Enamorarse en La Habana.

Cualquier ciudad, puede ser buena para enamorarse, para sucumbir ante Cupido, para dejarse llevar por la pasión y el deseo. Por alguna extraña y desconocida razón, la mañana, que iban a repartir la cuota diaria de enamoramientos por ciudad, La Habana madrugó. Se levanto temprano, coló su café cubano, marco primera en la cola. No se movió, tardaban en comenzar el reparto, colgó un cartel que decía; solo la presencia física, le dará el derecho a su turno. Terminada la asignación de enamoramientos por días, se fue feliz, dichosa. Cargo, para siempre, con el mayor número  posible por día, por minuto. Ciudad enamorada, donde entregarse al amor, enamorarse, es tan cotidiano y normal, como andarla.

En La Habana, para enamorarse, cualquier día es bueno. Cuantas veces despertamos solteros, jurándonos solterías largas, seguros de no enamorarnos más. Subíamos agresivos y malhumorados a la guagua, bajábamos, sonrientes, felices, guardando un teléfono en el bolsillo o con la promesa de una cita en alguna esquina habanera. A veces, ese amor a primera vista, era más fuerte, dejábamos pasar paradas, viaje sin final, hasta el amor. En otras ocasionas, nos seguían o seguíamos, al bajarnos de la guagua y convertíamos bancos y parques, esquinas y paredes en monumentos al amor.

Quien no camino cansado por esas calles de La Habana y de pronto, sintió una mirada que lo atrapaba o atrapo a alguien con la mirada. Así tejiendo redes, atrapando a dejándose atrapar, transcurre la vida de los que andan por sus calles, en esa ciudad, donde el amor, espera a la vuelta de cada esquina. Donde a veces, no espera, sale a buscarnos y siempre nos encuentra. Nacer en La Habana, nos marcó para siempre, necesitamos amar.

Hay ciudades, donde el amor es esquivo, puede encontrarse sexo, citas, noches de locura, pero el amor se vuelve inatrapable, difícil. Cuando termina la noche, borramos teléfonos y recuerdos, sufrimos de amnesia amorosa. En La Habana, de escaceses y racionalizaciones, el amor habita, seguro y eterno, constante. Lanza flechas, hace blanco una y mil veces, vive en nosotros.

Recuerdo  que mis amigos, me llamaban y decían; estoy enamorado, quince dias después les preguntaba si seguían enamorados, me respondían; si, claro, pero de otra persona. Así somos, enamorados del amor, viviendo pasiones intensas aunque duren  un par de días. Entregándonos al amor, sin temor a decepciones ni a  lagrimas, sin miedo a nada.

La Habana, una ciudad, donde todo puede suceder, el amor sucede a cada instante. Nace de una mirada, basta ese contacto y la flecha hace diana, el amor se manifiesta. Andamos enamorados la ciudad y ella, nos da amor, nos lo ofrece, constante  y multiplicado, en cada rincón.

Hace días, comentaba que hace tiempo que no me enamoro, que no siento una pasión que me trastorne, no encuentro unos ojos que me cautiven y enloquezcan. Siempre recuerdo la frase; “de amor, hasta morirse es bueno” Si, quiero volver a enamorarme, aunque dure poco, aunque me cueste alguna pena, quiero volverme a enamorar.

Quiero volver a esperar encuentros, a extrañar voces y besos. Los habaneros, los cubanos, sin amor, nos marchitamos un poco. Un buen amor, aunque dure poco, es como una inyección de vida, de ilusiones y fuerzas. Enamorarse, en La Habana, Miami o Madrid, es reestrenarse, desplegar alas, volar al sol, sin importarnos nada, sólo el amor.

Un habanero, un cubano, donde quiera que se encuentre, sin amor, esta incompleto. El punto no es necesidad de pareja, aunque parezca lo mismo, no lo es, es necesidad de  amor, de días  o horas, de años o meses, pero de un amor que nos trastornes los  sentidos y las hormonas. No tenemos la culpa de haber nacido en una ciudad, en una isla, a la sombra del amor. Acostumbrados a enamorarnos  a diario, a estrenar amores  y amantes, aún lejos de La Habana, necesitamos la fuerza del amor, de su impulso. Nacimos del amor y  para amar, nos enamoramos hasta de las sombras. Lejos de La Habana, seguimos intentando encontrar unos ojos que nos cautiven, un rincón donde enamorarnos del amor! Allá en La Habana, los que quedaron y nuestros fantasmas, estrenan el amor cada día, sin creer en crisis, ni limitaciones. Estallan, enamorados, en explosiones de amor incontenibles, interminables, seguros que, el amor, hará el milagro.

Fotografia tomada de Google.

5 thoughts on “Enamorarse en La Habana.

  1. Que bello Jose!!!!!!!!!!!!!!!! asi es y asi sera! La Habana es asi, sin darnos cuenta, como bien dices, nos mece en sus brazos, y por doquier sentimos una mirada furtiva, llena de pasion en fin….!!!! el amor!!!! y una bella puesta de sol en el Malecon!!! eso no se olvida nunca!!!

  2. Hermano, quien no conoce el amor, murio al nacer !!!!!, de seguro, y nada de conformarce con el amor de madre o el un hermano o el de un amigo, no, hablamos del que tu dices muy bien : el que nos trastorna los sentidos, ese que no se sabe cuanto dura , pero que perpetua ese momento !!!!!!!!!!!!

  3. es que como la cancion “el amor es una magia” nos transforma a todos!! asi k viva el amor, ……y Feliz dia del amor para ti Jose!!!!!!!

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