Lo que se llevaron los vientos de Ian.

Hoy no pensaba escribir, pensé tomarme el domingo como un descanso total, mis amigos más antiguos, no por viejos, sino por los años que hace nos conocemos, me pidieron escribiera algo sobre Ian, ese terrible huracán que golpeo con furia el occidente de Cuba y el centro de la Florida. Les aclaré que me dejaría llevar por las musas, que no me pondría trabas, hágase la voluntad de las musas y no la mía.

Acá en la Florida las pérdidas han sido enormes, es el huracán que más pérdidas ha causado en daños materiales, la cifra en números redondos, supera la de los huracanes anteriores. El gobierno federal aprobó ayuda de inmediato, sin tener en cuenta si el estado era azul o rojo, demostrando que este gobierno es de todos, no sólo de los que votaron por él. Poco a poco la gente se recuperará y aunque el momento actual espanta, no faltarán ayuda oportuna, prestamos, créditos; duelen los muertos que estoy seguro serán numerosos y que en muchos casos si se hubieran evacuado, se hubieran podido evitar, pero siempre abundan los cabezones que se creen que se las saben todos y exponen sus vidas y la de sus familiares. Mientras el huracán azotaba estuve en contacto con una amiga que vive en Cape Coral y sus mensajes me espantaban, después supe que los daños no pasaron de un techo que voló y otras pérdidas materiales, por suerte todos están bien, seguros que pronto todo volverá a la normalidad. El norte se recupera poco a poco, se sacude el agua y apuesta al futuro.

Allá al sur, donde habitan mis memorias, mis fantasmas, Ian se ensañó con furia, destruyó casas, cosechas, tendidos eléctricos, como decimos nosotros: les dio con todo. Inundaciones y un viento fuerte que no perdonó miserias, ni angustias.

Allá, al sur, Ian se llevó algo más que techos, casas, cosechas, postes del tendido eléctrico, Ian se llevó el miedo, el temor a reclamar derechos, a gritar basta, a decidirse a ser parte de la historia, a elegir rumbos y caminos. Que un gobierno tiene que cumplir su función interna y garantizar pan y paz a su pueblo, ¡coño! que la gente se cansa y aburre de promesas y consignas; que la mayor consigna es el derecho a la vida, a una vida digna en el sentido exacto de la palabra, que no reclaman lujos, piden lo esencial para poder vivir y no morir en el intento.

La gente tiene todo el derecho a expresarse, a reclamar derechos, Ian se llevó el miedo, barrió con él, lo hundió en el fondo de esa mar profundo y azul que nos rodea. Entendieron que no tienen nada que perder, solo prohibiciones, miserias, angustias, que de la potencia médica solo queda el recuerdo, que lo que una vez se exhibía con orgullo hoy da vergüenza y dolor, que el viento se llevó miedos y vendas en los ojos y un pueblo mira de frente su estado actual y se niega a continuar así. Que la patria prometida es “para todos y para el bien de todos”, no solo para un grupo que disfruta del poder y sus ventajas. El pueblo tiene hambre de pan y libertades y va por ellas, no lo duden.

Algunas tormentas llegan para limpiar el camino, para llevarse miedos y poner un pueblo de pie, hay vientos capaces de llevarse miedos, abulias, estremecen cimientos y anuncian amaneceres; algo bueno dejó la tormenta; un pueblo de pie reclamando derechos, que se niega a ponerse de rodillas. Allá al sur, un pueblo se sacude cadenas y apuesta al futuro.

Mujeres de la 6ta década.

Tengo una amiga que vive y disfruta sus 60s, una edad en que para algunos ya se es viejo y para otros solo un número que no les impide vivir a tope, disfrutando sueños y recuerdos por igual. Un día ella me pidió que escribiera algo sobre esas mujeres que en sus 60s, pisan fuerte y seguro, sin miedo al futuro, seguras de sí, que acarician sus recuerdos y sueñan a tope dispuestas a no darse por vencidas, a no tirar la toalla nunca.

En este grupo maravilloso de mujeres en sus 60s militan profesionales para los que no existen la palabra retiro, mujeres que se niegan a mecerse en un sillón, esperando el final, para ellas la vida aún les guarda sueños por realizar, conquistas y luchas; para ellas la palabra envejecer no existe y lo demuestran en el día a día de sus vidas.

Tengo otra amiga que en sus 60s vive y disfruta un romance, algunos la critican, yo la aplaudo y aliento; la sexualidad y el amor no tienen fecha de caducidad. Mientras estemos vivos, mientras tengamos fuerzas y ganas siempre hay espacio para el amor y el sexo. En esta etapa de la vida se es más directo, no se desperdician tiempo, ni oportunidades; se vive a tope el momento, se disfrutan los regalos de la vida.

La vida siempre dispone sorpresas y sueños en nuestra ruta, en este andar sin miedos, ni remilgos. Como dice una canción: ¡la vida es siempre mucho mas!

Mi amiga mientras escuchaba la canción de Arjona, Mujer de la 4ta década, me escribió, me dijo: Jose , escríbenos algo, nosotras nos lo merecemos. Por supuesto que la belleza, las ganas y la fuerza habitan en la 6ta década, si lo dudan, pregúntenle a una mujer de la 6ta década, pero disponga de tiempo para dejarse deslumbrar por sus palabras, estas mujeres rompen moldes, dinamitan esquemas, tienen mucho que recordar y mucho aún por vivir, aportan un nuevo concepto de la belleza; ¡viven a tope!

Bravo por estas señoras de la 6ta década.

Fotografía tomada de Google.

Una casa en venta.

La Habana, un barrio cualquiera.

Chela se sienta en el portal y revisa recuerdos y sueños, ella, como muchas más, estaba decidida a irse del país. Nunca antes había pensado en irse, comenzó a planear su salida del país cuando su madre, su ancla a esta tierra, murió. Tuvo que pensarlo mucho, sopesar pros y contras; su hijo del otro lado del mar inclinó definitivamente la balanza, las dificultades actuales también le dieron el empujón que le faltaba para decidirse; abandonar la tierra donde se nació y se ha vivido toda una vida, es difícil, hay que tener valor para mirar al futuro cara a cara y desafiarlo sin miedo.

Tienes que comenzar a vender los muebles y todo lo que tengas de valor le dijeron sus amigos.Chela los miraba y callaba.

Nena, la vecina de enfrente, casi de la familia, la vio sentada en el portal, abrió la reja del jardín, la saludo y se sentó junto a ella, mirándola a los ojos le dijo:

– ¿Cuándo vas a empezar a vender los muebles, los adornos? No puedes esperar hasta el último momento.

-¡Vender estos muebles, estos adornos! No podría, aqui esta la historia de mi vida, entre estos muebles anda el fantasma de mi madre, todos mis recuerdos, mi infancia. Aquí nací y envejecí, prefiero dejarla así intacta hasta el último día. Tengo que recordarla siempre así.

– Dejate de romanticismos, tienes que ser realista, el viaje te cuesta un montón de dinero y tu hijo sólo no puede pagarlo todo, son tú y tu esposo, tienes que ayudarlo con los gastos. Tus recuerdos están contigo y contigo irán donde quiera que vayas. No serás la primera ni la última en dejar atrás casa y recuerdos, piensa en cuanta gente dejó mucho más que tú y emigró a otras tierras y se inventó otra vida. Aterriza Chela que con recuerdos no vas a pagar tu viaje, ponte pa’ esto y deja la guanajera.

Chela la miró a los ojos, sacudió la cabeza.

– Tengo que pensarlo, no es fácil para mi. Mis hermanos se fueron, pero aquí estaba todo intacto esperándolos al regreso, su lugar aquí los aguardaba, venían y era como si nunca se hubieran ido, todo volvía a ser como antes, yo no Nena, cuando me vaya no tendré adónde volver; una vida no cabe en una maleta. Vender todo es difícil ¿y la casa? ¿Cómo le propongo a alguien la venta? Tendría que decir: se vende una casa llena de recuerdos y fantasmas, con risas y lágrimas, cansada de adioses y regresos, si se queda con todos los recuerdos y promete cuidarlos, alimentarlos, podría hacerle una rebaja, en cada habitación hay historias que cobran vida cada noche. Si me preguntaran el motivo de la venta tendría que decir: no nos queda ni una esperanza y voy en busca de ellas, me cansé de promesas y consignas y quiero mirar al futuro sin espanto, me cansé de familias dispersas por el mundo, prohibiciones, miserias y angustias, quiero luz, pero no solo la que ilumina una casa, quiero la que ilumina rutas y sueños; me voy, pero dejo mis fantasmas cuidando recuerdos y regresos; me voy a vivir y eso justifica todo.

– Pues no lo pienses más y a poner todo en venta, como dice la gente: aprieta el culo y dale a los pedales. Una vida no cabe en una maleta, pero en un corazón caben todos los recuerdos.

Chela se quedo sola, caminó por la casa acariciando objetos y recuerdos, las lágrimas recorrían su rostro y el dolor apretaba su pecho. Entró al cuarto de su madre, acarició la cómoda, las fotos sobre el espejo, el escaparate, se acostó en su cama, sintió sus brazos y su aliento, sus lágrimas se detuvieron. Continuó recorriendo la casa, ya no estaba sola, una sombra dulce, cálida, la acompañaba. Llegó al cuarto del fondo, escuchó las risas de sus hermanos, sus voces contando historias. Abrió la ventana que da al patio y el sol la envolvió, una voz dulce le susurró al oído, no temas, yo estaré allá con ustedes y aquí con los recuerdos, vete tranquila.

Chela se volvió buscando a quien le hablaba, miró el cuarto vacío, sentía unos brazos que la abrazaban fuerte y un aliento que le daba fuerzas y esperanzas; vio a su esposo en el patio arreglando el auto.

-Pancho empieza a venderlo todo, hasta la casa, los recuerdos no, ¡esos me los llevo todos!

Días de luz, un concierto con destellos de pueblo.

Pablo a pesar de los años y las heridas, sigue en el ojo del huracán y regala y anuncia en su gesto , los días de luz.

Parecía, que el concierto no iba a lograrse, que muy pocos disfrutarian los días de luz. Leí noticias sobre la venta de entradas en el teatro Nacional; la luz, una vez mas, pretendían reservarla para elegidos. En uno de los artículos que leí se me grabaron las palabras de una mujer del pueblo: «¡El teatro y Pablo Milanés son del pueblo y para el pueblo! ¿Hasta cuándo los barrigones van a mandar? ¿Hasta cuándo el avasallamiento al pueblo? ¡Esto es vergüenza contra dinero, como Chibás!». Al final se cambió la sede del concierto y la Ciudad Deportiva cobijó los días de luz.

Pablo es del pueblo, mas allá de críticos de un lado y otro de este mar que pretende, inútilmente separarnos. Su voz, sus canciones, su presencia han hecho suyas más de una generación de cubanos, a verlo fueron abuelas y nietos, el pueblo todo.

El nombre de un concierto puede ser un augurio, una revelación; nada ni nadie podrá detener los días de luz, no lo duden.

Muchos no pudimos asistir físicamente al concierto, a esa fiesta de la luz y del pueblo, a esa explosión de memorias y augurios, pero de un modo u otro nos la inventamos para sumar aplausos y gritar: ! Gracias Pablo¡

¡Leche de cucarachas en las noticias!

Es mediodía en CentroHabana, los golpes en la puerta en la casa de Chela amenazan con derribar la puerta. Chela abre la puerta con un pomo de veneno para cucarachas en la mano y Cuca la mira espantada.

-¡Matando cucarachas! Tú estas loca mujer te van a meter presa por delitos contra la economía nacional.

– ¿Tú te volviste loca o te tomaste una botella de ron? ¿Qué coño tienen que ver las cucarachas con la economía nacional? Como no sea el hambre que están pasando juntos con nosotros. Yo estaba poniendo un poco de veneno en la cocina que anoche vi una cucaracha.

– Tú estas en el pueblo y no ves las casas. ¿ Tú no viste las noticias en la prensa de Pinar del Rio? Ahora nos van a poner a tomar leche de cucarachas.

– ¡Que se la tome su abuela! Pa’ su madre ¿que se creen que somos pa’ estar experimentando? Carajo que esto no es Macondo ni nosotros animales para que se la pasen inventando a costilla de uno. Yo quiero la leche de vaca prometida cuando tenía 10 años y que me he puesto vieja y pellejua esperando. Si yo tuviera un dolar por cada consigna atragantada, por cada promesa incumplida, me pasaría el día comprando en las tiendas esas donde nunca he podido comprar ni una botella de aceite. Esta bueno ya de tanto invento.

– Ay Chela tú no te quieres por la boca, lo tuyo no tiene nombre.

– Cansá es lo que estoy Cuca, cansá, que se me ha ido la vida comiendo mierda creyéndoles todos los cuentos a esta gente y ahora que se me cayó la venda, no me queda vida pa’empezar de nuevo. Leche de cucarachas a estas alturas, si aquí hasta las cucarachas se han ido pa’ Miami pa’ poder seguir viviendo. Ya no me quedan ni lágrimas por llorar por tantas mentiras y tanta miseria, tanto tiempo perdido, ¡una vida entera!

– Si Chela, es duro, lo sé y una esta obstiná de que se crean que tenemos que empujarnos masas cárnicas, picadillos de soya, cerelacs, jutías y hasta avestruces y seguir aplaudiendo y dando el paso alante y alante lo que esta es el precipicio mi santa, esto ya no da más y eso es lo que duele, tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto sacrificio para nada. Que los jóvenes sueñan con irse y las lágrimas de las madres son un mar, ay Chela que es un dolor en el pecho que dura años y no se quita con na’.

– Y ahora la leche de cucarachas, si no fuera por lo triste, diera risa. En cuanto lo supe vine a verte.

Cuca y Chela se abrazan llorando, lloran por el tiempo perdido, por la vida esperando, por no tener ya en que creer. Son lágrimas que salen de un corazón cansado de todo y sin tiempo para inventarse otra vida.

– Ven Cuca, vamos pa’ la cocina, voy a colar un poquito de café, esto ya no hay quien lo arregle.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

¡Felicidades mami!

Felicidades mami. Ignoro en que desconocida dimensión te encuentras, si eres luz, viento, lluvia, rayo de luna o sol, suspiro, aliento. Sólo sé de tu presencia, de este seguir a mi lado, iluminando mi ruta, alentándome. Sabes inventarte caminos y modos en este constante andar conmigo, cuando tomo el café de la mañana, cuando me acuesto, en cada rutina de la vida. Hoy no viajo a La Habana, no llevo regalos, no me invento fiestas; hoy acaricio recuerdos, juego con palabras, te abrazo en la memoria. Hoy cumples 94 años, entre ángeles lo celebras, siempre fuiste angel, te escapas a abrazarme, a besarme en la frente a decirme una vez mas: todo estará bien, estoy contigo, cambia esa cara, yo estoy bien, me parece escucharte y yo estoy bien mami, cómo no estarlo abrazado a tu recuerdo.

Viaje a La Habana, reencuentros y emociones.

Marta preparó su viaje cuidadosamente, 10 largos años sin visitar su país, su Cuba, sin abrazar a su hermano, familiares y amigos, sin andar esas calles que tanto amaba. No quería dejar nada a la casualidad, preparó todo minuciosamente, llevó hasta el material necesario para impartir sus clases online, en caso de un retraso del regreso o de un imprevisto, no quería poner en riesgo su trabajo; eso de que mujer precavida vale por dos, se cumplía con ella, a lo mejor hasta le cobraban dos pasajes al abordar el avion. Preparó su maleta, antes de acostarse fue al chat de sus amigos de años, su grupo del preuniversitario, estaré ausente unos días por mi viaje, les dijo. Algunos de ellos que aún vivían en Cuba le dijeron: Marta, vamos a preparar un reencuentro contigo, vamos a reunirnos, ya te diremos cómo y cuándo, cuando estés aquí, nosotros nos ocuparemos de todos, ya verás, le dijeron al despedirse.

Se durmió soñando con su viaje. Volver a andar las calles de La Habana la hacía feliz, ese reencuentro con recuerdos, familiares y amigos se le antojaba un viaje en el tiempo, era como mirar frente a frente a su otro yo, ese que decidió quedarse y se aferró con uñas y dientes a la tierra y a recuerdos

Ya en el avión dio rienda suelta a la imaginación, se soltó el pelo y los sueños, se acarició la frente y los recuerdos, Cuba de nuevo, allá me espera mi infancia, mi adolescencia, ¡mi vida entera! Allá estoy yo esperándome otra vez. Recostó su cabeza, cerró los ojos, la voz del capitán la hizo dejar sueños y fantasmas: ya estamos sobrevolando La Habana, en unos minutos aterrizaremos. Miró por la ventana, su corazón se desbocó como queriendo llegar antes que ella a su tierra, sintió, a pesar de años y ausencias, las mariposas en el estomago de sus primeros amores, como si su mejor amante la fuera a esperar al pie del avión. Quiso retocarse el maquillaje y se miró al espejo, le pareció haber rejuvenecido 10 años, debo estar medio mareada por el viaje, me veo diferente, se dijo.

Cuando pisó tierra cubana sintió que una extraña energía la poseía, una fuerza especial la animaba, corrió al encuentro de su hermano y se unieron en uno de esos abrazos que solo los que vivimos fuera de Cuba hemos sentido. Su hermano la miraba admirado: Marta que joven te veo, luces super bien, ella se rio, este hermano mío siempre exagerando, pensó.

Recorrió la ciudad con sus familiares y así de alegría en alegría, de sorpresa en sorpresa llegó el día del encuentro con sus amigos del pre. Cesar la recogió en su auto y llegaron al jardín donde la esperaban sus amigos, los reconoció uno a uno, fue mencionando sus nombres, los recordaba a todos, Andino, Liana, Nancy, Desiderio, Maria Elena, Humberto, Irmita. Cuando se dieron un abrazo grupal ocurrió el milagro; las canas desaparecieron junto con las libras de más y las barrigas, las pieles se volvieron tersas, las ropas se cambiaron y volvieron a vestir el uniforme del pre, aparecieron libros y libretas, por unos instantes volvieron a ser los adolescentes que soñaban ser profesionales un día, con un montón de sueños por antorcha. ¿Que pasó? Se preguntaron mirándose asombrados, Liana que no había participado en el abrazo, temblando de la emoción les mostró la foto que había tomado; allí estaban todos con sus uniformes del pre, sus sonrisas iluminando el futuro, con 17 o 18 años dispuestos a comerse el mundo. Miraron la foto asombrados, ante sus miradas la foto se iba desvaneciendo y el teléfono quedó en blanco. ¿Qué fue eso? Se preguntaron emocionados, no pudieron responder. Hay milagros que escapan a nuestra compresión que van más allá de cálculos y realidades, hay magias y regalos que sólo La Habana puede darnos; ese es su encanto. La tarde transcurrió entre recuerdos y video llamadas a amigos ausentes, muchos fueron partícipes de ese encuentro, más allá de distancias y años sin verse.

Llegó el día del regreso, el más difícil para todos los que vivimos fuera de Cuba y nos toca volver a hacer maletas y decir adiós. Marta fue el aeropuerto y al llegar al mostrador de la aerolínea le dijeron: su vuelo ha sido cancelado, la tripulación tiene covid y es imposible ponerlos en el próximo vuelo, estarán unos días más en Cuba, hasta que la aerolinea los pueda reubicar en otros vuelos. Se sintió en una pesadilla, era sábado y el martes debía reiniciar sus clases online, no podía fallarle a sus alumnos y se estaba jugando su futuro laboral. Recordó que había traído lo necesario para dar sus clases online y que su sobrino tenía Internet en su casa y eso la tranquilizó un poco.

Llegó a casa de su hermano, dejó la maleta en la sala y fue al cuarto, quería estar sola, estaba en shock. A los segundos de estar sola en el cuarto sintió un ruido como de olas rompiendo contra el muro de todos, girasoles florecian en el cuarto y sinsontes revoloteaban, estoy delirando, pensó. De pronto se apareció una hermosa mulata vistiendo una bata cubana azul, blanca y roja.

– Perdóname Marta, pero fueron muchos años sin tenerte, todos ustedes lejos, inventándose otras vidas, me son necesarios, son mis hijos. Te hice trampas, quise retenerte unos días mas, después te dejaré marchar, pero prométeme volver.

Marta quiso protestar, decirle que pudo haber perdido su trabajo. La mulata hizo un gesto y le dijo:

– Yo también tengo derecho a ser un poco egoísta. No sabes como me duelen estas ausencias y cuanta falta me hacen ustedes para armar sueños y futuros. No me reproches nada, mira estas fotos, sólo yo podía hacerte lucir tan bella. Todo saldrá bien, ya verás. Ahora me voy, cuéntale al Habanero de este encuentro, hará una de sus historias seguro.

Marta la miró y le dijo.

– Prometo volver.

Se marchó como vino, entre olas rompiendo contra el muro de todos y cantos de sinsontes, le regaló un girasol antes de irse.

– Guárdalo, como prueba que todo no fue un sueño.

Desapareció ante ella dejándola atónita y feliz, no podía creer lo sucedido, miró el girasol en su mano, se miró al espejo y le pareció que una luz iluminaba su rostro.

Al final con la ayuda de amigos, tal y como prometió La Habana, todo se resolvió y Marta regresó a Costa Rica, su segunda patria. El día del regreso su hermano y todos sus amigos fueron a despedirla, los abrazó a todos y antes de pasar al área reservada a los que viajaban les dijo a todos

– Volveré, es una promesa que debo cumplir.

Cuentan que todos se asombraron cuando varios sinsontes revolotearon entre los pasajeros y girasoles florecieron en el suelo del aeropuerto.

Fotografía tomada de la página de una amiga de Facebook.

El coronavirus, mis amigos y yo.

Con esta nueva variante del covid 19, terminamos el 2021 y empezamos el nuevo año casi todos muy positivos, diría que super positivos, positivisimos. Yo creí poder escapar al contagio, un estilo de vida sana, tomar cuanta vitamina o sustancia ayudara a prevenir el contagio, usar siempre una mascarilla de 5 capas, andar siempre con un pomo de alcohol en el bolsillo, dispuesto a dispararle a cualquier virus que apareciera, en fin, seguir todas las medidas indicadas me convertían en una especia de superman de nuevo tipo en la cruzada contra el covid19. Por supuesto que cuando aparecieron las vacunas las apoyé y me he puesto las 3, hasta ahora. Aunque escriba y me resista a creerme un escritor y trabaje en un aeropuerto, soy, por formación y convicción, un hombre de ciencias y como tal actuó, no hago caso a teorías conspirativas, ni a las tantas estupideces que pululan por internet.

Un buen día llegó una nueva cepa del covid19, catalogada como el segundo virus más contagioso del mundo, solo superado por el del sarampión, omicron la llamaron, llego decidido a fastidiarnos festejos y celebraciones. Poco a poco mis compañeros de trabajo en el aeropuerto se fueron contagiando, el maldito omicron se me acercaba peligrosamente, hasta que un día amanecí con los síntomas, me hice la prueba y zaz; yo era uno más de los que esperaríamos el año positivos. Les aclaro que gracias a las vacunas y al montón de vitaminas que tomo fue una gripe ligera, ojalá todas las gripes que me den en el futuro sean tan leves, ni fiebre, ni dolores en el cuerpo o de cabeza, nada de sudoraciones, solo tos y la voz tomada y un apetito voraz que me hizo aumentar 2 libras; cuando regresé al trabajo ni faltó quien me dijera si estaba con el covid o en Varadero. Por supuesto que tenía el oximetro de cabecera y me medía frecuentemente el oxígeno en sangre, a pesar de sentirme bien.

Cuando las pruebas confirmaron que estaba positivo, mis amigos, mi familia, me rodearon de amor, atenciones y ¡comida!. Me llamaban constantemente, monitoreaban mis síntomas, me preguntaban si necesitaba algo. No faltó quienes me llevaron alimentos, medicinas. Bastaba un mensaje: necesito azitromicin y a las dos horas estaban parqueados frente a mi casa con el medicamento en la mano, mis amigos son gente así, somos como hermanos. Todos estaban pendientes de mis necesidades en una especie de muro de amor al cual no podía vencer ningún virus, por mas contagioso que fuera. El covid 19 no sólo tenía que vérselas conmigo, también tenía que enfrentarse a mis amigos y familiares, vencerlos a todos era imposible.

Me recuperé rápido y comencé a trabajar. Valoré dar las gracias en general en Facebook, pero pensé era mejor un escrito, contarles mis experiencias, decirles que hay palabras que curan y gestos que fortalecen el sistema inmunológico, decir un gracias enorme a todos los que estuvieron pendientes de mi, a los que me hicieron olvidar que vivía solo y hasta olvidar que estaba enfermo.

Esa es la magia de la amistad, del afecto, de ese sentirse apoyado en todo momento, de manos extendidas y corazones abiertos; algo que escapa a la ciencia, que no puede envasarse y comercializarse, pero tan necesario y eficaz como los antibióticos, los antivirales, las vacunas y las vitaminas.

Cuando empezó, hace ya dos años esta pandemia y vivimos juntos aislamientos y temores, muchos confiaban que seríamos mejores seres humanos, que aprenderiamos a valorar abrazos y afectos, creo que ha sido asi, al menos lo siento así, mis amigos son prueba de ello.

Venceremos, no lo duden y en esta lucha sin cuartel contra el covid 19 no perderemos la sonrisa, los sueños, ni la fe en el futuro. Un abrazo enorme a todos.

Lourdes Libertad y Mirtha Medina compartiendo aplausos y éxitos.

Aunque estuve de descanso, el tiempo, ese implacable, me escasea, se me escurre entre las manos. Son pasadas las 11 de la noche y antes de dormir debo, especie de exorcismo literario, comentar a la manera de Habanero2000 un concierto especial, una nota destacada en el pentagrama de Miami, un logro de la cultura cubana que emigra y no se da por vencida, no cede, no baja la cabeza; el concierto de Mirtha Medina y Lourdes Libertad en Alfaro’s.

Todos sabíamos que sería una noche especial, una mancuerna perfecta que garantizaba aplausos, emociones, suspiros y nostalgias. Son dos figuras con mayúsculas, de esas a las que no vencen el tiempo, ni las dificultades, de las que se entregan con la misma fuerza en un gran teatro o en un pequeño local,¡son artistas! La magia de la noche va de la mano de la amistad, del compartir escenarios, voz, público, aplausos y exitos, sin otro interés que regalarnos una noche especial, cubanisima y emotiva, inolvidable.

Hubo muchos números que aseguraban aplausos en las voces de Mirtha y Lourdita, ambas poseen un vasto repertorio y saben como jugar con notas y agudos. Para mi, el mejor momento de la noche fue el Poupurrit de exitos de algunas de las mas destacadas figuras de la canción cubana, un pase de lista de lujo, Lourdes Torres, Elena, Martha Estrada, Leonora Rega, Omara, Olga Guillot, Gina Leon, Moraima y la Lupe. Cerraron con “Amigas”, sin dudas una fiesta de la nostalgia y los recuerdos, un convertir a Alfaros’s en un teatro habanero y desbordarlo a fuerza de voz y ganas. Se que muchos sentimos la brisa del mar y hasta palmeras al viento, al influjo de sus voces.

Quiero enfatizar que cuando dos figuras como Mirtha y Lourdita se deciden, por tercera vez, a compartir escenario lo hacen seguras de sus voces y talentos , son artistas y amigas, no van a competir, a intentar sobresalir por encima de la otra o a robarse el show. Se unen decididas a hacer arte y en esa dimensión en que se encuentran, no existen rivalidad, envidia, ni segundas intenciones. Por eso me molestó un desacertado y mal intencionado comentario que escuché decir a un triste y oscuro personaje: fulana barrió el piso con mengana. No, ninguna sobresalió sobre la otra, porque más allá de talento y voz, que sobra en ambas, esta la amistad que las une, el placer que da hacer arte del bueno y la satisfacción que da entregarse y recibir aplausos, bravos y ovaciones, la calidad humana no deja espacio a oscuros sentimientos; si alguien “barrió” fue la cultura cubana con la sentencia de que Miami es la tumba del artista cubano, demostró que aún en el exilio hace magia y arte a su antojo. Se tenía que decir y se dijo.
Cierran con un poupurrit de las Diego , disfrutan esa dulce locura del arte y la cubania, de la fiesta de recuerdos que se niegan a vivir en pasado e irrumpen con fuerza en el presente iluminando rutas y acciones. Bravo por las dos, por su arte y sus ganas, su fuerza y voz, su no darse por vencidas. Nos vemos en el 4to concierto de Mirtha y Lourdes Libertad, no se lo pierdan.

¡Mi mejor verso!

Entre sueños que acomodo entre recuerdos, esta mi ruta.

Quisiera hacer versos esta noche, pero quedaron al sur de mis memorias, guardan el camino del regreso, iluminan mi infancia, quedaron atrapados entre palmeras, en los brazos de mi madre, ocupando mi lugar, mi sitio, aliviando ausencias. Tuvieron el valor, la suerte, de acompañarla cuando mi adiós se hizo real, tal vez terrible, ellos le susurraban: vuelve pronto, le inventaban sueños y sonrisas; le hacían leve el tiempo, la espera

Mis versos están allá, al sur de mis memorias, ellos guardan el camino de regreso, me reclaman. Mantienen viva la imagen de mi madre, su eterna espera, su dispuesto abrazo, su perdonarlo todo, su aliento; hacen la magia de vencer la muerte, de traermela de noche entre mis sueños, aprovechamos cada minuto juntos.

Debe inventarme historias, reacomodar mis sueños, mi futuro. Mi madre ilumina la ruta de mi vida , a su influjo florecen girasoles y me invento historias, sueños, soy niño y hombre. Me toma de la mano, todo estará bien susurra entre los versos y me da la certeza del futuro, de esa luz que asegura victorias, eternidades. Ella será siempre mi mejor historia, mi mejor sueño, mi ruta, ¡mi mejor verso!