Hasta siempre Lourdes.

Debería estar durmiendo, el viernes madrugo y sólo tengo mañana para terminar de armar maletas y alistar abrazos; el viernes viajo a Cuba a ver a mi madre.

Aunque lo intento, no puedo dormir, el dolor de la noticia me muerde en el pecho, me invita al desvelo; hoy perdimos a una figura importante de nuestra cultura, voz, temperamento y talento que adornó nuestra escena durante años; Lourdes Torres murió en La Habana. Otra de las grandes que se nos va, que deja espacios vacíos para siempre.

Les confieso que lloré con la noticia, no lloré sólo por el adiós a una artista querida, lloré por una madre que se nos fue, por su hija huérfana. Porque no importan edades, ni carreras, siempre que una madre se va, nos deja irremediablemente huérfanos. Vi el video de Lourdes Libertad y no pude llegar al final, su dolor podía ser el mio, de cierto modo lo compartíamos.

Mis amigos y los que siguen mis escritos, saben que he pasado dias difíciles con mi mamá. Yo , como Lourdes Libertad, pertenezco a esa legion de hijos que al partir, dejaron detrás madre y afectos anclados a la isla y al amor. Yo, como Lourdita, he llorado en la distancia de impotencia, ambos, de un modo u otro nos apoyamos y alentamos en esta desigual batalla contra el final. Uno lucha con todo contra el destino, sin mas armas que un amor inmenso, unos besos y un montón de te quieros.

Por esas coincidencias extrañas de la vida, estaré en La Habana en el último adios de su pueblo a Lourdes Torres. Robaré unos minutos a mi madre e iré a compartir lágrimas con Lourdita, a ofrecerle mi hombro, uno más entre los muchos que las quieren y admiran. No existen las palabras de consuelo, no se inventaran nunca, pero los abrazos se bastan para sostener amigos.

Allí en el adios a Lourdes estarán muchos, desde el olimpo de nuestra cultura vendrá Lecuona a escoltarla, la tomará de la mano y con la misma confianza que la lanzó a la gloria, le dirá; vamos cominito, todo estará bien, muchos esperan por ti.

Lourdes no se nos va del todo, nos deja su arte, sus canciones, su voz. Habitará por siempre en la eternidad reservada a quien supo ceñirse glorias y humildades; en el amor de muchos, en ese sitio exacto reservado a quienes logran ganarse el corazón de pueblos. ¡Hasta siempre Lourdes!

En guerra contra el olvido.

Entre el olvido y yo hay una guerra, sin cuartel ni treguas, sin armisticios.

Nos miramos, retandonos, desafiantes. Él a que gana la partida, a que logra borrarme de su mente, yo a que me afinco en el amor, a que me quedo para siempre; vencedor de desmemorias y de olvidos.

Esto de luchar contra el olvido, sin mas armas que el amor y algunos besos, puede parecer absurdo, tonto. Es una guerra declarada, intensa y dura. Cuando cree que venció que la hizo suya, llega mi voz y la rescata del olvido; la hace mia. Me acaricia entre recuerdos. El olvido se atrinchera en el silencio, en la maldita distancia y prepara su proxima batalla. Yo me invento discursos de amor, palabras nuevas, piropos no escuchados, deslumbrantes. Disparo mis palabras en ráfagas de amor y el olvido se bate en retirada; me mira con odio y retrocede.

Aprovecha mi ausencia decretada y se atrinchera en la rutina diaria, en esa en la que vivo entre neblinas, en un recuerdo; sabe que solo ahí puede vencerme. Intenta borrarme, invoca terribles desmemorias.

No le temo a guerras ni a batallas. Disparo mi mejor arma, la invencible; la tomo en brazos en el momento justo, basta un beso, sólo uno y sus ojos regresan del olvido, sus manos temblorosas me acarician, deshacen maleficios, telarañas. Grito un te quiero, inmenso y desafiante. Vuelve a ser mía, mia para siempre. No hay olvido que pueda derrotarme.

Fotografía de Yohandry Leyva.

Calor cubano en el norte de Europa, ¡Alabao!

Juanito y Yohandry nacieron allá en las provincias orientales, entre montañas y rebeldías, sueños e historias. Aunque no eran familia, se criaron como hermanos, compartiendolo todo, sonrisas y penas, hambres, angustias e ilusiones. El calor de Santiago, el sol del Caribe los bautizaron de sudor y glorias.

Cuando llegó la hora de ir a estudiar a la Universidad, Juanito se decidio por una carrera que solo se estudiaba en La Habana, Yohandry decidio quedarse en Santiago y estudiar medicina.

La situacion económica del país se hizo crítica. Se hablaba de la opción cero, un, resistiremos enorme pretendía imponerse a todos. Juanito tenia unos amigos suecos que lo invitaron a visitar su país. Llamó a Yohandry una noche y le dijo.

– Mi hermanito unos socios suecos que conocí aqui me invitaron a irme pa’ Suecia. ¿Te imaginas este mulato entre hielos y nieves? A mi nunca me ha gustado mucho la idea de irme del país, mi sueño era hacerme informático, casarme, tener 2 chamas y echar palante, pero esto está de apaga y vamonos. Aconsejame mi hermano.

– A mi, como a ti, la idea de irme no me gusta mucho. Lo mío es el sol, morirme de calor todos los días y andar estas calles de Santiago mil veces en un día. Te confieso algo, ando de novio con una chica de Dinamarca, me quiere invitar a conocer a su familia y quién sabe, hasta nos casemos. Si te vas para Suecia, estaremos cerca y podremos vernos. ¡Nos piramos mi hermano! El último que apague el Morro y el primero que regrese, que encienda la esperanza. Mete caña que nos vamos a vivir entre hielos y nieves.

-Que sea lo que Dios quiera. Antes de irme voy a Santiago, tengo que ver a la vieja, darte un abrazo y llenarme el pecho con ese sol, llevármelo conmigo. Tenemos que ir juntos a la playa, que el mar nos dé la suerte y la bendición para el viaje.

-Te espero mi herma. Hasta el norte de Europa a pie, quién nos lo iba a decir.

Pasaron los dias, Juanito y Yohandry se encontraron en Santiago. Caminaron esas calles ardientes de sol, se secaron el sudor con sus camisas, tomaron pru y guarapo se tendieron al sol frente al mar. Cargaron las pilas para un viaje largo, como quien se prepara para vencer cambios y seguir siendo; más allá de latitudes y climas, tierras y lejanías.

Antes de regresar a La Habana, fue con su mamá a despedirse de su abuela Pancha, una viejita encantadora que presumía de saber conjuros y de adivinar el futuro tirando los caracoles. Al salir, guardo en su bolsillo un regalo especial de su abuela.

Cuando llevaban meses fuera de Cuba, una mañana Juanito llamo a Yohandry.

-Mi hermanito tú no piensas venir a verme. Aqui hay un frío que parezco un pinguino, necesito un abrazo cubano para enfrentarlo. Un abrazo coño o muero congelado.

-Yo creo que tú eres medio brujo y le metes a tirar los caracoles como tu abuela Pancha. Te iba a llamar para decirte que el viernes salgo para allá, estaré 4 dias, necesito tambien un abrazo cubano para soportar este frío de pinga.

Cuando Juanito y Yohandry se encontraton, se abrazaron tan fuerte que empezaron a sudar. Los amigos suecos los miraban asombrados; ¡Dos tipos sudando en pleno invierno!

Al día siguiente, Yohandry se despertó primero, fue a la cocina en silencio y coló un café cubano que inundo el apartamento con su aroma. Juanito se despertó gritando, ¡Qué coño es esto! Desde que salí de Cuba no sentía ese olor tan rico.

-La vieja me mandó un paquete de café Serrano y una cafetera, quise darte la sorpresa.

-Sirveme un poco mi herma que me muero de ganas.

Saborearon el café, como quien bebe recuerdos y esperanzas. Juanito dijo.

– Vístete que vamos a la playa.

-Qué playa compadre, tú estas loco o el café te hizo daño; el mar está congelado. ¿Tú quieres darte un baño de hielo?

-Vamos a la playa, es una promesa que le hice a mi abuela, que iríamos a la playa cuando vinieras a visitarme. Abrigate bien, que afuera hay un frio de tres pares .

Llegaron frente al mar. Un viento helado amenazaba congelarles hasta los principios. Juanito sacó un cuchillo y en la helada arena escribio CUBA. Tomó de la mano a Yohandry, sacó 3 caracoles, rojos, blancos y azules y los arrojó contra el mar helado. Una explosión estremecio la playa.

Una ola gigantesca les arrebato abrigos y ropas, un sol intenso iluminó la playa. Juanito y Yohandry se abrazaron y se tendieron al sol. Un verano cubano en pleno invierno al norte de Europa es un milagro de voluntades y conjuros. Un milagro que sólo logran; los que llevan a Cuba en el alma.

Estos cubanos son capaces de todo, se inventan Cuba en cada esquina del mundo.

Fotografia cortesía de uno de los muchachos en la foto, Michel Vega P.