Palmeras del querer!

Las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!

José Marti

El viernes pasado, una nueva, especial y talentosa amiga, me invito a su cumpleaños. Una fiesta diferente, la homenajeada, regalaba a los invitados canciones y recuerdos, su talento, su arte. Una canción, me cautivo, me dejo pensando, por suerte la grabe en video. Una parte de la canción, se repite en mi mente, una  y otra vez, “y en la intensidad de mi soledad, siento palpitar, palmeras del querer…” El gesto del brazo de María de Jesús, como una palma al viento, acompaña la canción, en mi memoria.

Desde hace días, pienso mas en las palmas, las mismas palmas que otros, en gestos y frases de autonegación, dicen que no extrañan. Aquí también hay palmas, repiten. Se que también son nuestras, pero ustedes y yo, sabemos que no son iguales, aquellas son; palmeras del querer!

Las palmas, son uno de nuestros símbolos, como nosotros, soportan huracanes, se riegan por el mundo, lo resisten todo, nada las vence. Cuando hay tormenta, el primer rayo es para ellas, lo soportan estoicas, saben que también les llegara la primera lluvia de abril, el primer sol de la mañana.

No se, si por útil o gallarda, si por bella, numerosa o altiva, pero la hicimos nuestra. Reina en nuestros campos y paisajes, en nuestros corazones, desde su altura, sonríe, se mece al viento y espera.

No elegimos cualquier palma, para hacerla nuestro árbol nacional. Miramos al campo, nos dijimos; aquella, la mas alta, la que sobresale entre todos; la palma real, esa, la haremos nuestra. Muchos al irnos de Cuba, la llevamos con nosotros, no en fotos, ni en bonsáis, ni en recuerdos; en el corazón, como a una novia que espera en la distancia.

Poetas, cantantes, novelistas, todos, de una forma u otra le han rendido homenaje. Ella, es altiva, pero no altanera, saberse amada, no la hace sentirse superior, tiene sus raíces, muy adentro de  la tierra, de nuestra tierra. No solo vive en el campo, también La Habana, se dejo conquistar por ella,  crece en nuestra ciudad, fundiéndose con ella y nosotros. Recuerdo mi escuela primaria, con palmas gigantescas en el jardín, amanecían todos los días con alguna ofrenda folklórica. En aquellos años, no entendía por que esos plátanos con citas a los pies de las palmas. Hoy y ayer, siempre; los veo, como un homenaje a su belleza, como el regalo de  un enamorado que no encontró joya digna y se invento un  tributo.

Nunca he olvidado a las palmas, no podría aunque quisiera, no querré jamás. Parafraseando a Benedetti; no se como algunos sacuden la cabeza, cometen el error de  pretender sacarse recuerdos y memorias, que no saldrán jamás del corazón.

Las palmas, saben que un día volveremos todos, nos esperan en los campos, en la ciudad, en nuestro escudo. Saben que bastara un gesto para convocarnos. Se mecen al viento, nos miran en la distancia, esperan, seguras y tranquilas, palmeras del querer, de nuestro querer!

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