Miguelito, un hombre sin importancia.

Hombre centro de atencion, Fotografia tomada de Google.
Desde que nació, desde el primer instante al darle la primera nalgada, médicos y enfermeros se dieron cuenta que algo andaba mal. Su madre, lo notó unos días después. Miguelito, lloraba a grito limpio, daba perretas, mordía los pechos de su madre, todo con tal de sobresalir, de hacerse notar. Cuando su mamá le pregunto al médico y le explicó todo lo que pasaba, el doctor examinó a Miguelito muy serio. Lo reconoció por segunda vez, busco algo en Internet, miró a la mamá del Bebé y le dijo.
– No tiene nada orgánico señora, es un síndrome que sufren algunas personas, en él es congénito, Síndrome de autoimportancia adquirida.
– Ay doctor por su madre, ¿Eso es muy grave?
– El único perjudicado será él, en buen cubano yo le llamaría ganas de hacerse el importante o tremendo comemierda.
– ¿Tendrá cura?
– No hay cura conocida. Trate de enseñarle que sobresalir solo se logra por meritos y virtudes, que es un don y no una acción, eso puede ayudarlo.

La mamá de Miguelito se fue muy triste. A Ella una mujer sencilla, humilde, no le hacia ninguna gracia que su hijo creciera creyéndose el ombligo del mundo, imaginándose que todos estaban pendientes de él. Sobresalir, hacerse notar, no iba con su forma de ser, le molestaban las personas que se creían importantes sin serlo. Ahora tendría que lidiar con un hijo que se creía, desde el primer día de nacido, el non plus ultra de la personalidad y la importancia humana. Sin razón, ni motivo alguno que respaldara esa actitud, sin una triste virtud o talento que respaldara su pretendido protagonismo.

Miguelito creció, nunca fue un buen estudiante, no sobresalió por virtudes o habilidades, solo por su afán de ser el más importante, de sobresalir a ultranza. Siempre estaba metido en problemas. Le parecía que todos hablaban de él, que vivían pendientes de su vida, de todo lo que hacía y deshacía. Su mama le explicaba mil veces que eran solo ideas suyas.
– Miguelito, la gente tiene cosas muy importantes que hacer para estar pendientes de tu vida.
– Mamá, lo se si voy a una fiesta, todos me miran y cuchichean entre si pendientes de todo lo que hago y digo. Hay mucha gente interesada en mí, si yo te contara.

Muchas veces, su mama prefería no discutir, todo eso le parecía absurdo, hasta ridículo. Casi a punto de terminar su adolescencia, decidió buscar una segunda opinión, lo llevo al siquiatra mas conocido, el de más renombre en la ciudad.
Mientras le hacía preguntas a ella y a Miguelito, escribía muy serio en la computadora.
– El caso de su hijo es un poco raro, pero la ciencia lo reporta, hay varios casos de este síndrome. Es mas frecuente entre algunos argentinos, cubanos y venezolanos. No se sabe su origen o si esta vinculado a algún virus o algún alimento. No podemos hacer nada. Mas pequeño una buena tunda o un par de cintazos, hubieran ayudado, ahora, ya no hay nada que hacer.

La pobre señora se fue triste. Miguelito parecía un pavo real. Le envío mensajes de texto a los pocos amigos que tenia, muy pocos lo soportaban, informándoles que lo había visto el mejor siquiatra de la ciudad. No le importaba el motivo, el tenia que ser el más importante entre todos. Su trastornada mente repetía como en una letanía; sobresalir, sobresalir, sobresalir.

El tiempo pasó, Miguelito terminó sus estudios, comenzó a trabajar. Su afán de creerse importante, el sobresaliente, aumentaba. Se imaginaba a todos pendientes de él, pensaba que todas estaban enamoradas de él. Si la secretaria del jefe del departamento lo llamaba y le decía que pasara antes de irse para recoger unos papeles, se decía a si mismo.
– Esta loca por mi, es solo un pretexto para verme.
Así se inventaba historias, tristes y malas telenovelas, donde él, solo él, era el protagonista absoluto.

Una noche asistió a una fiesta donde estaba todo lo que brillaba y valía en la ciudad, lo mejorcito. Miguelito, fue invitado casi por casualidad o por error; no formaba parte de ese grupo donde brillaba y compartía lo mas destacado de la ciudad. Se sintió en su ambiente, entre todas las personas realmente importantes, se creía ser el centro, el ombligo de la fiesta. Hasta llego a imaginarse que la fiesta era en su honor, solo un pretexto que se inventaban para compartir con él.

Miraba a la gente conversar, convencido de que todos hablaban sobre él, sus ropas, su presencia, su distinción y elegancia, su seducción. Si alguien lo miraba por error o solo por cruzarse en su camino, se sentía acosado, perseguido por una legión de admiradoras o enemigos inventados. Su mente le hizo ver grupos de envidiosos, molestos por su brillo, que lo criticaban.

De repente, algo muy raro e inesperado sucedió. Miguelito, por solo 10 segundos tuvo el don de escuchar las conversaciones de todas las personas presentes en la fiesta. Palideció, comenzó a sudar frío y a temblar; nadie hablaba sobre él, como si no estuviera en la fiesta. Todos lo ignoraban olímpicamente, como si no existiera. Miguelito comenzó a inflarse de rabia y despecho, en un último y supremo intento de sobresalir. Continúo inflándose hasta que de pronto; estallo en plena fiesta. Todos se sorprendieron por el ruido, pero nadie, absolutamente nadie se dio cuenta que había desaparecido, nadie notó su ausencia, nadie preguntó por él. Solo su madre lo lloró, ese fue el único homenaje que recibió en su partida, el que en vida se creyó el centro del mundo, la obra de arte que todos admiraban y comentaban; un triste y solitario, hombre sin importancia.

Fotografia tomada de Google.

4 thoughts on “Miguelito, un hombre sin importancia.

  1. habanero Buenos dias y gracias por el envio, muy sugerente el escrito, como siempre una redaccion impresionante y un sentido sin limites pero tiene mucha similitud con todas las personas q descargamos en el facebook,es como resumir todas nuestras psicologias y sentimientos, un abrazo deunViejo cubano de 66 aos pero con deseos de vivir libre y feliz, a Dios gracias q me trajo a Mayami

    El Sbado, 14 de diciembre, 2013 9:50 A.M., habanero2000 escribi: WordPress.com HABANERO2000 posted: ” Desde que naci, desde el primer instante al darle la primera nalgada, mdicos y enfermeros se dieron cuenta que algo andaba mal. Su madre, lo not unos das despus. Miguelito, lloraba a grito limpio, daba perretas, morda los pechos de su madre, todo “

    • No creo que tenga similitud con muchas personas de las que compartimos en el mundo virtual o real. Hay algunos Miguelitos por ahi, por suerte, no son muchos. Un abrazo, siempre un gusto tenerte por aca.

  2. Que pobreza de sentimientos la de Miguelito. Hay tantos en este mundo. Como soy tan adulona tuya quiero decirte que este de tus escritos mi preferido.Es el reflejo de esos personajes sin identidad que caminan por este mundo .

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