Si me pides el pescao, te cobro a 20 pesos la libra.

Reglita y Yusimí se encuentra en la parada de la guagua, se saludan, hablan del calor, de precios y helados prometidos.

-¡ Qué calor mi santa! No quiero ver cuando llegue agosto.

– Agosto no ha llegado, pero los apagones sí. Yo voy pa’ Coppelia a ver si refresco con una ensalada, todas las bolas del mismo sabor, como si fuera una orientación de arriba, de los 3 o 4 sabores que deben quedar. Aquí llevo un termo pa’ llevarme unas bolas de helado pa’ Pancho, le encanta, pero hoy trabaja hasta tarde, quiero sorprenderlo cuando llegue con una bolas de helado, aunque sea de mantecao.

– Pancho va a disfrutar el helado, pero tú vas a llegar hecha leña mi amiga, esa cola de Coppelia se las trae y el viaje en guagua le quita las ganas de comer helado a cualquiera.

– Lo sé mi santa, pero hay que hacer algo en las vacaciones de verano, todo el día metía en la casa, pensando en que cocinar, es mucho para un cartucho. Por lo menos salgo veo gente y como helado, aunque llegue entripá de sudor y tenga que darme otro baño, por suerte hoy es día de agua y puedo darme una ducha cuando llegue.

-¿ Ya compraste el pescao esta niña?

– No andes en esa gaveta que tiene cucarachas. El otro día fui a buscarlo y el jodedor del carnicero me dijo: si me pides el pescao te cobro a 20 pesos la libra. Gracioso el tipo, al final tuve que reírme, si no fuera por la risa que nos ayuda a bajar malos tragos y ratos, ya más de uno se hubiera vuelto loco.

– Oye y la guagua no pasa, yo creo que te vas a quedar con las ganas del helado.

– Esto de las guaguas no mejora, molotera, empuja, empuja. El único buen recuerdo que tengo de las guaguas es que un día al bajarme en 23 y 12, conocí a Pancho. Yo me bajaba y él quería subir por la puerta de atrás, me vio y se quedó muerto conmigo, me siguió como una cuadra hasta que me hice la que buscaba una dirección y lo dejé que se acercara y hasta el sol de hoy. Yo creo que por eso me gustan las guaguas; gracias a ellas encontré al amor de mi vida.

– Mira ahí viene, pero no va a parar el muy hijo e’ puta. Yo me voy pa’ la casa, ya llevamos más de una hora aquí y nada.

– Voy a tener que coger una máquina hasta Coppelia, le dije a Pancho que le tenía una sorpresa pa’ cuando llegara del trabajo y primero muerta que desprestigiá.

– Yo voy echando, iré otro día a casa de Cunda a buscar unos muslos e’ pollo que me resolvio.

– No te demores en ir, que si viene un apagón, se pudre el pollo.

– Ay chica, no seas pájaro de mal aguero.

Allá tú, yo voy a parar la máquina que viene, hoy le doy helado a Pancho.o me cambio el nombre.

– Menos mal que te dio por el helado, si te da por conseguirle un buen bistec , te iba a poner un nombre bien cómico, algo así como Nacianzena o Hermenegilda. Me voy echando mi amiga, mañana me cuentas del helado y de Coppelia.

Fotografía tomada de Google.

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