Una adicción incurable.

Adiccion, tomada de la pagina, Yo extraño a Cuba y tu.
El centro de rehabilitación de adictos, estaba situado en un lugar céntrico, era amplio, rodeado de jardines. Después de enviar su solicitud de admisión, aguardar meses por su turno y de hacer una larga línea en la que tuvo que esperar más de 5 horas, por fin Manolo, recibió la identificación que le permitía libre acceso al lugar. Era miembro del centro de rehabilitación más conocido y prestigioso. No estaba muy seguro de poder curarse o disminuir al menos su adicción, pero quería intentarlo, probar suerte. En el fondo, no estaba muy seguro de querer curarse de su adicción, la disfrutaba.

Llego el momento de la primera reunión. Todos se reunieron en un salón inmenso, varios micrófonos estaban disponibles, grandes bocinas garantizaban un buen sonido, que todos pudieran escuchar.
El que dirigía la reunión saludo a todos los presentes, fue breve en su introducción a la sesión
– Nos hemos reunido para tratar de ayudarnos en nuestra adicción. Sabemos que no será fácil, requerirá esfuerzo, sacrificios, fuerza de voluntad, pero lo intentaremos. Recuerden que el primer paso para curar una adición, es reconocerla. Tienen ustedes ahora la palabra, no tienen que decir su nombre, solo reconocer su adicción y hablar de la última vez que sucumbieron a ella.

Todos se miraron, tenían miedo a ser el primero en hablar. Manolo, no lo pensó dos veces, tomo el micrófono, se puso de pie, su voz inundo el gran salón.

Soy adicto a Cuba, la última vez que pensé en ella, fue hace un segundo, antes de comenzar a hablar. Esta siempre en mi mente, aquí en mi corazón, se toco el pecho, señalando el sitio exacto donde tenía a esa Isla.

De pronto muchos se pusieron de pie, se escucharon cientos, miles de; Yo soy adicto a Cuba, I am addicted to Cuba, Je suis accro à Cuba, 我沉迷于古巴, Ich bin süchtig nach Kuba. Negros, blancos, amarillos, rosados, todos se ponían de pie y repetían la frase que los había reunido y convocado esa tarde.

El que presidía la reunión, pidió calma, intento que esta primera reunión del grupo de adictos, tuviera algún resultado positivo. Cometió un error al planificar la reunión, pensó que irían muchos cubanos, de esos que andan regados por el mundo, que por una razón u otra tuvieron que emigrar, a pesar del amor por su Isla. No tuvo en cuenta que esa adicción, era contagiosa, viral, que esos cubanos por el mundo, la habían contagiado a muchos. La adicción a Cuba, era un asunto mas complejo y difícil de resolver de lo que imagino. Estos adictos, disfrutaban su condición, la reconocían con orgullo, no tenían la más minima intención de curarse.

Manolo, aprovecho la confusión y volvió a tomar el micrófono.
– El punto es que ninguno de nosotros quiere curarse de esta adicción, la disfrutamos. Estoy convencido que todos vinimos no buscando una cura, vinimos buscando una vía para convertir nuestra adicción, en unión. Estamos cansados de extrañar a Cuba, de suspirar por ella. Cuba, es una realidad, existe, esta ahí, al alcance de la mano y de los sueños.

Los aplausos interrumpieron a Manolo. Un mar de banderas cubanas, agitadas al viento de la esperanza, inundaron el local.
Alguien, desde una esquina del local, comenzó a cantar; ¡Al combate corred bayameses! Todos se sumaron, un torrente de voces, en diferentes idiomas y acentos cantaba el himno de los cubanos, en un acto supremo de adicción a esa isla pequeñita en el mapa, pero inmensa en el recuerdo y el amor.

Manolo, avanzo hasta la presidencia de la reunión, sin usar el micrófono, su voz se escucho en todo el recinto.
– Yo sabia que esto iba a terminar así, por eso vine preparado, tengo una amiga, tiene un montón de años, que cuando supo de esta reunión me pidió les trajera este termo enorme con su café recién colado. Les juro que no hay otro café como este. Con orden caballero pónganse en la cola que hay para todos. Después del café, seguiremos hablando.

Saboreando el café de la esperanza, preparado especialmente para esa reunión, intercambiaban abrazos y saludos. Terminaron unidos todos en un gigantesco abrazo colectivo.

Saboreando el último buchito de café, Manolo volvió a hablar.
– Creo que todos tenemos claros que nuestra adicción, debe transformarse en acción, en ganas. Hermanos, que el amor por nuestra islita, sea la fuerza que nos impulse a hacer y convertir la esperanza en realidad.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

La soñadora de Pino Solo.

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Nos conocimos por medio de un gran amigo. Me habló de una muchacha que iba por las noches a The Place a vender un libro de poesías; su libro, su primer libro. Me la imagine de mesa en mesa, vendiendo poesías a personas pasadas de tragos, gentes que tal vez nunca leyeron un poema. Si hubiera estado en La Habana, seguro hubiera caminado por esas calles habaneras con una cesta inmensa cargada de libros, voceando por las calles; ¡Compre su libro de poesías aquí, acabadito de imprimir! Nada es capaz de detenerla.

Esta muchachita es de la gente que no se da por vencida, sabe lo que quiere y lucha por alcanzarlo, logro vender su libro. No le basto con eso, escribió otro libro de cuentos y lo publico. Ya esta trabajando en su tercer libro, me anticipó que será una novela. Con esas ganas que le pone a todo lo que hace, se que siempre tendrá un nuevo libro para sorprendernos y regalarnos.

No nació en La Habana, es pinareña, aunque jura que no tuvo nada que ver con la famosa concretera que dejaron dentro del cine en construcción. Mi amiga, es de uno de esos pueblitos perdidos en el mapa, que uno solo se entera que existen cuando conoce a alguno de sus habitantes. Ella, es sin dudas, la soñadora de Pino Solo, un pueblito que algún día le agradecerá por sus luchas y sus sueños.

Su sueño, es ser una gran escritora y lucha por hacerlo realidad. Sabe que para lograr algo, hay que luchar con uñas y dientes, para alcanzarlo. La vida no le ha regalado nada, solo unas ganas inmensas de escribir y una fuerza y tesón envidiables. Con esas armas lucha y batalla a batalla, libro a libro, va ganando la guerra por sus sueños.

Hoy, en el lanzamiento de su segundo libro, no fue del todo feliz, faltaban familiares imprescindibles junto a ella. Tal vez por eso le di muchos abrazos y besos, compensándola de otras ausencias, llenando vacíos que aún en una tarde de éxitos, son capaces de impedir la felicidad total.

La muchacha de Pino Solo, sabe inventarse sueños y usarlos para curar tristezas y secar lágrimas. Le gusta reír, ella y yo sabemos que reír aleja penas y renueva almas, hoy reímos juntos. Compartir carcajadas y sonrisas, multiplica la alegría, nos cambia el estado de animo. Siempre lo digo, reír, debería ser obligatorio, al menos una hora al día.

La soñadora de Pino Solo, seguirá andando su camino, nada le hará perder su asombro de niña grande. Seguirá sonriendo a pesar de tristezas escondidas, no dejara nunca de escribir. Sus lectores, sus amigos y Pino Solo, se lo agradecerán siempre.

El libro Relatos de la Mrs Lopez, de Dania Ferro, puede adquirirse en Amazon.

Perdido entre recuerdos.

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A veces, me pierdo en los recuerdos,
Me busco y desespero al no encontrarme,
Ignoro donde oculto de mi mismo, me escondo del presente y del futuro.

Perdido entre días pasados, caricias y besos que negué,
Me busco sin hallarme, me grito enloquecido, buscándome, escondido en recuerdos muy pequeños, pero míos.
Mientras, me oculto en una carta que no escribí, por miedo a la respuesta, al desconsuelo.

Me miro sin verme, me llamo sin respuesta,
Salgo a la calle y al mundo, llamándome en cada esquina del recuerdo.
Me hago el sordo, me engaño, no respondo a mis gritos.
Sigo perdido de mi mismo, es difícil esconderse de uno mismo,
Perderse en los recuerdos.

Tomo el color de fotos viejas, me busco en ellas, no me encuentro,
Reviso mis escritos, uno a uno, entre palabras, seria el sitio perfecto, para perderme un día. Ellas me ocultarían de miradas, de búsquedas y luces. Protegerían mis ganas de esconderme en los recuerdos, perderme entre ellos para siempre.

Cansado de buscarme sin hallarme, me iría hasta La Habana, escucharía voces y ruidos familiares. Sin saber como, mis pasos me llevarían hasta mi madre, todos mis caminos conducen hasta ella.
Allí, entre sus brazos, protegido de vientos y tormentas, me encontraría a mi mismo y sonriendo, diría al oído de los siglos, que ganas de quedarme en este sitio, para siempre.

Planeta Tierra, informe final.

Planeta Tierra, fotografia tomada de Google.
Regresó de su largo viaje de inspección y exploración, se sentó a escribir su informe. Debía rendir cuenta de lo observado. Su visita al planeta seleccionado por el alto consejo de las ciencias había sido cuidadosamente planeada hasta el último detalle. Se sentía cansado y confundido, debía cumplir con la parte final de su misión. Tendría que dejar a un lado sus emociones, ser imparcial. Su informe decidiría la integración o no de ese planeta a La Gran Unión Planetaria, no podía equivocarse, no tenía ese derecho.

Creo que en el planeta seleccionado, hay un nivel de vida inteligente que podría ser compatible con la Unión Planetaria. Quiero exponer algunos puntos que deben influir en esta decisión.

No tengo dudas, son personas trabajadoras y creativas, sin embargo contradictoriamente, le dan un valor extraordinario a unos papeles verdes que pueden cambiar por diferentes productos. Las personas que acumulan más de esos papeles verdes, son las más respetadas y admiradas, no se tienen en cuenta sus virtudes. La cantidad de papeles verdes que guardan en los lugares llamados bancos, deciden el lugar de las personas en la sociedad. Lo que necesitan para vivir, alimentos, ropas y otros objetos, se cambia por esos papeles verdes. Es esto nos diferenciamos, en la Unión Planetaria, cada persona va y toma lo que necesita, sea comida, ropa, algo para el hogar; no acumulamos lo que no nos es necesario, terminaría estorbándonos.

Estas personas, trabajan no por el interés de crear y desarrollarse, su meta es obtener esos papeles verdes, garantizarse un lugar más importante en la sociedad, acumular productos y objetos a cambio de ellos. Objetos y productos que muchas veces no necesitan, ni usan.

Este planeta, esta dividido. Hablan diferentes idiomas, esas divisiones que ellos llaman países, tienen diferentes gobiernos e ideologías. A veces pelean entre si, se destruyen unos a los otros. Es algo que no entiendo muy bien. En ocasiones dicen que son hermanos y otras se lanzan bombas, se aniquilan. Es triste.

Dentro de los países, también hay divisiones. Grupos que luchan por el poder, discuten entre si. A veces, esas discusiones, les importan más que el desarrollo del país que dicen representar, son testarudos y contradictorios, imprevisibles.

Construyen, trabajan duro y después destruyen. Mi opinión personal basada en el tiempo que conviví con ellos es que el origen de todos sus males esta en esos papeles verdes a los que les dan una importancia desmedida.

Su inteligencia y creatividad están fundamentadas en sus obras de todo tipo, al respecto no tengo dudas. Su capacidad de amar es grande, así como la de odiar, dos sentimientos que terminan haciendo daño a quien los alberga; no se puede amar y odiar a la vez sin autodestruirse.

A pesar de sus adelantos tecnológicos y sus logros artísticos, son un planeta primitivo en efervescencia y crecimiento.

En caso de aprobarse su integración a La Unión Planetaria, deberían destruirse todos los papeles verdes, enseñarles un solo idioma, borrar fronteras, hacer crecer en ellos el amor y matarles el odio. Solo así podrían convivir en la Gran Unión.

Pido a La Unión Planetaria que en caso de no ser aprobada la integración del planeta Tierra, me envíen en misión permanente a vivir con ellos. No podría vivir sin ayudarlos, sin compartir su suerte.

Fotografia tomada de Google.

Un tipo duro.

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Manuel, siempre se considero un bárbaro, un machazo. Cuando reía su diente de oro brillaba como reafirmación que era un tipo duro, un hombre a to’. Siempre fue el primero en reunirse en la esquina a mirar las mujeres pasar y meterse con ellas. Vivía convencido que era un bárbaro, el mejor en la calle y en la cama. Cuando tomaban ron, era el que mas aguantaba, quien ha visto a un hombre de verdad dejarse tumbar por una botella de ron, por muy malo que sea. Así creció, convencido de su “hombría”, de ser un tipo duro, de la calle.

Juanita creció, sufriendo a un padre autoritario y abusador que golpeaba a su madre y la maltrataba a ella y a sus hermanos. Cuando cumplió 16 años, conoció a Manuel. Le gusto su aspecto, su caminar seguro. Una noche, después de hacer el amor, Manuel le dijo:
– ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? Desde que mi abuela murió, vivo solo en esta casa, me gustaría tenerte siempre aquí, esperando por mí, atendiéndome.

Juanita, no lo pensó 2 veces, a la mañana siguiente recogió sus cosas y se mudo con Manuel. Se sintió libre de su pasado, de maltratos y abusos. Amanecer abrazada a Manuel, la hacia muy feliz. Se acabaron las peleas y las borracheras de papá, ahora podré vivir tranquila, pensó Juanita esa mañana al lado de Manuel.

Es cierto que Manuel a veces llegaba tarde y borracho, pero nunca le había levantado la mano. Peleaba por la comida y cuando no tenía la ropa limpia y planchada, pero era bueno en la cama y desde que estaba con él, nada le faltaba. Ella trataba de complacerlo en todo, como siempre vio a su mamá hacer con su papá, en cierto modo lo quería, aunque también le temía.

Cuando tenían 6 meses viviendo juntos, una amiga le llevo una planilla para un curso de cajera en tiendas de área dollar. Muerta de miedo, pero con la esperanza que aceptara que ella trabajara en la calle, Juanita le enseño la planilla a Manuel.
– ¿Y esto que coño es?
– La planilla para un curso, pagan bien y siempre se resuelve algo en esas tiendas.
Manuel la miro, rompió la planilla, le dio un galletazo en pleno rostro y le grito.
– Tu lugar es aquí, atendiéndome, en la cocina. Como te atreves a pensar en trabajar, tu trabajo es aquí en la casa esperando por mi, si no te gusta, coge la puerta y vete.
Le grito Manuel, mientra tiraba la puerta de la sala y se iba para la esquina a reunirse con sus amigos.

Juanita, lloró toda la tarde, convencida que todos los hombres eran iguales y las mujeres tenían que aguantarle todo, hasta golpes, si querían tener un marido al lado.

Un domingo, en la casa de al lado, se mudaron dos hombres jóvenes. Vestían muy a la moda y siempre estaban muy arreglados, en pocos días transformaron la casa, dándole un toque diferente. Juanita, se hizo amiga de ellos, conversaban por el muro del patio. Eran muy educados y correctos al hablar. Juanita, nunca había tratado con personas así, terminaron haciéndose grandes amigos. Lo único que no le gustaba de ellos es que no estaban de acuerdo con ella en eso de aguantarle todo a un hombre. Cuando les contó que Manuel a veces le pegaba, se indignaron, le dijeron que no debía permitírselo que eso era un abuso. Esas ideas de los vecinos nuevos, confundían a Juanita.

Una tarde, cuando llego Manuel del trabajo, mientras ella le quitaba los zapatos y le ponía las chancletas, él le dijo.
– ¿Y esa blusa y ese peinado nuevo que te hiciste? ¿Donde estuviste?
– Fui un momentito mientras ablandaba los frijoles a visitar a los vecinos nuevos. Uno de ellos me regalo esta blusa, la estaba vendiendo, pero me la regalo. Me dijeron que si me recogía el pelo, luciría mejor, quise arreglarme para ti.
– Ven acá, acércate.
Cuando Juanita estuvo al alcance de su mano le dio una galleta, mientras con la otra mano le desbarataba el peinado y le arrancaba de un tirón la blusa nueva.
– Lo único que me faltaba, que mi mujer se haga ahora amiga de los maricones de al lado. Como te vuelva a ver hablando con ellos, te reviento, ¿¿entendiste??

Juanita, no dijo nada, le sirvió la comida a Manuel y comió poco, en silencio. En su cabeza daban vueltas las palabras de sus nuevos amigos; no tienes porque soportar golpes y maltratos, eso es un abuso, si los aguantas es porque quieres o por miedo.

Era la primera vez que desobedecía a Manuel, siguió conversando con sus nuevos amigos. Le gustaba escucharlos, le hablaban de un mundo diferente. Luisito, le contaba que sus padres nunca habían discutido, no recordaba una pelea entre ellos. Esas historias, le parecían cuentos de hadas a Juanita, les gustaba oírlas, pero no las creía del todo.

Luisito, una tarde le dijo.
– Sabes, conozco a Roberto, si un día te oye gritar cuando te golpee Manuel, es capaz de hacer una locura, ese no le tiene miedo a nadie y no soporta las injusticias.

Una noche, Manuel llego tarde, pasado de tragos y con manchas de crayón de labios en el cuello. Juanita, lo miro y sin saber como, de sus labios salieron las palabras fatales.
– ¿Donde estabas? Son pasadas las 12.
Manuel, la miro sorprendido, del primer golpe la tiro contra la mesa. El estruendo se escucho en todo el barrio. Cuando Manuel iba a darle una patada a Juanita que lloraba en el suelo, la puerta de la cocina se vino abajo. Roberto se enfrento a Manuel, retándole. Manuel, sorprendido miro a Juanita.
-¿Que es esto? Ahora tus amigos maricones vienen a defenderte.
– De los dos, el maricón eres tú, que abusas con una mujer. Le grito en la cara Roberto.
– Con una mujer y contigo, ¡que pinga te pasa!!!
Todo paso muy rápido, un solo piñazo de Roberto le partió la cara a Manuel que cayo al piso sangrando y quejándose del dolor.
– Si quieres mas, me avisas, porque yo me quede con ganas de seguirte dando. Le grito Roberto.

Roberto miro a Juanita, la ayudó a levantarse del suelo.
– Vamos, recoge tus cosas, no puedes seguir viviendo con este animal, vente con nosotros.
– ¿Con ustedes?
– Claro, para eso están los amigos, no lo pienses mas, tienes derecho a una mejor vida, a encontrar un hombre de verdad, que te quiera y respete.

Manuel, pensó que Juanita, no se atrevería a dejarlo, estaba muy seguro de si, a pesar de la cara partida, de dos dientes flojos y de la sangre corriéndole por la cara. Vio a Juanita entrar al cuarto y volver a salir con un bulto con sus cosas, ni adiós le dijo, no miro para atrás.

Allí en la casa de al lado, poco a poco Juanita empezaba una nueva vida, ayudada por sus dos amigos diferentes. Poco a poco se encontraba a si misma, aprendía a confiar en su fuerza y su valor.

Manuel, siguió con sus borracheras y de vez en cuando metía alguna mujer en la casa. Le duraban poco, no todas están dispuestas a soportar golpes y maltratos.

Una tarde, mientras leía el periódico, leyó unas noticias sobre el matrimonio gay y la igualdad de derechos. Salio corriendo para la esquina, busco a sus amigos.
– Tenemos que hacer algo, lean esto, ¡Matrimonio gay! Seria el colmo, tenemos que reunirnos e ir a protestar eso es un disparate, ¡Que coño se habrán creído los mariconcitos estos!

Las manos de mamá.

IMG_0001 (2)Escucho una canción ‘Las manos de mi madre”, se revuelven recuerdos, emociones. Pienso una vez mas en esas manos mágicas, todopoderosas, capaces de acortar distancias, burlarse del tiempo y traernos una caricia en el momento justo. Incansables, no toman descanso, tejen sueños.

Hace tiempo quiero escribir sobre las manos de mamá, esas manos milagrosas, únicas. Manos capaces de desenredar penas, bajar fiebres, sanar heridas, tejer sueños. Muchas veces me he sentado a dar forma a ese escrito imaginado, no he podido. Las palabras escapan, huyen de mi mente y mis manos, como diciendo en su gesto; ¡Las manos de mamá! Demasiado para nosotras, tendríamos que pedir ayuda, multiplicarnos, crecernos. Hoy decidí atar las palabras a mis manos, no dejarlas escapar. Después de una semana necesitando, a cada instante, las manos de mamá, me debo a mi mismo, terminar este escrito.

Ignoro en que momento unas manos comunes, formadas por tejidos, tendones y huesos, adquirieron poderes mágicos. No se en que instante ocurrió la transformación, pienso que ese cambio comenzó a gestarse desde el minuto exacto que en el interior de la mujer, se engendro una nueva vida. Sabia que unas manos comunes no bastarían para enfrentar los días por venir, miro al cielo, elevo sus manos y un rayo de luz, las fue transformando, le dio poderes especiales.

Las manos de mama, se bastan para aliviar dolores, sanar heridas, bajar fiebres. No hay dolor físico ni del alma que se le resista. Si las manos de mamá, nos acarician, nos dan su toque mágico, sabemos que todo estará bien.

No importa lo difícil del momento, que el abismo se abra a nuestros pies, las manos de mamá, se bastan para salvarnos, para cerrar abismos, desaparecer dificultades y penas.

Las manos de mamá, saben de viajes, no creen en distancias. Si mamá sabe que su hijo enfermo o triste, necesita una caricia, un toque mágico que le devuelva la salud y la alegría, hasta el, llegaran esas manos, a deshacer tristezas, a vencer enfermedades. Esas manos tienen vida propia, conocen hechizos y conjuros, no las detiene el mar ni las montañas.

En estos días de fiebres y malestares, oculté a mi mama, mis dolencias físicas, no quería preocuparla, darle una pena más. Justo el día antes de mi cumpleaños, me llamo, quiso ser la primera en desearme felicidades, que su beso, como siempre, fuera el primero en mi mejilla y mi alma. No pude ocultarle la gripe que me estaba torturando, mi voz tomada y una tos que interrumpía nuestra conversación, me hubieran desmentido. Recuerdo sus palabras; mañana vas a estar mejor, no vas a tener más fiebre mi hijito. Conjuro, oración o hechizo, así fue. Desde La Habana, las manos de mama, hacían el milagro y pude pasar un 28 de marzo, tranquilo y feliz, sin fiestas, ni celebraciones, pero al menos sin fiebres, ni malestares que me obligaran a guardar cama.

Desde la distancia, las manos de mamá, movilizaba amigos, me enviaba sopas de pollo, los hacia llamarme a cada instante, hasta mejunjes e inventos para la gripe me hicieron tomar. Créanme amigos y desconocidos que en esas noches que la fiebre pasaba los 40 grados, sentí muchas veces en mi frente y mi pecho las manos de mamá, no estuve solo nunca, ellas hacían el milagro de acompañarme y cuidar de mi.

Cuando la fiebre fue muy alta, no se si fueron delirios, visiones o realidades, imaginaba a La Habana corriendo a mi casa, allá en Playa, tocando a la puerta en plena madrugada.
– Vamos Concha, nuestro hijo nos necesita, ven conmigo hasta el Malecón.
Desde el muro de todos, mi madre, sostenida por mi ciudad, levantaba sus manos al cielo y oraba por mí. Mientras yo, acá en mi cama, sentía una luz y un calor que me daban la certeza que todo estaría bien; las manos de mamá, estaban conmigo.