Nosotros, reencuentros y despedidas.

Todo viaje a las raíces, a nuestros orígenes, se convierte en una fiesta de sentimientos y esperanzas. Regresar, es reencontrarnos con nosotros mismos, mirarnos cara  a cara y rendirnos cuentas. No importan el tiempo ausente, los éxitos alcanzados, los lazos que creímos rotos. Regresar, es volver al punto de partida, desnudarnos, darnos un baño de sol y de viento. Volver a ser los de antes, los  de siempre.

Estar de nuevo en  casa, después de tramites y esperas de maletas que amenazan no llegar, es como abrazarnos y fundirnos con fantasmas. Fantasmas, que quedaron por nosotros, cuidando raíces y recuerdos. Nos vemos y volvemos a ser uno; ellos y nosotros, piel con piel, alma con alma. Se nos meten dentro, nos poseen, nos ganan de nuevo, sin habernos perdido nunca. Ellos y nosotros somos piezas de un rompecabezas regado por el mundo, parte de piezas que encajan perfectamente, hoy y siempre, no importa donde estemos.

Tal vez esa química perfecta entre nosotros y nuestros fantasmas, ese volver a ser los de siempre, nos juega trastadas, nos hace trampas. Se confabula con la relatividad y perdemos la noción del tiempo, del espacio. Años lejos, ausencias, son olvidados. Nos quitamos la ropa del viaje, aparece un short, que alguien encuentra, un par de chancletas viejas, nos sentamos en el sillón del portal y el tiempo no existe. La brisa de Cuba, los brazos y voces de nuestros familiares, hacen el milagro; el cordón umbilical que se había estirado, tensado, casi roto; gana fuerza, vuelve a ponernos en el lugar exacto al que pertenecemos.

Disfrutamos nuestro tiempo en Cuba, es un regalo que la vida y nuestra Isla, nos dan. Tenemos la certeza que la decisión tomada de emigrar, valió la pena, volveríamos a hacerlo si existiera el regreso en el tiempo. Mientras dura nuestro tiempo entre palmeras, brisas del mar, abrazos de mamá, somos inmensamente felices, una felicidad que solo conoce quien la ha vivido; con peso y medidas, sólida, que se siente en los brazos y en el pecho, en el alma!

Regresar a Cuba, a los brazos de nuestros familiares, es como abrir un paréntesis en nuestras vidas. Paréntesis que hay que cerrar, con un beso, un vuelvo pronto, un te quiero mucho, un adiós breve e inevitable, que evite desgarramientos. Ese es uno de los momentos mas difíciles en la vida del cubano que emigro, dejando seres queridos atrás. Cada despedida, tiene el dolor exacto de la  primera. La angustia en el pecho, sentir que el corazón se detiene, que no sobreviviremos al adiós, es el precio que pagamos por ese volver a ser los de antes, los de siempre. Por suerte, son solo unos instantes, si esa angustia y dolor durara un poco mas, muchos, no hubiéramos sobrevivido a la primera despedida.

Converse con amigos, les conté de esos últimos y difíciles minutos, no son exclusividad mía; todos los han vivido, volveremos a vivirlos al final de cada reencuentro. Llegamos a Miami, Madrid o Paris, sabemos que estamos en casa, en el lugar donde decidimos vivir y empezar un día, una nueva vida. Sabemos que valió la pena, toda ha valido la pena, emigrar, regresar, luchar, no olvidar raíces y recuerdos.

El rompecabezas, vuelve a regarse por el mundo, el cordón umbilical que nos une a tantas vivencias, se estira, se tensa sin romperse. Nuestros fantasmas, en exorcismo involuntario, abandonan nuestros cuerpos, vuelven a su diaria labor de cuidar recuerdos y raíces. Nosotros, sin saberlo, sin tener conciencia exacta; seguimos siendo los de siempre!

Escribir desde La Habana!

En la habitación que fue mi cuarto durante muchos años, que será siempre, “mi cuarto”,  con  las ventanas abiertas de par en par, disfruto del olor del patio mezclado con el del sofrito de mami. El sol, dibuja figuras sobre la sabana y las paredes del cuarto. Recostado en la que será siempre mi cama, pienso en la magia de escribir desde La Habana, podré ahora que he retomado el oficio de escribir, hacer escritos sobre mi ciudad, estando en ella? Sin necesidad de evocarla,  al alcance de la mano y de mis pasos, presente!

Escribir, desde la ciudad que ha inspirado la mayoría de mis escritos, escribir desde el sur, no desde el norte, desde el centro del amor y de mi historia, tiene un encanto que me obliga a hacerlo, a dejarme llevar por las musas. Es como una fiesta de mis palabras e ideas, una fiesta que La Habana, convoca, invita recuerdos y hechos por suceder. Hasta mi ciudad llega el aliento de mi musa transoceánica, de los amigos que no me dejarían abandonar el oficio de escribir.

La Habana, no es hoy un recuerdo, no tengo que evocarla. No tengo que adivinarla en la distancia; estoy en ella, material y emocionalmente. Mi ciudad, entra por las ventanas, se sienta en mi cama. Me dice; vamos para el portal, desde allí, te será más fácil, escuchando pregones y el ruido de la gente. Entre plantas, mirando la gente pasar, me guiña un ojo, se sienta en uno de los sillones de la terraza, me dice; es distinto desde acá, verdad?

Este será mi primer escrito desde La Habana, con una brisa con olor a mar, mitigando el calor de mayo. Mientras escribo, el sonido de la ciudad, se mezcla con ruidos de cazuelas. Mami, trajinando, preparándome el primer almuerzo de este viaje. La Habana, va hasta la cocina, abraza a mami, ambas se miran emocionadas. Mami quiere decir algo, mi ciudad, le pone un dedo en los labios, le dice; no digas nada, hoy lo tenemos con nosotros, hoy, no existe el pasado, ni el mañana, disfrutemos el presente. Ambas enjugan una lagrima, mami, destapa una cazuela, le da a probar un poco de su potaje. La Habana, sonríe; delicioso, le va a encantar.
Almorzamos todos juntos, saboreamos la comida. La acostumbrada sobremesa, se extiende al portal, donde saboreamos un café. La Habana, se despide luego del café; no me voy, quedan en mí, nos disfrutamos, solo los dejo unos minutos a solas, tienen que disfrutarse mutuamente. Tendrán que contarse historias que yo, ya se.
Mami, me mira, sonríe, me pregunta; que haces con el Black Berry? No vamos a conversar? Escribiendo mami, escribiendo, desde La Habana! Le respondo sin dejar de dar forma a este, mi primer escrito desde La Habana

En su rostro, se dibuja una sonrisa diferente, su mirada me envuelve. Sonríe, disfruta, después de muchos años, vuelve a verme escribir. Tiene algo de magia esto de escribir desde La Habana, con mami, sentada frente a mí, disfrutando ser testigo del acto de escribir, desde La Habana!

Regalos para mamá!

Cada año al acercarse el día de las madres, muchos pensamos cual será el mejor regalo para mama. En ocasiones recorremos tiendas, buscando algo especial, no importa el precio, nuestro objetivo es deslumbrarla con un regalo. Nos perdemos en la búsqueda de algo material, cuando realmente, el mejor regalo para nuestras madres, somos cada uno de nosotros, nuestro cariño, nuestro contar a diario con ellas. No necesitan mas, solo tenernos. Para toda madre, el mejor regalo es el cariño de sus hijos, mirarse en sus ojos y descubrir en ellos, todo el amor del mundo.

Cuando publique, Regalos de La Habana, una amiga, que el azar y abril hicieron que nuestros caminos se cruzaran, me dijo; De parte tuya ¡Que mejor regalo que la compañía de un hijo! Es cierto, aunque no dejo de llevar maletas cargadas de regalos, se, que para ella, tenerme a su lado es, el mejor y el único regalo que su felicidad necesita. Para cada madre, sus hijos son un regalo, un autoregalo que gestó en su interior y fue modelando día a día, con su esfuerzo y amor.

La profesión de madre, se aprende sobre la marcha, no vinimos al mundo con un libro de indicaciones. Cada madre, tuvo que improvisar, día a día. Guiadas por el amor y su natural inteligencia, dieron, dan siempre, lo mejor de ellas. Dueñas de la magia de curar dolores con besos, penas con caricias, angustias con palabras, son, entre otras cosas, una luz de esperanza en nuestras vidas. Ella, nos guían siempre hacia el bien, allanando el camino, haciendo caminos para nosotros. Como me dijo Mi amiga diferente; las madres, son como un velo, que nos protegen de todo mal.

Yo, propondría cambiar el día de las madres, por, todo el tiempo de las madres. No nos basta un día para homenajearlas, no es suficiente un regalo especial al año o una postal. Termina el segundo domingo de mayo y nos quedamos con las ganas de seguirlas mimando, de seguir regalándoles un día especial. Emigrar, nos da algunos privilegios; cada día que estoy junto a mi madre, se convierte en un día de las madres y así, tenemos 15 o mas días de celebraciones al año. Convertimos cada día juntos, en una fiesta, celebramos todos los días festivos del año, en especial, el día de las madres, que siempre me lleva a su lado, como el mejor y más necesario regalo mutuo. Los días que pasamos juntos, reúnen navidades, día de las madres, cumpleaños, fin de año, en un coctel de fiestas y alegrías, que bebemos sorbo a sorbo y nos dura hasta el próximo encuentro.

Allá, en La Habana, mi madre, junto a otras, detiene el tiempo en su sonrisa, mira fotos, revive recuerdos, acaricia objetos y lugares que conocen de mi. Se inventa un mundo donde no existen ausencias ni lagrimas. Un mundo nuestro, pequeñito y mágico, donde ella y yo, andamos del brazo. Su risa y su voz sin edad, tejen historias y dibujan sueños, nos mantienen unidos. Tiene la rara virtud de convertir el día de las madres en mi día, comenzamos a celebrarlo uno o dos días antes y la celebración, termina con el último beso antes de partir al aeropuerto.

No, realmente mami, no necesita una maleta cargada de regalos. Sus manos se aferran con fuerza a las mías, intentando quedarse,  para siempre, con mi huella en su piel. Tal vez este año, le haga una broma y entre a la casa con una cinta de colores al cuello y un cartel en el pecho que diga, Felicidades, mientras mi sobrino baja las maletas del auto. Imagino su risa inmensa, iluminando la casa.

Ya termine de preparar las maletas para mi próximo viaje a La Habana. En ellas, montones de regalos para mami, cada viaje se convierte en algo paradójico y complejo. El mas importante de todos los regalos, carga las maletas, extiende los brazos en la distancia y grita; espérenme pronto, ya casi nos vemos! Desde La Habana, meciéndose en su sillón, sus ojos brillan, miran a la distancia, pretendiendo adivinarme y sus labios responden; Te espero siempre!

El regreso del soldado.

En octubre del año pasado, escribí, “La  madre del soldado”. Un pequeño tributo al amor de una madre, a su dolor mezclado con orgullo y temores de ver a su hijo, hacerse soldado e ir a otras tierras distantes. Ese sentimiento extraño que solo siente una madre, cuando parte de su alma, de su espíritu, vuela lejos a cuidar de un hijo; a convertirse en el escudo que le protege, cuida y sirve de almohada.

Mi amiga, recibió hoy, adelantado, el mejor regalo por el día de las madres que podía soñar. Me sorprendió su llamada temprano en la mañana, les confieso que me asuste un poco. Su voz, se escuchaba entre lagrimas, velada por la emoción; Karel, acaba de llegar, me llamo! Después hizo silencio unos segundos, la emoción y el llanto, no la dejaban hablar. Mi amiga, la madre del soldado, agradece a Dios, a la Caridad del Cobre, el regreso de su hijo, sano y salvo. Atrás quedan noches de insomnio, de pedir a todas horas por su hijo. Detrás de cada sonrisa de mi amiga, se escondía el dolor y el temor por su hijo en el campo de batalla. Solo los que la conocemos muy bien y hemos compartido con ella este tiempo de angustias, sabemos de su dolor y preocupaciones.

El corazón de una madre, es un sitio especial, en él caben todos los buenos sentimientos del mundo, soporta golpes, dolores, partidas  y ausencias sin romperse. Mi amiga, me hablaba de su alegría, era un cascabel con destellos de luz. La seguridad que pronto abrazara a su hijo, le da un nuevo tono a su voz, su risa es más fuerte, imagino su rostro feliz, iluminado. Aún bajo los efectos de la emoción del regreso de su hijo, mi amiga, recordó a otras personas que sufren, me dijo; tengo que verte para darte el dinero para Martha! Dos protagonistas de mis escritos, que sin conocerse, se unieron al influjo de escritos y amigos. Martha, la muchacha que lucha contra el cáncer en La Habana y la madre del soldado, ambas madres, luchando de una forma u otra por la vida y por sus hijos.

Después de mucho tiempo, la madre del soldado, dormirá hoy tranquila. Esta semana lloró mucho, viajo a esperar a su hijo, un cambio de última hora, la obligo a regresar sin el abrazo necesario. La abrace a su regreso, lloro en mi hombro. Hoy, la vida, le regala esta sorpresa enorme. Del otro lado del mar, La Habana, hace un guiño, como diciéndole; ves, todo es posible, tuve que pedirle ayuda a Miami, pero lo logramos!

Antes de despedirnos, mi amiga me dijo; el viernes te llevo al aeropuerto, los pastelitos para Concha! No se como alguien bajo los efectos de una emoción tan grande, puede recordar detalles que otros olvidarían, así son las madres, únicas!

Mientras comenzaba mi escrito, pensaba en la foto que lo acompañaría, hasta pensé publicarlo sin foto y después agregar una de la ceremonia de recibimiento que debe estar sucediendo ahora. Mi Black Berry, sonó, había recibido un mensaje. Pensé terminar mi escrito para verlo, pero la curiosidad me hizo revisarlo; mi amiga, compartía conmigo, la primera foto que le había enviado su hijo! Se me salieron las lágrimas! Fue el mensaje que le envíe.

Hoy, la madre del soldado, cierra un capitulo de su vida y abre otro, ser madre, no sabe de descansos ni vacaciones. Sabe que aún le quedan pruebas que soportar y vencer, así es la vida, pero con su hijo al lado, sabiéndolo en sus brazos, no teme a nada, ellos dos se bastan para conquistar la felicidad. Junto a ellos, nosotros, sus amigos, seguiremos este andar, seguros que, los sueños se hacen realidad, entre amigos y esfuerzos.

Regalos de La Habana.

La Habana, tiene una magia especial, es una ciudad capaz de mejorarle el día y la vida a cualquiera. Cuantas veces, cuando vivíamos allá, nos levantamos mal humorados, molestos hasta con nosotros mismos. Maldecíamos al despertador, al cepillo de dientes, al café mezclado, a  la guagua que no llegaba, al centro de trabajo, al almuerzo escaso y a todos con los que tropezábamos. Nuestra ciudad, nos miraba, se burlaba de nuestro mal genio, guiñaba un ojo y hacía el milagro. Se las ingeniaba, para hacernos algún regalo que nos hiciera olvidar disgustos y molestias. Bastaba caminar por sus calles, sentir una mirada sobre nosotros, detenernos a conversar, intercambiar teléfonos. Las muecas de disgusto, se transformaban en sonrisas, las miradas adquirían un brillo especial. Nuestra ciudad, experta en asuntos de amores y de la vida, sabe como dibujar sonrisas, hacer regalos especiales, guarda siempre, una carta de triunfo, para sacarla en el momento justo, cuando creemos que todo esta perdido.

Me cuenta un amigo que su último viaje a La Habana, fue un poco desafortunado, a pesar de su amor por la ciudad, casi jura no regresar más. La Habana, se las arreglo para hacerle un regalo que compensara malos ratos, que le dejara un sabor dulce en el alma y en los labios. Casi a punto de cancelar su viaje y regresar a Miami, mi amigo se reencontró con un amor de  20 años atrás. Paso días maravillosos entre te quieros y recuerdos evocados. El viaje que amenazaba convertirse en el último y dejarle un  eterno sabor amargo en el alma, tuvo un final feliz, inesperado. Fue como si La Habana,  dijera; te vas y no piensas regresar? Ya veras como vuelves pronto, yo se como hacerlo!

No hay otra ciudad capaz de hacer regalos especiales, es algo que se fue conformando desde sus orígenes,  su posición en el mar, los vientos que la acarician o algún conjuro u oración dicha a tiempo, hicieron el milagro! La Habana, regala amores, sonrisas  y te quieros capaces de cambiarnos la vida, de volver un día gris, en un día de soles y arco iris.

Mi amigo, habanero por amor y por decisión, hijo adoptivo de nuestra ciudad, no escapo a su magia. Estoy seguro que se imagina andando de nuevo entre columnas, esquivando la lluvia, negándose a despedidas, escondiéndose en el bolsillo de su amante, para escapar del tiempo y de finales.

La Habana, carga un saco enorme de oportunos y necesarios regalos. Hace uso de ellos como el hada del cuento, en el momento justo; cuando todo oscurece, un rayo de luz ilumina la esperanza y la vida. Hace años que mi ciudad, no me regala una aventura de amor, muchos. Es inteligente, sabe que necesito otro tipo de regalos, otro tipo de aventura de amor. Ella y mi madre, se alistan para mi regreso, intercambian entre si secretos para regalarme una estancia feliz, inolvidable. Me esperan los brazos de mi madre, los únicos que necesito para ser el hombre mas feliz. Brazos mágicos que tienen la rara virtud de convertirme en niño y hacerme olvidar penas y años, desencuentros y ausencias. Gracias Habana, por regalarme cada mes de mayo, la mejor aventura de amor, del brazo de mi madre!