¡Todo no esta perdido!

papalotes-totografia tomada de Google
Se escuchó una voz profunda, grave, como del más allá, repitiendo una y otra vez; todo está perdido, todo está perdido. Las madres, allá en la gran ciudad, se taparon los oídos y abrigaron el alma y los recuerdos, arroparon en sus pechos y vientres el futuro, intentando no perderlo.

Los niños detuvieron sus juegos espantados, las chivichanas y carriolas pararon en seco, los papalotes detuvieron su vuelo, alguno se fue a bolina, lo dejaron ir. La voz repetía incansable, todo está perdido, todo está perdido.

Dos muchachos que intentaban echar al mar su balsa e ir en pos de sueños y ansias, se miraron serios. Escondieron su balsa entre arbustos y tomados de la mano, apoyándose para no caer, regresaron a sus casas. Se despidieron sin palabras, el eco de la voz no las permitía. Con gesto de derrota, desarmaron sueños y proyectos, dejaron morir ansias.

Al otro lado del mar se escuchaba el eco de la voz repetir; todo está perdido, todo está perdido. La gente dejo de hacer maletas y planificar viajes. Guardaron sueños y ganas, se entregaron a perdidas, al sin futuro.

Todo está perdido, todo está perdido, no cesaba de adueñarse de almas y proyectos. Alguien miro al horizonte y vio nubes, tormentas. La voz tiene razón dijeron cartománticas y astrólogos. La gente dejo de hacer y de soñar.

Los amantes detuvieron su sexo, no más orgasmos, ni desvelos ardientes; todo estaba perdido. La ciudad empezaba a apagar sus luces en un intento de adelantarse a perdidas y finales. Los edificios se dejaban vencer haciéndose polvo y escombros.

Un domingo la abuela quiso hacer arroz con pollo, abrió el congelador, solo dos muslos y contramuslos. Un poco de arroz y algo de puré de tomate en el estante. Sus nietos le dijeron; abuela, para qué, si todo está perdido, un poco de agua con azúcar está bien, no pases trabajo. La vieja los miro desconsolada, lloró por el desgano, la abulia, por éxodos y repudios, por dejar hacer a lo malo y callar lo bueno. Mis nietos tienen que vivir y luchar, se dijo la vieja, todo no puede estar perdido.

La vieja salió al portal, la voz retumbaba en toda la ciudad, adelantando derrumbes, finales y frustraciones, todo está perdido, todo está perdido. La vieja se paró en medio de la calle y soltó un ¡CARAJO! que hizo enmudecer la voz y al pueblo entero voltear el rostro en dirección al futuro. Nadie entendía de donde sacaba la vieja fuerzas para enfrentarse a la voz y hacerla callar. ¿Quién dijo que todo está perdido? ¿Quién pretende hacernos morir en vida? ¡Vivamos coño! ¡Hagamos! Vamos salgan de sus casas, vivamos, nada está perdido mientras estemos vivos. No se dejen vencer por una voz que ordena, si gritamos todos juntos, la haremos callar.

Cuentan que de pronto los niños tomaron sus chivichanas y corrían como locos por las calles, los amantes hacían el amor desenfrenadamente en orgasmos sin finales. Entre derrumbes y montones de basura florecían girasoles y revoloteaban mariposas tricolores. La ciudad encendía sus luces y los jóvenes armaban sueños y proyectos.

Como un coro enorme, todos empezaron a gritar, hay un futuro, todo no está perdido. Repetían sus palabras con fuerza y certeza. La voz fue bajando su tono, hasta enmudecer.

La vieja desde el centro de la calle y la historia, gritaba con más fuerza que todos. Un hagamos, hagamos, se hizo consigna y voluntad, presente. La gente se abrazaba en las calles, se ayudaban. Desde la otra orilla sus hermanos sonreían, secaban lágrimas y ayudaban a construir el futuro.

Hagamos, hagamos, se convirtió en acción y voluntad del pueblo. Nunca más volvieron a sentir miedo de voces, ni de malos augurios. Un pueblo y su voluntad de hacer, vencía voces y designios, se burlaba de miedos y años de parálisis y esperas. Colgaron a la entrada del pueblo un cartel enorme, ¡Nada está perdido, vivamos coño, hagamos, hagamos!

Fotografia tomada de Google.

Un almuerzo entre amigos y recuerdos, se hace realidad.

Almuerzo entre amigos
Escribir es dar rienda suelta a la imaginación, crear personajes, historias. También es relatar hechos, eventos, compartir experiencias con amigos y lectores, hacerlos perdurables en el tiempo. Escribir, a veces desborda su esencia, la realidad, supera a la ficción, nos sorprende.

En noviembre del 2013 escribí un cuento titulado, Un almuerzo entre amigos y recuerdos. En esa historia muchos de mis amigos, reales y virtuales, compartíamos un almuerzo en casa de Alfredo y Jose. Cada asistente llevaba un plato vinculado a recuerdos y momentos de su vida y explicaba el porqué de su elección. Disfrute mucho imaginando ese almuerzo especial, donde cada uno evocaba y compartía recuerdos especiales.

Nunca imagine que poco más de un año después, mi cuento se hiciera realidad. Una tarde que compartíamos entre amigos, Machy dijo.
– ¿Por qué no hacemos un almuerzo como el que narraste en tu cuento?
Por supuesto que la posibilidad que un cuento mío cobrara vida me encanto. Casi que me convertía en el Julio Verne de las historias de amigos.

Decidimos hacerlo en casa de mis amigos Alfredo Y Jose, excelentes anfitriones y el lugar exacto donde desarrolle mi cuento. Así, Gabriel, Alfredo, Jose y yo, comenzamos a planear ese almuerzo entre amigos, recuerdos y algo más. Muchos amigos confirmaron, otros se disculparon por no poder asistir. Poco a poco se acercaba la fecha de un almuerzo que sobrepaso expectativas e intenciones.

Cuando todo estuvo listo, nos reunimos junto a la enorme mesa. Explique el porqué del almuerzo, de la insistencia en que todos lleváramos un plato vinculado a vivencias, recuerdos a nuestras vidas. Cada uno presento su plato y el porqué de su elección, en ese instante se desataron recuerdos, historias y nostalgias. Nos trajimos a amigos, madres, abuelas, hermanas, tías y amigos ausentes, compartimos con ellos una tarde especial. La magia se adueñó de la tarde y jugo con nosotros a su antojo. Fuimos parte de la vida de cada uno de los presentes. Estuve en casa de Matty, allá en La Habana, fui con ella a almorzar a casa de su abuela, sentí olores familiares y saboree su tortilla española, sazonada con recuerdos y mucho amor. Mi amigo Hiram, se encargó de traerme a mami a este almuerzo, con su potaje de garbanzos que aprendió a hacer imitando su sazón. Asistimos a inicio de romances, a comidas de familias los domingos. Probamos, en pieles ajenas, Fufú por vez primera, no faltó la carne de puerco en diferentes formas y recetas. Hasta una tía ausente nos trajo un delicioso pastel de jamón y queso que desapareció en segundos al iniciar el almuerzo. Fuimos niños, adolescentes, correteamos por patios y calles habaneras, hicimos travesuras. Hasta nos fuimos a Venezuela y Perú, de la mano de amigos y sus historias y platos. Margarita, hizo su entrada, casi como la describí en el cuento, solo faltaba su caldo gallego para hacer la escena exactamente igual.

Hubo una historia que por sí sola podría ser un cuento, arrancar emociones y lágrimas. Quise que fuera la primera en escucharse y quiero compartirla con ustedes, Pepe, un amigo boricua llevo dulce de coco criollo, lo eligió por razones especiales. En su Puerto Rico natal, tenía una vecina ciega que ayudándose del tacto y el paladar rayaba el coco y el jengibre y hacia un dulce de coco exquisito. Siempre el primer plato, aún calientico, era para él. Esta vecina fue su primer ser querido que despidiera, su primer ángel en el cielo. Mi amigo contaba su historia y todos viajábamos en el tiempo y la distancia. Junto a él disfrutamos ese primer plato de dulce de coco, aún calientico, acabadito de hacer, junto a él, le dijimos adiós a su vecina y compartimos su ángel en el cielo.

No faltaron llamadas a una amiga especial que libra duras batallas, que cuenta con nuestro apoyo y energía, nuestro aliento. Siempre con la certeza de tenerla con nosotros en un próximo almuerzo entre amigos y recuerdos, de que nuestra energía y su fuerza, hagan el milagro.

Sin terminar el almuerzo, sin despedirnos aún, ya muchos decían, una y otra vez, debemos repetirlo. No faltó quien dijera que nuestros almuerzos terminarían siendo un suceso en Miami. Sí, estoy seguro, nuestro almuerzo entre amigos y recuerdos sirvió para unir, aún más, a amigos muy queridos, para estrechar lazos y hacer estallar abrazos en una tarde donde la emoción y el amor, hicieron de las suyas.

Hace más de un año, viaje en el tiempo y los recuerdos e imagine este almuerzo. Gracias a la voluntad y el esfuerzo de amigos, mi cuento se hizo realidad, creció, salió del marco de palabras y sueños. Es hoy un recuerdo hermoso para muchos y la promesa de un próximo encuentro, que multiplicaremos en el tiempo, uniendo amigos y recuerdos, ¡haciéndonos felices!

Ruperta, la mujer que soñó con el poder.

girasoles
Ruperta, siempre quiso poder, sentirse importante. Se imaginaba dirigiendo importantes asambleas, improvisando discursos, recibiendo aplausos y ovaciones. Su obsesión por el poder le comenzó desde niña. Le gustaba organizar juegos, donde ella era el centro, hacia a sus amiguitas girar en torno a ella. Hay mucha gente con complejo de sol suelta por ahí.

Luchó con fuerza por alcanzar ese poder, estaba dispuesta a pagar el precio que fuera por ser una persona importante, respetada y escuchada por todos. Ruperta nació y se crio en un solar de un barrio muy pobre y no era precisamente una mujer preparada, “leída y escribida” como decían la gente en su barrio, pero eso no le importaba mucho. Contaba con la fuerza y audacia de su carácter. Se sabía capaz de darse a respetar, de imponerse llegado el momento. Su vozarrón y su fuerza le darían el lugar que su educación e inteligencia le pretendían negar.

En el barrio Pachuco, el guapo, era quien mandaba, se hacía siempre su voluntad. Su frase favorita era; ¡O conmigo o contra mí! No aceptaba críticas y al que se le oponía, él sabía muy bien como quitárselo del medio. Pachuco se había auto elegido el jefe de todos y obligaba a los demás hombres del barrio a hacer su voluntad. Al que se le enfrentaba le hacia la vida imposible y muchos terminaban marchándose del barrio en busca de una vida mejor.

Un buen día, un grupo de mujeres se reunieron. Estaban cansadas de tener que soportar la autoridad de Pachuco y que sus hombres tuvieran que obedecerlo, decidieron enfrentarlo. Cada vez que Pachuco pretendía hacer una de las suyas, cometer uno de sus abusos, un gran grupo de mujeres se reunía y salía a caminar por las calles con girasoles en las manos. Muchos pensaron que este grupo de mujeres, con girasoles en las manos, lograrían cambiar la historia del barrio.

Ruperta, se unió al grupo de mujeres que caminaban las calles con girasoles en las manos. Nadie sabe cómo, ni por qué, termino siendo su líder, la que dictaba reglas y establecía comportamientos. Un día se miró al espejo, se acarició su pelo escaso y quemado por el sol, se dijo; creo que tendré que ponerme una buena peluca, una jefa de verdad, tiene que tener buena presencia. Dicho y hecho, en uno de sus viajes a los barrios cercanos, se compró varias, paseaba orgullosa, con ellas, por las calles del pueblo. Hubo algunos que en broma, empezaron a llamarla, Ruperta peluca. La gente es tremenda.

No es lo mismo mandar a un grupo de niñas o a dos o tres amigas, que ser la jefa de un grupo numeroso de mujeres. Especialmente si este grupo, lucha por libertades y derechos. Ruperta empezó a tener problemas por querer imponer siempre su voluntad, por creerse el centro y no la líder del grupo. Un día, una de las mujeres, se atrevió a discrepar públicamente con ella, Ruperta la fulminó con la mirada y con la palabra. Al día siguiente, Ruperta mando a un grupo de mujeres a escandalizar y dar gritos frente a la casa de esa mujer que se atrevía a desafiarla. Se escucharon gritos de ¡Traidora! Y ¡Que se vaya!, cuando la pobre mujer, muy educada y con facilidad de palabra, pretendió explicar el por qué de su discusión y discrepancia con Ruperta, se escucharon gritos terribles de ¡No queremos escucharla! ¡No queremos escucharla! Cuentan que Pachuco, estaba feliz de ver que el grupo de mujeres que se le oponía, empleaban los mismos métodos que tanto criticaban, parecían alumnas suyas.

Las mujeres del barrio se reunieron, hasta vinieron mujeres de barrios cercanos. Acordaron que Ruperta no podía seguir siendo su líder. Emplear los métodos de los que criticamos es una vergüenza, le soltaron en su cara. Ya elegimos otra jefa, no perteneces más al grupo de mujeres que caminan las calles con girasoles en las manos. Cuentan que Ruperta, se quitó la peluca, la arrojo contra el piso y rabiosa y enfurecida caminaba las calles del pueblo dando gritos, casi alaridos, sin que nadie le hiciera caso.

Fotografia tomada de Google.

Una Rosita que vence al tiempo con sonrisas y aplausos.

Rosita, 92
Como siempre, como hace más de 75 años, basta su nombre en cartelera para convocar amigos y admiradores, para garantizar locales desbordados de públicos, aplausos y ovaciones. Rosita cumple años y los cubanos de esta otra orilla, lo celebramos junto a ella, disfrutando de esta suerte de ser parte de su historia, de nuestra historia.

Rosita pertenece a esa rara raza, en extinción, de artistas plenas, de esas que no necesitan estudios de grabación que le arreglen agudos y notas, ni padrinos poderosos para triunfar. Esa raza de artistas con mayúsculas, con atributos suficientes para arrancar aplausos a públicos y críticos. Se basta sola para imponerse en cualquier escenario y género. Lo ha demostrado en una larga carrera que suma aplausos de 4 generaciones de cubanos que la siguen y la hacen suya, que se dejan seducir por su arte y encanto, burlándose de años y de absurdos.

Hace aproximadamente un año en una de mis visitas a su casa en La Habana le dije que pronto celebraríamos “el siglo de Rosita”, me miro, sonrió y con su asombro de niña grande me dijo; un siglo, no, ¡te imaginas cumplir 100 años! Ambos reímos seguros que un siglo con Rosita es, sin dudas, un siglo de nuestro arte, de lo mejor de nuestros teatros. Un siglo de pasear todos los géneros por los escenarios de una Isla que la hizo suya. Es cierto que nació en New York y que a diferencias de muchos de nosotros, su ciudadanía americana es por nacimiento, no por naturalización, pero es cubana, nuestra, cubanísima, diría yo. Ha conservado en su casa, aún en momentos que las religiones eran condenadas, una imagen de La Caridad del Cobre. Cachita la bautizo con mieles y girasoles y la hizo cubana, la vistió con batas cubanas y la lanzo al mundo y a la gloria. El viejo Lázaro le agradece sus actuaciones, en pleno esplendor de su carrera, para los enfermos del Rincón, su darse a todos, sin esperar nada a cambio, solo amor. Un pueblo entero la ama y dice, nuestra Rosita, burlándose de actas de nacimientos y ciudadanías, de intentos de ostracismos y prohibiciones, a ambos lados del mar.

Coincidir en tiempo y espacio con Rosita Fornés, ser parte de esa suma de aplausos y bravos, decirle de una forma u otra; te queremos, es sin dudas un privilegio, un regalo. Nos quedan 8 años para cumplir el siglo de Rosita. Me imagino al Teatro García Lorca, al Martí, al Amadeo Roldan, disputándose entre ellos el homenaje central de esos 100 años de gloria y arte. Muchos teatros de provincias, como el Terry y La Caridad, dirán ¿y nosotros que? ¡Rosita también es nuestra! Ella nos pertenece a todos, lo sabe y disfruta. En Miami, esa fiesta del siglo de Rosita será, por derecho propio, en The Place of Miami, que bien puede reclamar como nombre; ¡El Lugar de Rosita!

A su fiesta de cumpleaños asistieron admiradores, amigos y compañeros de trabajo. Todos quisieron dejar constancia de su amor y agradecimiento, aportar su granito de arena y decirle al oído, te queremos y mucho. Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez entre muchos, se sumaron a este homenaje que fue un desfile del buen arte y el saber hacer. Un espectáculo que se extendió en el tiempo, pero que nadie quería que terminara. La magia de La Fornés, vencía una vez más al tiempo

Rosita, nos regaló 3 canciones y el público la aplaudió con el alma, recuerdos y emociones. Un bravo enorme estremeció a The Place of Miami, al finalizar su actuación. Nos quedamos, como siempre, con ganas de mas, alguien grito desde el público, ¡Balada para un loco! Los locos somos nosotros que no nos resignamos a un adiós de Rosita y la hacemos volver, una y otra vez, incansable y hermosa.

Desde el saloncito VIP de The Place of Miami, miraba a Rosita deleitarse con las canciones que le regalaban, disfrutar halagos y piropos, recibir regalos y flores. Les confieso que me asombra su fuerza, su no darse por vencida, su hacer al tiempo y los años sus admiradores. Su sonrisa tiene el raro encanto de borrar años y penas. Basta una sonrisa y vuelve a ser joven; es su misterio, su encanto, su secreto y magia. Rosita no se cansa de ser bella, de ser una Rosa sin final. La mantienen viva, la alientan en su acción e intento, el amor de 4 generaciones de cubanos que a fuerza de aplausos y bravos, de te quieros y piropos la atamos a la vida y los escenarios, iluminando nuestra escena, como un gigantesco arco iris de rosas multicolores. Nuestra estrella, La Fornés, cumple años y a un lado y otro de este mar, un pueblo le dice; gracias por existir, por ser nuestra y desde ya prepara flores, presentes y ganas para celebrar la llegada de ¡un siglo con Rosita!
rosita cumpleaños, The place of Miami

Fotografias cortesia de Robertico Morales

Un amor vencedor del tiempo y los perjuicios.


Enrique es de esos hombres dedicados a su trabajo en cuerpo y alma. Emprendedor y luchador, logró sacar adelante su negocio. Triunfar en una ciudad donde el éxito se vuelve esquivo e inatrapable, no es fácil, como dicen en Cuba y hasta dijo Obama en su discurso.

Dedicarse a su trabajo, ponerle ganas y tiempo, le hizo olvidarse del amor. Después de su divorcio pensó que el amor y él, habían terminado para siempre. Sabía que un sexo eventual o una salida, no eran amor, solo desahogo, escape de pasiones y urgencias.

Inmerso en su trabajo, Enrique ni había reparado en la linda y joven recepcionista de uno de los negocios que visitaba semanalmente. Cuando llego, ella le dedico una sonrisa capaz de derretir al polo norte, sus buenos días, le sonó a canto de ángeles. Como si esto fuera poco al levantarse a abrirle la puerta al despacho del jefe, un rayo de sol la envolvió, vistiéndola de sueños y esperanzas. Enrique tartamudeo al decirle gracias, ya no quería entrar a esa oficina, quería quedarse afuera con ella, sin mañana, ni ayer. La muchacha sonrió, como adivinando sus pensamientos y le dijo.
– Mi jefe lo espera.
Enrique frunció el ceño, puso la mano en la puerta, mientras la muchacha le decía.
– Y yo estaré aquí afuera, esperándolo también.
Enrique ni se acordaba para que había ido a esa oficina, saludo a su amigo, se tomaron un café y le dijo.
– Vengo mañana, hoy no tengo cabeza para negocios.
Su amigo lo miro sorprendido, se despidieron, con una cita para el día siguiente a la misma hora.

Afuera, estaba Luisa, más linda que nunca, con sus 23 resplandecientes años y un montón de sueños por estrenar. Enrique se le acerco.
– Puedo recogerte a la salida, iremos juntos a dar una vuelta por Miami. Tenemos mucho que conversar.
– Pensé no te decidirías nunca, estaré esperándote, llevo meses esperando que te fijaras en mí, que notaras mi presencia.
Enrique se puso rojo y solo atino a balbucear.
– Te recojo a las 5 en punto.

A las 5 en punto, Enrique estaba parqueando frente a la oficina. Cuando Luisa abrió la puerta del auto, sintió que el corazón se le desbocaba, se sintió un adolescente en su primera cita. Haciendo un esfuerzo logro decirle.
– Vamos a comer algo, conozco a un restaurante muy bueno por aquí cerca.
– Que sea comida cubana, quiero que nuestro primer encuentro tenga sabor a Cuba, como si nos hubiéramos encontrado en una de esas calles habaneras que recorría hace 5 años.
– Así será, comida cubana y de la buena, con café cubano y guarapo incluido.

Llegaron al restaurante, se sentaron. La camarera muy cortes llego y les dijo.
– El señor y su hija ¿Qué van a comer? ¿Quieren algo para tomar?
Enrique se puso rojo y Luisa estalló en carcajadas.
– No es mi papá, es mi novio y si Dios quiere, un día será mi esposo y el padre de mis hijos.
Enrique sonrió, mientras la camarera enmudecía, no sabía que decir. Tomo la orden y desapareció.
– ¿No te preocupa que te doble la edad? ¿Que puedan confundirme con tu padre?
– ¿Te preocupa a ti doblarme la edad? El amor no cree en números y estoy enamorada de ti desde el primer día que te vi en la oficina, pero tú no me hacías caso. De ti, me importa que eres un buen hombre, que tienes un corazón muy grande en medio del pecho y mucho amor para darme.
Enrique le tomó la mano y con voz temblorosa le dijo.
– Eso de que yo sería tu esposo y el padre de tus hijos, ¿lo dijiste en serio?
– Claro, ya no te me escapas, te lo aseguro. A menos que la idea no te guste. Yo no busco en ti una aventura, busco al hombre con quien compartir el futuro, mi vida. Quiero estar a tu lado, mientras nos dure el amor, si tú quieres.
– Por supuesto que quiero. Algunos dirán que esto es una locura sin sentido, que no va a funcionar, sabes, mientras dure, mucho o poco, lo voy a disfrutar intensamente y a ponerle ganas y empeño.
Se miraron como descubriéndose el alma y el futuro y se besaron, su primer beso, sellando una unión decidida a triunfar a vencer perjuicios y comentarios, ¡a ser feliz!

Después de ese día, se vieron todos los días. Al mes dormían juntos, abrazados y exhaustos de amor. A los dos meses decidieron casarse. No faltó quien pusiera el grito en el cielo, es una locura, dijo alguno, piénsalo bien, le dijo otro. Ellos sonrientes y felices, fijaron fecha y lugar. Su amor vencía el tiempo y los perjuicios, demostraba que amarse es la mejor opción en estos tiempos, sin tener en cuenta tabúes, ni reglas.

El día de la boda, Luisa estaba bellísima y Enrique, orgulloso y feliz, dijo un si, que retumbo en la sala. Al finalizar el beso tradicional, Luisa le susurró al oído, estoy embarazada, dos meses exactos, te lo dije, serias el padre de mis hijos. Enrique la tomó en sus brazos y la llevo hasta el auto, la sentó, se arrodillo ante ella, puso su cabeza en sus piernas y con lágrimas en los ojos, dijo gracias, una y otra vez, mientras estrechaba sus manos y miraba al cielo.
Fotografia tomada de Google. 

Un almuerzo especial.

Machy y daysi
Anoche un amigo me envió un mensaje de texto; te recojo mañana a las 12, vamos a almorzar a donde siempre. Mis amigos saben que ese, “donde siempre” equivalía a reunirnos en Yoyito restaurante de la calle 8. Después me envió otro mensaje explicándome que era un almuerzo, en cierto modo, de apoyo a una amiga que atraviesa momentos difíciles. Desde ese momento la promesa del almuerzo en Yoyito, tuvo un matiz diferente para mí. No conocía a la amiga en dificultades, pero bastaba tener muy buenos amigos en común, para desbordar solidaridad y afecto hacia esa persona desconocida.

Les confieso, que pensé encontrarme una persona abatida o con mirada triste. Busque en mi reserva personal uno de esos buenos abrazos que se reservan para ocasiones especiales y un beso cálido e intenso para regalarle. Los espere sentado en un banco afuera, entreteniéndome en Facebook y enviando mensajes de texto. Mi nueva amiga, llego del brazo del amigo que me había invitado, me deslumbro y créanme, casi me enamoro de ella. Su sonrisa es encantadora y seductora, nadie que la vea sonreír puede imaginar que atraviesa momentos difíciles, dramáticos diría yo.

Mi nueva amiga tiene fuerzas para mirar al futuro cara a cara y retarlo, segura de su victoria y de su fuerza. El almuerzo de “apoyo” a la amiga en dificultades, se convirtió en una fiesta, en un canto a la vida y a la amistad. En una lección de cómo no perder la sonrisa, ni la esperanza, ante los golpes de la vida.

Les confieso que pase una tarde sencillamente deliciosa, de esas que no queremos que termine y que antes de su final, ya estamos planeando un próximo encuentro. No hubo amigos ausentes, todos de una forma u otra se las ingeniaron para asistir, en recuerdos, libros, mensajes de textos. Creo que medio Miami o más, estuvo presente en Yoyito esta tarde.

En eso de hacerse presente, sin que la inviten, ni invoquen, hasta nuestra Habana se dio un brinquito hasta Yoyito. Una amiga y yo comenzamos a conversar y andar por calles habaneras y visitar iglesias, las más lujosas y las más humildes. Nos llegamos hasta El Rincón y tomados de la mano, sin ponernos de acuerdo, pedimos por nuestra amiga en dificultades. Ambos nos miramos con la complicidad y certeza de saber que nuestras oraciones habían sido escuchadas.

Cuando termino el almuerzo y nos despedimos con promesas de próximos encuentros, mi amigo y yo, llevamos a nuestra amiga hasta su casa. Nos dijimos, hasta pronto, con la certeza plena que será un pronto cercano y multiplicado en el futuro. Ya en el auto, de regreso a casa, mi amigo me pregunto.
– ¿Qué te pareció?
– Sencillamente encantadora.
La sé, triunfadora y feliz, vestida de victoria, celebrando junto a nosotros, su batalla ganada.

almuerzo