Un encuentro especial.

Supe de su existencia en octubre pasado. Saber su historia, me conmovió e inspiro un escrito que lleva su nombre. Me comprometí públicamente a visitarla en mi próximo viaje a La Habana, a recoger, entre amigos, alguna ayuda y llevársela, darle un abrazo, darle gracias por su sonrisa. Hacerle saber que no esta sola.

Ella, se enfrenta, en una batalla desigual, a una  terrible enfermedad, no siente miedo, no se da por vencida. Sonríe y sueña, sabe que un mañana feliz la espera.

Cuando escribí sobre ella, imagine su rostro, visualicé el cuarto del solar donde vive. Nos hicimos amigos, aún sin conocernos. Con mi escrito en el bolsillo, el dinero recogido para ella y un abrazo enorme entre mis brazos, llegue a la calle Oquendo en Centro Habana, entre al solar donde vive. Pregunte a  una vecina, donde vive Martha? Allí, donde ve el tanque con el jarro encima, en la puerta de al lado, vive ella, me respondieron. Toque a la puerta, Martha, abrió, nos abrazamos, le di un beso.

Encontrarme con Martha, fue realmente un reencuentro, la había visto antes, la noche que las musas y un amigo, me llevaron hasta ella.  Martha, no me conocía, pero adivinaba, que ese loco que la abrazaba, era un amigo, le solté de pronto; pero estas gorda, en octubre, no estabas así; es la dexametasona, ayer recién termine un ciclo, me respondía. Me presente, le explique el por qué de mi visita, le di mi escrito, se sentó a leerlo. Se emociono, me dijo, tengo que leerlo después a solas, con calma. Le explique que muchas personas se solidarizaron con ella y ofrecieron su ayuda.

Martha, sonreía feliz, sabe que se basta sola para enfrentarse al peor enemigo, su sonrisa y su optimismo, son sus mejores armas. Ahora, sabe que muchos están junto a ella, dispuestos a darle apoyo material y espiritual, eso la reconforta, da un nuevo color y brillo a su sonrisa. Sabe que ahora, junto a ella, tiene a un ejército de amigos, orando por ella, enviándole su energía, dispuestos a sacar cuentas y enviarle algo. Amigos que no la conocen y preguntan por ella, casi a diario. Le dije; no te sorprendas si alguien te llama o viene a verte y te trae vitaminas, algún dinero a alguna ayuda, tu nombre y datos, están en mi blog. Muchos han prometido visitarte o enviarte algo; el agradecimiento y el asombro, aumentaban el tamaño de sus bellos ojos, la emoción, humedecía sus ojos, que brillaban de alegría y esperanza.

Hasta ahora, Martha se enfrento sola al cáncer, decidida a vencerlo, a no desmayar, ahora, muchos estamos junto a ella, la lucha, dejo de ser desigual. Nuestro apoyo a Martha, inclino, definitivamente, la balanza a favor de la vida, del futuro, ella lo sabe. No encuentra palabras para agradecer, sus grandes ojos, se expresan mejor que sus labios.

Soy yo, nosotros, quienes tenemos que darle gracias a Martha, su valor, su optimismo, su sonrisa, nos dieron a todos una lección. Después de conocerla, no soy el mismo, aprendí que, para ser feliz y ser fuerte, bastan las ganas de vivir, que Dios, actúa de formas misteriosas y teje hilos, abre caminos, nos lleva a donde quiere, donde nos necesita. Gracias Martha, nos veremos muchas veces mas, tu cuartito en el solar de la calle Oquendo, será siempre un sitio obligado en mis visitas a La Habana. Nos veremos pronto, Dios, la vida, La Habana, nos unieron para siempre.

Datos de Martha.

Martha Emilia Martinez Diaz Calle Oquendo # 73 entre Animas y San Lazaro, Centro Habana. C. Habana Telefono: llamando desde Estados Unidos 011 53 7 876-3417

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