Mi bandera, vencedora del fuego y del olvido.

bandera y palma!
Mientras unos queman banderas, en actos de furia e ignorancia,
Otros queman sus recuerdos, su infancia, su cielo, sus palmeras.
No acepto que hagan cenizas tricolores,
Que intenten flamear la estrella solitaria.

Mi bandera sabe donde guardarse, protegerse,
Desde la palma mas alta y orgullosa, desde la gloria
Desafía vientos, tempestades,
Indestructible habita en corazones, que la cuidan, la aman y protegen.
Hasta hijos de otras estrellas y colores, intentan protegerla y gritan ¡No es con ella nuestra lucha, ni la ira!

Sabe como cuidarse de las llamas, de furias y odios sin sentido.
Mira al cielo y dice, perdónalos señor, ¡no saben lo que hacen!
Llora desde lo alto, incontenible, la indiferencia y burla de algunos de sus hijos.
Eso le duele, más que el fuego que fracasa en su intento de quemarla. Son llamas que destrozan su memoria, su símbolo, sus años protegiendo, andando por el mundo.

Mientras unos queman mi bandera,
Otros arden en el fuego indiferentes, ¡Que la quemen, es solo un trapo! Una tela sin sentido, es del gobierno.
Reniegan de ella y de su origen, arden en el fuego de mal hijo, hasta se burlan de lagrimas e iras, de aquellos que la aman y respetan, que la prendieron, para siempre, en el alma y la gloria de sus vidas.

A aquellos que en vano intento intentaron quemarla, confundiendo símbolos y enemigos, les explico.
Comprendo su indignación que debe detenerse, justo donde empieza mi bandera, nuestra patria.

A los hijos de la estrella solitaria, que miran indiferentes como arde y hasta se alegran de esas llamas equívocas e ignorantes,
Que miran indiferentes, como arden sus recuerdos, que olvidan símbolos y patria, que cultivan desarraigo y malos odios,
A esos que fueron mis hermanos y decidieron alejarse de su madre,
Los miro con tristeza, hasta con pena, acaricio mi bandera y le susurro, no los perdones, ¡Ellos si saben lo que hacen!

Fotografia tomada de Google.

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Leo, el hombre que se convirtio en héroe

Era un pueblo muy rico y hermoso, merecía un mejor destino. El mal gobierno del alcalde, lo había empobrecido, todo escaseaba, todo menos el valor.

Una tarde, el alcalde reunió al pueblo en la plaza principal y en un discurso atronador y sin sentido, invento enemigos y culpas. Maldijo a los que estaban en su contra, los acuso de traidores. Ellos eran los responsables de todo, vocifero por los altoparlantes. Cada frase estaba preparada, bien estudiada, para confundir y crear miedo, pero cometió un error al elegir la frase final de su discurso, “el que este libre de culpa, que lance la primera piedra”. Una lluvia de piedras lanzada por los niños del pueblo, lo cubrió. No quedo un niño del pueblo sin lanzarle su pedrada, con toda la fuerza y certeza que dan la inocencia y el saberse dueños de los sueños.

El alcalde ordeno a su guardia que tomara medidas, tal acto de desobediencia no podía quedar sin castigo. Su autoridad estaba en juego, hasta su futuro como alcalde peligraba si no tomaba medidas extremas. Cuando la guardia intento actuar y cumplir las ordenes recibidas, de entre los niños, protegiéndolos en su gesto, apareció Leo, enfrento a la guardia, los desafío. Se interpuso entre ellos y los niños, estaba dispuesto a defenderlos con su vida si era necesario, sabía que eran el futuro del pueblo. La guardia vacilo, el valor de un hombre siempre impresiona, aún a sus enemigos y valor era lo que le sobraba a ese hombre; todos en el pueblo lo sabían.

Todo el pueblo se agrupo en torno a Leo. Niños, jóvenes, viejos. Todos estaban dispuesto a defenderlo, era el líder que llevaban tiempo esperando; un hombre capaz de enfrentarse al alcalde, mirarlo a los ojos y no sentir miedo. Un hombre capaz de luchar por el futuro. Cuando la guardia del alcalde intento apresarlo, el pueblo como un tsunami incontenible, lo protegió, lo oculto en su seno, lo cuido.

El alcalde mando a poner fotos de Leo por todas partes. Era el hombre mas buscado del pueblo. Se le acusaba de crímenes horrendos, de manipular a los niños y usarlos a su favor, de agresión y ataque al alcalde y a los principios del pueblo. Si lo encontraban, su condena seria larga, seria difícil que se lograra un juicio justo. El pueblo lo sabia y trataban de convencerlo que huyera y se refugiara en algún pueblo cercano, donde no pudieron atraparlo. La idea de huir no le gustaba a Leo, era valiente, no conocía el miedo.

Después de pensarlo todo el día, decidió ir a ver a su abuelo Simón. En su juventud, su abuelo había participado en luchas por la libertad de varios pueblos. Sabia de guerras y batallas, su consejo le era necesario, casi imprescindible para tomar una decisión.

Cuando anocheció, acompañado por un grupo de hombres, se encontró con su abuelo en la casa de un amigo, allí no irían a buscarlo. Se abrazaron, su abuelo lo miro a los ojos.

– Leo, yo puedo ayudarte en una guerra, como disponer las tropas, de mi heredaste tu valor, tu hombría. En esta guerra no solo debes tener valor y saber de guerras, vas a necesitar ideas, se de alguien que puede ayudarte mas que yo; el viejo José. Mi consejo es que vayas a verlo, somos como hermanos, es un hombre muy inteligente y con una visión muy clara y objetiva de todo. Muchas veces me asombra con sus ideas, conversar con él, te hará bien. Ve a verlo, sus consejos te serán valiosos, lo se.

La gente del pueblo lo ayudo a llegar a casa del viejo José. De pie, en el portal lo esperaba.
– Sabia que vendrías tu abuelo y yo estuvimos hablando de ti todo el día. No dividas une, desde el río grande que esta al norte hasta las montañas del sur, somos un solo pueblo.La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio. No temas, Simón y yo estaremos a tu lado, cuenta con nosotros. El pueblo confía un ti, no lo defraudes nunca.

Mientras hablaban sintieron acercarse a los soldados de la guardia. El viejo José, se planto en medio del jardín y levanto el brazo.
– ¡Adelante, sin miedo!
Leo, a su lado, de pie, levanto el brazo retando al futuro y a los sueños, convocándolos a hacerse realidad. Espero a los guardias sin miedo.

El pueblo asombrado y emocionado, vio iluminarse el rostro de Leo. Asistían, sin saberlo, a la conversión de un hombre en héroe.

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Fotografia tomada de Google.

Teresa, la mujer de las mil vidas.

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Después de almorzar juntas, Isabel y Teresa, se sientan en el portal de la casa. Saborean el café y comienzan a conversar. Son amigas desde la adolescencia, entre ellas no hay secretos. Han sido amigas en las buenas y en las malas.

-Teresita, ¿Por que nunca has desmentido los chismes que dicen sobre ti? Dejas que la gente comente, destroce tu reputación. Yo creo que eso no esta bien, deberías enfrentarlos, demostrarles a todos que esos dimes y diretes son falsos.
– Debería, ya lo dijiste, pero no lo haré. Mi vida es sencilla, tal vez hasta aburrida. Siempre he sido una mujer decente, jamás he tenido amantes, nunca he ocultado nada sobre mí. Me dedique a criar a mis dos hijos. Un año después que Armando se fue del país conocí a Rogelio, nos casamos, un día decidimos separarnos, quedamos como amigos. He cuidado a mi madre, a mis tías. Nunca he viajado fuera del país. En el trabajo, rechacé una promoción para tener más tiempo para dedicar a mi familia. Mi jefe dice que soy su mano derecha, que debería ser la Vicedirectora, pero prefiero seguir así, ayudándolo y continuar en mi modesto puesto.
Toda mi vida he hecho lo correcto, lo establecido. Gracias a esos chismes y diretes, como tú dices, he vivido muchas vidas, tantas como chismes se han inventado sobre mí. Podría escribir una novela sobre las vidas que me han inventado.
– No tengo dudas, para mi eres la mejor mujer del mundo, la amiga que todos quisieran tener. Mira que te conozco hace años y no hay nada de ti que pueda criticar, por eso me molesta que no desmientas todos esos chismes.
– Sabes, esos chismes e inventos de la gente, no me hacen daño, al final, le han dado color a mi vida. Mira, voy a contarte.

Tengo 52 años, aún me considero una mujer atractiva. Hago ejercicios todos los días cuido mi dieta. Recuerdas que hace dos años me descuide un poco y aumente unas libritas.
– Si lo recuerdo, estabas preocupada por tu tía la que vive en Santiago que estaba enferma.
– Exactamente, pedí un mes de licencia en el trabajo para ir a cuidarla. Vista hace fe y aunque la señora que la cuida es muy buena, quise estar a su lado. Deje a mamá con mi hermana y me fui a cuidarla. Ese mes cuidándola fue duro, perdí las libras que había ganado y otras más. Al regresar estaba muy delgada. ¿Recuerdas lo que comentaron en el barrio?
– Perfectamente, que te habías hecho la liposucción y lo de cuidar a tu tía era un cuento para que la gente no se enterara. Hasta dijeron que te habías dado un estironcito en la cara. Que con la tonga de años que tú tenías era imposible que lucieras así, si no fuera por las cirugías que te habías hecho.
– Ves, por los chismes de la gente me convertí casi en contemporánea con La Fornés y le hice la competencia en eso de las cirugías.
Cuando María se fue a trabajar a Camaguey por un año y Carlitos fue a hacer una maestría a Méjico, me quede sola con mamá en la casa. Le dije a Pedrito el hijo de una vecina de mi tía que estaba pasando un curso aquí en La Habana, que podía quedarse en la casa. Le prepare el cuarto de Carlitos y ahí se quedo por 6 meses ¿Lo recuerdas?
– Como no voy a recordarlo si es el muchacho mas bello que he visto en mi vida. En vez de ser ingeniero, debería trabajar en el cine.
– Pues los chismosos del barrio me lo pusieron de amante. Gracias a esos chismes me di el lujo de ser amante de uno de los hombres más bellos del país. Todas se morían de envidia cuando nos veían conversar en el portal. Yo lo quiero como un hijo, pero disfrutaba verlas ponerse rojas de rabia cuando me besaba al despedirse en la reja del jardín. ¡Ni muerta desmentiría ese chisme! No solo tuve varios amantes, sino que entre ellos tuve a uno más joven que mi hijo y más bello que un sol. Esa es una de las tantas vidas que me inventaron y que de tanto repetirlas las chismosas, ellas mismas terminaron creyéndoselas y envidiándomelas.
– Te entiendo Teresita, pero hay algunos chismes que deberías haber aclarado como cuando nació tu hija.
– Ese fue el único que si quise desmentir, no por mí, por Armando y por Enrique, mi jefe. Cuando le conté a Armando que andaban diciendo que la niña se parecía mucho a mi jefe, me miro a los ojos; ¿Te preocupa? Yo estoy seguro que es mi hija, Enrique esta más que seguro que no es de él, tú sabes que es hija mía, ¿Hay en esta historia alguien más que le interesa saber quien es el padre de la niña? Cuando la niña cumplió 6 meses, Armando y yo, a pesar que no somos católicos, decidimos bautizar a María. Tú fuiste la madrina y Enrique el padrino. Todo fue idea de Armando que quería ver a las viejas chismosas del barrio y del trabajo retorcerse de rabia. Hasta quería tener una ambulancia lista en la iglesia el día del bautizo. Que manera de reírnos esa tarde.
– Créeme yo no hubiera podido soportar todos esos chismes sobre mi, ¡eres única!
– No tanto Isabel, al final uno termina disfrutándolos. Esos chismes me convirtieron en la mujer más interesante del barrio.
Recuerdas cuando tuve que irme a dar unos cursos a VillaClara, todos dijeron que había ido a Miami, a reunirme con Armando y que a lo mejor hasta me quedaba. Cuando vine a los 6 meses con mi maletica y mi mochila, dijeron; seguro dejo los gusanos y toda la pacotilla en casa de alguien para despistarnos. Se pasaron meses vigilándome. ¿Tú crees que iba a perderme la oportunidad de ver a todas esas viejas pendientes de la casa, turnándose para verme entrar la pacotilla? Ni muerta, que sufran, su propio veneno le provoco a más de una, una buena gripe por andar de madrugada vigilándome y yo, tranquila en mi cuarto.
-Ay Teresita, yo creo que al final hasta te has divertido con esos chismes.
– Claro que me he divertido. Si por esos chismes he sido hasta lesbiana, tortillera, como dijeron en el barrio cuando Florita, la hija de la mujer de Armando en Miami quiso venir a conocer La Habana y yo le ofrecí mi casa para que se quedara. Le di mi cuarto y yo dormía con María. La lleve a pasear por toda la ciudad y todos comentaban que éramos amantes, que yo era tremenda descará por meterla en la casa con mis hijos y mi madre. Que yo no tenia limites. He tenido amigos y amigas gays, pero nunca pensé que gracias a los chismosos, terminaría viviendo un romance de ese tipo.
Recuerdo una vez que pasaron recogiendo dinero para la fiesta de los CDR, yo di veinte pesos que tenia en la cartera. No por abundancia de dinero, era lo único que había en la cartera y no quería tener que decirles que volvieran otro día ¿Tú sabes lo que comentaron esas mujeres? Claro, si esa mujer esta podría en dinero. Su exmarido le manda todos los meses cientos de dólares y ella le manichea la pensión a la madre. O sea, deje de ser Teresa, la trabajadora que cuenta los kilos para llegar a fin de mes y me convertí en una mujer rica, solvente, ¡maceta!
¿Me entiendes por qué nunca quise desmentir esos chismes, dimes y diretes?
¿Quiénes sufrieron a causa de esos chismes? Los que los inventaron, que terminaron envidiándome mi vida glamorosa, mi belleza sin edad, mis amantes jóvenes y de ambos sexos, mis viajes a Miami, mis infidelidades.

Isabel, no podemos vivir pendiente de lo que los demás dicen sobre nosotros, allá ellos con su condena y su mediocridad, te lo digo yo; Teresa, la mujer de las mil vidas.

Casi se atragantan con el café de la risa. Mientras Juana, la vieja de la esquina chocaba contra el poste en su intento de no perderse un detalle de lo que pasaba en el portal de Teresa.
– Esa mujer es tremenda, ¡yo creo que es hasta bruja! Le dijo a Oscar cuando la ayudo a levantarse del suelo.

¿Donde buscarme?

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Si me pierdo, no me busquen en Paris o en New York, en Roma o en Berlín, no estaré entre puentes o rascacielos, muchedumbres apuradas, metros y autos del año.

Si me pierdo no me busquen entre poemas o novelas clásicas, aunque los ame, no me perderé con Víctor Hugo o Shakespeare, no estaré releyendo Wilde o Saint-Exupéry.

No intenten encontrarme en El Louvre, entre esculturas y pinturas muy famosas.

Si un día, al llamarme no respondo, no me busquen en islas exóticas o en orquídeas. No estaré en playas mediterráneas, no andaré por volcanes, ni navegare por ríos caudalosos. Cuando decida perderme, no me iré a selvas intrincadas, ni a desiertos candentes.

Si me pierdo, no me busquen en robles centenarios o en desconsolados sauces. No andaré perdido entre abedules.
No se les ocurra buscarme entre las nieves o explorar los hielos en mi busca.

No me busquen jamás en el reposo, en una cama o a la sombra descansando.
No griten mi nombre en catedrales, no intenten encontrarme en NortreDame, en iglesias famosas, entre lujos.

No hurguen por mi entre restas, divisiones, no andaré entre números irracionales. Estaré entre sumas, multiplicado, de la mano de números naturales.

Búsquenme siempre al sur, allá en mi Isla. Andaré entre calles rotas y abandonos, componiendo sueños e ilusiones.
Entre palmas y cañas, en un solar habanero, en una vieja cuartería; entre mi gente, levantando la esperanza y el futuro.

Calentándome al sol, sostenido por mi madre y por mi tierra. Estrechando manos, dando abrazos.

Encontrando ansias y recuerdos, me hallaran en La Habana, con libros de Marti y Dulce María, releyendo a Jamis y Delfín Prats, persiguiendo a Cecilia por el barrio. Tal vez buscando en un museo a las mulatas que raptaron, acariciando a la Virgen del camino o escuchando al gallo de Morón. Entre colores, paisajes y guajiros, escondido en un sombrero, robándome La Habana y sus recuerdos.

Búsquenme, seguros de encontrarme, entre girasoles y Colibríes. En una mariposa, entre palmeras. Griten mi nombre en el Rincón o allá en El Cobre, seguros de encontrarme entre la fe de un pueblo y los humildes.

Me encontraran haciendo, insomne, tomándome el café de la esperanza, compartiéndolo con mi gente y con ustedes, allá en el comienzo de los sueños y de la historia. Acariciando esa patria que se anuncia; con todos y para el bien de todos.