Un rayo de esperanza entre tanto humo negro.

Allá en La Habana de todos Chencha mira al cielo cubierto por un humo negro espeso e irritante.

-¿Juana y ese humo negro que cubre el cielo?

– Los tanques de petróleo ardiendo. Ay Chencha tu estas en el pueblo y no ves las casas, tú no sabes que un rayo cayó en uno de los tanques de petróleo en Matanzas y ya son 3 los que arden.

– Ay mi santa es que entre los apagones y hacer las colas para luchar que poner en la mesa, no tengo tiempo para más ná.

– Pues vete preparando para más apagones, la termoelectrica Antonio Guiteras ya salió de servicio, esto es el acabose mi negra, no hay más ná.

– ¿ Qué hicimos coño, qué hicimos? Para merecer todo esto.

– Te acuerdas cuando la gente rompió las imágenes de la Caridad del Cobre que tenían en los jardines, recuerdas que adoramos un hombre como si fuera Dios.

– Recuerdo todo eso y mucho más, pero sabes, yo creo que no es tanto lo que hicimos como lo que no hicimos. Aplaudiamos todo y apoyábamos todas las medidas por muy absurdas que fueran. Abríamos la boca sólo para repetir consignas, nunca para protestar, los dejamos hacer mi santa, eso es lo que no hicimos, protestar, hacernos oír, que tuvieran que contar con nosotros. Coño que no somos un rebaño de carneros, ni ratones siguiendo a un flautista, somos un pueblo con derecho de elegir caminos, de decir hasta aquí y parar todos esos disparates que solo lograron arruinar al país.

– Ay Chencha tu no veras los noticieros, pero que lindo hablas, oyendote hasta se me quito el dolor que tenía en el pecho.

– Ese dolor tenemos que convertirlo en fuerza para reclamar derechos que está bueno ya que un grupo se crea dueño del país, esta tierra y este cielo es de todos carajo, de todos los que hemos nacido aquí y todos tenemos derecho a ser escuchados, a elegir caminos, que hay aire para todos no para un grupito de barrigones y vive bien que se han olvidado del pueblo. Vamos para la cocina, voy a colar un poco de café, Patricia antes de irse me regaló un paquete de Bustelo que le había mandado su hermano, el escritor, eso si es café.

Chencha cuela el café y el aroma invade la modesta casita de Playa. Chencha y Juana se sientan a saborearlo, por un segundo olvidan problemas y disfrutan el café.

– Chencha, ¿es verdad que la culpa de to’ la tiene el bloqueo?

– Juana a ti el picadillo de soya te jodío el cerebro. La culpa de todo la tiene la mala administración, coño que este país era el primer exportador de azúcar del mundo y ahora casi ni centrales tenemos, cruzando vacas, se acabó con la vaquita cubana, te acuerdas del cruce de la Holstein y la Cebú, pues ahora ni Holstein, ni Cebú, ni carne de puerco tenemos ya, te acuerdas del cordón de La Habana y de otros disparates más, esto es un desastre, han arruinado el país y no tienen cojones para reconocerlo. El bloqueo ha afectado, no lo dudo, pero los culpables son ellos, lo que pasa es que el bloqueo les sirve como justificación de todos sus desastres.

– Yo me quedo boba escuchándote, ya se me había olvidado que estudiaste economía y que eras una fiera en to’ eso.

-Estoy cansá Juana aburría de oír tantos cuentos, ojalá hubieran quitado el bloqueo hace años a ver a quien coño le iban a echar la culpa. Estan tirando piedras y no aciertan una, como diría mi difunto esposo, dando patás de ahogao. Y el pueblo ya no aguanta más, que una quiere vivir y no morirse esperando un milagro. Ahora venden el dolar a 120 o 110, como si una tuviera mucho dinero para comprarlo. Patricia me dijo que su hermano, ese si que es un santo, me iba a mandar un dinerito, que no le sobra, pero no quiere saber que yo me estoy muriendo de hambre y va a ayudarme. Yo no quiero vivir así, no trabajé toda la vida para verme así en mi vejez.

– Antes nos creíamos las promesas y teníamos esperanzas, ya ni eso.

– Sabes, yo no pierdo las esperanzas, mi esperanza está en la juventud, en este pueblo que tensa fuerzas y pare futuros, en ellos confío.

Chencha y Juana salen al portalito y miran al cielo, entre el humo negro un rayo de sol se abre camino iluminando la esperanza.

Al sur arde algo más que tanques de petróleo.

Cuba duele en el alma de todos sus hijos, no importa donde estemos, los años de exilio, ni el tiempo sin volver. En ocasiones ese dolor aprieta fuerte el pecho y uno se siente impotente, incapaz; quisiera tener medios, recursos, fuerzas para cambiar el curso de la historia y darle paz y pan a nuestro pueblo.

Allá al sur arde algo más que tanques de petróleo, un humo negro oscurece, aún más, esperanzas perdidas y sueños rotos.

No es politizar un hecho, no es oportunismo casual, es suma de errores e incapacidades, un no saber hacer constante, décadas de abandono. No me hablen del bloqueo, ya me aburren, quiero escuchar reconocer errores, convocar al pueblo a buscar soluciones y buscar salidas, sin un grupo que disfrute y un pueblo que se jode.

Que la gente se cansa de escuchar consignas obsoletas y discursos repetidos, que están hartos de miserias y promesas incumplidas.

Allá al sur, arden tanques y miserias, arde un pueblo que tensa fuerzas y no lo duden, sabrá usarlas para hacer caminos.

Duelen los muertos, duele la gente sin futuro, las noches oscuras y las mesas vacías, duele la gente viajando a Nicaragua, arriesgando sus vidas por encontrar la vida, duele un pueblo entero.

Allá al sur, arde algo más que tanques de petróleo.

El rostro de La Habana.

Un día dije que la Habana era una ciudad de mil rostros, hoy tiene el rostro tenso, contraído de angustias y escaseces, de espantos, prohibiciones y adioses, a veces ríe para no perder la razón, mientras una lágrima delata su tristeza.

Mi Habana sufre en silencio males y éxodos, teme un día amanecer desierta, con políticos encerrados en oficinas y calles desiertas de lágrimas y risas.

Ya no usa maquillaje, ya no trata de esconder miserias, sería ridículo en momentos de espanto, de colas interminables, apagones repetidos, de precios por las nubes, de ancianos y niños abrazados, sin sueños, ni futuro.

Hoy la Habana duele. Toda Cuba duele, es un dolor que no se calma, que sólo una acción mayor calmaría.

A su lado, arde Matanzas y un humo negro cubre el cielo, no deja ver el sol, ni la esperanza.

Hoy Cuba se estremece, cansada de promesas obsoletas, de éxodos sin fin, prohibiciones impuestas, discursos sin sentido.

La Habana lava su rostro en aguas del futuro, se refresca la mirada, sobre derrumbes se levanta, mira al Cobre y grita: Cachita, dales la fuerza para hacer el milagro y seamos, de una vez y por todas, “de todos y para el bien de todos”

Volver ¿a dónde?

Hay voces que reclaman regresos, recuerdos que hacen trampas,

me dicen vuelve, volver a

dónde, no me esperan mi madre, mis hermanas.
La casa esta habitada por fantasmas que tratan de salvarse del olvido .
Hay amigos y reuniones por hacer y temo ese perderme

, sin brazos

que me esperen.
Hay calles que reclaman mis pasos,

rincones de la ciudad

que esperan mi regreso,

hay recuerdos

que se aferran a la memoria, se niegan a morir.
Ceibas centenarias, girasoles me indican el camino del regreso. No temas al reencuentro me susurran, la ciudad está lista, no demores.
Sigo temiendo al viaje de regreso, a perderme en esas calles que conozco, a andar como un fantasma entre recuerdos, a perderme, para siempre, buscando los brazos de mi madre.
Tal vez soy un fantasma más buscando sus raíces, debo volver, aunque sea una vez, gritar su nombre en cada esquina de la vida y traerme conmigo la esencia de mi vida.

Fotografía tomada de Google