2014 in review

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Here’s an excerpt:

The Louvre Museum has 8.5 million visitors per year. This blog was viewed about 87,000 times in 2014. If it were an exhibit at the Louvre Museum, it would take about 4 days for that many people to see it.

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Cuca y Mimì, dos hermanas, una noticia y el mañana.

usa-cuba relaciones
Cuca, se despertó esa mañana antes de lo habitual. Presentía que algo iba a suceder, coló su café, lo bebió sorbo a sorbo, encendió el radio. La noticia la sorprendió, aunque llevaba tiempo esperándola, ansiándola, como empujándola a que sucediera. La reja que separaba las dos aceras seria derribada, las dos aceras ya no serían más enemigas. Sonrió, enjugo una lágrima y puso a colar más café, esa mañana necesitaba una taza de más.

Se sentó en el portal y empezó a recordar. Los recuerdos cuando se sienten convocados, son como torbellinos, vienen todos de golpe a sacudirnos la vida, a estremecernos el suelo que pisamos. Recordó cuando su hermana Mimí decidió irse en el éxodo masivo del 80. Los vecinos gritando en la puerta de la casa, ¡que se vaya, que se vaya! Los huevos golpeando las paredes del portal. A su madre que abrió la puerta de golpe con su vestido azul, blanco y rojo y los enfrento a todos, los reto en el gesto y la palabra.
– Todos somos uno, basta de gritos y de consignas absurdas. No tiren ni un huevo más, llegara un día que se arrepentirán de huevos rotos y golpes entre hermanos. No importa de qué lado se viva, lo que importa es lo que hay en el corazón, ¡atrévanse conmigo y dejen a mi hija tranquila!
Todos bajaron la cabeza y se fueron.

Recordó a su mamá en su lecho de muerte con la foto de Mimí entre sus manos. Su hermana, en la acera de enfrente no pudo asistir ni al velorio, le toco llorar por las 2, con lágrimas que pesaban como piedras.

Recordó a Luisito, un compañero de estudios de su hijo, un día lo cogieron, de madrugada, tratando de cruzar la cerca que separaba las dos aceras. Uno que vigilaba la cerca, lo mato de un disparo. Su madre perdió la razón y termino colgándose de una ceiba, no pudo con tanto dolor.

Se acordó de Sergio, uno de los primeros en irse a vivir a la acera de enfrente, no tuvo otra opción. Se enfrentó en una asamblea a los que mandaban en esta acera y lo condenaron a muerte. Desde la otra acera, no dejo nunca de pensar en su hogar y en su familia, nunca más volvió. Estaba viejo, pero sus ojos brillaban cuando hablaba de su acera y sus palmas, sus noches y su sol. Todos los días lloraba por volver a su acera, por derribar con sus manos a los que la dominaban y sometían; no quería morirse sin que todo cambiara del otro lado.

Cuca fue al jardín, corto dos girasoles y se los puso a la Virgen que tenía en la sala. Se sentó en el sillón que fue de su madre, sintió su olor, su presencia. Sintió la risa de los niños jugando, en la risa de los niños, destellan la esperanza y el mañana.

Recordó a todos los que se habían enriquecido a costa del dolor del pueblo en las dos aceras. A esos que especulaban con dolores y sufrimientos de familias. A los que gustaban de fama y renombre, levantados sobre familias separadas y muertes sin anuncios, ni despedidas. Se pasó las manos por su pelo canoso, apoyo los codos en sus piernas; suspiro, un suspiro de más de 5 décadas. Escucho el timbre del teléfono.
– Oigo.
– Mi hermana soy yo, ¿Oíste la noticia?
– Si Mimí, estoy digiriéndola, bajándola con un buche de café.
– Acá esto está de locos, hay gente aplaudiendo y gente gritando, ¡Traición, traición! ¿Qué te parece a ti?
– ¿A mí? Yo me alegro Mimí, aunque tumben la cerca, por el momento del lado de acá, todo seguirá igual, en apariencia. Sin la cerca en el medio de las dos aceras, los que mandan de este lado, irán perdiendo el control absoluto poco a poco. Yo, ya estoy vieja, pero sabes, antes que llamaras escuchaba a unos niños reír, ellos se merecen un mañana mejor. Un futuro sin consignas, ni carteles. Ya no podrán culpar de todo a los vecinos de enfrente y como diría Chencha, la culpa no puede caer en el suelo, vamos a ver a como tocamos ahora.
– Yo también me alegro mi hermana. Si la cerca no resolvió nada y ustedes siguen cada día mas jodios y nosotros sufriendo por ustedes, tumbémosla y apostemos por los cambios, sin olvidar a muertos, ni sufridos.
– Así es mi hermana, sin olvidar, pero sin que el odio o las heridas personales, pesen más que el interés de todos. Prohibido olvidar, pero también prohibido manipular e imponer criterios.
– Así es mi hermana. Estoy contenta, pero respeto a los que están tristes, a los que no han ganado ni un centavo a costa de este dolor de años y se sienten traicionados. Los comprendo, admiro y respeto. Sería incapaz de ponerme a festejar delante de ellos. Hay que saber respetar los años y las heridas de esos viejos que lo único que quieren es ver a nuestra acera libre.
– Sin dudas es un momento histórico, apostemos porque la historia cambie a partir de hoy. Mi hermana, le puse dos girasoles a la Virgen, uno por ti y otro por mí. Mi hermana un beso, te quiero mucho. Vamos a colgar que esta llamada te va a costar un dineral.
– Un beso mi hermana del alma. Eso hemos sido siempre dos hermanas, capaces de saltarse ¡Todas las cercas del mundo!
Cuca, volvió a su sillón en el portal, vio un cartel, descolorido por el sol, que de pronto se había vuelto obsoleto, absurdo. Entro a la casa, busco en el escaparate donde guardaba recuerdos de familias y cosas de sus padres. Allí, en el fondo de una gaveta encontró lo que buscaba, la plancho con cuidado, la perfumo con agua de colonia y subió al cuarto de arriba. Abrió el balcón, y como quien desempolva sus sueños y esperanzas, desplego una bandera prohibida al sol. Anunciando en su gesto la voluntad de un pueblo, decidido a construir su historia, con ladrillos de recuerdos y futuros, con amalgama de historias y sueños. Una historia “con todos y para el bien de todos”, sin exclusiones, ni voces dominantes. Cuca desde su balcón sonrió al mañana y aposto por los cambios, mientras bebía un sorbo del café de la esperanza.

Fotografia tomada de Google.

Preguntas que esperan sus respuestas.

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A veces me pregunto, donde estoy, quien soy que hago, Adonde voy, que intento. ¿Por qué no descanso e Inmóvil, perezoso, abúlico, casi inerte, decido mirar el paso de gentes y de misterios?
Por suerte, solo, a veces, vienen inquietantes preguntas a rondarme.
Este yo, este hombre, este ser contradictorio, humano, abierto a cambios, estoy seguro. Fue el que quise ser, hace mil años, cuando desnudo y entre aguas vine al mundo; no lo duden.
No siempre se encuentran las respuestas, las preguntas insisten, buscando disolverse. ¿Por qué?, ¿cuándo?, ¿cómo?
Abro los brazos, reviso gestos y palabras, calumnias y mentiras. Escucho a todos. En todos hay verdades y mentiras, puntos de vista que se oponen y coinciden. Así somos, mitad buenos y mitad malos, mezcla de ángeles y demonios, luchando por ganarnos en batallas.
¿Cuál de todos estos seres que andan conmigo seré yo, cual es el real? ¿El que dicen amigos o enemigos, el que me mira sonriente en el espejo, delatando años y tristezas, sonrisas y experiencias o el que me invento día a día para levantar cargas y recuerdos?
¿Seré bueno o malo, dulce o amargo, mano abierta franca o puño fuerte, brisa o fuego, recuerdo o desmemoria?
Componiendo frases y palabras, acorto distancias, invento respuestas a mis angustias. Miro al futuro, seguro que allí están las respuestas, las dudas resueltas, los alivios.
Rio y lloro, me recuesto en mi hombro, en mis recuerdos. Invoco fantasmas que me ayudan, silenciando preguntas sin respuestas. Guardándolas en sitios más seguros, donde no levanten furias, ni repudios.

Cuando creo tener listas las preguntas, surgen nuevas y urgentes cuestionando, estallando a ambas orillas de mi vida. No tengo las respuestas, nadie las tiene. Entre gritos y sonrisas, rabias y esperanzas, consignas deshechas y discursos obsoletos, muchos se miran sorprendidos, atónitos, confusos. Mis preguntas sonríen, aún ellas ignoran las respuestas. Sigo confiando en el mañana, allí encontrará un pueblo su unión y sus respuestas. Su historia que solo a él, es dado hacer, sin olvidos, ni odios, anteponiendo la patria a nuestras vidas.
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Ivette, La Habana, recuerdos y un proximo concierto.

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Desde que la descubrì, desde el instante que su voz me atrapo en esa suerte de amor a primera escucha; la voz de Ivette, acostumbra a darme la bienvenida en mi ciudad. Es parte de ese reencuentro con mis raices y memorias, con ese paìs, mìo y nuestro. Tal vez porque aún esta fresco en mis oìdos y en mi alma su último concierto en Miami, tal vez porque jugar con bienvenidas y despedidas, es nuestra virtud o maldición, en esta ocasión, su voz es el hasta luego, el vuelve pronto, el te esperamos, que mi ciudad y mi madre eligen. Es un intento y acción de anclarme a mi pais, garantizando regresos, borrando ausencias.

Este concierto de Ivette, tiene un toque mágico, especial, algo que lo hace único e irrepetible para mi; mi madre accedio a acompañarme. Mientras escucho y disfruto a Ivette, aprieto su mano, la acaricio. Mi Corazon da gracias, una y otra vez por esta noche. Tambien me acompaña una amiga de mi primera juventud, nos conocimos a la sombra de mi primer y gran amor. Estar juntos esta noche, es como jugar a las escondidas con el tiempo, las distancias y los sueños.

He escuchado varias veces a Ivette, en Miami y en La Habana, cada concierto, cada cancion, cada entrega, supera al anterior y creanme no es una frase o un elogio. Pertenece a esa estirpe de cantantes que lo dan todo en cada interpretacion, sin importar escenarios, ni lo numeroso del publico. No guarda nada para la proxima vez, se da toda en cada cancion, como si fuera la ultima que interpretara. Canta a Sabina, Serrat, recrea canciones cubanas, jazzea, coquetea y juega con todos los géneros, como reafirmando en su voz que, nada musical, le es ajeno.

Termina su concierto, entre aplausos y reclamos del público. Elige para el cierre, “Tú eres la música que tengo que cantar”, mientras entre ovaciones y bravos, su publico reafirma que ella es la voz que tenemos que escuchar. Saluda a amigos y público, me pide una foto con mami. Aprovecho y le susurro al oìdo;
– Te extrañamos en la otra orilla.
– Tal vez regrese en enero.
– ¿Tal vez? Le pregunto.
– Voy en enero, me afirma sonriendo.

Al regresar a casa,a Miami, mis amigos me preguntan, ¿Viste a Ivette? ¿Cúal concierto estuvo mejor ese o el de Miami? Los escucho, pienso, respondo; su mejor concierto, será el próximo. Cada vez que la escucho, me deja la certeza que lo mejor de su arte y entrega, aún esta por llegar.

Hoy como ayer, iniciara el 2015 con la presentacion de Ivette cepeda, les aseguro, su próximo concierto,¡será el mejor!