Un hombre auténtico.

Vino al mundo, una mañana de abril, burlándose de la astrología, no nació bajo el signo de Aries. Una extraña conjución de astros, lo marcó para siempre; nació bajo el signo de la autenticidad.

Ser un niño auténtico, es fácil, todos lo son. Desconocen reglas, máscaras, dicen lo que piensan, reconocen a los buenos, de una sola mirada. Los niños, sueltan la verdad, burlándose de modales y comportamientos. Lo difícil, es crecer y seguir siendo auténtico, negarse a aceptar reglas, a usar máscaras, a inventarse personajes.

El hombre auténtico, nació en una islita del Caribe, entre olas y palmeras. Recibió una esmerada educación por parte de sus padres, era culto, elegante, muy bien parecido. Conocía todas las reglas, aunque no las cumplía ciegamente, disfrutaba romperlas, ser espontáneo. Era capaz de sentarse a comer con la Reina Isabel y disfrutar después un buen café cubano, con Juana Bacallao. Aplaudía a rabiar los 32 fouettés del Lago de los cisnes y despues se iba a bailar casino, hasta caer rendido del cansancio.

Cuando tenía ganas de reír, reía a carcajadas, si sentía ganas de llorar, lloraba, gritaba! Cuando sentía la necesidad de cantarle las cuarenta a cualquiera, lo hacia. Siempre era él, transparente, sin mascaras, auténtico! Nunca uso una mascara, para decir un te quiero, o un te odio. Nunca se invento personajes; le bastaba con ser él, seguro y confiado en si mismo. Sin escoger preguntas, ni respuestas, él!

Ser auténtico en tiempos difíciles, hace ganar muchas veces enemigos. Realmente, para un hombre auténtico, todos los tiempos son difíciles. La gente, se inventa personajes, gusta de usar máscaras, aprenden a fingir en vez de aprender a amar.

Nuestro hombre auténtico, a pesar de ser popular, tenía cada vez, más enemigos. Muchos se estremecían al verlo. Cuando él, los miraba a los ojos, se sentían desnudos. Su mirada, traspasaba los ojos de las personas, llegaba al alma, al sitio exacto, donde no pueden usarse mascaras ni inventarse personajes. Se sentían incómodos frente a este hombre que les arrancaba la mascara, con solo una mirada.

Cuando el hombre auténtico, hablaba, los falsos personajes que la gente se inventaba, huían espantados. Su voz, provocaba estampidas de falsedades y máscaras.

Una tarde, el hombre auténtico, asistió a una asamblea. Había sido muy bien preparada, una visita muy importante, obligaba a usar mascaras, desempolvar personajes inventados, el hombre autentico, pidió la palabra. El presidente de la asamblea, hizo un gesto negativo al que llevaba el micrófono a los que pedían la palabra. El hombre autentico, pidió la palabra, una y otra vez. Haciendo gala de su autenticidad, se puso de pie y comenzó a hablar, no necesitaba micrófonos, ni permisos. Un ruido estrepitoso se escuchó, mientras el hombre autentico hablaba; máscaras caían al suelo, se hacían añicos, junto con las máscaras, reglas impuestas se rompían. Al influjo de sus palabras, personajes inventados, huyeron espantados. El presidente de la asamblea, se sintió desnudo, intento, inútilmente, cubrir su desnudez con el discurso que traía preparado para la clausura de la asamblea. Convocados por la autenticidad de; al pan, pan y al vino, vino! Todos empezaron a llamar a las cosas por sus nombres. Hombres y mujeres, se ponían de pie, se reconocían a si mismos, se abrazaban en un orgasmo de autenticidad y transparencia.

No era la primera vez que una asamblea, marcaba, para siempre, la vida de un hombre. Nuestro hombre auténtico, tuvo que emigrar, se estableció en un país cercano a su islita. Triunfó, acumuló riquezas y fama, a pesar de enemigos e hipócritas. Nuestro hombre, supo desafiar falsedades, romper esquemas, no se cansaba de abrir y ofrecer su corazón en respuestas a preguntas, en homenaje a la vida, a la autenticidad.

Pasaron los años, muchos, el hombre de nuestra historia, permanecía soltero. Ser auténtico, puede ser una dificultad para encontrar pareja, no cualquiera se atreve a compartir su vida con alguien que disfruta el misterio de la vida, sin reglas, ni ataduras. Un día, compartiendo en casa de unos amigos, escucho a una mujer decir; he hecho, siempre lo que he querido, he vivido la vida intensamente, a mi manera! Se volvió, se miraron, ambos se vieron el alma y los recuerdos. Desde ese día, decidieron compartir la vida, no les importaba pasar los 80s, se amaron intensamente, auténticos y felices, hasta el fin de los días.

¡Apagones!

Anoche un inesperado apagón, sorprendió a un grupo de vecinos en Miami entre ellos a mí. Llegue del trabajo, con la idea fija de conectar el nuevo MODEM para la Internet que recién ese día había recibido. Llegue, vi las casas a oscuras, pregunte a un vecino desconsolado; qué paso? Una rotura, ¡No hay luz desde las 5 de la tarde! ¡Tremendo apagón!

Nosotros nos acostumbramos a decir siempre; se fue la luz, aunque sean las 12 del día. Si falla la electricidad, no importa el sol radiante, se fue la luz o hay apagón, a la hora que sea. Para los cubanos la electricidad, es como sinónimo de luz, su ausencia, es un apagón. Los apagones y nosotros somos viejos conocidos. Nunca llegamos a ser amigos, pero terminamos acostumbrándonos a ellos, a tolerarlos. Hasta se convirtieron en algo racionado o esperado; hoy toca apagón, era una frase que obligaba a prepararse, para el previsto y nunca bienvenido apagón.

Anoche, en mi primer e inesperado apagón Miamense, unos cuantos vecinos, nos reunimos en el portal, todos cubanos, claro, se me olvido decirles que vivo en Hialeah, el barrio, mas cubano, de todo Miami! Todo el mundo sabe que si hay dos cubanos juntos, lo primero que decimos es; ¡Que calor! Y eso que estamos en julio, deja que llegue agosto. Que dirán mis amigos que viven en Suecia, Dinamarca o  Canada? Que frío!! Hace años no se veía un frío como este! Después que hablamos del calor, lo segundo, es hablar mal del gobierno, es una costumbre nuestra, todos somos especialistas en política y cuando nos reunimos, criticamos a cuantos gobiernos se nos pongan delante! No hay presidente, alcalde, ni político, que se salve de ser criticado si cae en lenguas de cubanos.

Después de hablar del clima y criticar gobiernos, nosotros, los cubanos, tenemos que tomar algo. Anoche, mientras conversábamos a la luz de la luna, unos tomamos refrescos, otros vodka con jugo de naranja, otros cerveza. Mientras hablamos, tenemos que darnos un traguito de algo, es como ayudando a salir las palabras, remojándolas, para que fluyan sin trabas, vaya  lubricarnos las cuerdas vocales y la lengua.

En este inesperado apagón Miamense, evocamos apagones anteriores, de aquellos que podían durar 4, 5 y hasta 8 horas. Yo, que viví los años 90s en su totalidad en Cuba, recordé aquellos terribles apagones. En esa época, los apagones, eran lo único que no escaseaba. Desaparecían gatos, barrigas, libras de mas, casi hasta la esperanza, pero los apagones, ahí, puntuales y multiplicados, casi omnipresentes. Mi familia, se reunía en el portal o en la terraza, hasta que el sueño nos vencía. Recordábamos infancias, adolescencias, historias. Cada apagón, nos traía historias y recuerdos diferentes. Cuando la ciudad se oscurecía del todo y el silencio se hacia denso, casi corpóreo, reunirnos en familia, recordar los buenos momentos, revivir sonrisas y carcajadas, nos ayudaba a vencer la oscuridad. Era nuestra manera, de no darnos por vencidos, de no dejarnos oscurecer el alma y la alegría.

Este grupo de vecinos reunidos, en un portal, en Miami, termino, que raro! Hablando de Cuba. Hasta de la Crisis de octubre conversamos, de aquellos terribles 13 días en que el mundo casi canta el manisero y nosotros, en la primera fila, dando las primeras notas de despedida, sin tener siquiera, un triste cucurucho en la mano.

Los cubanos, los mismos que vivíamos allá y dormíamos con las ventanas abiertas, para que la brisa nos refrescara. Los que nos bañábamos con un cubo de agua y un jarrito. Los que nos íbamos para el trabajo, con la barriga vacía, con solo un buchito de café claro entre pecho y espalda, ahora no podemos quedarnos dormidos sin el aire acondicionado. Bañarnos con el agua fría! Ni soñarlo. Aunque en el fondo seguimos siendo los mismos, las comodidades, nos han malcriado un poco, si ya se, que uno, se acostumbra fácil a lo bueno.

Anoche, este grupo de cubanos reunidos en un portal, en Miami, casi llama a las Naciones unidas y pide la protección del Comité para refugiados. Casi, casi, que demandamos a la FPL, por daños sicológicos. Cuando a la Una de la madrugada, se hizo la luz! Todos respiramos tranquilos y felices. Yo, regrese a mi casa, dispuesto a acostarme, mire de reojo el MODEM nuevo, para la Internet, tentador y provocativo, mirándome desde la mesa, fui al baño, volví a mirarlo, lo tome en mis manos y les juro que hasta que no termine su instalación, no pude dormir, feliz y relajado, olvidándome del apagón, pero, como siempre, con el alma y la mente, plenas de recuerdos y esperanzas. Mientras me dormía, pensaba, los apagones, buen tema para un escrito.

¡Ha muerto un hombre libre!

Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión, se rompe; ¡empieza al fin con el morir, la vida!

José martí

Es domingo, la tarde languidece, poco a poco, anochece. Es hora de llamar a mi madre, entro al sitio de Internet que uso para hacer las llamadas a Cuba, pongo 10 dólares a mi cuenta. Mientras me preparo a nuestro encuentro telefónico, escucho a Ricardo Arjona, interpretando; Mi novia se me esta poniendo vieja. Reviso los comentarios de mis amigos en facebook, una noticia, me hace un nudo en la garganta, se me salen las lagrimas y se que no es a causa de la canción de Arjona; ha muerto un hombre libre! No se que hacer con este dolor por la muerte de alguien que nunca conocí, de alguien que nunca abracé, que ni siquiera le di la mano. Trampas de la Internet y la información, que nos hacen conocer y estimar, sentir afectos, por personas que no conocemos.

Ha muerto un hombre libre, no puedo decir, descanse en paz; espíritus como el suyo, nunca descansan. Agitados e insomnes, siguen andando por la vida y la gloria. Nunca pude conversar con él, discutir nuestras diferencias. Se puede admirar a una persona y no coincidir en todos sus puntos de vista. Otro mas que se me va, dejando una conversación pendiente.

Es hora de llamar a mami, pero tengo que esperar, con este dolor en el pecho, mi voz no sonaría como siempre, la dejaría preocupada. Mi novia, tendrá que esperar un par de horas.

Un hombre, realmente libre, siempre impresiona, gana seguidores.  No todos los días, nace o muere un hombre libre. Un par de lágrimas, no bastan para sacarme el dolor por su partida, por su ausencia. Pienso no solo en lo que hizo; lo que le quedo por hacer, me desconsuela, me hace pensar en el mañana sin él.

Me seco otra lágrima, tomo un poco de agua, pienso en sus familiares y amigos. Se me sale otra lagrima y otra, mi amigo, el hombre de las lagrimas, pensaría que le estoy haciendo la competencia. Tomo un poco del café de la esperanza, recobro fuerzas. Se que otros hombres libres, seguirán sus pasos, andarán su camino hasta el final. Antes de dejarnos, este hombre libre, supo sembrar la semilla de la esperanza y la libertad, en tierra fértil!

Nuestro hombre libre, no ira al cielo, se queda con nosotros, sin descanso, terminando su obra, nuestros sueños!

El hombre desterrado.

Había una vez, un pueblo, aislado del mundo. Recibía muy pocas visitas de los habitantes de los pueblos cercanos. Los que vivían en él, tampoco visitaban a otros pueblos; rígidas leyes, establecidas por el Alcalde del pueblo, lo impedían. El Alcalde, dueño de toda la tierra del pueblo, de la única fabrica que existía y de la única estación de radio, gobernaba al pueblo con mano de hierro, su voluntad, era ley.

El pueblo, se empobrecía cada vez más. Algunos burlaban leyes y se decidían a buscar trabajo en pueblos cercanos, no podían regresar, pero al menos, ayudaban a sus familias.

Un día, un hombre del pueblo, quiso cambiar las cosas. Se enfrentó al Alcalde, quería seguir viviendo en su pueblo, pero que la situación mejorara, cambiar el estado del pueblo. Entre otras cosas, quería abrir otra emisora de radio y un pequeño taller, que diera empleo a unos cuantos. El Alcalde, se enfureció, lo expulsó del pueblo. El hombre de nuestra historia, se convirtió en un desterrado.

Pasaron los años, muchos. El hombre desterrado trabajo duro, muy duro, triunfo, pero seguía extrañando su pueblito y a su familia, en especial a su madre. Los ayudaba, siempre se las arreglaba para mandarles algo, saberlos bien, lo compensaba, en cierta forma, de lejanías y ausencias.

Después de insistir mucho, un día, el hombre desterrado, recibió permiso para visitar por tres días a su familia. Estaba feliz, inmensamente feliz. Compró regalos para toda la familia y para gran parte del pueblo. Reservo pasaje en el viejo camión que hacia el viaje a su pueblo. Muchos, le aconsejaron que no fuera; es una locura, le decían. Los silencio a todos, cuando mirándolos a los ojos les dijo; ustedes, tienen a toda su familia aquí, pero la mía esta allá, tengo que ir a verlos, abrazar a mi madre, aunque sea lo último que haga en la vida!

Llego el tan esperado día, subió sus dos maletas enormes al camión, se subió, se sentó sobre ellas. Con los ojos llenos de lágrimas y esperanzas, hizo el viaje de regreso a su pueblo.

El camión, se detuvo en el centro del pueblo. Cuando el hombre desterrado, se bajo del camión, se acercó un guardia. Con voz tajante y ruda, le pregunto; a que vienes? A ver a mi familia, a abrazar a mi vieja, respondió el desterrado, mirándolo a los ojos. Deja ver tus papeles, tienes permiso? Le pregunto, el desterrado, le mostró los papeles, firmados por el mismísimo Alcalde; esta bien respondió el guardia. Que traes en esas maletas? Regalos para mi familia y mis amigos. Ábrelas, dijo el guardia. El desterrado, abrió sus maletas, el guardia reviso todo. Saco algunas cosas, esto no lo puedes traer, ordenes del Alcalde. El hombre desterrado, se aguanto las ganas que tenia de partirle la cara al guardia prepotente. Ver a su familia, era su mayor objetivo, llevaba años esperándolo.

Llego a su casa, en el portal, envejecida, inclinada por los años, pero  feliz de volverlo a ver, estaba su madre, esperándolo, con los brazos abiertos. Se abrazaron por horas, todos vinieron a ver, con lágrimas en los ojos, el abrazo mas largo, en toda la historia del pueblo. El desterrado y su madre, se abrazaban y besaban entre lágrimas y caricias que llevaban años acumulando.

Los tres días, pasaron volaron, siempre sucede así, cuando somos felices. El hombre desterrado, disfruto ese tiempo con los suyos. Ese regreso a sus raíces, le servia para volver al pueblo donde vivía, renovado y feliz, seguro que su familia y amigos, no eran sólo, voces y recuerdos. La despedida, fue breve; un vuelvo pronto! Quedo flotando en el aire, mientras subía al camión.

A su regreso al pueblo donde vivía, sus nuevos amigos, lo esperaban, al bajarse del viejo y destartalado camión. Lo abrazaron, le dijeron; no volverás mas, nos enteramos como te trato el guardia! El hombre desterrado, sonrío, se enteraron también del abrazo de mi madre, de su sonrisa de felicidad? Volveré, siempre que pueda, mi madre, mi pueblo y yo, lo necesitamos!

¡TALISMAN!

Arrancó un vuelo tricolor de su bata, lo lanzó al aire y una inmensa bandera cubana, cubrió la casa, protegiéndola de lluvias y vientos.

Habanero2000.

Andamos dispersos por el mundo. Nos hemos inventados nuevas casas, nuevas tierras, nuevos mundos. Otros cielos y nubes, adornan nuestros amaneceres y noches. Nosotros, los que nos fuimos, los que un día decidimos partir, cargando solo con recuerdos, sin mirar para atrás, por miedo a no poder irnos. Nosotros, los cubanos, más allá de religiones y creencias, llevamos siempre, en el alma, visible en la piel, tatuado en la frente y en los ojos! Un talismán o resguardo que nos protege de penas, tormentas y angustias. No es un resguardo del folklore, tampoco una estampita, oración o escapulario que tomamos en la mano en momentos difíciles, es algo más fuerte, más importante. Nos acompaña en las buenas y en las malas. Cuando faltan las fuerzas, cuando el cielo oscurece, lo desplegamos, nos cubrimos con él, seguros y confiados que nos basta para capear temporales y relámpagos. Bajo su protección, nada nos asusta, nada nos vence ni intimida; nuestro talismán es; nuestra bandera!

Basta mirarla ondear al viento y sabemos que todo va bien, no hay dolor que se le resista. No importa donde estemos, si muy al norte o muy al sur, entre hielos y nieves o sudando a mares, entre rayos de sol y sequías extremas. Nuestra bandera, cambia de forma, se adapta a climas, esta siempre con nosotros, no nos abandona. Es el brazo poderoso de la patria, que nos sostiene, nos levanta en alto, cuando el vacío se abre a nuestros pies. Lo dejamos hacer, seguros que a su sombra, todo esta bien. Talismán único e inigualable que no distingue entre cubanos, protege a todos por igual.

Sus poderes, le permiten ser puente, transporte, cielo y tierra, mar y viento. Alfombra mágica que nos lleva a recuerdos y nostalgias, mezcla inigualable de color y sabor cubano. En este, nuestro andar por el mundo, hemos aprendido a amar y respetar otras banderas, pero el lugar de la nuestra, permanece intacto, intocable, seguro.

No hay cubano, que no ame a su bandera, especialmente entre los que un día, decidimos o tuvimos que partir a luchar por nuevas vidas. La trajimos con nosotros, allí, donde decidimos quedarnos, la clavamos bien hondo. Ella, como nosotros, echo raíces en otras tierras, se rodeo de palmeras, girasoles, se ungió de miel, guarapo y ron. A su alrededor, revolotean colibríes y tocororos. Junto a ella, armamos vidas, familias y sueños, a su influjo nos trajimos nuestros barrios y ciudades, nuestros campos, nos inventamos una Cuba, en el exilio.

Muchos, la llevan en el auto, otros, la ponen en la casa, en el jardín, o la llevan en la camisa y la blusa. Cualquier pretexto u ocasión es bueno, para lucir una bandera cubana. En esta forma nuestra de gritar; cubano ciento por ciento!

Nuestra bandera, se despliega por el mundo, como nosotros. Va a nuestro lado, abre caminos. No nos deja olvidar nuestro origen, asegura el camino de regreso, se lo inventa en cada franja, lo ilumina con su estrella. Nos recuerda la sangre derramada, nos compromete y alienta, a regar la tierra con la nuestra, si fuera necesario.

Talismán gigantesco, que es a veces un nudo en el pecho, unas ganas inmensas de hacer algo. No son tiempos de esperar a verla deshecha en pedazos, para que muertos y vivos, se levanten a defenderla. Son tiempos de hacer algo por ella, antes que se nos rompa de tanto extenderse en esa ansia de cuidarnos, de tanta pena acumulada, de tantas lágrimas secadas. Pongamos la bandera en nuestro pecho y a su fuerza e influjo, seamos, entre todos, el asta que la levante a lo más alto, segura del futuro y la esperanza.

Fotografia de Yohandry Leyva.

Mi vida.

Mientras viva, que he decidido será por mucho tiempo,
para placer de amigos y disgusto de enemigos, todos tenemos alguno, armaré sueños día a día.
Mientras viva, lo haré a toda prisa, sin detenerme en el ayer, sin olvidarlo.
Construiré mañanas e historias. Inventaré amigos y arco iris,
ambos dan color a mi vida, la embellecen, me gustan las cosas coloridas.

Mientras viva, entre letras y prisas,
guardare el calor del último beso de mi madre y el ansia indetenible por el próximo.
Detendré el tiempo en sus abrazos. Mis sueños,  llevan todos su nombre y su perfume.

Mientras viva, no aceptaré falsos amigos, aduladores,
no quiero abrazos con cuchillos escondidos, odio besos de Judas, dobles caras.
Me alejaré de hipócritas y mediocres, que sin fuerzas, ni valor, intentan nublar vidas.
Mientras viva, que repito, será por siglos, seguiré amando al mar,
acostumbrándome a la eternidad, cuando disuelto, fundidos él y yo, regrese una y otra vez a mis raíces.

Mientras viva, lo haré sin mentiras, ni artilugios, sencilla y plenamente, seguro del mañana y de mis fuerzas.
Fabricaré abrazos y te quieros que repartiré, generoso y feliz entre los buenos.
Mirare siempre a los ojos mientras hablo, gustaré de gentes transparentes, hermosas de alma y de ideas.
Recordaré a musas especiales, que soplaron el polvo de mis alas, un día de noviembre.

Mientras viva, diré lo que pienso sin temores, dialogaré con todos, tendré oídos sordos a ladridos.
Olvidaré ofensas y rencores, como olvido a los que un día, sin querer, sin dejar huellas, cruzaron mi camino.
Defenderé libertades, causas justas, ayudaré a todos, daré siempre una mano, abierta y limpia, ¡sincera!

Mientras viva, andaré mis ciudades favoritas. Mantendré anclada en La Habana, mi alma y mi memoria.
Seré siempre yo, mejorado, renovándome, sin renunciar a principios, guardando intacta, la voluntad del primer día.
Mientras viva, sonreiré a la vida, cuidaré de mi alma y de mi cuerpo, ambos andarán por este mundo un largo trecho.

Mientras viva, que repito, será por mucho tiempo, estrenaré sonrisas cada día, amaré intensamente, disfrutando cada beso, cada orgasmo.
Haré travesuras de muchacho, aunque sume siglos a mi espalda.

Mientras viva, llevaré a Cuba, en el alma y en mis ojos, renovando día a día su recuerdo, tomándome el café de la esperanza!

Una Rosita, entre zarzuelas, operetas y recuerdos.

Visitarla en cada uno de mis viajes, se ha hecho costumbre, desde la primera vez que fui a verla, en el hospital, recién operada. Siempre recuerdo su emoción y el brillo de sus ojos, cuando le leí mi primer escrito sobre ella. Pasar unas horas disfrutando de su compañía, escucharla hablar de su vida y su arte, es un punto obligado en la geografía de mis viajes a La Habana.

Conversamos, siempre nos cuenta algo nuevo. Su larga y exitosa carrera, necesitaría muchas visitas para agotarse, para poder contarla toda. Visitarla, tiene siempre una magia especial para mi; la mujer que tantas veces admire desde la sala de mi casa o la platea de un teatro, se viste y maquilla, especialmente para mi. Nunca sabré, si entré yo, a su mundo o ella decidió ser parte material del mío.

Nos habló de cuando en Méjico, durante un intermedio, en el teatro, le dijeron que dos personas muy importantes la esperaban en el camerino; no quisimos que esperaran afuera, le dijeron. Abrió la puerta, ante ella, el músico y el libretista de Luisa Fernanda, la zarzuela en la cual ella hacia una creación del personaje de la Duquesa Carolina; vinimos a ver a la mejor Duquesa Carolina!  Le dijeron al verla, Rosita, con esa sencillez que la caracteriza, trato de restar meritos a su actuación en ese personaje; ustedes, no me han visto, como pueden decir eso! Dijo, mientras se sonrojaba, no la dejaron  hablar más. En Méjico, en España y en La Habana, todos los que la han visto, coinciden que usted es la mejor Duquesa Carolina! Afirmaron, mientras sus ojos se abrían de asombro, ante tanta belleza. Estoy seguro que no esperaban a una Duquesa Carolina, vestida de bataclana, mostrando unas piernas dignas no de una Duquesa, de una Reina!

Nos contó, como construía los personajes; no me limitaba solo a la parte vocal, si como en el caso de Luisa Fernanda, interpretaba a una Duquesa, pues asumía porte y gestos que caracterizaran al personaje. Mueve los brazos, gesticula, la Duquesa Carolina, se hace presente, por unos segundos.

Nos contó de La Viuda Alegre, de como la hacían repetir cada noche, la salida, la Ninfa y otras partes de la opereta, hasta 3 veces. El público no se cansaba de escucharla. En esta ocasión, nos recibió, vestida de negro, mientras hablaba, en mi imaginación, la cubrí de plumas y lentejuelas y la imagine, haciendo solo para mí, la salida de La Viuda alegre.

De la mano de Antonio Palacios debuto en zarzuelas. Una noche, finalizando la temporada, Ernesto Lecuona, fue a verla al teatro, se rindió a su arte y su belleza. Nos contó de la emoción que sintió cuando fue a felicitarla. A partir de esa noche, Rosita seria parte de la compañía de Lecuona, alternaría actuaciones con figuras consagradas. Cuenta, entre risas, como alternaba con otras cantantes; algunas, con más voz que yo, nos dice. Baja los ojos en su acostumbrado gesto de modestia y nos dice; sin embargo, el teatro se llenaba, cuando yo interpretaba el personaje. Es que el público, siempre me ha querido, dice Rosita. Me siguen queriendo, agrega, mientras una luz ilumina sus hermosos ojos; a veces, pienso que no he estado bien del todo, pero vienen, me felicitan, es el cariño que me tienen.

Nos habló, de como sigue vigente en el amor del pueblo, cuando va de compras o al teatro, siempre la reconocen, la saludan, le piden una foto. Será siempre, nuestra Rosita. Una rosa, que a punto de cumplir sus 90 años, aún se sube a un escenario, entre aplausos y ovaciones.

No vive anclada en el pasado, es parte del presente, se asombra y fascina con el avance de la tecnología. Su voz y su risa, no tienen edad, a veces, parece una niña traviesa, contando historias y riendo. Estoy seguro, que cada mañana, la vieja de mis historias, le da una taza de su café mágico; la esperanza, vive en ella, alienta en esta mujer, que juega con los años y los recuerdos, haciendo magia con su arte y su belleza.

Le pregunto; Rosita, algún deseo insatisfecho? Algo que quisieras ver, su voz adquiere un tono serio; Paz, José, que exista paz en el mundo, que se acaben las guerras, que nos dediquemos a cuidar la Tierra, a construir y no a destruir.

Antes de irnos, le leí mi escrito, “Una puesta de sol con Rosita“,  me pregunto si lo había publicado. Le expliqué que estaba en mi blog, en Internet; no todos tienen Internet, dice mientras busca el apoyo de mami; verdad que debe publicarlo? Le prometo que estará en mi libro, que le traeré un ejemplar dedicado, insiste de nuevo; debes publicarlo, lo espero. Rosita, se une a mis amigos, a mami, a mi musa transoceánica y a La Habana, reclamándome mi libro, saben que no podré negarme.

Nos vamos, con el goce interior de haber tenido, no una cita con Rosita, una cita con el arte, con la historia. Cada instante junto a ella, es un recuerdo de lujo, lo sabemos. En mi casa, en La Habana, comienzo a darle forma a este escrito. Mami, a mi lado, me mira y sonríe; escribiendo sobre Rosita, verdad? Hoy recién, convocado por una foto que un amigo me envío, recordé mi escrito sin terminar, solo corregí algunas palabras. Con mami a mi lado, desde La Habana y con el calor del beso de Rosita en mi mejilla, las musas bien pudieron tomarse un descanso. Gracias Rosita, por abrirme las puertas de tu casa y de tu alma!