¿Concierto o reunion de amigos?

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Soy de los que creen que uniendo fuerzas y voluntades, todo es posible. Pertenezco al grupo de los que ayudan a los demás, sin esperar nada material a cambio, ni siquiera agradecimiento; solo el goce interior que da saber que se ha actuado bien. Dar una mano a quien lo necesita nos hace crecer como seres humanos, nos eleva a un plano superior.

El exilio no es, ni puede pretender ser, pretexto para que tiremos cada uno para nuestro lado, buscando solo nuestro interés. Emigrar, no nos puede hacer peores seres humanos, al contrario, enfrentar y vencer juntos dificultades, nos hermana y consolida como cubanos dondequiera que estemos. Hay muchos que no piensan así, que no dan su tiempo, ni tienden su mano si no hay una ganancia material, los mueve el interés personal. Su lado humano quedo del otro lado al cruzar el mar, se negó a exiliarse y quedo allá, entre palmeras y sinsontes, olas y sueños.

Anoche asistí a un concierto especial, diferente, un concierto donde muchos pusieron un granito de arena para ayudar a una amiga. Los comentarios que precedían al concierto lo anunciaban así; seria una noche entre amigos, entre amigos y cómplices. Todos unieron su esfuerzo en dar luz y brillo a una figura de la canción cubana que intenta abrirse camino, a golpe de tesón, fuerza, voz y unas ganas inmensas de hacer, de este lado del mar.

No podré definir exactamente la presentación de María Antonieta en Alfaro’s como un concierto oficial o una reunión de amigos en una sala a compartir arte y afecto. La naturalidad y desenfado de María Antonieta, su gracia criolla, su picardía, su derroche de cubanìa, transformo el local y a nosotros que cedimos a su embrujo, convirtiendo la noche en fiesta y tertulia de amigos, mas allá de guiones y ensayos.

Recién llegar a un país, decidirse a emigrar, volver a empezar cada día, no es fácil, todos lo sabemos. Por suerte María Antonieta ha sabido cultivar amistades y afectos, darse a querer y sus amigos le devuelven ese cariño, le dan la mano necesaria para ayudarla a ocupar el sitio que su arte y talento merecen. Durante el concierto agradeció a los que la han ayudado, desde los músicos que no le cobraron los arreglos musicales, hasta los amigos que la ayudaron a vestir y a lucir aún más bella, los productores y directores, a los presentes por su apoyo, a todos por su aliento.

Reconforta saber que uniéndonos podemos salir adelante, ser mejores y mejorar el entorno. Recuerdo las versiones de María Antonieta, en especial la de “Accidente” de Tony Pinelli, que obligo al público a ovacionarla de pie. Miro las fotos que tome y la recuerdo bella y vital, desbordando el escenario, agrandando y transformando el local a su influjo, convirtiéndolo en sala de casa, teatro, Stadium. También y de un modo especial, recordare a todos los que la apoyaron en este concierto, sin esperar nada material a cambio, solo su afecto y cariño, por el disfrute sincero de hacer el bien, de ayudar a uno de nosotros.

Sin dudas, un concierto diferente, donde sus amigos, junto a ella, la ayudaron a alcanzar la nota mas alta, la que da saberse querida, admirada y apoyada. Continuara luchando por imponerse en el difícil mundo del arte en nuestra ciudad, sin temores ni miedos, como una leona dulce y cariñosa, cabalgando segura en los hombros de amigos y admiradores.

Dos hermanos.

hermanos fotografia tomada de google
Eran hermanos, de padre y madre, casi gemelos, sus mapas genéticos eran casi idénticos. Ambos nacieron en Maternidad Obrera con solo un año de diferencia. Fueron amamantados por los pechos de su madre, una mujer que quedo viuda muy joven, cuando su hijo mayor tenía solo 3 años. Asistieron a la misma escuela. Sus vidas parecían coincidir. Muchos aseguraban que Luisito y Manolito, serian siempre inseparables, de esos hermanos que nada ni nadie puede separar, solo la muerte.

Fueron niños pobres, en uno de esos barrios habaneros donde todas las casas y las familias se parecen; la pobreza, a veces, elimina diferencias. Su madre, con mucho sacrificio, logro terminar los estudios de técnico medio, eso le garantizo un aumento de sueldo, no mucho, pero cuando se tiene muy poco, todo es relativo; lo poco puede ser mucho y se agradece.

Su madre fue madre y padre para ellos, nunca volvió a casarse. El recuerdo de su primer esposo y su dedicación por sus dos hijos, no le dejaban tiempo para romances. Era una mujer hermosa, se arreglaba, pero solo por sus hijos, para agradarles. Hizo oídos sordos a piropos y propuestas, su mundo eran sus dos hijos, esos niños que ella se empeñaba en vestir iguales, como si fueran gemelos.

Como en todas las historias, paso el tiempo. Luisito y Manolito crecieron, los años, los sueños y aspiraciones los fueron separando poco a poco, haciéndolos diferentes. Luis, siempre fue muy estudioso, se gradúo de ingeniero mecánico. Era un tipo sencillo, soñaba con una buena mujer que le diera hijos y amor, mucho amor. Una mujer que cuando su madre estuviera viejita y no pudiera valerse, lo ayudara a cuidarla, con parte de ese amor que los uniría. Luis, quería una mujer que se pareciera a su madre, linda, buena, decente y sencilla. Era feliz con su trabajo, no le importaba pasar el día con las ropas sucias arreglando cualquier maquinaria. Si algo se rompía, era el primero en tratar de arreglarlo, su trabajo era su pasión.

Manuel, dejos los estudios universitarios en el primer año. Un amigo le propuso irse a trabajar en turismo. Si era hábil, podría hacer dinero y disfrutar de un Standard de vida elevado. Quería ser un tipo importante, tener mucho dinero. Se imaginaba viviendo en una buena casa y teniendo dos o tres amantes, era un tipo mujeriego, tal vez demasiado. Cuando llevaba un año en el nuevo trabajo, se compro un apartamento en una zona más céntrica de La Habana, se mudo solo.

Luis y Manuel, apenas se veían, solo algún que otro domingo cuando almorzaban en casa junto a su madre. Un día, mientras servia el potaje, su mama les dijo:
– Después de almuerzo, tenemos que hablar, es algo serio que puede cambiar nuestra vida para siempre.

Termino el almuerzo, mientras saboreaban el café, su mama se sentó frente a ellos y les dijo.
– ¿Recuerdan a su tío Francisco, el hermano mayor de su papá? Hace años vive en Miami, le ha ido bien, me llamo hace unos días. Si ustedes aceptan, nos manda a buscar a los 3. Nunca pensé en irme, pero por ustedes lo haría. La fabrica de Luisito esta a punto de cerrar y tu Manuel, hace dos meses que te despidieron del trabajo y estas pendiente de un juicio por el faltante que encontraron en el almacén del hotel. No quiero una respuesta ahora, piénsenlo bien y después me dicen.
– No tengo nada que pensar mamá, ¡nos vamos! Es tremenda oportunidad y no podemos dejarla escapar. Dijo Manuel entusiasmado con la idea.
– Tengo que pensarlo mamá, las cosas andan mal en el país y nunca he sido comecandela, pero eso de irme y vivir en un país extraño, hay que pensarlo muy bien.
– No hay apuro mi hijo dijo su mamá, mirándolo a los ojos. Solo recuerden, nos vamos los tres juntos o nos quedamos los tres, ese fue el acuerdo con Francisco.

Pasaron los días, los dos hermanos volvieron a reunirse en el almuerzo del domingo. Al terminar, el primero en hablar fue Luis.
– Ustedes saben que esta idea de irme no me convence mucho. Preferiría quedarme, si la fábrica cierra, buscar otro trabajo, esto no me gusta mucho, pero es mi país y confío en que un día las cosas mejoren. También se que tu mamá, no soportarías si meten preso a Manuel y quiero evitarte ese disgusto, verte sufrir me destrozaría, ¡nos vamos! Llama al tío Pancho y arregla todo.

Una noche una lancha rápida los recogió en el sitio exacto donde les indico el tío. El viaje fue rápido. Después de los trámites de rigor, el tío Francisco los recogió. Se saludaron entre abrazos y besos. Subieron al auto del tío.
– Estarán en la casa de huéspedes por un tiempo, hasta que puedan independizarse. Mientras tanto, no tienen que preocuparse por nada, yo me ocuparé de todo.

Al día siguiente el tío, los llevo a comprarse algunas ropas. Luis, eligió para él ropas sencillas, solo lo necesario, ayudo a su madre a elegir sus ropas y zapatos, quería verla hermosa. Manuel, solo se fijo en las ropas de marca, hasta le pidió al tío unos zapatos Ferragamos.

A los pocos días Luis hablo con su tío.
– Quiero empezar a trabajar pronto tío, soy ingeniero mecánico, podría trabajar en cualquier factoría. Ayúdame en eso, quiero rentar un apartamentico y llevarme a mamá conmigo, ya has hecho bastante por nosotros.
– Para mi, es un gusto tenerlo aquí, pero se que es solo temporal, mañana salimos a ver a un amigo mío que tiene dos o tres factorías, en alguna hará falta un buen mecánico.

Luis, empezó a trabajar. Enseguida se gano la confianza del dueño que término dándole cada día más responsabilidades. Al mes, le subió el sueldo, no era mucho, pero para un recién llegado era bastante.

A los dos meses, Luis converso con su madre y su hermano.
– Tengo un dinero ahorrado y ya vi un apartamento para rentar. Podemos mudarnos los tres juntos, si tú quieres irte con nosotros Manolo.
– No, no he pensado en irme por ahora y cuando lo haga, me mudare solo. Cuando tenga un dinero reunido comprare un buen apartamento en una buena zona, múdense ustedes, yo me quedo.

Su madre miro muy seria a Manuel, sus ojos estaban húmedos cuando le dijo.
– Como has cambiado hijo, a veces ni te reconozco. Quédate aquí, yo me voy con Luisito, ya Francisco ha hecho bastante por nosotros y no quiero abusar. Cuando quieras nos mudamos Luisi. Dijo con lágrimas en los ojos.

El nuevo apartamento era sencillo, pero cómodo. Tenia dos cuartos y un pequeño balcón. El tío Francisco, les regalo unos muebles y los ayudo en la mudada. La primera noche Luis y su mamá durmieron juntos. Amanecieron abrazados, ella se levanto, hizo café y se lo llevo a la cama.
– Ahora si empezaremos una nueva vida mi hijo. Se que poco a poco iremos mejorando. Sabes anoche durmiendo contigo, recordé cuando eran niños y se metían en mi cama cuando tenían pesadillas. Solo faltaba tu hermano, pero decidió coger otro rumbo, le pido a Dios que lo guíe y lo mantenga por el buen camino.
Se abrazaron, Luis termino sentándola en sus piernas y besándola.

A Luis, cada vez le iba mejor en el trabajo, el dueño, le dio otro aumento.
– Serás el manager general, siempre he estado al frente de todos mis negocios, pero por vez primera encontré a alguien honrado y capaz, se que puedo confiar en ti, no me defraudaras, lo se.

Luis, llego feliz a su casa, se sorprendió de ver a su madre llorando y triste.
– ¿Que pasa mamá, alguna mala noticia de Cuba?
– No mi hijo, hoy me llamo Francisco. Le dijo a Manolito que tenia que mudarse, dice que esta seguro que anda en negocios turbios, se compro un carro caro y sigue sin trabajar. Dice que no puede arriesgarse a seguir teniéndolo en su casa, que si tiene dinero para un carro así, que se mude solo. Le da pena con nosotros, pero no puede verse envuelto en nada sucio, tiene un nombre y prestigio que cuidar. Llame a tu hermano al celular, pero no me respondió la llamada.
– Tranquila mamá, yo lo voy a llamar y pedirle que venga el domingo a almorzar con nosotros, como hacíamos en Cuba.

Luis, llamo a su hermano, conversaron un rato, su madre intento escuchar algo pero no pudo, solo alcanzo a oír el final; entonces el domingo pasas por acá y almorzamos juntos.

El domingo, a la hora del almuerzo, llego Manuel, vestía ropas de marca y tenia puesto un reloj carísimo. Su madre lo recibió con un beso y un gran abrazo. Mientras lo abrazaba, su rostro de espalda a todos, reflejaba angustia y dolor. Las madres siempre lo adivinan y presienten todo.

Mientras tomaban el café, Manuel le pregunto.
– ¿Donde estas viviendo? Sabes que para acá puedes venir cuando quieras. Mamá estaría feliz de tenerte aquí, no tenemos lujos, pero nada nos falta.
– No gracias, estoy viviendo con unos amigos hasta que cierre la compra de un apartamento en la playa, creo que será pronto.
La madre, interrumpió la conversación entre los hermanos.
-¡Comprando un apartamento en la playa! Con qué dinero mi hijo, si no tienes trabajo, por Dios no me asustes, tú no estarás metido en algún negocio sucio. Mira que esto no es Cuba, ni hay otro tío que nos mande una lancha.
– Tranquila mamá, son negocios limpios, este país es para la gente como yo, gente hábil, inteligente, sin miedo. En un par de años estaré muy bien, súper bien, ya veras.

Manuel se despidió, Luis insistió en acompañarlo hasta el auto, allí, lejos de la madre, donde nadie podía escucharlos le dijo.
– A mi no me engañas, tu andas en algo sucio y bien sucio, nadie se compra un apartamento en la playa y un BMW, al año escaso de estar aquí. Lo que hagas con tu vida, es asunto tuyo, pero si haces sufrir a mamá, te mato coño, ¡te lo juro!

Manuel, subió al auto sin responder, nunca más se vieron, ni siquiera hablaron por teléfono.

Manuel, solo llamaba a su madre una vez al mes, para saber como estaba, no la visito más. Se olvido de su familia. A pesar de estar metido hasta el cuello en negocios sucios, tuvo suerte, hizo dinero y mucho, nunca tuvo problemas. Sin saberlo él, las oraciones de su madre a la Caridad del Cobre, lo protegían. Compro casas, propiedades, invirtió en negocios, hasta termino metido en la política.

Un día, Manuel conoció a una muchacha cubana, recién llegada. Isis era linda, como un sol. Cuando llegaba a un lugar todos la miraban. Se deslumbro con ella y se decidió a conquistarla. Iba todos los días a almorzar al restaurante donde trabajaba de camarera para verla, le dejaba siempre muy buenas propinas y le decía piropos. Un día le dio su tarjeta personal, escribió por detrás, llámame.

Isis, lo llamo y salio algunas veces con él. No llegaron a nada serio, era de las que no se vendían, el mundo que Manuel le ofrecía, no era para ella.

La vida a veces juega con nosotros, es como un carrusel o una montaña rusa. Una tarde de domingo, Luis llevo a su mamá a almorzar al restaurante donde trabajaba Isis, la muchacha que había deslumbrado a Manuel y a otros más. Luis, se quedo mirándola, cuando ella se acerco a la mesa y pregunto.
– ¿Que quieren?
Luis, solo dijo.
– Lo que tú quieras.
Se rieron como bobos, así pasaron el tiempo que duro el almuerzo, mirándose y riéndose. A Isis, le gusto ese hombre varonil y atractivo que cuidaba de su mamá como si fuera su novia. A veces durante el almuerzo, le tomaba la mano y le daba un beso, eso la conmovió. Isis había perdido a su madre un mes antes de salir de Cuba. Antes de irse, Isis y Luis, intercambiaron números de teléfonos, pasaron la semana hablando. Quedaron en salir el viernes en la noche.

Isis y Luis, parecían hechos el uno para el otro, a los pocos días de estar saliendo, Luis, le propuso matrimonio.
– Se que es muy pronto, pero también se que eres la mujer que llevo una vida buscando, esperando por ti. Quiero que seas la madre de mis hijos, que nos muramos juntos un día, muy viejitos, mientras nos besamos.

Isis, acepto, Luis era el hombre que siempre soñó, hasta imaginaba que su madre desde el cielo, lo había traído hasta ella.

Luis, le dio la noticia a su mamá que la recibió feliz, sabía que ganaría una hija y que su hijo seria muy feliz.

Isis, dejo el restaurante, comenzó a estudiar Ingles y a trabajar part-time en una de las factorías del mismo dueño de la que administraba Luis.

Cuando faltaba un mes para la boda, fueron los tres a almorzar en el restaurante donde se habían conocido. Luis llevaba del brazo a su madre y a su novia, se sentaron a la mesa, ordenaron. Mientras almorzaban, Manuel llego acompañado de una rubia despampanante con un escote que solo ocultaba lo imprescindible. Todos, aunque por razones diferentes se sorprendieron.
– ¡Que casualidad mi hijo y que bueno que te veo! Ven dame un beso, creo que los dos lo necesitamos.
Manuel, estaba pálido, beso a su madre. Luis le presento a Isis, su futura esposa, nadie se dio cuenta que Manuel contraía el ceño y se mordía los labios. Su, mucho gusto, fue forzado, casi inaudible. Se sentó en otra mesa, con la mujer que le acompañaba y que no se atrevió a presentar.

Cuando Isis se levanto para ir al baño, Manuel fue tras ella y lejos de las miradas de su madre y su hermano le pregunto.
-¿Por qué lo elegiste a él y no a mi, que puse el mundo a tus pies? ¿Por que?
– Primero, no sabia que era tu hermano, lo supe hoy y me sorprendí tanto como tú y sabes por que lo preferí a él, porque en este mundo Manuel, el dinero no lo es todo, la gente vale por quien es y no por lo que tiene.

Después de la boda se mudaron los tres para la casita de 3 cuartos que Luis había comprado con sus ahorros. Cuando nació el primer hijo, le pusieron Francisco. Cuando nació la niña, le pusieron Esperanza, como su abuela.

Fotografia tomada de Google.

El hombre que olvido su patria.

Ola tomado de Yo extraño a Cuba y tu.
Nació en un barrio habanero, uno de los tantos que aunque parecidos entre si, son todos diferentes. Asistió a una escuela primaria cercana a su casa. Los niños se burlaban de él, por el color azul intenso de sus ojos, sus labios rojos, de un rojo parecido a la sangre y su piel extremadamente blanca; muchos le decían el tricolor.

Carlos, al crecer, siguió siendo blanco de burlas, no solo por el color de sus ojos, labios y piel. Su amaneramiento, su afición al ballet y a vestir extremadamente a la moda, no encajaban en el entorno que le rodeaban.

Cuando estaba en el 2do año de la carrera, un día lo citaron a una reunión.
– Pensamos, dijo muy serio el que presidía la asamblea, que tu conducta y maneras no encajan dentro de un colectivo como el nuestro, es mas creemos que eres un mal ejemplo.

Carlos, quiso hablar, pero no lo dejaron, su suerte había sido decidida antes de efectuarse la asamblea. Fue expulsado de la Universidad. Sus sueños de ser medico, se esfumaron. Con mucho sacrificio logro graduarse de enfermero años mas tarde, algo es algo, pensó Carlos, al menos del lobo, un pelo.

Carlitos, era un tipo fatal, justo al mes de estar trabajando en el principal hospital de la ciudad, un domingo en la tarde, decidió ir al teatro. Bailaba su bailarina favorita el rol principal del Lago de los cisnes. Nunca pudo ver la función, cerca del teatro lo paro la policía, lo montaron en un camión. Junto a él, otros más que esa tarde no verían fouettes y vaquitas, solo maltratos, fotos y expedientes de peligrosidad.

Lo expulsaron del hospital al saber de su detención y procesamiento por peligrosidad. Meses después comenzó a trabajar en el policlínico del barrio, gracias a una amiga de su mamá que lo ayudo. El día antes de empezar a trabajar su mamá le dijo.
– Mi hijo no te vistas muy extravagante para trabajar, a mi, no me importa, pero Elena me lo pidió como condición para resolverte este trabajo, por favor.
– ¡Ay mamá este país de mierda que me tocó! Con un mundo tan grande y tener que venir a nacer justamente aquí.
– No es el país mi hijo, son los que lo gobiernan, el país no tiene culpa de nada.
– Es el país mamá, cuanto diera por ser francés, español, americano, hasta haitiano, cualquier cosa menos cubano.

Su mamá lo miro a los ojos sorprendida.
– Mi hijo ya no tienes los ojos azules, tus ojos son incoloros.

Carlos, se miro al espejo asustado, sus ojos, antes de un azul intenso, eran ahora incoloros. Como si algún poder superior hubiera borrado el color de su mirada. Decidió usar lentes oscuros, para que nadie notara sus ojos sin color.

Un día, la ciudad despertó con gritos; ¡que se vayan, que se vaya la escoria! Carlitos, no entendía muy bien lo que estaba pasando. Una amiga le contó que había cientos de botes en el Mariel y en algunos lugares, la gente como ellos, hacia cola para irse.

Irme, salir de este país de mierda, olvidarme que un día nací aquí, eso es lo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Mi lugar no esta aquí, cualquier lugar es bueno para mi, menos este rincón horrible donde me toco nacer, pensaba Carlos, mientras hacia la cola para apuntarse entre los que se iban. Le toco su turno, le hicieron pasaporte, todo.

– Mañana a las 5 de la mañana aquí, van directo para el Mariel, hay un barco grande y tenemos que llenarlo con gente como ustedes, dijo el oficial que dirigía al grupo.

Llego muy contento a su casa, no podía llevarse nada para el viaje, solo quería despedirse de su mamá, no sabia cuando la volvería a ver, ella siempre lo había apoyado y comprendido.
– Mamá, mamá, mañana me voy, al fin seré un hombre libre.
– Tu eres un hombre libre mi hijo, incomprendido, maltratado por las circunstancias, pero eres libre. Ser libre es una condición que nadie puede arrebatarte. ¿Que quieres decir con eso de que serás un hombre libre?
– Me voy mamá, me voy del país mañana, me largo de esta mierda. Cuando logre sacarte a ti de aquí, me olvidare hasta de su nombre.
– No hables así, esta es tu patria, un hombre sin patria, no es nada, es como el polvo, se lo lleva el viento. Has pasado malos ratos aquí, pero no por culpa de tu patria, no la culpes a ella, mi hijo.

Cuando Carlos fue a darle el beso de despedida a su madre, ella se sorprendió.
– Mi hijo, tus labios no tienen color, así no puedes irte, se pensaran allá, que estas enfermo.
Fue al cuarto y regreso con un creyón de labios.
– Toma, píntate esos labios sin color y esconde el creyón, que no se den cuenta que lo llevas, lo vas a necesitar.

Esa noche, Carlos no durmió, fue de los primeros en subirse al camión que los llevaría hasta el puerto del Mariel. Cuando estaban en el barco camaronero alguien dijo.
– Aguántense bien, somos muchos, por suerte la travesía será corta, tenemos buen tiempo.

Cuando el barco zarpo, muchos miraron a la costa que se alejaba. Todos querían irse, comenzar una nueva vida, pero les dolía dejar a sus familias, a su tierra. La patria, es algo más que un montón de tierra y recuerdos. Solo Carlos, estaba de espaldas a la costa, no le interesaba mirar por última vez a la isla perderse en el horizonte, miraba hacia adelante, a la nueva vida. Se sorprendió cuando un desconocido le dijo.
– Compadre, ¡que color de piel mas rara tienes!
– Soy muy blanco, pero tampoco es para tanto.
– ¿Muy blanco? Yo diría que eres color cenizo o verdoso, ni se, es un color muy raro.

Carlos se miro las manos, el desconocido tenía razón, su piel no era blanca como antes. Sin saber como, sin poder explicarlo, Carlitos, había dejado de ser el tricolor. No mas azul, ni rojo, ni blanco haciéndolo sobresalir, se sintió extraño, raro. Pensó, buenos esos tres colores nunca me ayudaron, al contrario, en mi nueva vida me ira mejor sin ellos.

Después de pasar un tiempo viviendo en el lugar donde los internaron, una prima segunda de su mamá, fue a buscarlo. Al finalizar los tramites de rigor, se subieron al auto, su parienta hablaba sin parar.
– Tu mamá y yo siempre nos llevamos muy bien, hace días supe que estabas aquí, tuve que esperar hoy que es mi día libre en el trabajo para poder ir a buscarte. Estarás conmigo unos días, hasta que encuentres trabajo y te independices. Todos pasamos por esto, la llegada es siempre dura, uno extraña la familia, el barrio, las calles, hasta las palmas nos hacen falta.
– Yo solo extraño a mamá, solo la recuerdo a ella, nada más.
Su parienta lo miro sorprendida y dejo de hablar, el resto del viaje lo hicieron en silencio.

Como siempre se hace en estos casos, lo llevó a comprarse ropa.
– Vamos a comprar una ropa bien seria, mañana tienes una entrevista de empleo en un hospital y debes causar una buena impresión. Entraron a una tienda enorme. Su parienta fue quien selecciono la ropa.
– Pruébate estas, son las apropiadas para una entrevista de empleo, debes causar buena impresión si quieres que te den ese trabajo.
Se probó las ropas, no le gustaba esa camisa de mangas largas y esos colores tan serios, mucho menos la corbata que se le antojaba ridícula. No dijo nada, entro al probador, salio con las ropas en la mano.
– Si me quedan bien, dijo Carlos, con desgano.

Por fin llego el momento de la entrevista de empleo. Carlos, llego bien vestido y tratando de aparentar una seriedad y aplomo que no tenia, pero su parienta le había repetido un montón de veces; tienes que causar buena impresión. Le entregaron una planilla.
– Llene la planilla y espere a que lo llamemos.

Carlos, se sentó y comenzó a llenar los espacios en blanco. Lo llamaron, entrego su planilla o aplicación, como decía el hombre que lo atendió en la recepción.
El hombre que lo recibió en su despacho, sin levantar la vista del papel, le dijo.
– Falta poner su lugar de nacimiento, dejo en blanco ese espacio.
Carlos se quedo pensativo y respondió.
No se, olvidado.

El hombre levanto la vista del papel, se sorprendió, frente a él no estaba el hombre que buscaba empleo en el hospital, había solo un montón de polvo, un gran montón de polvo gris frente a su buró. Intentó apretar un botón para llamar a seguridad, antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió empujada por un viento fuerte que disperso el polvo por la ciudad, rumbo al sur.

Fotografia tomada de, Yo extraño a Cuba! y tu?

Yusimì, la vigilante.

vigilante, foto tomada de yo extraño a Cuba y tu.
Desde los primeros días de nacida, cuando abrió los ojos al mundo, observaba todo detenidamente. Sus grandes ojos parecían hechos especialmente para captar hasta el mas mínimo detalle de todo lo que ocurría a su alrededor. Miraba fijamente, nada escapaba a sus enormes ojos, que parecían traspasar paredes y almas.

Creció, comenzó a hablar muy pronto, fue una niña precoz, tal vez demasiado precoz. Aprendió solita a leer y a escribir, cuando lo logro, se sintió feliz, muy feliz. Empezó a coleccionar libretas y lápices, sabía usarlos muy bien. Se acostumbro a escribir en esas libretas que coleccionaba, todo lo que veía y escuchaba durante el día. En su cuarto se amontonaban libretas repletas de todo lo que Yusimì pensaba que un día seria importante recordar.

Un día, su mamá conversando con una vecina le dijo.
– Yo creo que esa vocación por vigilar y saberlo todo, la heredo de su padre. Ese hombre, en su obsesión por vigilar, y poder informarlo todo, dejo de dormir por las noches y recorría las calles de madrugada. Se acercaba a las casas y trataba de escuchar algo. Recuerdo una vez que discutimos por eso y me respondió.

– A veces, las personas hablan dormidas, toda información es valiosa y debe recogerse, archivarse, lista para ser usada en el momento oportuno. Un informe no esta completo mientras la persona siga viviendo, decía muy serio, en esos escasos minutos que dejaba de vigilar o apuntar alguna información.

Yusimì, fue concebida durante unas vacaciones obligatorias que su padre tuvo que tomar a instancias de su jefe. Encerrado en su casa, aislado del mundo, sin tener a quien vigilar, decidió hacer el amor con su esposa. Así vino al mundo Yusimì, la vigilante, como la conocían todos en el barrio.

Siempre fue una alumna aventajada, era rápida tomando notas y memorizando cifras y datos. Un día una amiguita del aula le pregunto como se las arreglaba para tener siempre tan buenas notas, ser la mejor en la clase, la respuesta de Yusimì la dejo boquiabierta.
– Muy sencillo, no la atiendo, la vigilo durante la clase, así nada se me escapa y logro memorizar todo.

Cuando su padre fue obligado a retirarse de su oficio de vigilante mayor por un Alzheimer prematuro, Yusimì, por derecho propio, ocupó su lugar. Nadie mejor que ella, fue la única propuesta en la reunión de vigilantes. Su nombre fue el único en la boleta. Yusimì, estaba radiante, inmensamente feliz. Temblorosa recibió los prismáticos de manos del vigilante en jefe. Prometió cumplir y no defraudar la confianza depositada en ella.

Al terminar la asamblea de vigilantes y regresar a su barrio, todos la miraron recelosamente, con temor. Las vecinas cerraban las ventanas de la cocina al cocinar, aprendieron a freír bistecs, cuando los conseguían, sin que nadie sintiera el olor. A la hora de comer, se cerraban puertas y ventanas. La vida en el barrio, cambio para siempre.

Yusimì, sentada en portal de la casa, estrenando sus prismáticos, trataba de no perder detalle de la vida del barrio. Una mañana, le asombro el silencio reinante.
– Mamá, y este silencio, no se escucha una voz, esto me aburre.
– Ay mi hijita, los vecinos han aprendido a hablar por señas, tienen miedo que un informe tuyo pueda perjudicarlos. ¡Es lo único que nos faltaba, un barrio en silencio por el miedo a un informe!

Yusimì, se disgustó mucho, los vecinos deberían cooperar y no hacerle mas difícil su trabajo. Llamo a sus superiores y pidió información sobre el lenguaje por señas. Algo grande y terrible traman mis vecinos, dijo a sus superiores. Dos días después, Yusimì, recibía un libro y varios DVDs para aprender el lenguaje de las señas.

Una tarde, su mamá, la obligo a sentarse en el sofá de la sala, de espaldas a la ventana, al mundo exterior.
– Mi hija, ¿Piensas pasarte todo el tiempo vigilando a los demás, pendiente de la vida de todos, olvidándote de vivir la tuya? No me divorcie de tu padre, por ti. Ahora que perdió la razón y pasa el tiempo dibujando barquitos y palmeras en sus viejos informes, me da pena recluirlo en un asilo y lo cuido, pero no lo amo. Esto no es vida mi hija, no sales, no disfrutas, no tienes novio, todo el tiempo vigilando y tomando notas, informando, es una locura. Nadie nos visita, vivimos aisladas, a veces siento ganas de dejarte con tu padre y largarme a un lugar donde no existan vigilantes, ni informes.

– Mamá, esta es mi vida, lo disfruto, ya aprendí el lenguaje de las señas y hasta a leer los labios; soy una vigilante perfecta, ningún detalle se me escapara. No conozco otra vida, ni la deseo.

– Solo pido a Dios que te enamores y ese amor sea más fuerte que tu pasión por la vigilancia y los informes, quiero un nieto, no un informe para estrechar entre mis brazos.

Los vecinos de la casa de enfrente, fueron detenidos por unos días. El informe detallado enviado por Yusimì, provoco que perdieran su casa por alquilar sin permiso a habitantes de otros pueblos. La vigilante mayor estaba orgullosa de su trabajo, recibió felicitaciones y un diploma de reconocimiento. El vigilante en jefe le escribió una carta de su puño y letra, “en estos tiempos difíciles, pocos mantienen su integridad y dedicación en el oficio de vigilar e informar”.

Meses después, en la casa de enfrente se mudo un matrimonio, tenían un hijo de 24 años, solo 2 más que la edad de Yusimì. Yohandry, estudiaba en la Universidad, practicaba varios deportes y le gustaba hacer pesas en el patio de la casa. Una tarde, sentada con sus prismáticos en el portal, Yusimi, descubrió a Yohandry en short, sin camisa haciendo pesas. Se olvido de los vecinos que estaban comprando carne y de Yenisleidy, la que vendía ropa que la hermana le mandaba de un pueblo cercano. Se olvido de informes y vigilancias, se olvido de todo. Solo tenia ojos para Yohandry, paso horas mirándolo con sus prismáticos. Esa noche antes de acostarse, Yusimì, se arreglo el pelo y eligió la ropa que se pondría mañana. Se despertó temprano, desayuno de prisa y prismáticos en mano se puso a vigilar la casa de enfrente. Siguió a Yohandry hasta la Universidad, lo observo toda la mañana, lo vio tomar notas, responder preguntas, conversar en los intermedios entre los turnos de clase. No queria, ni podía apartar sus prismáticos de ese muchacho, pensó que debía ser su labor de vigilante que le hacia intuir alguna pista que no lograba descubrir.

Yusimí, descuidaba su labor de vigilante mayor. Aumentaron las ventas de productos prohibidos en el barrio, la gente se atrevía hasta a cocinar y comer con las ventanas abiertas. Todos se dieron cuenta que la vigilante mayor solo tenia ojos para el muchacho de la casa de enfrente.

Una tarde mientras lo vigilaba, Yusimì, vio a Yohandry, desnudo en su cuarto, se puso muy nerviosa, temblaba. Comprendió de golpe que vigilaba al muchacho porque le gustaba, esa era la razón y no ningún informe ni tarea por cumplir. La imagen de Yohandry desnudo, no se apartaba de su mente, hasta fiebre tuvo y su madre la llevo al medico; le mandaron reposo y mucho liquido, nada mas.

Una tarde de abril, Yusimì y Yohandry se cruzaron en la acera. El la saludo, la invito al portal de su casa, tomaron jugo de naranjas, ella por poco le pregunta el origen de las naranjas fuera de temporada, la fuerza de la costumbre es terrible. Después de tomarse el jugo y hablar de mil cosas, él la invito a ver una película en su cuarto.
– Un amigo me presto su video casetera y varias películas, mañana tengo que devolvérselas, ven vamos a ver una que esta muy buena.

Yusimì, asintió, Yohandry ejercía una fuerza irresistible sobre ella.

En el cuarto, mientras empezaba la película, Yohandry, se quito la camisa.
– No soporto el calor, en cuanto pueda me compro un aire acondicionado o un ventilador aunque sea.
Yusimì, no podía mirar la película, el torso desnudo del muchacho la atraía demasiado. Yohandry no tardo en darse cuenta, terminaron abrazados. La noche los sorprendió desnudos y exhaustos en la cama.
– Debo irme, mi mamá debe estar preocupada, es muy tarde.
Yohandry la beso intensa y apasionadamente.
– No te vas sin jurarme que volverás mañana.
– Sabes que volveré siempre, no se como, ni por qué, pero este es mi lugar; entre tus brazos.

Cuando llego a su casa, su mamá estaba despierta, sentada en su sillón, sonriendo. No hizo preguntas, beso a Yusimì, le dio las buenas noches y se fue a dormir, segura que la fuerza del amor podría más que informes y vigilancias.

En su cuarto, a solas, Yusimi, comenzó a redactar su informe final, un informe en contra de ella misma. Se consideraba indigna del puesto de vigilante mayor, no solo indigna, ya no le interesaba esa posición. Escribió a su jefe; he comprendido que la vida no es vigilar y hacer informes, la vida hay que vivirla, disfrutarla, dejar a los demás vivir a su manera, sin acumular datos y estadísticas, informes y notas. Adjunto a mi carta de renuncia los prismáticos, de ahora en adelante no los necesitare, estaré muy ocupada mirando con mis ojos y con mis manos. Envío la carta y los prismáticos, salio corriendo para casa de Yohandry, se encerraron en su cuarto. Cuentan los vecinos que 9 meses después nacía el hijo de Yusimi y Yohandry. Todos aportaron algo a la celebración sin temores, ni jugando a las escondidas. Su barrio era el único sin vigilantes, ni informes, pero con mucho amor, un barrio que ardía en deseos y esperanzas.

Fotografia tomada de la pagìna, Yo extraño a Cuba! Y tu?