El angel de La Habana.

En el corazon de CentroHabana, nacido y criado en ese barrio, vive Felix, un joven de 24 años que le gusta pintar y hacer ejercicios.  Su madre está preocupada por él. Se levanta cansado en las mañanas, ojeroso, extenuado, como si hubiera pasado la noche en vela, luchando con demonios.

Una mañana su madre, en la cocina, habla con su amiga Pancha, la negra santera que vive en el solar de la esquina.

-Ay Pancha, Felixito me tiene tan preocupá . Come bien, hace sus ejercicios, pero por la mañanas se levanta ojeroso, cansao. Despues se le pasa con el trajín del día, pero cada mañana es lo mismo. Por eso te pedí  que vinieras a tomarte un buchito e’ café,  estoy desesperá. Sólo tú  podrías ayudarme.

-Nena, llevamelo a hacerle un buen despojo, eso debe ser un muerto oscuro que no lo deja dormir. Eso se lo quito yo o me dejo de llamar Pancha.
-Mañana mismito te lo llevo, yo sabía que tú me ayudarías. Eres la mejor santera del barrio.

A la mañana siguiente, Nena convenció a Felix de ir al solar donde vivía Pancha.
-Es por tu bien muchacho. Pancha es mi amiga de los años, veras que bien te vas a sentir. Todo el mundo en el barrio le tiene mucha fe, es buenísima.

Cuando Pancha tuvo a Felix frente a ella y le miró a los ojos, tuvo un estremecimiento, como si un corrientazo le recorriera todo el cuerpo.
-Vamos para el cuarto del fondo donde tengo la Caridad del Cobre. Quítate la camisa y los zapatos cuando entres.
Cuando Pancha entró al cuarto, tuvo que aguantarse de la mesa. Una luz amarilla intensa iluminaba a Felix, arrodillado frente a la imagen de La Caridad del Cobre.
– ¿Qué es esto mi hijo? ¿Qué poder oculto te guarda? Eres un elegido de Oshún,   La Caridad te guía,  esta contigo.

Lentamente Felix se puso de pie, sus ojos brillaban y de sus manos nacían girasoles.

-Pancha, mi misión es cuidar la ciudad, guardarla para el futuro y los sueños, protegerla. Cuando voy a dormir, unas alas gigantes me nacen en la espalda. Salgo de mi cuarto y recorro la ciudad y el mar que la rodea. Paso horas trabajando. Apuntalo edificios, aliento sueños, sostengo columnas y esperanzas. Rescato jóvenes del mar, seco las lágrimas de madres soñando con sus hijos, se los traigo en sueños, alivio penas. Es duro, pero disfruto hacerlo. No permitiré que el Morro se apague, yo mantendré su luz, guiandolos a todos en el regreso. La Habana me necesita, no puedo permitir que se destruya, mantengo su magia, su encanto y erotismo, la ayudo a levantarse y olvidar dicursos y consignas, aseguro su amanecer al futuro que se acerca.
-Eres tú entonces,  dijo Pancha pensativa y enigmática . Hace años le tiré las cartas a una familia muy rica antes de irse. La mujer lloraba, decía que amaba a la ciudad y no quería que se destruyera, me pedía un conjuro que la protegiera y guardara. En eso me bajo un muerto, que según me contaron, le dijo a la mujer; vaya tranquila, La Caridad del Cobre enviará alguien a cuidar la ciudad, a protegerla. Aunque parezca que se derrumba, que se rinde al abandono, no lo hará, siempre será La Habana. Todos se fueron llorando, impresionados por las palabras del muerto. Yo no entendí muy bien ese mensaje, ahora sé que ese enviado eres tú mi niño y tenemos que ayudarte. Te voy a regalar esta cadenita, era de mi abuela Nicolasa. Te dará fuerzas, no te despertarás tan cansado. Cuando creas que te faltan las fuerzas, aprietala fuerte.

Cuando Pancha y Felix salieron, Nena preguntó.

-¿Me lo curaste Pancha, fue bueno el despojo?
-Felixito no tiene na’ Nena, tu hijo es grande, es un angel; ¡El angel de La Habana!

Fotografia de la obra “El angel de La Habana”, del pintor cubano radicado en Miami,  Felix Gonzalez Sanchez 

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