Ella, la dama de la Libertad.

“¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres

Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad

El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas

Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí

¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!”

Emma Lazarus
The New Colossus (1883)

A pesar de ser conocida por muchos, de saberse amada, necesitada y anhelada; siempre fue sencilla, segura de su hacer y su misión. 

Ella, como muchos mas, tambien vino de lejos, fue como un regalo a esta tierra. Se afincó en ella y  la hizo suya, le dio sentido a palabras y gestos. A su sombra, todos fuímos un poco mejor.

Siempre dispuesta a ayudar, a dar una mano al necesitado. Su falda se hizo refugio seguro de los que buscaban libertades y nuevos aires.

Gigante de estos tiempos, iluminaba caminos, señalaba libertades.  Se sabía  hermosa, soñada, imprescindible en ese avance humano al futuro; segura de su vida y acción.  Sus brazos se bastaban para ayudar  y proteger. Junto a ella todos se sentian libres. Era y es, será  siempre; el faro seguro en medio de la tempestad para todos los que la buscaban

Un buen dia, un tipo, tuvo lo idea de rodearla de muros, de prohibirle a algunos visitarla,  de limitar su esencia, como si los sueños pudieran  decidirse y dosificarse a la voluntad de una persona. Se creyó dueño de la historia y los hechos.  Sin permiso de nadie comenzó  a levantar un muro altísimo,  pretendió hacerla inalcanzable, inaccesible; él  decidiría  quienes tendrían derecho a su luz.

 Cuentan que los primeros días, despues de estar el muro terminado, a ambos lados se escuchaba su llanto, se sentía  su dolor. Ella se debía  a todos, no era sierva de nadie, ni privilegio de unos pocos. Su llanto duró poco, de un golpe deshizo muros, derrumbo paredes, hizo polvo intentos. 

Su luz llegó  a los rincones mas lejanos. Un, ¡Vengan a mi, yo los protegeré!  estremecio al mundo, hizo estallar los oídos  de politicos absurdos y vendidos, mercaderes de leyes, negociantes sin escrúpulos.

Cuentan que se sentó  sobre los escombros del muro que un día pretendió aislarla. Saboreó  un taco, un pan con carne de puerco, un suchi, bebió agua de mil fuentes y ríos,  sonrío feliz, universal y humana. Porque al final, la libertad es de todos y ella lo sabe.

Fotografías tomadas de Google.

Gracias Joaquin Perez.

Advertisements

Un delirio habanero.

Hay momentos, noches o días que necesitamos una aventura. Un terremoto que destroce esquemas, un huracán  que se lleve angustias, miedos, que nos renueve y estrene, a pesar de años y de penas.

Un te quiero gigante  que nos despierte el alma, que convoque sueños,  que estremezca olvidos.una caricia intensa, espontánea y fuerte que nos toque el alma, aunque sea solo un instante detenido

Un rayo de luna en la tormenta, un arcoiris a medianoche, un girasol gigante siguiendo atento mis pasos por la vida. Uno se cansa de andar seguro, de tenerlo todo calculado,  de saberse el principio y fin de cada día. 

En noches asi, extraño la ciudad embrujada, donde en cada esquina estallan aventuras. Allá  detrás  del muro, la gente se inventan fantasías. En cualquier lugar dos se juran amor eterno,  aunque el sol les devuelva la cordura.

Una aventura que devuelva brillos a miradas, que desate preguntas y maquille años. 

Andar por Internet aburre un poco y uno prefiere andar por esas calles, aunque sea solo una noche y perderse, hasta olvidar pasaportes y lugares.

Por suerte esas ansias duran poco, son solo una noche en el verano. Uno amanece cansado y ojeroso, no recuerda la angustia del deseo. Fue solo un delirio habanero en mitad de la noche.

Fotografía tomada de Google