Un cubano que nacio al influjo de un grito de libertad.

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Uno de mis primeros escritos en mi blog, estuvo dedicado a Sergio Herrera, Sergito como le decimos todos. Un patriota que ama y sueña con Cuba, cada minuto de su vida.
Sergito es un hombre sencillo, vive ignorando su grandeza, su historia. Pertenece a ese primer grupo de cubanos que se afinco en Miami, que echó raices en esta tierra, pero que ha mantenido vivo el orgullo de ser cubano. Ese grupo de cubanos que aunque en ocasiones pensemos diferentes, amo y respeto. Siempre digo que cada conversacion con él,  es una leccion de historia y patriotismo, un canto a la vida y un derroche de amor por Cuba. Para él,  Cuba es la eterna novia que espera su regreso. Sabe que allá,  entre palmeras, girasoles  y sinsontes, ella lo espera, sabe que volverá  algun dia. En sus manos un ramo de rosas rojas, en el pecho la bandera cubana y en el alma la certeza de la victoria del amor. Se arrodillara, besara la tierra que tanto ama, la amasara con lagrimas, se tenderá sobre ella, le contará sus historias de estos años.  Se tomaran las manos y andarán juntos al futuro, sin absurdos, sin dos orillas separando hermanos, sin discursos ni consignas, libres como el viento, viento ellos mismos.
Por esas deliciosas coincidencias de la vida y la historia, Sergito nacio un 24 de febrero, el dia del grito de Baire. Tal vez esa fecha marcó  su destino; su vida ha sido siempre, un eterno grito de independencia, de amor a la libertad y de lucha por su patria.
El y yo sabemos que un dia, cercano en el tiempo, volveremos a andar esas calles habaneras.  Me contará  su vida, en el sitio exacto donde se le escapó  a la muerte y denunció traiciones. La Habana le espera, Cuba le espera, alistan batas cubanas, pactan con el tiempo y se preparan para ese día del regreso  de Sergito y de muchos. Un dia de sueños  realizados y banderas al viento, un dia de nosotros.  Sin imposiciones,  ni ordenes de arriba. En ese tiempo que se avecina, incontenible y seguro, Sergito volverá  a ser joven. El amor hará  el milagro y sus manos y acción,  seran parte de ese futuro, lo sé.  Mi amigo del exilio como le llamé una vez, tiene fuerzas de sobra cuando de hacer por su patria se trata, a ella se debe.  Tendremos 24 de febrero entre cañaverales  y palmeras, sones y risas desbordadas;  Cuba lo espera y él  tiende sus manos a ese abrazo cercano.
Felicidades Sergito, de tus 84 años,  bastaron los primeros, para marcar tu destino y tu lucha, tu esencia  de cubano que no se rinde, que no cede, lucha y espera, seguro de su razon y su victoria.

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¡Siempre tendremos La Habana!

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Se conocieron andando las calles  habaneras, caminando en direcciones contrarias, en apariencia.
Detuvieron el paso, se voltearon a mirarse. 
Las miradas pueden ser fuegos o leones, quemar o devorarnos, ser un relampago cambiando vidas y destinos.
Se acercaron, se dijeron sus nombres.
Se tomaron las manos, se olvidaron del tiempo y de reglas; solo importaba el amor.
Recorrieron la ciudad un monton de veces, incansables.
Se amaron en cada esquina, en cada parque o jardín.
Su amor marcaba territorio, hacian suya la ciudad de todos. Allá en el muro inmenso que contiene la ciudad o el mar, una ola gigante los bautizo de eternidad.
Intercambiaron girasoles, colibríes, se bebieron sus mieles y misterios. La luna los guiaba por la noche, el sol los protegia por el dia. Insomnes, sorprendidos y felices, estrenaban caricias y te quieros.
La ciudad se vestia de fiesta y arco iris y las rumbas solo repetían en cada golpe de cajón,  te quiero, te quiero.
Llegó  el dia del adios, de la partida, se besaron breve  y dolorosamente.  Mostró  sus documentos,  volvio a mirarle. Corrio a abrazarle en desenfrenos de angustias y pasiones.
Le susurró  al oído,  volvere amor, esperame por siempre. Un grito iluminó  la tarde gris; ¡Siempre tendremos La Habana para amarnos!

Pido disculpas por la calidad en la publicacion de este post. Primera vez que publico desde mi teléfono móvil.

Fotografia tomada de Google