Una amiga vestida de victoria

Mi amigo del exilio y su esposa.
Andamos por la vida a toda velocidad, sin detenernos a meditar o disfrutar esos momentos especiales que nos ofrece. En la prisa por llegar a donde no sabemos, muchas veces ni reflexionamos. Nos perdemos en la carrera, sin disfrutar el entorno, sin vivir la experiencia y enriquecernos con ella. Pasan personas por nuestro lado y en vez de tomar su mano y sujetarlas para andar juntos; agitamos un adiós, mientras seguimos corriendo, sin saber que buscamos, sin sumar afectos y vivencias. Queremos llegar, a ese lugar donde nadie nos espera, en una prisa que no da tiempo a nada, solo a correr y seguir.

La vida me enseño a andar despacio, detenerme en los detalles, sin prisa. Todos llegaremos un día a la meta o a la muerte. A veces me siento, saboreo lentamente una taza de café o de recuerdos y sueños. Eso somos, recuerdos y sueños, lo que fuimos, lo que nos marco y conformo y lo que seremos, con empeño, voluntad y ganas. Cada día nos regala recuerdos y experiencias, nos enriquece. Hay momentos que nos hacen felices, se convierten en tesoros, entonces queremos compartirlos con los amigos. No es ostentación de felicidad o alegría, es ganas de multiplicar la alegría, de hacerla masiva. La alegría, debe ser contagiosa, viral, multiplicarse en amigos y derrotar enemigos

La alegría, la felicidad, pueden nacer hasta de una desgracia. Algo que nos arranco lagrimas y dolor un día, puede generar felicidad otro. Anoche, viví uno de esos momentos especiales, de esos tesoros que compartir con amigos es una obligación y placer.

Hace poco más de un mes, una amiga especial, me dio una noticia terrible; ¡Tengo cáncer! Me dijo, pasado mañana comienzo la quimioterapia. Yo, del otro lado del teléfono, rompí en llanto, me quede sin palabras. Un segundo después le dije; es la última prueba que Dios te pone para que tu espíritu alcance la perfección, has ayudado a muchos, ahora toca a esos muchos ayudarte a ti. Me pidió que no recogiéramos dinero para ella; todos tienen necesidades, cuentas por pagar, diles solo que oren por mi. Por vez primera no estuve de acuerdo con ella, no pudo hacerme desistir; no nos prives de ese placer, ayudarte es una deuda de todos tus amigos contigo, la gente dará lo que pueda, con amor y ganas.

Anoche, junto a un amigo-hermano, fuimos a llevarle el dinero reunido, ¡$1200.00! Unos minutos antes la llame para decirle que íbamos en camino; voy a verlos, ¡Que alegría! Nos recibieron, ella y su esposo. Nos saludamos con abrazos y besos que amenazaban no terminar. Le explique que entre todos habíamos reunido un dinero para ayudarle, le conté como sus amigos me daban $20.00 un día y al siguiente volvían a darme otros 20 o 10; para Teresita, me decían. Ella y su esposo lloraron de la emoción, ambos son dos amigos muy especiales para muchos. Yo, los llamo, “Mi amigo del exilio” y “Mi ángel del exilio”, los que me siguen hace tiempo, los conocen de un modo u otro.

Mi ángel de exilio, recoge con creces el amor que ha sembrado en todos los que hemos tenido la suerte de conocerla. Anoche cuando hablábamos con ella, no teníamos enfrente a una persona enferma, abatida por la desgracia. Nuestra amiga, como le dijo Hiram, ha decidido vestirse de guerrera y vencer en esta batalla contra el cáncer. Sabe que pronto vestirá el traje de la victoria y se prepara para lucirlo, confiada y tranquila. Nuestras oraciones y su fuerza, aseguran y adelantan esa victoria.

Esos minutos que viví anoche, los disfrute como un regalo especial de la vida. Me detuve en ellos sin prisas, sin correr, aún hoy los saboreo y disfruto. Son un tesoro, un tesoro que quise compartir con ustedes, sin prisas, sin adioses rápidos, dándonos las manos, compartiendo la vida.

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Un Hombre en la mitad del tiempo y del camino.

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Quien fuera ola recurrente y necesaria para golpear una y otra vez contra obstáculos y muros y poco a poco, partícula a partícula, irlos venciendo. Borrarlos, con mi fuerza y mi constancia.

Quien fuera brisa o viento y rozar cada mañana tu mejilla con un te quiero dulce, pequeñito, casi imperceptible, pero cierto, real, imprescindible, mío.

Quien fuera lluvia o nube, ¡Huracán! y dueño de olas y vientos, cambiar el curso de mi vida y de la historia. Empezar los tiempos de mi cuento, sin magos ni hechiceros, sin caminos de espinas y caídas, sin gigantes gritando por bocinas, sin decretos absurdos, sin barrotes, sin salidas y regresos.

Quien fuera tiempo relativo, exacto y preciso y detenerme justo en el mejor segundo, burlarme de relojes y almanaques y gritar para siempre; ¡Aquí me quedo! Detenido y feliz, burlón e inmóvil, disfrutando de lo bueno de esta vida, aunque fuera solo un segundo detenido.

No soy ni tiempo, ola, huracán, ni brisa, soy solo un hombre en la mitad del tiempo y del camino. Me conformo con ser un beso intenso, imborrable, inolvidable, deseado, mítico y estallar en tu mejilla, una y mil veces.

Una maleta cargada de recuerdos.

Maleta,  Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.
Rodolfo salio de Cuba cuando tenía 22 años. Sus padres siempre habían querido irse, pero el soñaba con ser un gran periodista, hacer algo diferente a lo que siempre leía en el periódico oficial. Sus sueños, fueron destrozados aquella tarde que lo expulsaron de la Universidad. Solo le dijeron, tu conducta social, no es compatible con la de un periodista de nuestro pueblo. Intento hablar, argumentar, un puedes irte, puso fin a la conversación. Esa noche después de la comida, les dijo a sus padres
– Llamen a la abuela, díganle que puede empezar los trámites cuando quiera, mi vida aquí se termino.
Sus padres intercambiaron miradas cómplices.
– Siéntate mi hijo, le dijo la madre, hace un año mi mamá nos reclamó a los 3, en unos meses debe resolverse todo. Siempre confiábamos que a última hora te decidieras, aunque te negabas a irte, teníamos la esperanza que llegado el momento, lo aceptaras y te fueras con nosotros. Sin ti no íbamos a irnos, pero te daríamos un buen susto para obligarte a decidirte. Ahora ya lo sabes, no hay que decirle nada a la abuela, solo esperar unos meses e irnos.
– Me alegro, cuanto antes mejor, mi tiempo aquí se acabo, quiero empezar un nuevo tiempo. Solo una pregunta, ¿El abuelo se va con nosotros?
– No hijo no, respondió su padre, el viejo dice que él se muere aquí, que a sus años se moriría de tristeza viviendo al norte; el viejo, se queda.

En 6 meses recibieron la visa y viajaron a Miami. Dejar a su abuelo fue duro para Rodolfo, ese viejo y él, eran más que abuelo y nieto, eran amigos, en el momento del abrazo final, su abuelo le dijo.
– Este no es nuestro ultimo abrazo, volverás Rodolfo, lo se, hay demasiados recuerdos en esta casa y en esta tierra para que puedas vivir sin ellos, volverás a buscarlos. Yo, estaré esperándote, lo prometo.
Se abrazaron como dos amigos que se dicen hasta pronto. Cuando Rodolfo subió al auto, no tuvo fuerzas para mirar hacia atrás, su abuelo quedo en la reja del jardín, intentando detener el tiempo en sus ojos.

Rodolfo, empezó a trabajar al mes de estar en Miami. Un amigo que trabajaba en el aeropuerto le consiguió el trabajo. Así esta Miami, sin un amigo que te de un buen empujón, no consigues un trabajo que pague mas del mínimo. Unos meses después se presento a pruebas de ingreso para el College. Lo aceptaron, debería tomar unos cursos para completar algunos créditos que le faltaban y mejorar el inglés. Por suerte, logro sacar sus notas de Cuba y eso le dio algunos créditos extras.

Un día, conversando con un nuevo amigo, le dijo que siempre le había gustado escribir, que su sueño era ser periodista y hacer un periodismo inteligente, hacer crónicas que conmovieran e hicieran pensar.
– ¿Por que no escribes en un blog? Eso te ayudara y te dará experiencia, quien sabe un día te lea alguien y te inviten a escribir en un periódico o publiques un libro, le dijo su amigo.

Después de mucho pensarlo, Rodolfo se decidió a escribir en un blog, Recuerdos, lo llamó. Escribía mucho sobre el tiempo compartido con su abuelo, también sobre sus recuerdos y frustraciones. Cada vez que le llegaba alguna noticia de Cuba, la investigaba y terminaba narrándola y analizándola a su manera. Un día recibió un correo electrónico, lo invitaban a escribir en una columna semanal en un periódico de la ciudad. Imprimió el correo y se los enseño a sus padres después de la comida.
– Ves mi hijo, le dijo su madre, poco a poco tus sueños se hacen realidad. En la vida hay que luchar por lo que uno quiere y prepararse con las mejores armas para esa lucha, nada se da fácil, si vale la pena.
– Es cierto mamá, pero cuanto me gustaría que abuelo estuviera aquí para compartir con él esta alegría.
– Nada te impide compartir con tu abuelo esta alegría, prepara el viaje a Cuba y llévale el primer escrito que publiques en el periódico. Nada lo haría más feliz que verte y ver algo escrito por ti en un periódico. Imprime todos los escritos de blog y llévaselos, es el mejor regalo que podrías hacerle.

Rodolfo, comenzó a preparar su viaje a Cuba. Lleno un “gusano” enorme con regalos para su abuelo y amigos. Publico un articulo en el periódico que fue muy bien recibido aunque el editor le dijo; demasiado intelectual para esta ciudad.

Una tarde al llegar del trabajo, su mamá le pregunto.
– Hijo, ya tienes el “gusano” ¿Cuándo vas a sacar el pasaje y pedir las vacaciones en el trabajo?
– Me falta una maleta mami, ¡una maleta que estoy buscando y no encuentro por ninguna parte!
– ¡Otra maleta! Vas a tener que pagar un dineral por exceso de equipaje hijo.
– No, esta maleta es para traer, no para llevar, dijo Rodolfo, mientras sus ojos brillaban.
– ¿Traer? ¿Que piensas traer de Cuba? Ten cuidado que te pueden detener en la aduana al regreso, quitarte todo y multarte.
– Recuerdos, estoy buscando una maleta donde puedan guardarse recuerdos, la he buscado por toda la ciudad y no la encuentro.
Su mamá salio del cuarto sin decir una palabra, pensó que su hijo estaba bromeando con ella y no quiso entrar en detalles.

Buscando la maleta, Rodolfo fue al Dollarazo, a Valsam, recorrió todas las tiendas donde venden los “gusanos” para los viajes a Cuba. Todo el mundo se reía y lo tomaban por loco o bromista, cuando preguntaba por una maleta para guardar recuerdos. Una tarde al salir de una de las tiendas de la 20 y la 20, un anciano se le acercó.
– Yo tuve una maleta como la que buscas, te oí preguntarle a la dependienta. La vendí hace años a un mago de un circo que paso por Hialeah, si lo encuentras y logras conmoverlo con tu historia, te la dará por un buen precio.
-¿Cómo encontrarlo? ¿Dónde lo busco?
– No tendrás que buscarlo, él vendrá a ti cuando menos lo esperes ten todo listo, el tiempo es oro.

Rodolfo, vivió días de espera angustiosa, cada vez que algún extraño se le acercaba, el corazón daba un salto en su pecho. Una mañana, al salir del gimnasio, un señor vestido de negro se le acerco, le dio la mano.
– Hola Rodolfo, yo tengo la maleta que buscas, ¿Para que la quieres?
– Cuando salí de Cuba, deje a mi abuelo allá, él es mi mejor amigo, entre él y yo no hay secretos. Hay muchas cosas que recuerdo del tiempo que compartimos, otras se me confunden, también hay montones de recuerdos de mi vida que dejé allá y que necesito para seguir viviendo, para poder seguir siendo quien soy y no perderme por los caminos del mundo, por eso he buscado desesperadamente, ¡Necesito traerme esos recuerdos!
– Dame una semana, le respondió el mago, necesito buscar donde guardar mis recuerdos antes de darte la maleta, cada uno requiere un sitio especial, solo una semana.
Repitió el mago mientras se alejaba, Rodolfo le grito.
– ¿Donde nos veremos?
– En la vida, yo sabré encontrarte.
Desapareció ante él, sin dejar huella, como en un acto de magia.

Al día siguiente, Rodolfo pidió sus vacaciones para dentro de 8 días. Fue a la agencia de viajes y saco su pasaje para dentro de 8 días. Confiaba en la palabra del mago, estaba seguro que no le fallaría.

A la semana exacta, ni un minuto antes ni un minuto después, el mago se apareció frente a Rodolfo, con una maleta en la mano.
– Aquí la tienes, cuídala.
– ¿Cuanto le debo?
– Nada, los recuerdos, no tienen precio.
Desapareció ante él, dejándolo sorprendido y feliz en medio de la calle.

Esa noche, Rodolfo, no durmió, el nerviosismo del viaje, la alegría de volver a ver a su abuelo, apenas lo dejaban conciliar el sueño. Se despertó varias veces sobresaltado, buscando la maleta, termino poniéndola en la cama junto a él, solo así pudo dormir un par de horas.

Recogió el “gusano” y su maleta especial y salio feliz de la aduana habanera, su abuelo estaba esperándolo. Se abrazaron durante minutos, su abuelo le acariciaba el pelo y lo besaba mientras le decía.
– Te lo dije, sabia que volverías pronto, aún nos faltan muchos abrazos por darnos y recuerdos por compartir. Esta es tu tierra, sin los recuerdos, sin tu vida aquí no podrías construir tu vida allá, seria como una casa sin cimientos.

Rodolfo llego a la casa, sus amigos lo esperaban en el portal, su abuelo había dejado la casa abierta para ellos, muchos hasta tenían la llave; Rodolfo y su abuelo, compartían amigos y recuerdos. Abrió el enorme “gusano” con los regalos para sus amigos y su abuelo. Dejo para el final el periódico con su artículo y los escritos de su blog impresos. Cuando el abuelo trajo el café y lo sirvió, le dio el periódico, el viejo lloraba leyéndolo y acariciaba el nombre de su nieto en el periódico.
– Lo sabia, tu triunfo, que logres tus sueños, es lo único que me consuela de tu ausencia, te prefiero allá haciendo realidad todos tus anhelos y ganas que aquí frustrado y sin futuro.
– También tengo un blog abuelo, dijo Rodolfo dándole todos sus escritos impresos.
– Estos los leeré después con más calma, dijo el viejo, mientras los apretaba contra su pecho.

Un amigo levanto la maleta regalo del mago.
– ¿Y esta maleta? , parece que esta vacía.
– Es una maleta especial, denme un minuto para llevarla al cuarto y abrirla.

Rodolfo fue al cuarto, coloco la maleta en la mesita de noche, la abrió. Poco a poco, convocados por algún conjuro especial fue llenándose de recuerdos. Su primera caída, su primera partidura de cabeza, su mamá cuidándolo cuando tenia fiebre alta, su abuelo, sentándolo en sus piernas y haciéndole cuentos de magos y fantasmas, el primer libro que le regalo su abuelo, su primer beso de amor, su primer orgasmo, su primera alegría y su primera tristeza, todos su recuerdos fueron llegando y acomodándose en la maleta, los buenos y los malos, ambos son necesarios para vivir. Rodolfo estaba paralizado, no pensó que podría reunir todos sus recuerdos tan rápido, algunos, los creía perdidos para siempre. Lagrimas y alegrías, sonrisas y penas olvidadas, escuelas al campo, almuerzos especiales con la familia reunida, caminatas por las calles de La Habana, besos robados, hasta una bandera tricolor ondeando al viento, se coló en la maleta. Nada faltaba a la cita obligada de sus recuerdos. Lo sorprendió su abuelo tocando en la puerta.
– Rodolfito, dijiste un minuto y ya llevas 3 horas en el cuarto, sal a compartir con tus amigos, el almuerzo ya esta listo.
¡Tres horas! Rodolfo se sorprendió, dejo la maleta abierta y salio.
– Discúlpenme, me entretuve con los recuerdos.

Se sentaron a almorzar, conversaron de mil cosas. Cuando se fueron sus amigos y se quedo a solas con su abuelo, le contó de la maleta y su intención de llevarse sus recuerdos.
– Es difícil llevarse todos los recuerdos, algunos quedaran aquí y tendrás que volver una y otra vez por ellos, otros son compartidos, si te los llevas todos, ¿Qué me haría entonces yo para recordarte, para compensarme de tu ausencia?
– No abuelo, los recuerdos compartidos seguirán siendo nuestros, esa maleta sabe lo que hace, ¿Recuerdas el primer libro que me regalaste y lo que me dijiste al dármelo?
– Claro que lo recuerdo, que un día tú me regalarías un libro escrito por ti, que leyeras mucho y ejercitaras tu memoria, solo así podrías ser un día un escritor.
– Ves, ese recuerdo ya esta en la maleta y sigue también contigo, lo seguiremos compartiendo.

Llego el día de la partida, Rodolfo le dio un fuerte abrazo a su abuelo.
– No me acompañes al aeropuerto, prefiero que nos despidamos aquí, con un hasta luego, volveré pronto, lo sabes.

Se abrazaron, intentando retener uno y llevarse el otro lo mejor de cada uno. Rodolfo tomo su maleta, subió al taxi. Hizo un viaje rápido, en Miami, los esperaban sus padres.
– Cuéntanos ¿Como esta el viejo? ¿Como te sientes?
– Vengo cargado de recuerdos, dijo, sin que sus padres pudieran adivinar el sentido exacto de esa frase.

Llego a su cuarto, coloco la maleta en su mesa de noche, la abrió. Su cuarto se inundo con su infancia, con toda su vida, sintió un ruido, como si una ola gigantesca golpeara contra la pared del cuarto, en la confusión reinante, le pareció ver a su abuelo sentado en la cama y hasta escuchar su voz diciéndole; los recuerdos Rodolfo, eso somos, solo lo que podemos recordar es lo que hemos vivido.

Fotografia tomada de la pagina de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.

Memorias.

Por vez primera, publico en mi blog un escrito que no es mio, este pertenece a Maria Sofia Iglesias Pasamontes, una niña de 13 años, pronto cumplir1á 14. Vive en La Habana, su casa esta al lado de la mia, siempre será mia, las separa un muro que solo sirve para acomodarnos cuando las conversaciones se alargan. Con este cuento Marisofi, como le decimos, ganó un concurso municipal de literatura y competirá ahora a nivel provincial. Disfrutenlo y comentenlo, le enviare todos sus comentarios.
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Marisofi junto a mami y su mamá, el dia del cumpleaños de mami

“ Memorias”.

Me llamo Julia y soy directora de un grupo musical. Hoy visitare mi antigua escuela, hecha con ladrillos de un carmelita intenso y en la entrada unas grandes letras blancas destacan su nombre.
Con mucho trabajo me autorizan a pasar. Observo detenidamente el enorme salón, desde el cual diviso mi descuidada aula.
Mis pasos conocen el camino; ya en ella miro y siento todo. En el techo hay un claro de luz que ilumina la habitación descolorida y del que cuelgan unas plantas parasitas que representan la única vida en ese lugar. La pizarra esta carcomida, arriba, el Escudo Nacional, aquel que siempre ha elevado en mi el orgullo de ser cubana, esta ahora cubierto por una capa de lino. A mi lado quedan algunas tablas empapeladas del mural, que era el más grande del colegio. Increíblemente sobresalen las efemérides de Octubre de 1970, fecha en que clausuraron la escuela por mal estado. En esta fue conformada mi personalidad desde pequeña, aprendiendo a amar y valorar a los demás. En aquel momento tenia diez años, hoy cincuenta y tres .El tiempo vuela más rápido que el viento, mientras arrasa con el mundo. Recuerdo a la maestra dando clases y a los niños sin pestañear.
Ante la realidad se estremecen mis memorias, trato de evitar la destrucción, pero no consigo nada. No pienso abandonar mi amada escuela. Corro y me escondo en sus ruinas. Han comenzado a derrumbarla.

Hasta que nos dure el deseo.

asaltante tomado de la pagina de Joaquin Perez.
Elena, vivía en Miami, en la ciudad de Coral Gables. Quedo viuda muy joven. Su matrimonio duró solo dos años, la muerte de su esposo en un accidente fue un golpe del cual nunca se repuso del todo. Vestía siempre de negro o gris, a veces se permitía usar una blusa blanca, nada de ropas de colores ni maquillaje. El dinero que recibió al morir su esposo y la pensión de viuda, le aseguraban una vida cómoda, tranquila. Iba mucho a la iglesia, hacia obras de caridad, ayudaba a niños necesitados. Siempre le habían gustado los niños, justo cuando se habían decidido a buscar un hijo, la muerte se llevo sus esperanzas.

Elena, se había olvidado del sexo, a sus 43 años, aún seguía siendo una mujer hermosa. A pesar de sus ropas oscuras y de su rostro sin maquillar, recibìa miradas y piropos que ella ignoraba. Después de 15 años de la muerte de su esposo, el único hombre en su vida, estaba seguro que el sexo había sido olvidado para siempre, enterrado junto con su esposo o esfumado con sus ilusiones de ser madre. A veces, conversando con amigas, le decían.
– Elenita, pero ¿no sientes ganas, no te despiertas de noche con urgencias de un hombre?
– No, nunca, desde que murió mi esposo, no tengo urgencias, ni ganas, duermo tranquila, de un tirón.

Joaquín, un joven habanero de 27 años, siempre fue un tipo muy bien parecido. Durante mucho tiempo en La Habana, vivió de su belleza física. Tuvo relaciones con extranjeros, mujeres ricas y hombres de negocios, solo le importaba llevar una vida cómoda y no pasar hambre. Le habían comprado y amueblado un apartamento en el Vedado, tenia ropas de marca y recibía todos los meses dinero de sus diferentes amantes, con eso le bastaba para ser feliz. Hacia años lo habían expulsado de la Universidad por tener relaciones con extranjeros, las mismas relaciones que hoy le garantizaban un buen nivel de vida, sin preocupaciones materiales.

Una mañana, el jefe de sector, un personaje que había comprado por unos cuantos dólares y alguna ropa que no le gustaba toco a su puerta.
– Joaquín, te abrieron expediente por peligrosidad, hice todo lo que pude, pero estas en una lista que vino de la Dirección provincial del Ministerio. Mañana o pasado, vendrán a llevarte preso, te harán juicio, pasaras lo menos 5 años en la cárcel.
-¡5 años presos yo! No, yo me piro pa’ la Yuma esta misma noche.

Recogió el dinero que tenia y salio corriendo para casa de un amigo. Esa misma noche, en un bote viejo con motor, Joaquín hacia el viaje hasta Cayo Hueso. Su carnet de identidad que probaba su condición de cubano, le evito ir a Krome, lo procesaron rápido. Cuando se vio en Miami, quiso llamar a uno de sus amantes que vivía en la ciudad, pero en el viaje lo había perdido todo, solo conservaba la camisa, el jeans y unas sandalias.

Recordaba que el tipo le había dicho que vivía en Coral Gables y decidió caminar la ciudad de arriba abajo hasta encontrarlo. Después de 2 días buscándolo, cansado, hambriento y sin esperanzas de encontrarlo, se sentó en el banco de una parada de ómnibus. En pleno agosto el calor era sofocante y se quito la camisa.

Elena, venia de regreso de la iglesia, la luz roja la obligo a detenerse justo frente a la parada del bus donde estaba Joaquín. El la vio, le toco en el cristal de la ventanilla.
– Por favor, deme algo para comer, llevo dos días en esta ciudad y ni agua he tomado, ¡ayúdeme por favor!

A pesar de las historias de desconocidos que pedían ayuda y terminaban asaltando y matando gentes, Elena sintió pena de ese muchacho de ojos color del cielo y cuerpo de Dios griego. Abrió la puerta del auto.
– Ven siéntate, te darás una ducha en mi casa, te daré unas ropas que aún guardo de mi esposo y te hare algo de comer. Seria inhumano dejarte morir de hambre y sed en esa parada.

Llegaron a casa de Elena. Ella abrió la puerta.
– Siéntate mientras te traigo las ropas de mi esposo.
Regreso con dos camisas y un pantalón.
– Báñate mientras te caliento algo para que comas, el baño es allí, en la 2da puerta.

Elena, calentó la comida, cuando llevaba el plato de comida para la mesa, apareció Joaquín, recién bañado, cubierto solo por una toalla que tenia sujeta a la cintura. Cuando Elena lo vio, dejo caer el plato de comida al suelo, al intentar socorrerla Joaquín, la toalla que cubría su desnudez, cayo al suelo, justo al lado de los restos del plato de comida. Al verlo desnudo frente a ella, Elena sintió que perdía el conocimiento, cuando él intento sujetarla, terminaron abrazados, ardiendo en deseos. Joaquín hábil en esas lides, la despojo de sus ropas con solo un gesto, la llevo desnuda en sus brazos hasta el cuarto. Se olvido de su hambre y su sed, ella se olvido de su luto, de sus años sin sexo, mientras hacían el amor una y otra vez, insaciablemente, desesperadamente durante horas.

Pasaron todo un día en la casa sin salir. Comían algo, una ducha y volvían a la cama. Vivian una inesperada y pasional, ardiente luna de miel. Elena decidió quitarse el anillo de compromiso, mientras lo guardaba en un cofre pequeño que tenia en la mesa de noche, Joaquín le pregunto.
– ¿Que tienes ahí?
– Algunas de mis joyas, las que uso a diario, las otras las tengo en el banco.

Al día siguiente, cuando se despertó, Joaquín no estaba en la casa, tampoco el cofre con las joyas, ambos habían desaparecido. Elena, lloro de rabia y despecho, llamo a la policía.
– Me robaron oficial, entro mientras dormía, alcance a verlo cuando me despertó el ruido de la puerta.

Le describió al oficial como era Joaquín, hasta le dijo las ropas que usaba.

Tres días después la llamaron para que identificara a Joaquín. Cuando lo tuvo frente a ella, le faltaron las fuerzas y le sobro el deseo.
– No, no es él, se parecen pero no es él, estoy segura.

Elena salio, parqueo el auto cerca de allí. Espero dos horas a que Joaquín saliera, lo siguió con su auto, cuando Joaquín se dio cuenta, se detuvo. Ella parqueo el auto frente a él.
– ¿Quieres subir?
– Gracias por no denunciarme, tus joyas las tengo enterradas, prometo devolvértelas.
Elena volvió a repetir.
-¿Quieres subir al auto? Si quieres puedes estar en mi casa unos días, te aclaro que todo lo de valor esta guardado en el banco. ¿Quieres ir para mi casa?
– ¿Estarás tú en mi cama? Pregunto Joaquín mirándola con deseo.
– Estarás tú, en la mía. Podrás quedarte hasta que encuentres trabajo y puedas rentar algo.
– ¡Me quedare hasta que nos dure el deseo!

Joaquín subió al auto. A la mañana siguiente, Elena hizo una hoguera en el patio donde ardieron todas sus ropas negras y sus recuerdos. Meses después, Joaquín acompaño a Elena a comprar ropas apropiadas para una mujer embarazada.

Fotografia tomada de Google.

Aclaración necesaria, este cuento nacio a partir de la foto y el siguiente comentario publicado en la página de Facebook de mi amigo, Joaquin Perez.
“Mire yo le explico, yo iba camino del trabajo y me senté en el banco de la parada y vino este joven señor y me explicó que habia sido asaltado que si yo lo dejaba llamar a la policia Yo sabiendo lo peligroso que eso de dejar entrar desconocidos en casa ni lo miré y le dije Señor, lo sieeeeeeeeeeeentooooo (y levante la mirada mientras decia lo siento) por el asalto pero claro! pobre hombre que barbaridad claro que si venga ud tome un baño y sientase en su casa ….de esto ya hace unos tres dias que estoy amarrado a una silla hasta que logré escapar y pedir ayuda….. Señor Policia ud cree que demoraran mucho en traerlo de regreso?…”
Los amigos comenzaron a comentar y Joaquin me dijo; ” Habanero Dosmil a que no tienes huevos de seguir ese cuento”
Asi nacio, Hasta que nos dure el deseo.