Hablar en nombre del exilio cubano.

Tengamos claro que el exilio cubano es diverso, disímil, nos une o debe unir, el amor a Cuba y a la Libertad. No somos una masa homogénea, estamos conformados por diferentes grupos, desde el exilio histórico, a quién admiro y respeto, aunque no comparta todos sus puntos de vista, hasta el último balsero que llegó a nuestras costas o el último caminante que cruzó fronteras; en esa diversidad radica nuestra fuerza, ese conglomerado de opiniones y acciones nos conforma y alienta, así somos.

Aprendamos a expresarnos, alguien puede hablar en nombre de una parte del exilio, alguien puede decepcionar a una parte del exilio, mientras la otra parte, tal vez mayor, lo critica o apoya. Pretender que tenemos un solo criterio, es absurdo, entre nosotros hay quienes apoyan a Trump a ultranza y quienes lo detestan y se oponen a él y a todo lo que representa. Siento vergüenza cuando las aplanadoras, reales o virtuales, salen a la “calle” y pretenden imponer criterios en nombre del exilio cubano, no me representan, ni a mí, ni a muchos. No usen más el nombre del exilio cubano para expresar opiniones personales, hace años decidimos que el voto unido y el único partido, no son la solución a nuestros problemas.

Fotografía de un collage de 2 fotografías encontradas en Google.

Una luz de esperanza ilumina un apagón habanero.

Son las 6 de la tarde, Centro Habana esta casi desierta, en la ciudad un virus hace de las suyas y Nena que pasa ya los 70s prefiere quedarse en casa. Vive sola desde que murió su marido hace 2 años. Aún guarda todos sus diplomas y medallas, hasta una foto con Fidel, cuando le puso una de las tantas medallas. Se asoma al balcón y un grito le hace mirar a la entrada del edificio.

– ¡Nena, tirame la llave!

Pancha, su amiga, viene a visitarla. Nena pone la llave entre papeles de periódico, los envuelve en una jabita y la lanza a los pies de Panchita. Nena va a abrir la puerta, el viejo y ruidoso elevador aún funciona y Panchita está al llegar.

– Ay mi santa, que ganas tenía de verte, aproveché que un vecino venía por acá y le pedí que me trajera. Mira lo que tengo aquí.

Panchita exhibe triunfal una tarjeta plástica.

– ¿Y eso qué rayos es?

– Mi tarjeta plástica para comprar en las tiendas que venden en dólares. Manolito le envio un dinero a un amigo que vive en Barcelona para que me pusiera dinero, también me puso un dinerito extra para que fueras conmigo y te compraras lo que te hiciera falta. Me lo dijo bien clarito: puse un dinero para que vayas con tía Nena a comprar. No quiero que ninguna de las dos me carezca de nada. Él desde Miami, no puede poner el dinero, por eso se lo envió a su amigo.

Nena se seca las lágrimas con la bata de casa y abraza a Panchita.

– Ese hijo tuyo es de oro, yo no tuve hijos, pero Manolito fue siempre como el hijo que nunca tuve, ese no es de los que se toman la Coca-cola del olvido, él no se destiñe.

– Déjame poner mis cosas en el cuarto, hoy me quedo a dormir contigo y mañana nos vamos de compras. También traje un paquete de café Bustelo, que me quedaba, toma y ve colando. Esta noche nos ponemos al día de todos los chismes.

Pancha va al cuarto, se cambia de ropa y se pone sus chancletas y su bata de casa, cuando sale del cuarto el olor a café inunda el apartamento de Centro Habana.

-Toma Panchita, este café huele a gloria, esto si es café.

Las amigas toman el café, como quien disfruta recuerdos, lenta y pensativamente.

– Nena, hace tiempo quiero proponerte algo, las dos estamos viejas y solas, tú eres mi única familia, creo que es hora que vivamos juntas y nos ayudemos a llevar soledades y ausencias. Vendes este apartamento, así tienes un dinero para lo que te haga falta y te vas a vivir conmigo. Esa casa enorme de Miramar se me cae encima Nena, primero murió Manolo, después se me fue Manolito, yo no puedo con tanta soledad y tanta ausencia.

– Creo que tienes razón Panchita, ya estamos viejas y visitarnos se nos hace cada vez más difícil. Te acepto la propuesta, vamos a vender este apartamento y me mudo contigo a tu casa. Tú y yo somos como hermanas, creo es lo mejor.

Nena y Panchita se abrazan, con ese abrazo especial que solo pueden darse los que se aman sin reservas, los que comparten vidas y sueños.

-Ay Nena esto está de apaga y vámonos, todos los días me acuerdo de lo que decía Manolo: esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle.

– Si Pancha, mientras Pedro vivía, yo me aguantaba la lengua para no molestarlo, no quería herirlo, él amaba la revolución, su carnet del partido, sus medallas. Recuerdo unos meses antes de que le diera el infarto, estaba en el cuarto con sus medallas, sus diplomas, su foto con Fidel, tenia lágrimas en los ojos, me miró traspasando el alma y los recuerdos y me dijo: ¿en qué nos equivocamos, en que pantano nos metimos y se nos perdió el camino, dónde se nos quedaron los sueños y las promesas de igualdad? Yo no pude decirle nada, solo lo abracé mientras lloraba en mi pecho. Esas lagrimas tenían sabor de frustraciones y sueños rotos, de consignas perdidas, de discursos llevados por el viento. Desde ese día no volvió a mirar sus diplomas y medallas y la foto con Fidel, se le llenó de polvo, olvidada en un rincón. Tres meses después le dio el infarto y murió antes de llegar al hospital. Yo no he tenido valor para botar sus diplomas y medallas y a veces las miro, como quien mira un sueño que no fue, pero cuando me mude contigo no me los voy a llevar, sería una carga muy pesada, un nunca fue, que no quiero arrastrar lo que me queda de vida.

– Es duro Nena, muy duro, pero ya estamos viejas, tratemos de vivir lo que nos queda lo mejor posible. No perdamos la esperanza de un cambio, de una mejoría. Nuestra Isla sabe de conjuros y batallas y encontrará un modo de salvar el futuro. Bueno, dejemos la conversadera y vamos a preparar la comida, como decía mi amiga Fefa: para sufrir, hay que comer.

Van a la cocina, Nena prepara un congrí, mientras Pancha prepara unos bistecs de puerco que trajo y los fríe.

-Nena vigila los bistecs que voy a buscar el aguacate que se me quedó en la jaba.

La comida esta lista y las amigas la disfrutan como un banquete que anuncia cambios y proyectos.

– ¡Que rico estaba todo! Hacia tiempo no comía tanto, Nena pon el televisor que quiero ver Vivir del cuento, eso y la novela, es lo único que se puede ver.

Nena enciende el televisor y de pronto un apagón oscurece la pantalla y la noche.

– Coño otro apagón, dejame buscar el farol y encenderlo para aunque sea mirarnos las caras mientras hablamos.

Nena, regresa con el farol, lo enciende y lo pone sobre la mesa, de pronto la llama toma una forma extraña y Panchita la mira extasiada.

– Mira Nena, mira la llama de este farol.

– ¡Ave Maria purisima, Santa Barbara bendita! ¡Si es la Isla de Cuba! ¿Qué significa esto Pancha? Tú de joven tirabas las cartas y adivinabas cosas, dime qué quiere decir esto.

-Es la Isla Nena, la patria que se niega a que la apaguen y quiere seguir alumbrando el futuro de esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Las amigas se abrazan, mientras una luz de esperanza las ilumina.

Fotografía de una obra de Michel Blazquez pintor cubano que vive en Fort Lauderdale.

El que tiene dólares resuelve y el que no, que se joda.

Nena escucha, sin abrir sus ojos, el televisor encendido con la mesa redonda donde hablan de nuevas tiendas, dolares, tarjetas plásticas y abundancia de mercancías. Nena no quiere abrir sus ojos, piensa que así, todo será como un mal sueño, lo que nunca sucedió. Hace un recuento de su vida, prefiere refugiarse en el pasado, cuando aún tenía esperanzas, cuando tenía una venda en sus ojos y creía en promesas y consignas.

Nena recuerda cuando tenía 10 años en el 65 y su tía con sus primas se fueron para el norte “revuelto y brutal”. Su padre le prohibió ir a verlas y despedirse de ellas, son traidores, le repitio una y mil veces. Nunca más supo de ellas hasta el 79, aquello de la comunidad fue el acabose, pero ella y su madre estaban felices, volver a ver a su tía y a sus primas, parecía un regalo de Navidad adelantado. Por un milagro de “arriba ” ya no eran traidoras, venían, reyes magos de nuevo tipo, cargadas de regalos y de historias. Así supo de la vida al Norte, de trabajos y logros.

Nena recordó escuelas al campo, trabajos voluntarios, guardias, domingos de la defensa, reuniones, las viejas consignas se le atragantaban; le faltaba el aire y no era por el coronavirus.

Se negaba a abrir los ojos, a aceptar una realidad que le recordaba aquel cuento del hombre que amaneció convertido en cucaracha y que su profesora de Literatura nunca supo darle una interpretación creíble. Sonó el timbre de la puerta y Nena no tuvo más remedio que abrir los ojos e ir a abrir la puerta. Del otro lado Asunción le gritaba: ábreme rapido mi santa que me voy a caer muerta redonda aquí en el portal.

Nena se levanta, arregla los girasoles que están en un bucaro sobre la mesita y abre la puerta, Asunción se le abraza y le dice entre sollozos: dime que esto no es verdad, dime que lo de las tiendas y los dolares es mentira .

Nena respira hondo, traga en seco y le dice: es cierto Asunción, es cierto, ahora lo bueno habrá que pagarlo en dólares y usar una tarjeta plástica.

Asunción se deja caer en un sillón se zafa el moño y deja caer su pelo canoso sobre sus hombres y su rostro.

– ¿De dónde cojones saco yo dólares para que Manolo pueda comer carne y se le quite la anemia? ¿ De qué valen las medallas y los diplomas que tenemos en la casa? Tú tienes a tu tía y a tus primas que siempre te han ayudado, pero yo no tengo a nadie Nena. Sabes mi orgullo siempre fue tener a toda mi familia de este lado, que mis tres hijos estaban comingo, pasábamos trabajo, pero juntos todos, nada de llamadas los domingos y visitas por el día de las madres. Te voy a decir algo que nadie sabe, en el 94 mi hijo mayor quiso irse en una balsa, es ingeniero, pero estaba cansao de pasar trabajos y que el sueldo no le alcanzara, yo lo convencí que se quedará. No quería verme como la vieja Cacha que tiene a todos sus hijos del otro lado y aunque no le falta nada y ellos vienen a verla dos veces al año, no se le quita la tristeza de sus ojos y se le aprieta el pecho cuando habla de su hijo Joseito y lo acaricia en la distancia; yo no quería que me pasará a mi. Logré convencerlo y se quedó, hoy es jefe de producción en una fábrica destartalada, pero al menos la familia esta unida.

Nena le trae un vaso de agua, las palabras se le traban en un intento de consolar a su amiga.

– Ay vieja, nada fue como nos lo prometieron, las consignas se volvieron viejas e inservibles, la esperanza se nos volvió agria y el azúcar amarga. Tanto hablar de la igualdad y hoy somos diferentes, tanto que espanta. Tú y yo hemos vivido mucho, tal vez demasiado, ya estamos retiradas, pero aún estamos fuertes, para algunos seremos una viejas de mierda, pero vamos a salir de esta como sea, Dios aprieta pero no ahoga, aunque a veces parezca que si y una crea que ya no aguanta más. Yo no quería creerlo, pero sabes qué, no me va a destruir.

La puerta de la sala está abierta , Cacha, cargando sus 90 años toca a la puerta y entra, se arregla la mascarilla y pregunta.

– ¿ Qué pasó aquí? Y esas caras de velorio.

– Asunción que se ha tomado muy a pecho lo de las tiendas en dólares y las tarjetas plásticas, hasta un vaso de agua tuve que darle. A mi me golpeó duro la noticia, pero hay que apretar el culo y darle a los pedales, no hay de otra. No quiero que mi hijo vea que me doy por vencida, quiero darle una esperanza de que no todo está perdido, si me ve destruida, no sé que rumbo tomaría.

– A mi ya nada me coge de sorpresa, la vida da tantas vueltas que a veces termina volviendo al punto de partida. Hace tiempo que se acabaron las historias bonitas y sólo quedan las de horror y misterio. Mis hijos viven todos en Miami, muchos pensaron que yo no iba a soportar la salida del país de Joseito, pero ustedes no saben que yo fui la que le dio el empujón para que se fuera. Una tarde le miré a los ojos y le dije: mi hijo, yo no quiero morirme sabiendo que te dejo de este lado, cuando cierre mis ojos quiero saberte haciendo tu sueño realidad y así se decidió aquella tarde de abril que se fue, su vuelvo pronto quedó flotando en la sala, esperándolo, multiplicándose en cada regreso, en cada llamada por teléfono. Él está lejos, pero soy feliz de saberlo bien, aquí no tenía futuro, desde su intento de salida del país cuando el Mariel, le cerraron todas las puertas y nunca mas pudo ejercer su carrera. Ahora anda nuevos caminos y yo desde aquí, iluminó la ruta de su vida.

– Ay Cacha que lindo tú hablas, pareces más poeta que tu hijo.

– Son cosas que le salen a una del alma, no se vive tanto por gusto. Y ustedes, levanten ese ánimo, nadie se va a morir de hambre aquí. Muy negras que nos la vimos en el período especial y aquí estamos y asi vamos a seguir. Que hace tiempo sabemos que la felicidad no nos la dan gobiernos , ni decretos, esa la luchamos nosotros. Dicen que vivimos momentos difíciles y yo hace más de 60 años que sólo recuerdo momentos difíciles. Que no somos iguales y que esto está de sálvese quien pueda, lo sabemos, pero también sabemos que nosotras podemos. Las madres de ustedes y yo pasamos mucho, tanto que recordarlo duele en la memoria y en el pecho y nunca nos dimos por vencidas. Si ahora nos ponen la comida en dolares y con tarjeticas plásticas, pues ya resolveremos. Aquí lo que hay que estar vivos y no renunciar a soñar y a luchar, que la vida es del carajo y lamentándonos, sólo logramos llantos y angustias. Oye Asunción pasa luego por la casa para darte unos bistecs de puerco y una jamonada pa’ Manolo, Joseito no sé como se las arregla, pero no deja de mandarme algo siempre. Vayan las dos más tarde por la casa y así les cuelo un poco de café, todavía me quedan dos paquetes de Bustelo. Vamos cambien esas caras, no dejemos que la esperanza muera, no dejemos que nos aplasten con decretos y medidas absurdas. A nosotras no hay virus, presidentes, ni partidos que nos puedan joder la vida. Levanten ese ánimo, unidas, todo es posible.

Un gracias Concha, gracias, iluminó la tarde, mientras los girasoles de la sala apuntaban al futuro, buscando, ansiosos, esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.