El recuerdo y presencia de mi madre.

Mi madre es un recuerdo mayor; ¡Es el recuerdo¡ y a ella vuelvo en cada turbulencia de la vida. Ella arregla las plumas de mi alas, sopla con fuerza, alienta un nuevo vuelo. Me regala esperanzas e ilusiones, compone sueños rotos, frustraciones; me hace ser roca, hierro, acero, ¡dinamita! Luchando por la vida y por mis sueños.

Ella es mi sostén, columna gigantesca, es mi pasado, mi hoy; es mi mañana.

En tiempos turbulentos, repasó en la memoria sus palabras, adivino su consejo, su acariciarme de nuevo en la distancia. Ese susurro suave que borra penas: todo estará bien mi hijo. En sus ojos adivino luz, ¡futuro! Desde la gloria me acaricia.

Ella es luz, esperanza, su recuerdo y aliento es mi columna.

Cuando fallan las fuerzas, cuando la angustia y el temor aprietan fuerte y mi pecho duele; repasar sus memorias me libera, me ilumina sueños y mañanas.

He repasado sus fotos tantas veces, revivido momentos de alegría. Desde otra dimensión ella me cuida y me obliga a ser fuerte, indestructible.

Ella habita en mi memoria, en mis letras, lleva un libro de antorcha entre sus manos; vive en mi pecho, segura de victorias, amaneceres.

Me esfuerzo en ser digno de su ejemplo, imbatible y seguro, desafio tormentas, no las temo. Ella me toma de la mano, asegura triunfos, apuntala sueños y esperanzas.

Gracias mamá por tu presencia, por guiarme a la luz en medio de la noche, por no dejarme vencer, por la constancia, por reinventarme. Por ser este dulce recuerdo que se basta, para hacerme invencible en la tormenta.

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