Una tarde en Yoyito.

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Hoy tenía planes de escribir algo sobre el fin del año, un cuento o un balance personal y cubano del 2013. Al despertarme supe la noticia de la muerte de nuestra damisela encantadora, Esther Borja y me dije; debo y tengo que escribir algo sobre ella, le debo ese escrito. No tenía tiempo para sentarme a escribir, unos amigos me habían invitado a almorzar a Yoyito Restaurante. Hoy ¡Por fin! probaría el famoso mejor arroz con pollo del sur de la Florida. Pensé escribir a mi regreso, tendría toda la noche para terminar mis escritos. Mientras hacia la habitual limpieza que todo buen cubano que se respete hace antes de fin de año, se me ocurrían frases. A veces dejaba todo y corría a la computadora a guardar alguna. Estaba seguro que al regresar del almuerzo terminaría al menos uno de esos dos escritos.

Siempre digo que el escritor propone y las musas disponen. Aquí estoy escribiendo, reviso mis notas, las frases guardadas, ellas niegan, apuntan en otra dirección y me llevan a contarle, ¡Una tarde en Yoyito!

Creo que 3 ó 4 veces había intentado comer el arroz con pollo de Yoyito, como dicen todos; el mejor del sur de la Florida. El número de personas esperando me hacia desistir, para colas ya hice bastante en Cuba, ¡ni una mas! Terminaba comiendo en otro restaurante. Mis amigos de Facebook, subían fotos del famoso arroz con pollo. Casi todo Miami disfrutaba del codiciado plato, todos menos yo, que me negaba a esperar mas de 10 minutos por una mesa. Una noche un amigo que conocía al dueño prometió llevarme, “el que tiene amigos, tiene un central”.

Creo que elegimos la tarde perfecta para disfrutar del tan mencionado y protagónico arroz con pollo. El ambiente de las fiestas de navidad, prometía regalarnos una tarde especial, créanme que los hechos superaron todas las expectativas.

Guille y Gabriel me recogieron puntuales. A la hora acordada ya estábamos parqueando frente a la entrada del restaurante. Solo tuvimos que esperar unos minutos mientras Eduardo, nos preparaba la mesa. Hicimos fotos del lugar, un local con vida y encanto propio. Como dijo uno de mis amigos; uno de esos sitios donde siempre se pasa bien y se come mejor.

Los que siguen mis escritos recordaran “Un almuerzo entre amigos, recuerdos y sueños”. Sin proponérnoslo, sin hacer planes, sin ponernos de acuerdo, coincidimos amigos y afectos en Yoyito. La tarde del domingo se vistió de magia y de amistad, de risas y recuerdos. Llegaron Zenaida y Yunier, Orlando (Mariconchi) y José Valladares, nos saludamos, nos hicimos fotos. Nos olvidamos que estábamos en un restaurante, Yoyito, se nos antojo el patio de la casa de Alfredo y José, estábamos en familia. Conversamos de mil cosas,

Nos trajimos a La Habana hasta Miami y la invitamos a comer arroz con pollo, pero no cualquier arroz con pollo; el mejor del sur de la Florida, ¡el mejor de toda la Florida! Nuestra ciudad se sentó a la mesa con nosotros, se recogió su bata cubana, soltó una carcajada; ¡Ustedes son terribles, se les ocurren cada cosa! ¡Quien me iba a decir que hoy iba a almorzar arroz con pollo! Por cierto, esta delicioso, tengo que pedirle la receta a Yoyito, cuando consiga pollo, haré uno, ¡me encantó! Así entre amigos y recuerdos, sueños y risas, se desato la magia en una tarde-regalo que se nos hizo inolvidable.

Antes de irnos comente con mis amigos que el almuerzo parecía una escena de un escrito mío. Siempre me gustan los retos, soñar es mi vicio o mi virtud. Propuse ponernos de acuerdo un grupo grande de amigos, ir una tarde todos a almorzar allá. Que en todas las mesas compartan almuerzo y recuerdos amigos, como en familia. Entre risas y nostalgias, lágrimas y carcajadas, chistes e historias. ¿Que les parece la idea? ¿Se embullan a pasar una tarde en Yoyito?
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Un concierto de Navidad.

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Un concierto de Navidad, siempre promete emociones, nostalgias, alguna lágrima y arte del bueno. Las canciones relativas a la fecha no pueden faltar, de la voz de Samuel Calzado y de los recuerdos, vienen varias. Noche de paz trae a escena infancias y recuerdos, nos advierte antes de cantarla que tal vez no pueda terminarla; ya son 22 navidades separado de su familia, sin escuchar esta canción en la voz de su madre. No se si su madre en la distancia le apuntó la letra y la nota exacta. Termina la canción emocionado y feliz, por unos minutos compartió fiestas y canciones allá en un rinconcito de nuestra Habana, es la magia de la música, su embrujo.

Nos regala boleros, sin dudas se propuso invitar a todas las emociones a su concierto. Se sienta al piano, siempre, su mejor momento, donde alcanza la excelencia. Me gustaría un concierto acústico de Samuel; él, su piano, su voz, algún invitado. Que la descarga fuera la conductora de la noche, que complaciera peticiones, sin la altura de un escenario alejándolo de nosotros. Sin dudas un concierto así seria su mejor concierto.

Samuel, como muchos, es un luchador incansable, no se da por vencido. Poco a poco se propone nuevos retos, suma público y admiradores. Imponerse y triunfar en una ciudad como Miami, no es fácil, lo sabe. Cuenta con buenas armas en esta lucha; su voz, su piano y su insistir, su no darse por vencido. Sabe que todo no esta perdido y viene a ofrecer su voz, su corazón, una y otra vez, incansable.

Me presenta como su critico, exagera, solo soy un admirador mas, un amigo que comparte públicamente sus emociones. Hace 3 años cuando comencé mi blog, no me imagine comentando conciertos, describiendo espectáculos. Ya son varios los escritos dedicados a nuestros artistas, Rosita, Maria Antonieta, Ivette, Mirtha, Annia. Hace años, cuando realizaba mis prácticas de laboratorio en la Universidad, jamás me hubiera imaginado comentando conciertos, opinando de política o escribiendo cuentos. La astróloga de La Habana se equivocó en sus predicciones.

Hoy, en la mañana en mi eterna lucha entre el gimnasio y mis escritos, ganaron mis escritos. Me levante temprano para ir al gimnasio, revise las notas que tome durante el concierto de Samuel y aquí estoy, tomando café y terminando de compartir mis vivencias de un concierto de Navidad.

Como invitado irrumpe en escena Yunier Díaz en su personaje de Osana. No lo había visto antes, no podía imaginar que el muchacho serio y hasta tímido que conocí en conciertos y fiestas, fuera capaz de hacer tantas cosas en un escenario y hasta se atreviera a decirme públicamente que si yo “me daba patadas en los dientes”. La actuación de Yunier, su humor y vitalidad dan variedad al concierto, lo enriquecen. En una Navidad a “lo cubano” el humor y la risa no pueden faltar.

Durante su concierto, Samuel rinde homenaje a Bola de Nieve, Memé Solís. Alguien le pide una canción de Moncho, no recuerda bien la letra y Lourdes Libertad se la apunta en gestos desde el público. Samuel, la invita al escenario, comparten canciones y afectos. Hacen un dúo y después la acompaña al piano, un extra de la noche que no estaba en el programa.

El concierto termina, buen regalo de Navidad que se agradece que se convirtió en un arma mas para apuntalar la alegría y vencer la nostalgia que cargamos los emigrantes en estas fechas. Fiestas en que nos inventamos la alegría y la sonrisa seguro que tendremos navidades por venir y disfrutar sin exilios, ¡Como un milagro!

La Monalisa en La Habana.

Monalisa en La Habana, de Fuentes Ferrin.
Aislada de todo y de todos por un cristal antibalas que la protegía de balas, ácidos, chorros de pinturas y hasta tazas lanzadas contra ella, se aburría enormemente. Cansada hasta el cansancio de que miles la miraran y ni uno solo le dedicara una palabra de cariño. Por las noches conversaba con ella misma, aburrida de su vida solitaria.
– Hasta cuando tendré que estar aquí encerrada, sin conocer el amor, sin vivir. No se cuanto tiempo me quede siendo aún atractiva, cualquier día me desmorono o desintegro, seré solo un recuerdo. Me iré sin conocer el abrazo de un hombre de verdad, sin disfrutar de la vida, sin conocer sus milagros y misterios. Ay Leonardo, por que me convertiste en una obra de arte, preferiría ser una mujer común y corriente. ¡Quiero vivir!
Así se lamentaba cada noche de su suerte la Monalisa. Por el día, fingía su sonrisa, cruzaba sus brazos y se hacia la desentendida, la enigmática.

Una tarde de domingo la Monalisa se sorprendió por un colorido grupo que la visitaba. Hablaban alto, gesticulaban, mezclaban modas y tendencias, reían a carcajadas, casi, casi logran transformar su enigmática sonrisa en una carcajada. Hasta ganas sintió de extenderles la mano. Socializar con ellos se le antojo el non plus ultra de la felicidad y la alegría.

Cuando cerraron el museo, aprovecho para preguntar a uno de los personajes de Las bodas de Caná.
– ¿Quienes eran esos que vinieron hoy y armaron tanto alboroto? Me gustaron.
– Son cubanos, deben ser recién llegados, como les llaman a los que acaban de salir de Cuba.
Pronuncio con especial deleite la palabra Cuba, dejando intrigada y pensativa a Monalisa.

Una semana de reparaciones en el museo, juntaron en la misma habitación a Monalisa y a la Venus de Milo. Comenzaron a cuchichear entre ellas, la Venus, por su experiencia, más de 2 000 años vividos, se las sabía todas, como diríamos nosotros.

– Cuéntame de los cubanos y de Cuba, hace días conocí a un grupo y me dejaron con ganas de saber más de ellos, de contagiarme con su risa, de inventarme gestos con mis manos.
– Los cubanos son tremendos, uno me dijo un piropo una vez que nunca he podido olvidar. Cuando me siento sola, aburrida, cansada de tanto exhibicionismo, de este mármol frío y de esta ausencia de brazos, me ayuda a soportarlo todo.
– ¿Y que te dijo ese cubano Venus?
Suspiro lentamente, como reviviendo el momento en que lo escucho.
– Tú con esas curvas y tu experiencia, yo con estas ganas y este ardor…
– No dijo más, pero desde ese día solo pienso que saldría de esa combinación de ardores y experiencia.
– ¿Venus, has pensado alguna vez en ir a Cuba? ¡Te imaginas un encuentro con ese cubano del piropo!
– Lo he pensado un montón de veces, pero sola no podría, mírame, sin brazos.
– Yo voy contigo, me muero por conocer esa gente, sus costumbres, caminar por las calles de La Habana.
– Si vamos a ir, creo que lo mejor es invitar a Davicito.
-¿Davicito?
– Si el David de Miguel Angel, es muy amigo mío y siempre será bueno que nos acompañe un hombre.

Monalisa le envío un email a David con la invitación para que se les uniera en su viaje a La Habana. Allá en la Galería de la Academia de Florencia se armó un revuelo enorme cuando se enteraron que David, planeaba viajar a La Habana. Esto va a ser peor que “El rapto de las sabinas”, dijo uno. Los cuatro prisioneros, intentaron inútilmente salirse de su escultura sin terminar, acompañarlo. Hasta Venus y Cupido interrumpieron su idilio, asombrados de la osadía de David. Monalisa recibió un email muy escueto; acepto, compro ropa y me uno a ustedes en Paris.

David, demoro poco en viajar a Paris. Fue directo al Louvre, vestido con ropas modernas y con espejuelos de sol nadie lo reconoció. Cuando estuvo frente a la Venus de Milo, se quito los espejuelos.
– Voy a comprar ropas para ustedes esta tarde y a sacar los pasajes de avión. Esta noche vendré a buscarlas, mañana a primera hora saldremos para La Habana.
– Confiamos en ti David, mañana, estaremos en La Habana.

No tuvieron grandes dificultades para salir de Paris. Nadie podía imaginarse que esas dos mujeres y ese muchacho que viajaban en clase económica y hablaban varios idiomas, eran las tres obras de arte más conocidas y cotizadas del mundo.

– ¿Motivo del viaje? Pregunto el inspector en la inmigración de La Habana.
David, ágil y rápido respondió.
– Venimos a ver si aquí pueden resolverle el problema de los brazos.
– Bienvenidos.

Recogieron su equipaje y salieron corriendo de la aduana. Al menos hasta ahora, nadie había notado nada raro en ellos. La primera parte del viaje había sido un éxito. El sol los deslumbro, el azul del cielo los sedujo, se abrazaron emocionados, ¡Estamos en la Habana! Tomaron un taxi al centro de la ciudad, se bajaron en cualquier esquina. Caminaban por esas calles, deslumbrados por todo. Tenían pocos días para pasear por La Habana, sabían que muy pronto se dispararían las alarmas y la policía de todo el mundo estaría buscándolos. También sabían que el último lugar donde buscarían seria en La Habana, eso les daba un tiempo de ventaja para recorrer la ciudad, conocer a los cubanos y regresar con recuerdos y sueños.

Cuando apenas habían caminado unas cuadras, Venus se detuvo, solo dijo; ¡Es él! La vio de lejos, no podía creerlo, se acerco a ella y cuando estuvieron frente a frente le dijo.
– Las ganas y el ardor han aumentado, tú sigues con tus curvas y tu experiencia. Vivo cerca, en un cuartico de un solar, pero cabemos los dos y eso basta.
Venus miro a sus amigos suplicando permiso, implorando la dejaran ser llevada en brazos hasta un pequeño y destartalado cuartico de un solar habanero.
– Vete Venus, pero recuerda en 5 días tenemos que regresar. Nos vemos en el aeropuerto.

Venus se dejo llevar en brazos por ese mulato que olía a tabaco y a hombre. El primero y único que la amaba como mujer y no como obra de arte. Llegaron a su cuartico, la dejo sobre la cama, entonces ocurrió el milagro del amor; la Venus de Milo, asombrada y feliz, vio crecer sus brazos, hermosos y fuertes. Brazos que se bastaban para retener a su hombre, aunque solo fuera por unos días.

Monalisa y David siguieron andando La Habana. Se cruzaron con un grupo de jóvenes que salían de la Universidad. David solo dijo.
– Me quedo con ellos, son mi gente y el futuro de este país.
– Recuerda, en 5 días nos vemos en el aeropuerto.

David, fue uno más en ese grupo de jóvenes. Fue con ellos a conferencias en el Aula Magna, compartieron juntos en el muro del Malecón, las olas lo salpicaron y La Habana lo adopto como un hijo más. Una mañana, un grupo avanzaba por las calles de la ciudad, con banderas al aire, carteles y gritando consigas, David se sumo al grupo.
-¿Por qué protestan?
– Estamos protestando contra el enemigo
– ¿Quien es el enemigo? ¿Por que protestan?
– Quien es no importa, un enemigo si no se tiene, se inventa. Llevamos años en esto. Sigue en el grupo, grita algo de vez en cuando y en cualquier esquina te separas del grupo y se acabo la marcha para ti, chao, yo me “piro” en la próxima esquina.

David se quedo desconcertado, no entendía esa marcha y esas consignas, ese enemigo inventado y reinventado una y otra vez.

Una tarde vio un grupo de jóvenes con banderas de arco iris, carteles y tumbadores, se acerco a ellos.
– ¿Qué hacen?
– Es la marcha por la diversidad sexual. Contra la homofobia.
– Un problema de siempre que aún no se resuelve, me voy con ustedes.
– ¿Tú también eres gay? Le soltó uno.
– Yo soy David, ser o no gay, no es el punto, lo importante es condenar la homofobia. Si supieran cuantos grandes hombres, genios, la han sufrido.
De pronto David se sorprendió y río a carcajadas, el grupo a golpe de tumbadoras coreaba un estribillo mientras avanzaba por la ciudad. “Yo soy David, ser o no gay, no es el punto”.

Monalisa, siguió sola su recorrido por la ciudad, decidida a conocer a los cubanos, a llevarse con ella su esencia y sustancia. Entraba en solares, en tiendas, hacia colas sin saber para que eran. Una tarde en plena hora pico se subió a una guagua.
– Caballero, caminen que todavía hay gente afuera.
– No empujen, poco a poco, pasito alante, vamos, vamos que cabemos todos.
Cuando por fin logro acomodarse, se le planto detrás un tipo de más de 6 pies.
– Señor por favor, tiene ahí algo duro que cada vez que frenamos o doblamos me molesta.
– Tranquila mami, no te pongas así, yo soy incapaz de molestarte. ¿Cómo te llamas?
– Monalisa.
– De lisa no tienes nada, estas muy bien y muy mona si eres. Me quedo en la que viene, este es mi número y mi nombre, llámame cuando quieras.

Atónita, seducida y casi violada en una guagua, Monalisa disfrutaba cada instante de este viaje por una ciudad detenida en el tiempo y en los recuerdos. Entro en Maternidad de Línea, vio y compartió el milagro de la vida. Se sintió madre por vez primera, cargó bebes, cambio pañales, fue feliz.

Entraba en las casas, la invitaban a almorzar. Compartió las alegrías y tristezas de un pueblo que no se da por vencido, que no renuncia a sus sueños. Un pueblo que mantiene viva la llama de la esperanza aunque un huracán de dificultades quiera apagarla. Jugó domino, bailó, tomó ron. También lavó ropa, limpio casas, trabajo en el campo, aró la tierra y recogió sus frutos. Termino amando a este pueblo que la acepto como una mas, sin preguntas. Un pueblo que la amo por ella, no por su historia, títulos o valor monetario.

El tiempo vuela, los 5 días pasaron rápido. Monalisa, Venus y David, ya tenían noticias del revuelo por su desaparición. Algunos pensaban que era una conspiración de grupos extremistas para destruir la cultura occidental, otros que algún multimillonario loco, lo había planeado todo y las tenía escondidas en alguna bóveda secreta.

Venus, se despidió de su amante con lagrimas en los ojos, a medida que se alejaba, sus brazos desaparecían.
– Volveré, lo juro, no me olvides.
– Te estaré esperando, no tardes.

David se despidió del grupo de jóvenes que lo había acompañado.
– De ustedes depende el futuro de este país. No se inventen enemigos, únanse y hagan el milagro de ese país que sueñan aquí; no lo busquen mas en otro lugar.

Monalisa, no quería irse, sabia que la opción de quedarse era una locura. Dijo adiós a amigos recién estrenados, abrazo a algunos.
– Debo irme, otros me necesitan. No dejen nunca que la llama de la esperanza se apague, luchen por mantenerla viva entre ustedes.

Se reunieron en el parqueo del aeropuerto. No tuvieron dificultades en los trámites de rigor. Un día mas tarde, sin explicación, como por arte de magia, las tres obras de arte más famosas, reaparecieron en sus sitios exactos, como si nada hubiera pasado. Ni siquiera los expertos pudieron notar un brillo diferente en sus ojos. Tampoco nadie noto un cambio imperceptible en la sonrisa de la Monalisa.

Fotografia “Monalisa en La Habana”, pintura de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.

Lázaro, regresa a casa.

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Mis amigos saben que uno de los sitios obligados a visitar por mí, en cada viaje a La Habana es la iglesia de San Lázaro en el Rincón. Siempre voy llevando a mami del brazo, sosteniéndonos ambos, con amor y Fe.

Desde que nos bajamos del auto, sabia que seria una visita especial, algo en el aire lo anunciaba, lo presentía. Nos recibía una iglesia pintada, restaurada en su totalidad, conservando su humildad y encanto, su magia.

Por vez primera, antes de entrar a la iglesia, vimos a un hombre cumpliendo una promesa. Desde la entrada, de rodillas, avanzaba hacia la iglesia, le hice algunas fotos. Sus familiares le ayudaban. No se detuvo hasta llegar al altar, allí siguió de rodillas, dando gracias, orando, con Fe.

Cuando llegamos frente al altar de San Lázaro, mami y yo nos sorprendimos; Lázaro había cambiado su imagen. Despojado de lujos y vestiduras de obispo, prefería vestir de mendigo, humilde y enfermo, con sus perros acompañándolo. En la mano derecha el cencerro que llevaban los leprosos para anunciar su paso, la izquierda extendida, pidiendo limosna. Hasta imagine que nos decía; tarde, pero ya estoy de vuelta, este es mi lugar.

Sin dudas, esta imagen es la que buscan y veneran todos los que llegan al Rincón, cumpliendo promesas, orando con fe o conversando con Dios. Siempre digo que Dios esta en todas partes, pero por alguna razón desconocida, tal vez por su ausencia de lujos o la fe de los que la visitan; su presencia en este lugar, la siento mas fuerte, mas intensa. Es mi lugar preferido para orar, para dar gracias y de rodillas, con mami apoyada en mi hombro decir; Gracias por este encuentro, gracias por todo.

En esta visita vivimos un momento superespecial. Como Si Lázaro mendigo, en su regreso a casa, nos regalara un milagro, un milagro de amor y Fe. El cura, un muchacho joven, llamo a todos a sentarse frente al altar mayor, dijo una oración a la Virgen María, nos pidió que nos acercáramos para bendecirnos y rociarnos con agua bendita. Yo, entre la gente, trataba de llevar a mami cerca de él, quería que la bendijera de forma especial, cuando estuviéramos cerca pensaba pedírselo. Cuando nos acercábamos al altar, el cura vio a mami, se acercó a ella, le puso la mano en su cabeza y dijo una oración bendiciéndola a ella, a su familia, a todos sus seres queridos. Sin necesidad de pedírselo, entre todos, la eligió a ella para una bendición especial. Mami yo lloramos emocionados, por suerte pude atrapar el momento en una foto, constancia de un momento de fe y amor, de milagros y lagrimas.

Después de casi 100 años, Lázaro mendigo, regresaba a casa, él no era el único; yo también regresaba a casa. No importa el tiempo lejos, dificultades o decretos, todos terminamos regresando a casa. Mas tarde o más temprano, todos regresaremos a casa, una casa enorme donde entre milagros y sueños, construiremos esa patria soñada, “Con todos y para el bien de todos”.

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Miguelito, un hombre sin importancia.

Hombre centro de atencion, Fotografia tomada de Google.
Desde que nació, desde el primer instante al darle la primera nalgada, médicos y enfermeros se dieron cuenta que algo andaba mal. Su madre, lo notó unos días después. Miguelito, lloraba a grito limpio, daba perretas, mordía los pechos de su madre, todo con tal de sobresalir, de hacerse notar. Cuando su mamá le pregunto al médico y le explicó todo lo que pasaba, el doctor examinó a Miguelito muy serio. Lo reconoció por segunda vez, busco algo en Internet, miró a la mamá del Bebé y le dijo.
– No tiene nada orgánico señora, es un síndrome que sufren algunas personas, en él es congénito, Síndrome de autoimportancia adquirida.
– Ay doctor por su madre, ¿Eso es muy grave?
– El único perjudicado será él, en buen cubano yo le llamaría ganas de hacerse el importante o tremendo comemierda.
– ¿Tendrá cura?
– No hay cura conocida. Trate de enseñarle que sobresalir solo se logra por meritos y virtudes, que es un don y no una acción, eso puede ayudarlo.

La mamá de Miguelito se fue muy triste. A Ella una mujer sencilla, humilde, no le hacia ninguna gracia que su hijo creciera creyéndose el ombligo del mundo, imaginándose que todos estaban pendientes de él. Sobresalir, hacerse notar, no iba con su forma de ser, le molestaban las personas que se creían importantes sin serlo. Ahora tendría que lidiar con un hijo que se creía, desde el primer día de nacido, el non plus ultra de la personalidad y la importancia humana. Sin razón, ni motivo alguno que respaldara esa actitud, sin una triste virtud o talento que respaldara su pretendido protagonismo.

Miguelito creció, nunca fue un buen estudiante, no sobresalió por virtudes o habilidades, solo por su afán de ser el más importante, de sobresalir a ultranza. Siempre estaba metido en problemas. Le parecía que todos hablaban de él, que vivían pendientes de su vida, de todo lo que hacía y deshacía. Su mama le explicaba mil veces que eran solo ideas suyas.
– Miguelito, la gente tiene cosas muy importantes que hacer para estar pendientes de tu vida.
– Mamá, lo se si voy a una fiesta, todos me miran y cuchichean entre si pendientes de todo lo que hago y digo. Hay mucha gente interesada en mí, si yo te contara.

Muchas veces, su mama prefería no discutir, todo eso le parecía absurdo, hasta ridículo. Casi a punto de terminar su adolescencia, decidió buscar una segunda opinión, lo llevo al siquiatra mas conocido, el de más renombre en la ciudad.
Mientras le hacía preguntas a ella y a Miguelito, escribía muy serio en la computadora.
– El caso de su hijo es un poco raro, pero la ciencia lo reporta, hay varios casos de este síndrome. Es mas frecuente entre algunos argentinos, cubanos y venezolanos. No se sabe su origen o si esta vinculado a algún virus o algún alimento. No podemos hacer nada. Mas pequeño una buena tunda o un par de cintazos, hubieran ayudado, ahora, ya no hay nada que hacer.

La pobre señora se fue triste. Miguelito parecía un pavo real. Le envío mensajes de texto a los pocos amigos que tenia, muy pocos lo soportaban, informándoles que lo había visto el mejor siquiatra de la ciudad. No le importaba el motivo, el tenia que ser el más importante entre todos. Su trastornada mente repetía como en una letanía; sobresalir, sobresalir, sobresalir.

El tiempo pasó, Miguelito terminó sus estudios, comenzó a trabajar. Su afán de creerse importante, el sobresaliente, aumentaba. Se imaginaba a todos pendientes de él, pensaba que todas estaban enamoradas de él. Si la secretaria del jefe del departamento lo llamaba y le decía que pasara antes de irse para recoger unos papeles, se decía a si mismo.
– Esta loca por mi, es solo un pretexto para verme.
Así se inventaba historias, tristes y malas telenovelas, donde él, solo él, era el protagonista absoluto.

Una noche asistió a una fiesta donde estaba todo lo que brillaba y valía en la ciudad, lo mejorcito. Miguelito, fue invitado casi por casualidad o por error; no formaba parte de ese grupo donde brillaba y compartía lo mas destacado de la ciudad. Se sintió en su ambiente, entre todas las personas realmente importantes, se creía ser el centro, el ombligo de la fiesta. Hasta llego a imaginarse que la fiesta era en su honor, solo un pretexto que se inventaban para compartir con él.

Miraba a la gente conversar, convencido de que todos hablaban sobre él, sus ropas, su presencia, su distinción y elegancia, su seducción. Si alguien lo miraba por error o solo por cruzarse en su camino, se sentía acosado, perseguido por una legión de admiradoras o enemigos inventados. Su mente le hizo ver grupos de envidiosos, molestos por su brillo, que lo criticaban.

De repente, algo muy raro e inesperado sucedió. Miguelito, por solo 10 segundos tuvo el don de escuchar las conversaciones de todas las personas presentes en la fiesta. Palideció, comenzó a sudar frío y a temblar; nadie hablaba sobre él, como si no estuviera en la fiesta. Todos lo ignoraban olímpicamente, como si no existiera. Miguelito comenzó a inflarse de rabia y despecho, en un último y supremo intento de sobresalir. Continúo inflándose hasta que de pronto; estallo en plena fiesta. Todos se sorprendieron por el ruido, pero nadie, absolutamente nadie se dio cuenta que había desaparecido, nadie notó su ausencia, nadie preguntó por él. Solo su madre lo lloró, ese fue el único homenaje que recibió en su partida, el que en vida se creyó el centro del mundo, la obra de arte que todos admiraban y comentaban; un triste y solitario, hombre sin importancia.

Fotografia tomada de Google.

¡Annia! A su manera.

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Tengo varios escritos comenzados, pensé terminar un par de ellos este fin de semana. Tendrán que esperar unos días, un fin de semana un poco “movidito”, la presencia e interpretación de una cantante cubana en una fiesta de Navidad, me hicieron cambiar mis planes.

De un modo u otro, le debía un escrito. Era mi cantante favorita en La Habana, asistí a todos sus conciertos. Les confieso que nunca hice “colas” para comprar las entradas, la amistad con uno de sus más fíeles seguidores, me garantizaba siempre un buen lugar en los teatros. La primera vez que asistí a un concierto suyo fue en el Mella, La Habana se estremecía con el RM de Roberto Morales. Alguien me comentó del espectáculo, me dijo; Annia canta “A mi manera” y en la parte final se aleja el micrófono, ¡Que voz! Les confieso que lo vi varias veces, Annia seducía al publico habanero en complicidad con Consuelito Vidal, en un binomio inolvidable.

Asistí a muchos de sus conciertos, en el teatro inmenso de la Habana, el Nacional, el Mella. Annia repletaba los teatros y sus entradas se vendían como pan caliente, pero pan del bueno, no del de la cuota. Recuerdo una noche en la sala Covarrubias del teatro Nacional, que hasta un apagón habanero quiso escuchar a Annia y lo logró. En lo mejor del concierto, se hizo presente, se fue la luz, como decimos nosotros. Creo que Annia se dijo; bueno si el apagón vino a escucharme, va a escucharme y dicho y hecho. El concierto lo continúo cantando a capella y un público enardecido y feliz con esta cantante que iba más allá de la técnica y las dificultades.

En los conciertos de Annia, descubrí a María Antonieta. Nos impacto a todos por su presencia, belleza y talento, después el tiempo y la geografía terminarían uniéndonos en amistad y admiración.

Cuando estaba en plena efervescencia y popularidad, en un viaje al extranjero, decidió asentarse en Miami. Annia se quedo, repetía su público consternado, ella, como otras, dejo un vacío, un espacio que aún continua esperándola, reclamándola.

En Miami, no he asistido a sus conciertos, hasta ahora. Les confieso que temía a este reencuentro con su voz y los años, prefería recordarla luminosa y triunfante en La Habana. Cuidaba esos recuerdos, los recuerdos, son un tesoro muy valioso. Anoche en una fiesta de Navidad en casa de unos amigos, Annia canto dos canciones. Embellecida por amigos, adornada por el amor de amigos y publico, comenzó a cantar, “A mi manera” le hice algunas fotos. Poco a poco Annia subía el tono, volvía a alejar el micrófono en los agudos, derrochando voz y arte. Deje de hacer fotos, me recosté a un muro y me deje llevar por su voz que como la flauta mágica del cuento, me llevo en el tiempo y la geografía. El publico aplaudía y yo suspiraba por amigos y ciudades ausentes, por La Habana que se pierde de disfrutar esta voz por absurdos y decretos.

En el segundo número Annia invita o “arrastra a la fuerza“, a Samuel Calzado y a María Antonieta a cantar junto a ella. ¿Que voy a hacer sin ti? Adquiere un matiz diferente en este trío de lujo, de voces cubanas decididas a no darse por vencidas, a ser escuchadas.

Saludo a Annia, le prometo un escrito que le debo hace años, desde que retomé el oficio de escribir. Me invita a su concierto el próximo 28 de diciembre en Alfaro’s, prometo ir, seguro que su voz hará el milagro de despedir el año, entre recuerdos y sueños.

Recuerdo a mi amigo, el que me resolvía las entradas para los conciertos de Annia. Anoche hubiera sido feliz escuchándola sabiéndola en plenas condiciones vocales, vital y espontánea, con la fuerza de siempre. Sus cuerdas vocales no creen en exilios ni en años, en tumbas de artistas, ni retiros. El junto a mi, hubiera aplaudido anoche, enjugado una lagrima de emoción y nostalgia. Juntos hubiéramos recordados conciertos y teatros al influjo de una manera que vence el tiempo y la distancia, la de Annia.
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Desde La Habana, ¡Ivette!

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Un breve mensaje a Ivette Cepeda por las redes sociales, su gentileza en responderme, aseguraban mi asistencia a uno de sus conciertos en La Habana. Llegar a mi ciudad, estallar en besos y abrazos junto a mi madre, terminar el día en un concierto íntimo, habanero y cubanísimo, era la mejor bienvenida que La Habana podía darme, su as de triunfo que sacaba de la manga con un guiño.

Supe de Ivette, viviendo en Miami, no recuerdo exactamente como, ni en que instante descubrí su voz, me deje atrapar por ella. Desde ese momento comencé a seguir su carrera en ascenso, a perseguir sus discos y videos, a disfrutarla en cada canción, en cada nota. Tuve la oportunidad de asistir a su primer concierto en Miami. Al escucharla en vivo, la llamé, la voz de La Habana. Deleitándome con su voz y sus interpretaciones, era como si mi ciudad, en extraña y mágica conjunción, hubiera decidido hacerse escuchar por ella, hacer suyas sus cuerdas vocales, convertir en notas, acordes y agudos, cada barrio habanero cada una de nuestras calles y esquinas.

En su primer concierto en Miami, a muchos nos pareció estar en La Habana; su voz hacia el milagro de borrar exilios y lejanías. El grupo de amigos que coincidimos en el teatro, nos dejamos llevar por su voz y hasta alguna que otra ola nos salpico, bautizándonos de cubanìa y buen arte.

Asistir a un concierto de Ivette en La Habana, tenia para mi una magia especial, un encanto único. Por vez primera, después de 13 años, escucharía a una cantante cubana, en vivo, en mi ciudad. En la memoria y en el corazón lleve conciertos de Elena, de muchas más que disfrute muchas veces en esos amados y nuestros teatros del recuerdo. El lugar era perfecto para este reencuentro con Ivette y mi ciudad; el bar del Hotel Telégrafo, construido a partir de las ruinas originales, invitaba a desatar emociones y nostalgias, sueños y suspiros.

Un montón de veces, en Miami, escuchando a nuestras cantantes, me ha parecido estar en La Habana y salgo de teatros y centros nocturnos, desorientado, buscando calles de mi Habana, perdido en el recuerdo, borracho de noches habaneras y paseos por el Malecón. Escuchar a Ivette, el primer día de mi llegada a La Habana, me recordaba a Miami, su primer concierto. Me parecía ver a Memé Solís, de pie aplaudiéndola, dándose con el puño en la frente, como quien se dice en buen cubano; ¿Qué coño es esto? A mis amigos de pie, aplaudiéndola. El bar del Hotel telégrafo se me antojó un teatro y por un minuto temí que mi viaje a La Habana, no fuera real y al salir terminara la magia y todo fuera solo un sueño. Por suerte aún tenía por delante una semana en mi ciudad. Mi Habana, me daba la bienvenida en la voz de Ivette augurándome un viaje especial; 7 días de encantamientos y conjuros, de felicidades multiplicadas y recuerdos para atesorar.

La selección del repertorio de Ivette, es inteligente y de buen gusto. Incluye números antológicos de nuestra canción, de esos imprescindibles que todo cantante cubano que quiera trascender, debe incluir y recrear. Dedica un espacio a Sabina, declara su admiración por él y su deseo de conocerlo en su próxima visita a La Habana. Estoy seguro que alguien lo invitara a uno de sus conciertos. Joaquín Sabina, se sentara a escucharla y después de la primera canción estará de pie, aplaudiéndola. Al final de su concierto, le dará las gracias por hacer suyas sus canciones, se abrazaran y algún día le enviara una canción para que la estrene, lo se, lo presiento; la admiración será mutua.

Aunque se que ya lo había leído, le entrego a Ivette mi escrito sobre su primer concierto en Miami, constancia que ese instante y tampoco este son un sueño, una trampa de nostalgias y recuerdos. Me agradece con un beso mi gesto, le digo al oído, te extrañamos, regreso en septiembre, me susurra ¡Te esperamos!

Sabe que los cubanos del lado de acá, la amamos y esperamos, con un amor a primera escucha y la certeza que en septiembre, su voz y su arte adornaran otra vez esta ciudad, con un color que pintara vidas y almas a su influjo y magia.
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