¡Sigo aqui! Un concierto entre amigos.

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Sigo aquí, un nombre sugerente para un concierto, una declaración de principios y propósitos; una decisión. Samuel Calzado sigue aquí en el panorama cultural de la ciudad, abriéndose camino, afincándose, ganando público, aplausos y amigos.

Desde antes de iniciar el concierto, sé que será una noche especial. Un montón de amigos reales y virtuales se entremezclan, me saludan. Algunos me felicitan por mi cumpleaños, otros llegan, como Maritza y me dicen.
-Habanero, al fin te conozco, nos abrazamos como viejos amigos y hablamos de nosotros, del concierto, de La Habana. Les confieso, esto de amigos virtuales convirtiéndose en reales, lo disfruto casi como una travesura de muchachos.

El concierto comienza con un video de sus actuaciones en España, se escucha la voz de una locutora que dice; una de las voces cubanas más cálidas que hemos escuchado y Samuel, sale a escena.

Dedica una canción a su mama, pensó tenerla esta noche presente, pero una visa denegada lo impidió. La magia de la canción vence prohibiciones y negativas, la hace presente esta noche. Junto a nosotros aplaude emocionada la canción que le dedica; “yo sin tu amor, ¡no se vivir!” Se enjuga una lágrima y regresa a La Habana, a esperar el próximo reencuentro.

Nos cuenta que en un duro invierno en España, en una de esas noches que hablar con seres queridos es la única vía para calentar el alma, llamó a su mamá. Le conto que el invierno era duro y estaba muy solo. Su mamá, resumiendo el sentir de tantas madres cubanas, le dijo; tú no estás solo mi hijo, tú estás lejos. Nosotros, como tantos, como él, nunca estaremos solos, ¡solo lejos!

Interpreta, “Se fue” y recuerdo mi escrito; ¡Nos fuimos! Pienso cuantos se conmueven y revuelven nostalgias con la letra de la canción. “¡Mire usted como he tenido que echarle de menos! Se fue sin abrigar despedidas y la palabra volver ya se esfumo, cual si fuera esta canción.”

Canta a Pablito y el público aplaude al cantante y al autor. Yolanda se sienta con nosotros a la mesa, disfruta la canción, antes de partir en una alfombra tricolor al lugar donde el tiempo se detuvo esperando regresos y reencuentros.

Como siempre, su mejor momento, el que lo eleva y lo hace único e irrepetible, cuando descarga al piano. Lo escucho, miro y admiro e insisto en un concierto acústico, a piano y guitarra, ¡a descarga pura!

Canta, de las Diego, se me eriza la piel y como siempre logra erizarnos el alma y recuerdos. Recuerdo a mi amiga María Luisa, cada encuentro nuestro desborda cubanìa y cariño. Convertimos sitios nocturnos en calles o barrios habaneros y hablamos de Cuba, con amor. Erizándonos siempre, por ese amor que compartimos por nuestra Isla.

Eddy Santana invitado de lujo, regala canciones en derroche de voz. Cuanto talento cubano, disperso por el mundo, esperando un llamado desde el Cobre, para cantar, en la mejor y compartida nota, ¡la canción del regreso! Canta, “Se me antoja” y entre antojos, recuerdos y añoranzas, me dan ganas de noches habaneros, en un centro nocturno. Escuchándolos sin exilios, ni partidas, sin adioses y ¡vuelvo pronto!

Como regalo de cumpleaños, inesperado y nostálgico; Eddy y Samuel me regalan dos canciones; Pensamiento y Longina. Escuchándolas, recorro mi isla, ando por mi Habana, llego hasta mi casa, allá en Playa y abrazo a mami sentada en su eterno sillón. Yo, junto a ellos digo; “anda pensamiento mío, ¡dile que yo la venero!” Descargan. Como solo los grandes pueden y saben. Convierten The Place en un lugar habanero, con victrolas, recuerdos y talento. Ente ellos me parece adivinar a la Lupe y a Freddy haciendo de las suyas.

Invita a Danay, dándole la oportunidad que su público la conozca. Ayudar, dar una mano, compartir público y escenario, nos hace aplaudir al ser humano, al amigo.

En fiesta de cubanìa invoca malecón y canciones. Pone a los presentes a bailar, presumiendo de ser el ” el negro más cumbanchero”. De donde son los cantantes, estalla en la noche miamense y un coro gigante le responde ¡son de Cuba! Ay mamá que son de La Habana, aunque canten en Miami.

Alguien le grita, estas suelto y sin vacunar y apunto una frase más para mi próximo escrito sobre las frases cubanas.

Al final, nos recuerda a todos que; ¡valió la pena! Entre notas musicales, aplausos, esfuerzos y lejanías, ¡¡todo valió la pena!! Porque como dice la letra de la canción que cierra su concierto; ¡porque era necesario!

Termina el concierto, nos despedimos entre abrazos y fotos. Confiados que Samuel y su arte seguirán aquí, abriéndose caminos, ganando público, asegurándose un lugar en la geografía cultural de Miami.

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