Lola, una mujer que no perdìo la sonrisa.

de fuentes ferrin
Dedicado a todos los que al emigrar enfrentaron nuevos oficios, sin perder la sonrisa.

Lola, nació en una islita entre olas y palmeras. Su abuela tiraba las cartas y muchas veces sin tirarlas, miraba a la gente a la cara y les hablaba del futuro. Su tía Chencha tenía fama de bruja, en el pueblo contaban que una vez que un camión casi arrolla a Lolita, ella se interpuso y basto su mirada para detenerlo.

A Lola, siempre le gustaron las artes, perteneció a grupos de danzas. También le gustaba actuar, cuando terminó la Secundaria Básica, matriculó en la escuela de arte, soñaba con ser actriz. Lola escribía poesías y cuentos, cantaba en fiestas y en algunas obras de teatro, tenía buena voz, era artista.

Cuando Lola se graduó de la escuela de arte, la ubicaron en uno de los grupos de teatro más importantes de La Habana. Allí fue muchos personajes, canto, actuó, bailo y hasta escribió algunas obras.

Una tarde el amor la sorprendió. Duro poco, solo unos meses. Cuando el doctor le dijo que estaba embarazada, decidió tener a su hijo, no tenía fuerzas para poner fin a esa vida que latía en su interior. Su hijo nació fuerte y sano. Ser madre fue su personaje preferido, dedico a su bebé, ganas y fuerzas.

Lola, llevaba a su hijo a los ensayos de las obras. Así entre personajes y canciones, fantasías, telones y aplausos, lo fue criando. Lo miraba y pensaba, pronto crecerá, tengo que luchar por su futuro.

Cuando cumplió 5 años, después del cake y la piñata llamo a su madre aparte y le dijo.
– Mamá me voy del país, el papá de Miguelito nos reclama. Es lo mejor para él, lo sé.
– ¿Has pensado en tu carrera, en tu futuro como actriz? Aquí ya tienes un nombre, allá no serás nadie, tal vez nunca más vuelvas a actuar. No te imagino trabajando en una factoría, limpiando casas o trabajando como camarera en un restaurante.
– Yo tampoco, pero si tengo que hacerlo, lo hare. Es el futuro de Migue y voy a sacrificarlo todo por él.

A los 6 meses Lola, llegaba a Miami. El padre de Miguelito los ayudo. Lola consiguió dos trabajos. Por la mañana hasta las 3 de la tarde, trabajaba en un restaurante, empezó lavando platos, pronto la pasaron a camarera, hacia buenas propinas. Su belleza y su sonrisa le ganaban la simpatía de los clientes. Cuando terminaba en el Restaurante, se iba para un supermercado, donde era cajera. Allí también su sonrisa la hizo popular. Muchos preferían hacer línea en su caja, con tal de disfrutar verla sonreír.

Una compañera de trabajo del restaurante, le propuso una tarde rentar juntas un apartamento. Se llevaban muy bien. Hasta le propuso cuidarle a Miguelito cuando llegara de la escuela, así no pasaría horas solo en la casa. Lola acepto, al mes exacto encontraron el apartamento perfecto; tres cuartos, sala comedor y la renta no era muy alta, entre las dos podrían costearlo.

Lola puso una camita y un par de sillones en el cuarto que sería para Miguelito. Su hijo prefirió dormir con ella y el tercer cuarto quedo siempre vacío.

Miguelito era muy bueno en los estudios, Lola sabía que su sacrificio no sería en vano. Su hijo estudiaría una buena carrera y lograría hacer realidad todos sus sueños.

Una noche cuando llego cansada al apartamento, su amiga Clara, le había preparado la comida.
– Vamos mujer come tranquila, debes estar agotada. Cuéntame de tu vida.
– Gracias, estaba muerta de hambre. Allá era actriz, en un grupo de teatro muy conocido, hice varios protagónicos. El teatro es mi vida, ese es mi mundo, mi elemento, mi esencia.
– ¿Cómo has podido adaptarte a esta vida? Debe haber sido muy difícil para ti.
– Es difícil, muy duro, pero una tienes sus mañas. Aprendí mucho de mi abuela y mi tía Chencha.

Clara, no quiso insistir, la vida la había enseñado a ser discreta y no importunar con preguntas.

A veces, de madrugada, Clara escuchaba ruidos extraños que venían del cuarto vacío. Sentía un miedo terrible, se tapaba hasta la cabeza, rezaba Padres nuestros y Ave Marías hasta quedarse dormida.

Una noche los ruidos fueron más fuertes y la curiosidad pudo más que el miedo. Clara se levantó y sin pensarlo dos veces abrió la puerta del tercer cuarto.

Allí entre luces y girasoles, arcoíris y colibríes, Lola representaba una función de teatro para un público diverso y extraño que la aplaudía a rabiar. La escenografía flotaba en el aire y las luces seguían cada movimiento de Lola. Clara trato de pasar inadvertida, no quería interrumpir la magia del lugar. De pronto Lola empezó a cantar la salida de Cecilia Valdés, acompañada por una orquesta de saltamontes y sinsontes. Un cocuyo enorme, iluminaba su rostro y un rayo de luna convertía su bata de casa en una bata cubana con vuelos y encajes. Cuando Lola termino de cantar, Clara no puedo contenerse y un ¡Bravo! escapo de sus labios. Lola hizo un gesto y todo desapareció. Se apagaron las luces, en el cuarto solo quedaron los dos sillones, la camita, Lola y Clara.

– ¿Qué fue eso?¿ Una visión? Yo creo que estoy soñando o volviéndome loca.
– Cálmate, ni loca, ni soñando. Este es mi secreto, mi forma de soportar 12 horas de trabajo, de hacer mi sacrificio llevadero hasta que lleguen tiempos mejores. Cada noche cuando Migue y tú se duermen, vengo a este cuarto, bastan dos o tres conjuros que aprendí de mi abuela y mi tía Chencha y se desata la magia. Es como una terapia necesaria. Jamás me has oído echar de menos al teatro, ni el arte. No los extraño porque siguen conmigo, aquí en este cuarto, en mi alma. Por las noches actuó, canto y bailo, escucho aplausos y promesas de tiempos mejores que sé que vendrán.
Todos necesitamos un poco de fantasía en nuestras vidas. La magia ayuda y las ganas también. Puedes venir cuando quieras, pero por favor no vuelvas a gritar bravo tan alto, puedes despertar al niño.

Lola hizo un gesto con las manos y le regalo a Clara un luminoso girasol.

– Toma, te ayudara a guiarte en la oscuridad y evitaras tropiezos. No lo olvides, por muy dura que sea la vida, no pierdas nunca el buen humor, la sonrisa, ni los sueños. Cuando te cases y tengas tus dos hijos, un varón y una hembra, entenderás mejor mi sacrifico y mi fantasía. Hay algo que quería decirte, no dejes a tu hijo irse al Army, si se va, lo matarían. No me preguntas más, son cosas que yo sé.
Siempre seremos amigas, un día iras a un teatro a verme con tu familia y me llevaras flores al escenario y yo te dedicare la función. Todo tiene un tiempo Clara y este es el tiempo de los sacrificios, sin renunciar a los sueños y a la fantasía. De enfrentar las dificultades con una sonrisa, eso ayuda a vencerlas.
Ahora a dormir que mañana nos espera un día duro y eso lo sé, sin recurrir a conjuros ni a magias.

Se abrazaron entre risas, un abrazo que sellaba una amistad eterna. Lola sonrió con picardía, allá en su magia y sus visiones, se veía abrazando a Clara y llorando de felicidad, mientras sus hijos se casaban.

Fotografia de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.Texas.

2 thoughts on “Lola, una mujer que no perdìo la sonrisa.

  1. Asi mismo amigo nunca se puede perder la magia,y menos la sonrisa q cuesta poco y enriquese tanto y hasta alegra el dia de los demas, bello como siempre, un beso mi amigo.

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