Reordenamiento vs desordenamiento.

Nos hablaron de reordenamiento, de medidas económicas, de necesidades y de la madre de los tomates. No nos dijeron que íbamos a vivir la peor de las crisis, que la miseria era lo único seguro. No encontraron peor momento que lanzar sus medidas en tiempos de pandemia, de sumar espantos y penas.

Si el salario medio en Cuba no alcanzaba a cubrir necesidades, hoy es una caricatura de si mismo. El presente se ha puesto color de hormiga, es como un mal trago, pero no podemos tomarnos un refresco para ayudar a bajarlo, porque los precios están por las nubes, compitiendo con la angustia de las amas de casa. Si antes el puerco había sido propuesto como, mamífero nacional por habernos salvado de hambrunas, hoy su alto precio lo aleja de cocinas y mesas. Chencha se lleva las manos a la cabeza y grita: ¡carajo, hasta cuando!

Hubo un tiempo que las familias que recibían 100 dólares mensuales de sus familiares en el extranjero, “escapaban” a la miseria general, hoy tendrían que recibir 250 o 300 dólares para capear el temporal y creanme; no hay cama pa’ tanta gente. En vez de con todos y para el bien de todos, este reordenamiento es para el mal de muchos.

El cubano de a pie, no puede tomarse un refresco, no puede comprar cigarros, no puede comerse un pedazo de carne de puerco, hasta los sueños están en hipoteca y no sabe si sobrevivirá a este “reordenamiento”, no sabe si sus nietos podrán ver las promesas cumplidas. Micaela ya no cree en promesas, es lo único que ha escuchado desde que era niña y se ha puesto vieja esperando que se las cumplan, las cazuelas siguen vacías y los vasos de leche no han llegado.

Este mal llamado reordenamiento, no está matando le dice Cuca a Chencha, a veces piensa que es un plan macabro para exterminarlos y se siente cucaracha resistiendo hasta explosiones nucleares.

No, no es un reordenamiento, es un desastre económico que esta pagando el pueblo que no ve la luz al final de túnel, que ni siquiera ve la luz del bombillo, de tantos apagones y de tan caro que cuesta encenderlo. Este reordenamiento no se le hubiera ocurrido ni al que asó la manteca, él que lo diseñó seguro tiene cuotas de comida y dinero aseguradas y en refugio seguro se ríe del desastre que ha provocado. Tal vez no ha pensado que sus absurdas e inhumanas medidas están ahogando al pueblo que cada vez comprende que, como en un nuevo manifiesto y no comunista por cierto, no tiene nada que perder, solo las cadenas y un mundo por ganar. Después no se quejen cuando el pueblo les de una gran patada por su enorme trasero y los borre de su historia. Cuando decidan reordenarse definitivamente. Mientras tanto recuerdo a Carilda y creanme, me desordeno del todo, me desordeno.

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