Las lluvias y nosotros.

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Sorprendido por la lluvia, descanso en mis recuerdos, reacomodo mis sueños, reviso mis urgencias, paso revista a ideas y proyectos.

Entre relámpagos, algunos sitios oscuros del recuerdo se iluminan. Rememoro otras lluvias en ciudades diferentes.
Las aguas como yo, somos de varios sitios, pertenecemos al mundo, sin diques ni fronteras.
Mi imagen se refleja en el agua que corre, y entre los tonos grises, se me antoja tristeza esta nostalgia inmensa que no cabe en el pecho.

El futuro puede ser la próxima tormenta, me apresto a desafiarlo, a vencerlo seguro. No hay vientos que me asusten ni rayos que me espanten, me cobijan las ceibas, las palmas y mi madre.

De pronto un relámpago, es una visión de mi Habana. Esta misma agua corre hoy por sus calles. Otros habaneros en sitios diferentes, sorprendidos por lluvias, se esconden en portales. Este verano si ha llovido, comentan sin mirarse, mientras gotas de lluvia salpican sus zapatos, sus memorias, sus ansias. Se revuelven recuerdos, partidas, lejanías, adioses sin palabras. Las calles inundadas se convierten en mares, las cruzan sin temores, con balsas o sin ellas, se bastan con sus ganas para alcanzar la orilla.

Del otro lado un pueblo, no teme a tempestades, expertos y graduados en la dureza del tiempo, se ríen de la lluvia, de truenos y tormentas. No necesitan relámpagos que iluminen recuerdos. Viven en el presente, construyendo el futuro, remando con sus manos, hacia la luz más pura.
De pronto en la tormenta, un rayo poderoso destroza nubes negras y en el cielo, brillante y victorioso, un enorme arcoíris tricolor comienza a dibujarse.

Andando bajo el agua, un pueblo mira al cielo, ¡Ay Cachita, que escampe! Que esta maldita lluvia lleva ya muchos años y entre gotas y lágrimas, nos vamos dispersando, casi muriendo. Como si la lluvia se llevara la esencia que nos mantiene unidos. ¡Coño, somos seres humanos, no restos de rocas o partículas de tierra, que se llevan las aguas!

Cesa la lluvia, los recuerdos y sueños pretenden que descansan, mientras siguen luchando por un nuevo arcoíris.
Me queda la certeza que allá en nuestra ciudad, al calor de la fe, los sueños y el mañana, nace, poquito a poco, una esperanza nueva que se viste de rojo, azul y blanco velo, que como novia espera que la tormenta cese y en un acepto enorme, ¡Nos une para siempre!
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