Un triángulo amoroso.

Manolito nacio en una casita hulmide, en el barrio de Buenavista, allá donde no llegan turistas, ni discursos. Su mamá Elena, murió cuando él tenía 5 años, dejó a su padre sólo, con el niño, la casa y un perro enorme.

Juan no volvió a casarse, cuido de su hijo, fue madre y padre, desbordó moldes y patrones. Hacía los mandados con Manolito y con Canelo el perro que habia sido de su mujer y que cuidaba, como se cuidan los recuerdos del amor y la vida. Varias mujeres del barrio se le acercaron y tuvo sus aventuras, nada serio. Nunca quiso equivocarse poniendole la madrastra incorrecta a su hijo. Juan se bastaba para ser padre y madre y criar a su hijo en principios y valores.

Manolito creció, buen estudiante se graduó con honores de la CUJAE como inginiero industrial. En su tesis la dedicatoria emocionó a Juan y conmovió a muchos; a mi padre que supo ser padre y madre. Sus brazos seguros me esperan en cada meta de mi vida, a mi madre que logró que su amor la sobreviviera y guió a mi padre en cada momento difícil.

Manolito comenzó a trabajar en una fábrica destartalada, pero que con su empeño y ganas logró mejorar. Allí conoció un día a Leonor, linda como un atardecer habanero y ardiente como el fuego. Juntos parecían ser la pareja perfecta. La llevó a conocer a su padre, Juan la miró profundo, como queriendo adivinarle el alma. Les hizo café, le brindó dulce de guayaba con queso y la invitó a almorzar el domingo.

-Te voy a hacer el arroz con pollo como me enseñó Elena, te vas a chupar los dedos.

Al día siguiente cuando Manolito llego del trabajo le preguntó al viejo.

-Dime papa, ¿Qué te parecio Leonor?

-Es linda, tal vez demasiado linda, te quiere, eso se ve, pero..

-Pero qué viejo, dime.

-Es una mujer que ama demasiado lo material, si un día tuviera que decidir entre tu amor y lo material, te dejaría por vivir mejor, lo sé.

-Viejo, viejo, no hables asi, ella es de oro y me ama, quiero casarme pronto y vivir aqui contigo, sabes que no podría dejarte nunca.

-Sientate Manolito y mírame a los ojos y escuchame sin interrumpirme. Estoy jodió del corazon, te lo he ocultado para no preocuparte, pero el médico me ha dicho que no tengo muchas esperanzas. El infarto del año pasado no fue sólo un susto, estoy mal mi hijo. Nada me haría mas feliz que irme sabiendote casado y feliz, pero asegúrate bien que Leonor es la mujer perfecta para ti, sólo eso te pido.

Manolito abrazó a Juan llorando. Hay veces que las palabras no bastan y entre lagrimas y abrazos expresamos sentimientos que las palabras no alcanzan

-Viejo no me dejes por Dios, ¡Cómo me ocultaste tu estado?¿Cómo pudiste sólo con esta carga papá?

-Fue lo mejor hijo, hablé con el médico y lo convencí para ocultarte todo. No quería que sufrieras por adelantado, esto es inevitable, solo te ahorre un sufrimiento mi hijo, entiendeme. Ahora, con tu enamoramiento y tus planes de boda, tengo que decirtelo, así tu alegría del amor, hace menos intenso el dolor. Tampoco es que me voy a morir mañana, pero es algo que puede ocurrir y quiero que lo sepas. Ya eres un hombre, creo que cumplí con Elena y con la vida la tarea de criarte y de hacerlo bien, eres mi orgullo y mi alegría.

-Papá, papá, te amo tanto, mi amor hará el milagro de apuntalar tu corazón, ya verás. Por lo pronto, nada de hacer mandados, pesos, ni limpiar la casa, eso me lo dejas a mi; se acabó eso de compartir las tareas de la casa. Mañana vamos a ver al médico, quiero hablar con él

El médico corroboró todo lo dicho por Juan; su corazon estaba muy débil. Lo peor podía ocurrir en cualquier momento.

Manolito quiso casarse cuanto antes, Leonor estuvo de acuerdo en todo. La boda fue sencilla, la luna de miel breve, Manolito no quería dejar muchos días sólo a Juan.

Al regreso de la luna de miel se encontraron un nuevo huesped en la casa, un hermoso cachorrito estaba en las piernas de Juan, mientras él lo acariciaba.

-Le puse Canelo como el perro que tuvimos Elena y yo y que me acompañó cuando ella murió. Lo tenían unos muchachos en la calle jugando con él y se los pedí, me acompañó estos días.

-Nos quedaremos con Canelo, sabes que me gustan los perros. Siempre quise tener uno cuando murió el primer Canelo.

Una tarde Leonor le dijo a Manolito que estaba embarazada, la doctora se lo había confirmado. La alegría en la casa fue enorme. Juan sonreía enigmaticamente, mientras pensaba para sí; un perro que llega, un bebé que nace, un viejo que se va, Dios quiera que no se repita la historia.

El bebé nació hermoso, Juan lo cargó y lo bañó en lagrimas; fue como un bautizo especial, nunca pensó vivir para ver a su nieto.

Le pusieron Juan Manuel, porque sería como su abuelo y su padre.

Una tarde una vecina llamó a Manolito al trabajo.

-Corre para el Calixto Garcia, una ambulancia se llevo a tu padre, le dio una sirimba y lo encontraron desmayao en la sala.

Manolito voló al hospital, llegó a tiempo para abrazar a su padre y besarlo. Fue el quien le cerró los ojos con un beso y se quedó un rato abrazado a su cuerpo, como quien se niega al adiós y no acepta despedidas.

Los días pasaron y la vida continuaba en la casita de Buenavista.

Un dia Leonor le dijo a Manolito que tenía que ir a cuidar a una amiga al hospital, que se quedara con el niño. Ella dejó todo preparado. Cuando regresó, Manolito la notó extraña, en sus ojos había algo raro.

-¿Qué pasa Leonor, hay algo que debas decirme?

-Si Manolo, yo te quiero y mucho, pero esto no es vida para mi. Hay otra vida, sin escasez, sin miserias y yo quiero esa vida.

-Esto es todo lo que puedo darte, esto y mi amor.

-Lo sé, pero no me basta y me voy. Conocí a Antonio un empresario español y me voy con él. Me llevaré al niño conmigo, vivirá en Madrid, no le faltará nada.

-El niño se queda Leonor, ni muerto dejaría que te llevaras a Juan Manuel. Para criarlo y hacerlo un hombre me basto sólo. Si te espanta la miseria de esta casa, puedes irte ahora mismo, pero sin el niño. ¡Que claro estaba mi viejo cuando te conoció! El viejo no se equivocó nunca.

Leonor no durmió esa noche en la casa y al mes siguiente viajaba hacia Madrid. De nada valieron sus ruegos e intentos de soborno para llevarse al niño; Manolo se aferró a su hijo como quien se aferra a la vida.

Cacha la santera del barrio pasó un día frente a la casa de Manolito, un Ave Maria purisima estremeció la tarde noche.

-La historia se repite, por la memoria de Juan y Elena no puedo permitir esto, tengo que hacer algo.

Entró a la casa, en el sofá, con el niño en brazos y el perro recostado a él, Manolito estudiaba proyectos y tomaba notas.

-La historia se repite mi hijo, pero esta negra va a mover los caracoles y te va a juntar con la mejor mujer de la tierra; se lo debo a tu padre y a tu madre.

Colocó el ramo de girasoles que llevaba en la mano en un bucaro, rezó un Ave María y un Padre Nuestro y se fue. Mientras se iba susurraba, yo me encargo de todo.

Un día la sobrina de Pancha, la mulata que vivía en la casa de al lado, se mudó con ella. Pancha estaba enferma y sola y Reglita venía a acompañarla.

Cuando Manolito y Reglita se vieron, un viento fuerte recorrio el barrio, los girasoles apuntaron todos a sus ojos, la Ceiba del parque se inclinó a darles sombra, mientras colibríes y sinsontes volaban a su alrededor.

Apenas se hablaron, de mirarse ya se sabian su historia y adivinaban su futuro. Reglita sólo le dijo.

-Tú sabes que tengo que cuidar a mi tía. Tendré que ver como hago con el niño, tú y el perro. Tambien tengo mis estudios, no quiero dejar mi carrera

-Entre tú y yo nos arreglaremos, hay tiempo y amor para todo.

La tomó de la mano y la llevó a su casa. Canelo saltó sobre ella lamiendole la cara y moviendo la cola de alegría. Juan Manuel sonrió y le extendió los brazos.

Cacha, hacedora de milagros, sonreía feliz y segura.

Fotografía tomada de Google.

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