El coronavirus, mis amigos y yo.

Con esta nueva variante del covid 19, terminamos el 2021 y empezamos el nuevo año casi todos muy positivos, diría que super positivos, positivisimos. Yo creí poder escapar al contagio, un estilo de vida sana, tomar cuanta vitamina o sustancia ayudara a prevenir el contagio, usar siempre una mascarilla de 5 capas, andar siempre con un pomo de alcohol en el bolsillo, dispuesto a dispararle a cualquier virus que apareciera, en fin, seguir todas las medidas indicadas me convertían en una especia de superman de nuevo tipo en la cruzada contra el covid19. Por supuesto que cuando aparecieron las vacunas las apoyé y me he puesto las 3, hasta ahora. Aunque escriba y me resista a creerme un escritor y trabaje en un aeropuerto, soy, por formación y convicción, un hombre de ciencias y como tal actuó, no hago caso a teorías conspirativas, ni a las tantas estupideces que pululan por internet.

Un buen día llegó una nueva cepa del covid19, catalogada como el segundo virus más contagioso del mundo, solo superado por el del sarampión, omicron la llamaron, llego decidido a fastidiarnos festejos y celebraciones. Poco a poco mis compañeros de trabajo en el aeropuerto se fueron contagiando, el maldito omicron se me acercaba peligrosamente, hasta que un día amanecí con los síntomas, me hice la prueba y zaz; yo era uno más de los que esperaríamos el año positivos. Les aclaro que gracias a las vacunas y al montón de vitaminas que tomo fue una gripe ligera, ojalá todas las gripes que me den en el futuro sean tan leves, ni fiebre, ni dolores en el cuerpo o de cabeza, nada de sudoraciones, solo tos y la voz tomada y un apetito voraz que me hizo aumentar 2 libras; cuando regresé al trabajo ni faltó quien me dijera si estaba con el covid o en Varadero. Por supuesto que tenía el oximetro de cabecera y me medía frecuentemente el oxígeno en sangre, a pesar de sentirme bien.

Cuando las pruebas confirmaron que estaba positivo, mis amigos, mi familia, me rodearon de amor, atenciones y ¡comida!. Me llamaban constantemente, monitoreaban mis síntomas, me preguntaban si necesitaba algo. No faltó quienes me llevaron alimentos, medicinas. Bastaba un mensaje: necesito azitromicin y a las dos horas estaban parqueados frente a mi casa con el medicamento en la mano, mis amigos son gente así, somos como hermanos. Todos estaban pendientes de mis necesidades en una especie de muro de amor al cual no podía vencer ningún virus, por mas contagioso que fuera. El covid 19 no sólo tenía que vérselas conmigo, también tenía que enfrentarse a mis amigos y familiares, vencerlos a todos era imposible.

Me recuperé rápido y comencé a trabajar. Valoré dar las gracias en general en Facebook, pero pensé era mejor un escrito, contarles mis experiencias, decirles que hay palabras que curan y gestos que fortalecen el sistema inmunológico, decir un gracias enorme a todos los que estuvieron pendientes de mi, a los que me hicieron olvidar que vivía solo y hasta olvidar que estaba enfermo.

Esa es la magia de la amistad, del afecto, de ese sentirse apoyado en todo momento, de manos extendidas y corazones abiertos; algo que escapa a la ciencia, que no puede envasarse y comercializarse, pero tan necesario y eficaz como los antibióticos, los antivirales, las vacunas y las vitaminas.

Cuando empezó, hace ya dos años esta pandemia y vivimos juntos aislamientos y temores, muchos confiaban que seríamos mejores seres humanos, que aprenderiamos a valorar abrazos y afectos, creo que ha sido asi, al menos lo siento así, mis amigos son prueba de ello.

Venceremos, no lo duden y en esta lucha sin cuartel contra el covid 19 no perderemos la sonrisa, los sueños, ni la fe en el futuro. Un abrazo enorme a todos.

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