Viaje a La Habana, reencuentros y emociones.

Marta preparó su viaje cuidadosamente, 10 largos años sin visitar su país, su Cuba, sin abrazar a su hermano, familiares y amigos, sin andar esas calles que tanto amaba. No quería dejar nada a la casualidad, preparó todo minuciosamente, llevó hasta el material necesario para impartir sus clases online, en caso de un retraso del regreso o de un imprevisto, no quería poner en riesgo su trabajo; eso de que mujer precavida vale por dos, se cumplía con ella, a lo mejor hasta le cobraban dos pasajes al abordar el avion. Preparó su maleta, antes de acostarse fue al chat de sus amigos de años, su grupo del preuniversitario, estaré ausente unos días por mi viaje, les dijo. Algunos de ellos que aún vivían en Cuba le dijeron: Marta, vamos a preparar un reencuentro contigo, vamos a reunirnos, ya te diremos cómo y cuándo, cuando estés aquí, nosotros nos ocuparemos de todos, ya verás, le dijeron al despedirse.

Se durmió soñando con su viaje. Volver a andar las calles de La Habana la hacía feliz, ese reencuentro con recuerdos, familiares y amigos se le antojaba un viaje en el tiempo, era como mirar frente a frente a su otro yo, ese que decidió quedarse y se aferró con uñas y dientes a la tierra y a recuerdos

Ya en el avión dio rienda suelta a la imaginación, se soltó el pelo y los sueños, se acarició la frente y los recuerdos, Cuba de nuevo, allá me espera mi infancia, mi adolescencia, ¡mi vida entera! Allá estoy yo esperándome otra vez. Recostó su cabeza, cerró los ojos, la voz del capitán la hizo dejar sueños y fantasmas: ya estamos sobrevolando La Habana, en unos minutos aterrizaremos. Miró por la ventana, su corazón se desbocó como queriendo llegar antes que ella a su tierra, sintió, a pesar de años y ausencias, las mariposas en el estomago de sus primeros amores, como si su mejor amante la fuera a esperar al pie del avión. Quiso retocarse el maquillaje y se miró al espejo, le pareció haber rejuvenecido 10 años, debo estar medio mareada por el viaje, me veo diferente, se dijo.

Cuando pisó tierra cubana sintió que una extraña energía la poseía, una fuerza especial la animaba, corrió al encuentro de su hermano y se unieron en uno de esos abrazos que solo los que vivimos fuera de Cuba hemos sentido. Su hermano la miraba admirado: Marta que joven te veo, luces super bien, ella se rio, este hermano mío siempre exagerando, pensó.

Recorrió la ciudad con sus familiares y así de alegría en alegría, de sorpresa en sorpresa llegó el día del encuentro con sus amigos del pre. Cesar la recogió en su auto y llegaron al jardín donde la esperaban sus amigos, los reconoció uno a uno, fue mencionando sus nombres, los recordaba a todos, Andino, Liana, Nancy, Desiderio, Maria Elena, Humberto, Irmita. Cuando se dieron un abrazo grupal ocurrió el milagro; las canas desaparecieron junto con las libras de más y las barrigas, las pieles se volvieron tersas, las ropas se cambiaron y volvieron a vestir el uniforme del pre, aparecieron libros y libretas, por unos instantes volvieron a ser los adolescentes que soñaban ser profesionales un día, con un montón de sueños por antorcha. ¿Que pasó? Se preguntaron mirándose asombrados, Liana que no había participado en el abrazo, temblando de la emoción les mostró la foto que había tomado; allí estaban todos con sus uniformes del pre, sus sonrisas iluminando el futuro, con 17 o 18 años dispuestos a comerse el mundo. Miraron la foto asombrados, ante sus miradas la foto se iba desvaneciendo y el teléfono quedó en blanco. ¿Qué fue eso? Se preguntaron emocionados, no pudieron responder. Hay milagros que escapan a nuestra compresión que van más allá de cálculos y realidades, hay magias y regalos que sólo La Habana puede darnos; ese es su encanto. La tarde transcurrió entre recuerdos y video llamadas a amigos ausentes, muchos fueron partícipes de ese encuentro, más allá de distancias y años sin verse.

Llegó el día del regreso, el más difícil para todos los que vivimos fuera de Cuba y nos toca volver a hacer maletas y decir adiós. Marta fue el aeropuerto y al llegar al mostrador de la aerolínea le dijeron: su vuelo ha sido cancelado, la tripulación tiene covid y es imposible ponerlos en el próximo vuelo, estarán unos días más en Cuba, hasta que la aerolinea los pueda reubicar en otros vuelos. Se sintió en una pesadilla, era sábado y el martes debía reiniciar sus clases online, no podía fallarle a sus alumnos y se estaba jugando su futuro laboral. Recordó que había traído lo necesario para dar sus clases online y que su sobrino tenía Internet en su casa y eso la tranquilizó un poco.

Llegó a casa de su hermano, dejó la maleta en la sala y fue al cuarto, quería estar sola, estaba en shock. A los segundos de estar sola en el cuarto sintió un ruido como de olas rompiendo contra el muro de todos, girasoles florecian en el cuarto y sinsontes revoloteaban, estoy delirando, pensó. De pronto se apareció una hermosa mulata vistiendo una bata cubana azul, blanca y roja.

– Perdóname Marta, pero fueron muchos años sin tenerte, todos ustedes lejos, inventándose otras vidas, me son necesarios, son mis hijos. Te hice trampas, quise retenerte unos días mas, después te dejaré marchar, pero prométeme volver.

Marta quiso protestar, decirle que pudo haber perdido su trabajo. La mulata hizo un gesto y le dijo:

– Yo también tengo derecho a ser un poco egoísta. No sabes como me duelen estas ausencias y cuanta falta me hacen ustedes para armar sueños y futuros. No me reproches nada, mira estas fotos, sólo yo podía hacerte lucir tan bella. Todo saldrá bien, ya verás. Ahora me voy, cuéntale al Habanero de este encuentro, hará una de sus historias seguro.

Marta la miró y le dijo.

– Prometo volver.

Se marchó como vino, entre olas rompiendo contra el muro de todos y cantos de sinsontes, le regaló un girasol antes de irse.

– Guárdalo, como prueba que todo no fue un sueño.

Desapareció ante ella dejándola atónita y feliz, no podía creer lo sucedido, miró el girasol en su mano, se miró al espejo y le pareció que una luz iluminaba su rostro.

Al final con la ayuda de amigos, tal y como prometió La Habana, todo se resolvió y Marta regresó a Costa Rica, su segunda patria. El día del regreso su hermano y todos sus amigos fueron a despedirla, los abrazó a todos y antes de pasar al área reservada a los que viajaban les dijo a todos

– Volveré, es una promesa que debo cumplir.

Cuentan que todos se asombraron cuando varios sinsontes revolotearon entre los pasajeros y girasoles florecieron en el suelo del aeropuerto.

Fotografía tomada de la página de una amiga de Facebook.

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