Un ¡basta! Enorme estremece una Isla.

Soy una Isla que estalla, un rayo de luz, un verso sujetado al sur de mis memorias, un mar de pueblo que abraza al mar que nos rodea.

Soy una Isla en lucha por su vida, su historia y su futuro, soy una roca en medio del camino, que decidió, para siempre, inventarse otro camino.

Todos somos la Isla iluminando amaneceres, somos luz, clamor, llanto y grito, somos esperanza, vida.

Somos parte del pasado y queremos ser futuro, que usted, él, yo, ellos, nosotros, todos contemos no el 1 , el 2 o el 3, queremos contar para la historia. Ser hacedores y parte de decisiones, tener voz alta y fuerte, no más oídos sordos, no más enemigos si discrepo, no más locos gritando por bocinas, mientras el hambre y la angustia recorren la Isla, sus entrañas.

No queremos que nos hagan la historia, que nos regalen gobiernos y leyes, queremos escribir, con nuestras manos, nuestra historia. No intervenciones, ni regalos, no bombas desde afuera, ni palos y fusiles desde adentro, apuntando a nuestro pueblo, no migajas, ni que decidan por nosotros. Que un basta enorme anuncie a todos que tomamos las riendas del futuro. Acaso no entienden de cansancios, de un pueblo que habla con voz propia, que no reconoce otro mandato que su voluntad y su fuerza.

Somos Isla y pueblo, con derechos, dignidad, con fuerza y ganas, queremos tomar las riendas del camino y seguir la ruta que salve la patria para todos, esa patria que hace años prometieron, “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.

Cuba duele y mucho.

Cuba nos duele a muchos y es un dolor terrible. Sólo un golpe de suerte, una salida a tiempo nos salvó de estar dentro y no fuera, mirando espantados a nuestros hermanos morir.

Cuba duele y es un dolor terrible, unas ganas enormes de hacer y no encontrar las vías. Las palabras alientan, dan ánimos, pero no curan ni al covid, ni al hambre.

Muchos queremos tender incondicionales manos, ayudar como sea que nos faciliten la vía, que el camino se abra y la ayuda fluya, espontánea, solidaria, de hermano a hermano. Como quien comparte una tacita de café o un plato de comida.

Ayudar es la palabra de hoy y nos preguntamos , ¿cómo? Lloramos de impotencia y queremos convertir lágrimas en fuerza y acción, en comida y medicinas que llegue oportuna y solidaria.

Hoy se impone canalizar la ayuda, dar, porque hace días el pan nos sabe amargo y el café no sabe igual. Hay gente muriendo del otro lado y muchos, allá, abandonados a su suerte.

Sobre errores y mal manejo ha crecido esta tragedia y los discursos no salvan vida, ni matan hambre, las consignas se atragantan y no es hora de poses y repetir palabras que no tienen eco y se pierden en el éter.

Allá, los que tienen algo, quieren compartirlo y ofrecen autos y sus vidas para ayudar a salvar al pueblo. Demuestran que todo no esta perdido y un gigantesco; yo vengo a ofrecer mi corazón, recorre la isla, estremece y conmueve.

Que se abran las reservas de tiempo de guerra, ya el pueblo está en guerra con la muerte y el hambre, que se le dé pan al pueblo, se le garantice la canasta básica por un tiempo determinado, que no tengan que arriesgar sus vidas en interminables colas por un trozo de pollo o una botella de aceite, que lo que tengan para vender en dólares y euros se le entregue gratuito a las familias aisladas, el hambre mata tanto como el covid. Que se acepte la ayuda de todos los que queremos ayudar y que esa ayuda llegue al pueblo, que no se venda en dolares que no tienen, ni se especule con ella. Cuando todos tengan la comida garantizada por un tiempo determinado, entonces podrán cerrar el país totalmente, y un quédate en casa enorme podrá cortar las vías de transmision del virus. No es posible hablar de aislamiento e irresponsabilidades cuando hay que jugarse la vida para poner un plato de comida en la mesa.

Si un día los cuarteles se convirtieron en escuelas, que hoy los hoteles de lujo se conviertan en hospitales, que nadie espere atención médica tirado en el suelo, ni durmiendo en una silla.

Hablo con mis hermanos y muchos temen por sus vidas, hay miedo y hambre en Matanzas, hay espanto en las madres que abrazan con fuerza a sus hijos, que quieren ser la muralla que los proteja y salve.

No me hablen de imperios, ni luchas ideológicas, el pan no sabe de enemigos políticos, y una tableta para bajar la fiebre no pregunta, ni pide partido político.

Cuando muere un hermano, algo de nosotros muere con él. El futuro está muriendo ante nuestros ojos y muchos, por suerte, nos resistimos a contemplarlo con los brazos cruzados. Nos duele Cuba y mucho.

Fotografías tomadas de diferentes páginas de Facebook