Cacha, una madre con ojos de futuro.

angel

Cacha, de joven, fue una mujer hermosa, tenía unos ojos grandes, con una mirada especial, como si quisieran adivinarlo todo. Se casó, se dedicó a criar sus hijos, a llevar su familia adelante. De esa belleza de su juventud, conservaba solo sus ojos, la fuerza de su mirada.

En el pueblo donde vivían, llego un alcalde nuevo con un grupo de gente que lo ayudaban a gobernar.  Al principio fue bien recibido, sus promesas y discursos lograron cautivar a muchos. Poco a poco todo empezó a cambiar, el alcalde gobernaba con mano de hierro. Todo comenzó a escasear, la comida, la ropa, medicinas, hasta la libertad.

Muchos jóvenes se fueron a otros pueblos en busca de una vida mejor. Mandaban algo a sus familias, en intento de paliar escaseces y miserias. Muchas madres se miraban tristes, conteniendo llantos y angustias, abrazaban en el recuerdo a sus hijos ausentes y esperaban algo que lograra reunir de nuevo a la familia dispersa,

Cacha vio partir a dos de sus hijos. Fuerte e invencible les dio el beso de despedida.

  • Vayan con Dios, yo siempre estaré esperándolos.
  • Volveremos pronto mamá . Espéranos siempre.

Se fueron sin mirar para atrás, dejando un vuelvo pronto, flotando en el aire.

Las mujeres del pueblo andaban con la cabeza baja y la mirada apagada, como muertas en vida. Hay dolores terribles, desgarradores y ese del hijo ausente, es inmenso, inmedible. Solo Cacha caminaba con la cabeza alta y sus ojos no perdían brillo, ni esplendor, a pesar de años y penas.

Algunas mujeres del pueblo murmuraban a sus espaldas.

 

  • Cacha parece que no extraña a sus hijos, cualquiera diría que tiene el corazón de piedra.
  • Siempre ha sido una buena mujer, pero coño, esto de no sentir el dolor de la ausencia de sus 2 hijos, da mucho que pensar.
  • ¿Como es posible que conserve esa alegría y brillo en la mirada, que no baje la cabeza por el peso de la pena?
  • Cacha es dura, jamás pensé que sobreviviera la partida de sus hijos y mírala con esa mirada que parece sonreír, como si estuviera de fiesta.
  • Alabao, pero esta mujer no quiere a sus hijos. No es posible tener dolor en el corazón y andar por el pueblo con ese brillo que no se le quita en los ojos y esa mirada como si no hiciera un año que no los abraza, que no les da su calor. Cacha no es lo que pensábamos; no tiene corazón.
  • Yo la conozco y es una buena mujer, ustedes lo saben, pero no me puedo explicar que no se le apaguen los ojos y se le marchite la mirada.

Las dificultades seguían aumentando en el pueblo. A pesar de que el alcalde había ordenado poner una cerca inmensa alrededor del pueblo para impedir que los jóvenes se fueran, todos los días se iba alguno, aunque más de uno murieron en el intento; los jóvenes se arriesgaban en busca de una vida mejor.

Las madres lloraban a sus hijos muertos, a sus hijos ausentes; solo Cacha caminaba por el pueblo con la cabeza alta y una sonrisa en la mirada. Un día llegaron a ella los comentarios de las mujeres del pueblo, las reunió a todas en el portal de su casa. Les brindó café y meciéndose en su sillón comenzó a hablar.

  • Amigas, todas hemos sufrido las mismas dificultades y penas. Todas dormimos con el dolor de la ausencia de un beso de buenas noches. Todas tenemos el corazón destrozado de tanta angustia y pena por nuestros hijos y el futuro del pueblo. Sé que muchas se preguntan por qué no bajo la cabeza, por qué no camino triste por el pueblo, por qué mi mirada parece sonreír y mis ojos no pierden su brillo.
  • Es verdad Cacha, perdónanos, pero parece que no quieres a tus hijos, que su ausencia no te mata en vida como a nosotras.
  • Mis hijos son lo más grande que tengo en la vida, tenerlos lejos me quema el alma, es un dolor que no hay palabra que describa, ¡Es el dolor! Les voy a revelar mi secreto, eso hará que me entiendan y les ayudara a soportar penas y dificultades. No sé por qué razón, mis ojos ven el futuro y créanme en ese futuro, que no demorara en llegar, no tendremos alcaldes tiránicos ni cercas alrededor del pueblo. Nuestros hijos regresarán y los hijos por nacer no tendrán que marcharse a buscar libertades, ni pan. El futuro es una fiesta del pueblo, de libertades, de abrazos, reencuentros, de manos unidas en hacer. Mis ojos lo ven y aunque mi corazón llore día y noche por mis hijos y los hijos de ustedes, mis ojos viven esa fiesta del futuro y sonríen de felicidad; ese es mi secreto.

Las mujeres se abrazaron a Cacha llorando, mientras en sus ojos, poco a poco, comenzaba a dibujarse una sonrisa.

 

 

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