Sonrisas y enojos.

Los cubanos, tenemos, por lo general, un carácter fuerte. Aunque seamos dulces, a veces tiernos, somos de temperamento fuerte. Si cometemos un error o tropezamos con alguien, decimos, disculpe. Cuando alguien se dirige a nosotros, le soltamos; que quiere. Hablamos alto y acostumbramos a mirar a los ojos.

Hace días, conversaba con una pasajera, que requería asistencia especial para abordar el avión. Me contó de una vez que estuvo en la Habana. Viajaba de Guayaquil a New York, el avión fue secuestrado por “Sendero luminoso”. Me dijo, pero eres muy joven, no debes conocerlos. Me reí, le dije mi edad, se asombro. Me dijo, sabes por que te mantienes joven, por tu carácter tan dulce, por no disgustarte, ni discutir nunca, entonces el que se río, fui yo. Minutos antes, había peleado con una trabajadora que cometió un error, aunque terminamos compartiendo un café, antes hubo, hasta algunas lagrimitas.

Los cubanos, explotamos en una discusión, por un minuto, podemos perder el control. Quien no nos conoce, puede pensar que se acerca el fin del mundo. Tenemos la costumbre de sacarnos todo, somos extrovertidos por naturaleza, gritones y echaos pa’ lante, por vocación. Discutir con nosotros, es buscarse una “salacion”, no nos damos por vencidos, somos tercos, no damos nuestro brazo a torcer, ni por lo que dijo el cura.

Cuando pasa un minuto después de alterarnos, todo vuelve a la calma. Quien nos ve, no puede imaginar que segundos antes alzábamos la voz, echábamos fuego por los ojos, nos queríamos comer al que teníamos enfrente. Así le paso a la viejita que ayude a abordar el vuelo para Guayaquil, mi sonrisa, dos o tres palabras dulces que le dije, le mostraron mi lado bueno. No podía adivinar que segundos antes, exigía responsabilidades y decía tajante; no puede volver a suceder!

Los cubanos tenemos todos, un lado bueno, todo dulzura y amor. A cualquier desconocida le decimos; dime mi vida, si mi cielo. Saludamos a amigas con besos. Pasamos el brazo por el hombro a quien tenemos al lado. Cuando nos encontramos un amigo especial, el apretón de manos se queda corto, abrimos los brazos; lo estrechamos, dándole nuestro afecto y cariño.

Somos así, pasamos de un estado de ánimo al otro fácilmente, nos gustan los extremos. Si hay que gritar y pelear, nuestra voz es la mas alta, la mas fuerte. Si hay que ser dulce y cariñoso, somos un melao de caña, mas dulces que la miel.

Somos, cada uno un reflejo de nuestra Isla, de nuestro pueblo. Un pueblo que llora, grita, discute, ríe y sueña. Un pueblo que a pesar de dificultades, no pierde la sonrisa, no se detiene en el enojo, ni en la ira, enseña el puño, cuando es necesario, sin perder su dulzura. Pueblo indomable que no se da por vencido. Cubanos, que miran hacia El Cobre, piden y esperan, mientras acumulan mieles y sonrisas para enriquecer el mañana.

2 thoughts on “Sonrisas y enojos.

  1. Jose, me siento retratado y la verdad he sonreido como no calculas con cada palabra leída, normalmente me calza, hoy me calza mas que bien, un abrazo y ojalá te vea mañana

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