el extranjero), como podrán vencer gripes y malestares.

Pase por un Restaurante a buscar comida  y sopa de pollo, las dietas y los batidos de proteínas, están bien, pero cuando se esta enfermo, hay que alimentarse, De regreso a casa, mientras ponía un poco de orden en mi apartamento y calentaba la sopa, mientras miraba una de las tantas fotos de mi madre que tengo, encontré respuesta a mis preguntas. El amor, hace, siempre, el milagro. Una sopa de pollo, calientita, llevada a la cama, un beso, sin temor a contagios, unas manos tocándome la frente, eran, son, la mejor medicina  y la única que realmente necesito.

Recuerdo una vez que hablaba con ella por teléfono y la tos no me dejaba tranquilo, me dijo; Joseito, ponte unas toallas calientes en el pecho, como acostumbraba  a ponértelas yo, te aliviaran la tos. Me reí, recordé que tenía una manta eléctrica que nunca  había usado. Desde entonces, cada vez que estoy con gripe, me pongo la manta eléctrica en el pecho y recuerdo a mi madre en su ir  y venir de la cocina con toallas calientes. Cierro los ojos, me transporto, a veces, me parece oír su voz; estas mejor?

Ahora, que nos espantamos cuando alguien estornuda  o tose a nuestro lado y corremos a tomar Echinacea o Emergen- C, recuerdo esas guaguas repletas donde intercambiábamos virus, gérmenes y algo mas. Donde estornudos colectivos, bastaban para enfermar a un batallón y donde muchos fueron, fuimos “felices“, a pesar de todo.

La gripe, sabe que no puede con nosotros, aquí o en La Habana, en Madrid o en Paris, no falta el cubano que te diga; Gripe? Un buen trago de ron con miel de abeja. Aún me queda miel, el ron, ya me lo tome todo.

Maricon y marxista!

No, no se asusten, no voy a volverme mal hablado ahora, tampoco pretendo escandalizarlos, tranquilos. Siempre le digo a un amigo que el exilio es duro, cuando quiero justificar algo, que antes no hacía, o se me va alguna palabra o expresión que no solía decir. Este no es el caso, voy a tratar de un caso de discriminación. Un caso real, aunque ocurrió en el mundo virtual de la Internet. Agravado, porque el acto discriminatorio, fue cometido por personas que pertenecen a minorías y algunas que presumen de mente abierta y libre pensadores.

Tengo un  amigo, que gusta de llamar las cosas por su nombre, no se anda por las ramas, va directo al grano y dice lo que piensa. Además de ser directo y claro, escribe muy bien, sabe usar el español y lo usa bien, se hace entender. Un día lograre sentarlo a mi lado y hacerlo leer en público, algunos de sus escritos. Hace un par de días, me contaba, que en una pagina de Facebook, luego de expresar sus ideas, un grupo, integrado por personas de origen haitiano y cubano y una supuesta/o libre pensadora/o de mente abierta, al calor de la discusión, lo llamaron; maricón y marxista. Fue excomulgado, bloqueado de la página, vaporizado. Mi amigo se convirtió de pronto en un disidente de nuevo tipo, sin saberlo, sin proponérselo.

Converse con mi amigo, le di mi punto de vista. Realmente, me parece muy fuerte llamar a alguien; maricón y marxista, solo porque no coincide con nuestros puntos de vista. Minutos antes el maricón marxista, era un amor. Se atrevió a discrepar y ante la fuerza de  razones y palabras para discutir, resulto más fácil intentar ofenderlo. Como le dije a mi amigo, lo de maricon, dicho con alguna palabra mas suave y menos ofensiva, puede perdonarse, pero marxista! No hay derecho a ofender a nadie de esa manera! Solo bromeo, si el marxista es consecuente con sus ideas, lo respeto y hasta podría darle, “un sobrio apretón de manos”. Discriminar o despreciar a alguien, porque no piense como nosotros es tan terrible, como hacerlo por su origen, color u orientación sexual.

A veces, hay personas que presumen de mente abierta, coquetean con la liberalidad, pretenden que nada humana le es ajeno. Si alguien, discrepa de ellos, si se les enfrentan y defienden su punto de vista, se despojan del disfraz, se les cierra la mente, son capaces de, al “amigo” gay, soltarle de pronto; maricon! Como si recordarle su orientación sexual, le restara fuerza a sus argumentos. Es como si me amigo, alterado, le hubiera soltado, cállate tu, heterosexual!

No somos capaces de discutir de forma civilizada, de dialogar. Hay personas que echan mano a ofensas, cuando sus argumentos se diluyen. Momentos antes, abrazaban al negro, le pasaban la mano por el hombro al gay y compartían un café hasta con un chino, pero si algunos de ellos, le rebate un argumento, ausentes de razones, acuden a ofensas e insultos. Creen que así los silencian, se equivocan, son ellos los que se anulan, se auto bloquean, se desploman y auto vaporizan del mundo de las personas racionales. Sus razones y argumentos, si tenían fuerza, la pierden, se diluyen.

Por que si alguien pertenece a una minoría, por origen u orientación sexual, algunos, lo aceptan como iguales, solo cuando son obedientes y mantienen un discurso agradable. Si se les ocurre alzar la voz, si convencidos que todos somos iguales, discuten de tú a tú, cuando sus razones son demoledoras e irrebatibles, entonces  algunos le gritan, tenias que ser…! Como si esa fuera razón para silenciarlo, para quitarle la razón.

Todos las minorías, algunas, no tan minorías, están orgullosas de serlo, exhiben su color, origen y orientación sexual con orgullo.

No conozco a ningún gay, que se avergüence de serlo, al contrario, las marchas de orgullo gay, no son un cuento o propaganda, son realidades. No conozco a hispanos, arrepentidos de serlo, ni negros queriéndose pintar de blanco, si los hay, son aberraciones, excepciones, no mayoría.

Pretendieron silenciar a mi amigo, llamándolo maricon y marxista, me imagino la que se armo en esa pagina. Me hubiera gustado leer todo lo que se dijeron, creo que hasta pagaría por una copia. Saben, al final, me alegro de esa discusión, mi amigo, comprobó, una vez más, que es un hueso duro de roer, que es capaz de cantarle las cuarenta y hasta las ochenta a cualquiera. Yo, me apropie de un titulo que me sedujo. Cuando mi amigo, me contaba lo sucedido, solo le dije; maricón y marxista, que buen titulo para un escrito.

Una historia triste.

Hay historias muy tristes, de esas que preferiríamos no tener que contarlas nunca. No producen alegría al compartirla, seria mejor que nunca hubieran sucedido. Les confieso, que hasta intente no escribirla, daba vueltas en mi cabeza, me bloqueaba otras ideas. Finalmente, hoy, trabajando, le envíe un mensaje a un amigo, pidiéndole detalles. Sin querer, empecé a escribir una historia triste.

Siempre que alguien dice adiós, que un amigo se nos va, sin tiempo para un abrazo de despedida, pensamos en cuanto nos quedo por decir. Cuanto tiempo por compartir perdimos. Si supiéramos que su tiempo se acababa, lo hubiéramos aprovechado más intensamente. Cada minuto con ese amigo, con esa persona, hubiera sido una fiesta, un regalo, sin embargo, sólo al no tenerlo a nuestro lado, recién comprendemos cuanta falta nos hace. El vacío que deja para siempre en todos los que le conocieron. Por eso, con los amigos, con los seres queridos, no podemos escatimar abrazos, ni te quieros, nunca sabemos cual será el último.

Hace días, leí en la página de uno de mis amigos, excompañero de trabajo, la noticia de la muerte de un amigo. Solo 23 anos y se fue sin avisar, sin despedirse, sin un nos vemos. Mi amigo y otros amigos mas, estaban, están, desconsolados. No se resignan a la partida, a la ausencia, a no volverlo a ver cada día. Cuando la realidad es muy dura, pensamos que es un mal sueño, que no es verdad, en este caso es real; el muchacho, ya no esta con nosotros.

Leí, los comentarios, en Facebook, de  mi amigo y de sus  amistades. El muchacho, trabajo un tiempo en el aeropuerto con nosotros, pero creo que no lo conocí. Lo conocí ahora, a través de las lágrimas de otros amigos y llore con ellos su partida. Sin conocerlo, llore junto a sus amigos y me conmoví con el dolor ajeno, lo hice mío. Cada vida que se pierde sin madurar, sin completar un ciclo de vida, es como una luz que intenta apagarse, una estrella que parece extinguirse.

Este joven, era cubano, uno de los tantos jóvenes cubanos que viven hoy en Miami. De esos jóvenes, para los que es normal, tener un auto, celular, de esos jóvenes que han vivido siempre con Internet y  estar conectados con el mundo, es algo normal, cotidiano. De esos jóvenes que solo conocen de escaseces y racionamiento por historias. Perdió la vida en un accidente de auto, tal vez mirando el celular o en un pestañazo fatal, regresando cansado,  temprano en la mañana. La noticia, estremeció a sus amigos, por lo que he leído y me han contado, supo ganarse el cariño de todos los que lo conocieron. El dolor, los dejo sin lágrimas, sin palabras, los paralizo.

Los amigos, nunca dicen adiós, no dan un abrazo de despedida, no piden permiso para irse. Si pidieran permiso, quedarían para siempre con nosotros, enredados en nuestros brazos, que no los dejarían partir. Repasando lo que leí sobre este muchacho, lo que me contaron, pienso, se, que no se fue del todo, lo mejor de él, queda para siempre en el recuerdo de sus amigos y familiares. Su luz, no se apago esa mañana terrible, una estrella, no se extinguió esa mañana. Su sonrisa, desde el cielo, alienta a amigos y desconocidos a continuar. La alegría y felicidad de todos los que han llorado su partida, harán que cada día, su sonrisa de luz, tenga mas fuerza. Convirtiendo las lagrimas en deseos de vivir, recordarlo alegre y sonriente, pueden cambiar una historia triste, que empezó con lagrimas, en un homenaje constante a su sonrisa.

Cien, 100, one hundred!

Hoy, mientras escribo, miro hacia atrás, recuerdo mi primer post en mi blog, fue también, mi primera nota en Facebook, un escrito sobre mi madre. En aquel momento, jamás imagine que retomaría el oficio de escribir, que un día tendría un blog, con casi veinte mil visitas, que hoy, compartiría con ustedes, mi post, numero cien!

Recuerdo como volví a escribir, como comencé a hacerlo casi cada noche, obviando citas y cansancios. Una amiga, desde Barcelona, sopló con todas sus fuerzas, logro quitarle el polvo a  mis alas. Cada vez que me siento a  escribir, la recuerdo, es  mi musa transoceánica. Un día le dije; mi madre, me dio alas y me enseño a volar, tú, le quitaste el polvo a mis alas. Ahora, no puedo detener mi vuelo, al principio, ella me sugería lugares, temas; me sostenía mientras intentaba volar. Desde el otro lado del mar, sigue a mi lado, junto a mí, aconsejándome y alentándome. Cuando tengo dudas si algo es  publicable  o no, se  lo envío, sus consejos y aliento, son y será siempre importantes para mi.

También recuerdo hoy, a un amigo poeta que vive en Paris. Cuando tenia algunas notas sobre La Habana, publicadas en Facebook, me decía, comienza a escribir en un blog, ya tienes material. Con mis alas sin polvo y el aliento de amigos, me lance de lleno a esta aventura de escribir en un blog. Hoy, no puedo imaginarme sin este, mi yo virtual, aunque quisiera, ya no podría dejar de escribir.

Escribiendo, he caminado por las calles de nuestra Habana, he vuelto a los brazos de mi madre, una  y otra vez. He conocido amigos, hecho realidad sueños. Tuve el privilegio de leer dos de mis escritos a  Rosita Fornes, como dije una vez, sus lágrimas mientras me escuchaba, su beso de agradecimiento, un Nobel, un premio que siempre guardare.

Mis escritos, a veces me toman de la mano, cómplices de mi ciudad, me llevan muchas veces a donde quieren ellos, no a donde pretendo ir. Me sorprendo en lugares o situaciones, escribo sobre ellos, sin proponérmelo; el acto de escribir, no es voluntario, mis amigos, lo saben. Así, a veces, he sido analista político, sin grandes pretensiones, pero con unas ganas inmensas de expresar mi opinión, de hacerme escuchar. Un extra, algo más que el oficio de escribir, me regala.

Ahora, con 100 post publicados, mis amigos siguen insistiendo en nuevas metas. Ahora quieren ver  publicado mi primer libro, ya muchos compiten en ser los primeros en comprarlo. Ellos  y yo sabemos, que este nuevo sueño, será realidad en un futuro cercano. Algunos, ya preguntan por un posible titulo.

Pronto, volveré a mi ciudad, la mayoría de mis escritos, casi todos, de una forma u otra, la tienen como protagonista. Ella y mi madre, me esperan y alientan.  Vendré cargado de ideas nuevas, renovado.

Seguiremos juntos, andando por las calles de La Habana, de Miami, del mundo. Compartiendo ideas  y emociones. Gracias a todos por seguirme, por su aliento, sus comentarios. Un abrazo gigante sin final.

Abrazos!

Nosotros, los cubanos, somos fáciles y extrovertidos a la hora de manifestar nuestro afecto y cariño. Si queremos mucho a alguien, no basta darle la mano, es como quedarnos cortos. Le damos un abrazo. No contentos con abrazar, apretamos fuerte, damos un abrazo con sonido y prolongación en el tiempo.  Abrazos que son capaces hasta de romper un hueso, a lo cubano. Hasta en abrazar somos exagerados!

Cada vez que me reencuentro con mi madre, el primer abrazo, vale por millones. Es como saldar nuestras cuentas de abrazos pendientes, dura  minutos. El abrazo se adorna con besos y frases, se sazona con amor y lagrimas de alegría.

Recuerdo cuando aún no había regresado a La Habana, cuando mi mama y mi familia en Cuba, se habían convertido en solo voces. Una noche soñé que entraba en la sala de mi casa, abrazaba muy fuerte a mami, sentada en su sillón, le decía al oído, no sabes la falta que hace el abrazo de una madre. Me desperté con una felicidad  y energía inusual, era como si de veras hubiera abrazado a mami. Cuando volvimos a vernos, se lo conté, me miro, me dijo; quien sabe, tal vez esa noche ambos nos escapamos buscando abrazarnos y lo logramos.

El valor de un abrazo, solo lo sabe quien lo necesita, quien lleva tiempo sin darlo o recibirlo.  A veces, no tenemos cerca quien pueda darnos un abrazo y revivimos abrazos anteriores, lo sacamos de los recuerdos y los disfrutamos. Un abrazo, nos da energía fuerzas, aliento, es capaz de cambiarnos el estado de animo. Darlo o  recibirlo, es un acto de magia, después, ya no somos los mismos, nos mejora.

Me cuenta una amiga, trabaja con nosotros en el aeropuerto, que hoy, mientras trabajaba, recibió una sorpresa. Un soldado,  un hombre alto, atractivo, vino hacia ella, con los brazos abiertos, la abrazo muy fuerte. Mi amiga, se sorprendió, pero no tuvo fuerzas para resistirse al abrazo, creo que ninguna de  mis amigas y  tampoco  de mis amigos, hubieran podido resistirse. Cuando se dio cuenta de su sorpresa, el soldado le dijo; yo, solo quería abrazar a alguien.

Yo solo quería abrazar a alguien! El soldado, no necesitaba decir más. Mi amiga, es una mujer de suerte. Se que no olvidara nunca ese abrazo. Todo Miami, hubiera estado dispuesto a recibirlo. Le toco a ella, el primer abrazo de un soldado que regresa a casa. El primer abrazo de todos los regresos, es siempre el mejor. Imagino la alegría del soldado y la sorpresa de mi amiga. Imagino el abrazo, les confieso, yo, también hubiera querido recibir ese primer abrazo, esas ganas de abrazar a alguien sin importar rostro. Ese abrazo puro, con todas las ganas del mundo de dárselo alguien, no importaba a quien.

Todos, mas de una vez hemos sentido esa necesidad de darlo o recibirlo. Un abrazo, no tiene precio, no se compra. Se recibe a veces, de sorpresa, nos lo regala la vida, no es casual. Hoy, reparti abrazos, dos o tres. Ahora, quisiera un abrazo, uno solo, pero ya falta poco, menos de un mes para recibirlo.

La madre del soldado!

Para las madres, sus hijos, son, seremos siempre, niños, pasan los años, pero nos siguen viendo con el mismo cariño, la misma ternura, nos quieren proteger siempre. Sus brazos, son el escudo que intenta parar golpes, ampararnos. De pronto, el niño, se hace hombre y a veces, se hace soldado.

Ser madre de  un soldado, de un joven que recién se estrena como hombre, es una tarea difícil para cualquier mujer. Si la mujer, es inmigrante, si la única familia que tiene de este lado, es ese hijo, que decidió ser soldado, la mujer necesita fuerzas extras. Las mujeres, a veces asombran con su fuerza, su valentía. Tengo una amiga joven, que convierte lagrimas en sonrisas, ausencias en fuerzas, que es capaz de reunir en una oración, toda la fe del mundo cuando pide por su hijo; su hijo, que se hizo soldado.

Como ella, muchas llegaron a este país con su hijo en brazos, en balsas, aviones, cruzando fronteras. Sus hijos crecieron, los niños de ayer, son hoy hombres, deciden su vida y destino. Aunque les causen dolor sus decisiones, las aceptan y apoyan. Las madres, saben que llega un momento que aconsejan, pero son sus hijos quienes deciden su rumbo, el camino a seguir. Esos niños de ayer, no dejan de ser cubanos, pero también se sienten americanos, sienten orgullo infinito ser parte del Army, de arriesgar su vida por este país. Aunque las madres, los quieren a su lado, la vida  y voluntades los envían lejos.

Esta mujer, mi amiga, es una mujer común y corriente. Cuando sonríe, nadie puede imaginar que cada minuto del día pide a Dios que proteja a su hijo. Su hijo es un hombre valiente, supo decidir que rumbo dar a su vida, su madre, es doblemente valiente. El, sabe que si un día gana una medalla, ella, la merecerá tanto como él, será una medalla compartida.

Compartí su angustia cuando su hijo decidió entrar al army, intento disuadirlo con todas su fuerzas, no entendía que su hijo volara tan lejos. Un día conversando le dije; le diste alas para que volara, no para que se quedara a tu lado, es su vida y tiene que vivirla. Cuando su amor de madre, le dejo entender que su hijo tenia todo el derecho de decidir el camino a tomar, lo apoyo. Hoy, lo alienta y lo sostiene. Multiplica sus fuerzas y espera segura. Dios y sus santos, se lo traerán de regreso, sano y salvo.

Aún le queda un año, un año mas esperándolo, pidiendo cada día que regrese, que nada malo le suceda. Mi amiga, la madre del soldado, sabe que no esta sola, que puede contar conmigo y con muchos mas. El hijo soldado, me conoce, conoció a los nuevos amigos de su madre, ahora, esta mas tranquilo. Sabe que su madre no esta sola, nosotros, estamos junto a ella.

Tuve la suerte, el privilegio, de acompañarla a recibir a su hijo, cuando vino de vacaciones, se abrazo a mí llorando, sus lágrimas humedecieron mi camisa y mi alma. Su hijo, le dijo; mami, por qué lloras? Le aclare, estas son lagrimas de felicidad. Se que dentro de un año, volveremos a estar juntos, en la puerta de otro avión, esperándolo. Se que tendré el privilegio de ser uno de los primeros en abrazar al soldado, a su regreso definitivo, otra vez, la madre del soldado, mojara mi camisa con sus lagrimas. Estaré con ellos, cuando juntos, levanten la mirada al cielo y ella diga; gracias Dios mío!

¿Quieren una colada?

No se el momento exacto, en que se coló, por vez primera, café cubano en Miami. Ignoro quien fue la primera cubana, que ofreció café cubano, endulzado y nostálgico a una visita en el sur de la Florida. Tampoco sé quienes fueron los felices mortales que se tomaron la primera colada de café cubano en Miami. Solo sé, que todos los días, cientos, miles de coladas son pedidas, tomadas, codiciadas y hasta perseguidas en esta ciudad, que sin resistencia alguna, se rindió ante el café cubano.

Colar café cubano, tomarlo, compartirlo entre amigos, es todo un rito. Acción repetida diariamente en el aeropuerto, oficinas, hospitales, factorías, casas de familia. Donde hay un cubano, llega seguro nuestro café, se invita a cualquiera a compartirlo, así, en un grupo, conversando, bajo los efectos de su aroma, se disfruta mejor.

A veces, cuando compramos café en el aeropuerto, nos reunimos  4 o 5 alrededor de una colada, cubanos, dominicanos, ecuatorianos, americanos nativos que no entienden ni jota de español y hasta haitianos. A su influjo, todos nos hermanamos y nos entendemos, hace el milagro de traductor. Nuestro café borra fronteras y tradiciones, su aroma nos envuelve, mientras dura, convierte a todos en cubanos. Cuando ofrezco café cubano a alguien en el aeropuerto y me dice; no, gracias, no lo tomo, siempre le digo; si quiere ser un buen agente de American Airlines en Miami, ¡tiene que tomar, café cubano!

Recién llegado, me invitaron un fin de semana a Naples, el amigo que mi invito, tenia la cocina, sólo como parte de  la escenografía, no la usaba, ni siquiera colaba café. Al segundo día, le dije; soporto almorzar tacos y comer un hamburger, hasta desayunar un café americano, pero  no aguanto ni una hora más sin tomarme un buen café cubano. Llamo a una amiga, le dijo, pon la cafetera, voy para allá con un amigo; les aseguro que ese café, me supo a gloria.

Hace años, salíamos del Miami Dade County Auditorium, acabábamos de ver a Charin bailar, “Cecilia Valdés”, fuimos a tomar café en el Versalles. El amigo que me invito, me dijo; la señora que hace el café es todo un personaje, obsérvala. No se equivoco, manipulaba la cafetera, ponía el  café, preparaba todo, como si la estuvieran observando paparazzi del mundo cafetalero. Estoy seguro, que  ni aún en palacios o estudios cinematográficos, el acto de colar café, se hace con tanto glamour.

Muchos amigos, cuando vienen a recogerme para salir, me llaman  y me dicen; ve poniendo la cafetera, estoy cerca. Tengo amigos virtuales y reales con los que comparto café en la mañana, gracias a la magia de Internet. Si demoro en mandárselos, un  ¿Y MI CAFÉ! Me lo recuerda, son adictos a este café virtual.

En este emigrar constante, muchas ciudades se han rendido al café cubano. Colamos café hasta en el polo norte, lo brindamos a tribus africanas, lo compartimos con aborígenes de Australia. Colada gigantesca que alcanza para todos, humeante y aromática, irresistible.

Café cubano, despidiendo su aroma, invitando a todos, sin distinción de raza ni color a tomarlo. Todos lo tomamos, descendientes directos y fieles de Mama Inés, que a falta de solares o esquinas habaneras donde tomarlo, recreamos, donde quiera que lleguemos, a nuestra Habana, nuestra Cuba. Una tacita de café, puede traernos a Cuba, donde quiera que estemos, a veces miramos a través de sus vapores y vemos  nuestra isla, sentimos brisas y nos salpican olas. No soy lector de tazas de café, pero en todas, al final, adivino, segura y prometida a nuestra Patria “con todos y para el bien de todos”