Mi madre

Mi madre no se ha ido, no es recuerdo, no es sombra.
Mi madre habita en versos que nacen entre flores, en palabras que invento,
en luces que me guían.
Mi madre no es pasado, ilumina futuros,
que sostiene y alienta.
Se ha hecho maga de sonrisas y sueños,
de ganas.
Como el hada del cuento, me inventa fiestas, carrozas, me viste de ilusiones, ilumina mi ruta.
Cuando nadie nos mira, se abraza a mi en silencio, me susurra al oído, sus palabras de aliento.
Mi madre, se viste de fantasma y anda por mi vida, la apuntala con luces, con besos
que me animan.
Ella se niega a irse del todo y queda, para siempre, abrazada a mi vida.

Una luz de esperanza ilumina un apagón habanero.

Son las 6 de la tarde, Centro Habana esta casi desierta, en la ciudad un virus hace de las suyas y Nena que pasa ya los 70s prefiere quedarse en casa. Vive sola desde que murió su marido hace 2 años. Aún guarda todos sus diplomas y medallas, hasta una foto con Fidel, cuando le puso una de las tantas medallas. Se asoma al balcón y un grito le hace mirar a la entrada del edificio.

– ¡Nena, tirame la llave!

Pancha, su amiga, viene a visitarla. Nena pone la llave entre papeles de periódico, los envuelve en una jabita y la lanza a los pies de Panchita. Nena va a abrir la puerta, el viejo y ruidoso elevador aún funciona y Panchita está al llegar.

– Ay mi santa, que ganas tenía de verte, aproveché que un vecino venía por acá y le pedí que me trajera. Mira lo que tengo aquí.

Panchita exhibe triunfal una tarjeta plástica.

– ¿Y eso qué rayos es?

– Mi tarjeta plástica para comprar en las tiendas que venden en dólares. Manolito le envio un dinero a un amigo que vive en Barcelona para que me pusiera dinero, también me puso un dinerito extra para que fueras conmigo y te compraras lo que te hiciera falta. Me lo dijo bien clarito: puse un dinero para que vayas con tía Nena a comprar. No quiero que ninguna de las dos me carezca de nada. Él desde Miami, no puede poner el dinero, por eso se lo envió a su amigo.

Nena se seca las lágrimas con la bata de casa y abraza a Panchita.

– Ese hijo tuyo es de oro, yo no tuve hijos, pero Manolito fue siempre como el hijo que nunca tuve, ese no es de los que se toman la Coca-cola del olvido, él no se destiñe.

– Déjame poner mis cosas en el cuarto, hoy me quedo a dormir contigo y mañana nos vamos de compras. También traje un paquete de café Bustelo, que me quedaba, toma y ve colando. Esta noche nos ponemos al día de todos los chismes.

Pancha va al cuarto, se cambia de ropa y se pone sus chancletas y su bata de casa, cuando sale del cuarto el olor a café inunda el apartamento de Centro Habana.

-Toma Panchita, este café huele a gloria, esto si es café.

Las amigas toman el café, como quien disfruta recuerdos, lenta y pensativamente.

– Nena, hace tiempo quiero proponerte algo, las dos estamos viejas y solas, tú eres mi única familia, creo que es hora que vivamos juntas y nos ayudemos a llevar soledades y ausencias. Vendes este apartamento, así tienes un dinero para lo que te haga falta y te vas a vivir conmigo. Esa casa enorme de Miramar se me cae encima Nena, primero murió Manolo, después se me fue Manolito, yo no puedo con tanta soledad y tanta ausencia.

– Creo que tienes razón Panchita, ya estamos viejas y visitarnos se nos hace cada vez más difícil. Te acepto la propuesta, vamos a vender este apartamento y me mudo contigo a tu casa. Tú y yo somos como hermanas, creo es lo mejor.

Nena y Panchita se abrazan, con ese abrazo especial que solo pueden darse los que se aman sin reservas, los que comparten vidas y sueños.

-Ay Nena esto está de apaga y vámonos, todos los días me acuerdo de lo que decía Manolo: esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle.

– Si Pancha, mientras Pedro vivía, yo me aguantaba la lengua para no molestarlo, no quería herirlo, él amaba la revolución, su carnet del partido, sus medallas. Recuerdo unos meses antes de que le diera el infarto, estaba en el cuarto con sus medallas, sus diplomas, su foto con Fidel, tenia lágrimas en los ojos, me miró traspasando el alma y los recuerdos y me dijo: ¿en qué nos equivocamos, en que pantano nos metimos y se nos perdió el camino, dónde se nos quedaron los sueños y las promesas de igualdad? Yo no pude decirle nada, solo lo abracé mientras lloraba en mi pecho. Esas lagrimas tenían sabor de frustraciones y sueños rotos, de consignas perdidas, de discursos llevados por el viento. Desde ese día no volvió a mirar sus diplomas y medallas y la foto con Fidel, se le llenó de polvo, olvidada en un rincón. Tres meses después le dio el infarto y murió antes de llegar al hospital. Yo no he tenido valor para botar sus diplomas y medallas y a veces las miro, como quien mira un sueño que no fue, pero cuando me mude contigo no me los voy a llevar, sería una carga muy pesada, un nunca fue, que no quiero arrastrar lo que me queda de vida.

– Es duro Nena, muy duro, pero ya estamos viejas, tratemos de vivir lo que nos queda lo mejor posible. No perdamos la esperanza de un cambio, de una mejoría. Nuestra Isla sabe de conjuros y batallas y encontrará un modo de salvar el futuro. Bueno, dejemos la conversadera y vamos a preparar la comida, como decía mi amiga Fefa: para sufrir, hay que comer.

Van a la cocina, Nena prepara un congrí, mientras Pancha prepara unos bistecs de puerco que trajo y los fríe.

-Nena vigila los bistecs que voy a buscar el aguacate que se me quedó en la jaba.

La comida esta lista y las amigas la disfrutan como un banquete que anuncia cambios y proyectos.

– ¡Que rico estaba todo! Hacia tiempo no comía tanto, Nena pon el televisor que quiero ver Vivir del cuento, eso y la novela, es lo único que se puede ver.

Nena enciende el televisor y de pronto un apagón oscurece la pantalla y la noche.

– Coño otro apagón, dejame buscar el farol y encenderlo para aunque sea mirarnos las caras mientras hablamos.

Nena, regresa con el farol, lo enciende y lo pone sobre la mesa, de pronto la llama toma una forma extraña y Panchita la mira extasiada.

– Mira Nena, mira la llama de este farol.

– ¡Ave Maria purisima, Santa Barbara bendita! ¡Si es la Isla de Cuba! ¿Qué significa esto Pancha? Tú de joven tirabas las cartas y adivinabas cosas, dime qué quiere decir esto.

-Es la Isla Nena, la patria que se niega a que la apaguen y quiere seguir alumbrando el futuro de esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Las amigas se abrazan, mientras una luz de esperanza las ilumina.

Fotografía de una obra de Michel Blazquez pintor cubano que vive en Fort Lauderdale.

El que tiene dólares resuelve y el que no, que se joda.

Nena escucha, sin abrir sus ojos, el televisor encendido con la mesa redonda donde hablan de nuevas tiendas, dolares, tarjetas plásticas y abundancia de mercancías. Nena no quiere abrir sus ojos, piensa que así, todo será como un mal sueño, lo que nunca sucedió. Hace un recuento de su vida, prefiere refugiarse en el pasado, cuando aún tenía esperanzas, cuando tenía una venda en sus ojos y creía en promesas y consignas.

Nena recuerda cuando tenía 10 años en el 65 y su tía con sus primas se fueron para el norte “revuelto y brutal”. Su padre le prohibió ir a verlas y despedirse de ellas, son traidores, le repitio una y mil veces. Nunca más supo de ellas hasta el 79, aquello de la comunidad fue el acabose, pero ella y su madre estaban felices, volver a ver a su tía y a sus primas, parecía un regalo de Navidad adelantado. Por un milagro de “arriba ” ya no eran traidoras, venían, reyes magos de nuevo tipo, cargadas de regalos y de historias. Así supo de la vida al Norte, de trabajos y logros.

Nena recordó escuelas al campo, trabajos voluntarios, guardias, domingos de la defensa, reuniones, las viejas consignas se le atragantaban; le faltaba el aire y no era por el coronavirus.

Se negaba a abrir los ojos, a aceptar una realidad que le recordaba aquel cuento del hombre que amaneció convertido en cucaracha y que su profesora de Literatura nunca supo darle una interpretación creíble. Sonó el timbre de la puerta y Nena no tuvo más remedio que abrir los ojos e ir a abrir la puerta. Del otro lado Asunción le gritaba: ábreme rapido mi santa que me voy a caer muerta redonda aquí en el portal.

Nena se levanta, arregla los girasoles que están en un bucaro sobre la mesita y abre la puerta, Asunción se le abraza y le dice entre sollozos: dime que esto no es verdad, dime que lo de las tiendas y los dolares es mentira .

Nena respira hondo, traga en seco y le dice: es cierto Asunción, es cierto, ahora lo bueno habrá que pagarlo en dólares y usar una tarjeta plástica.

Asunción se deja caer en un sillón se zafa el moño y deja caer su pelo canoso sobre sus hombres y su rostro.

– ¿De dónde cojones saco yo dólares para que Manolo pueda comer carne y se le quite la anemia? ¿ De qué valen las medallas y los diplomas que tenemos en la casa? Tú tienes a tu tía y a tus primas que siempre te han ayudado, pero yo no tengo a nadie Nena. Sabes mi orgullo siempre fue tener a toda mi familia de este lado, que mis tres hijos estaban comingo, pasábamos trabajo, pero juntos todos, nada de llamadas los domingos y visitas por el día de las madres. Te voy a decir algo que nadie sabe, en el 94 mi hijo mayor quiso irse en una balsa, es ingeniero, pero estaba cansao de pasar trabajos y que el sueldo no le alcanzara, yo lo convencí que se quedará. No quería verme como la vieja Cacha que tiene a todos sus hijos del otro lado y aunque no le falta nada y ellos vienen a verla dos veces al año, no se le quita la tristeza de sus ojos y se le aprieta el pecho cuando habla de su hijo Joseito y lo acaricia en la distancia; yo no quería que me pasará a mi. Logré convencerlo y se quedó, hoy es jefe de producción en una fábrica destartalada, pero al menos la familia esta unida.

Nena le trae un vaso de agua, las palabras se le traban en un intento de consolar a su amiga.

– Ay vieja, nada fue como nos lo prometieron, las consignas se volvieron viejas e inservibles, la esperanza se nos volvió agria y el azúcar amarga. Tanto hablar de la igualdad y hoy somos diferentes, tanto que espanta. Tú y yo hemos vivido mucho, tal vez demasiado, ya estamos retiradas, pero aún estamos fuertes, para algunos seremos una viejas de mierda, pero vamos a salir de esta como sea, Dios aprieta pero no ahoga, aunque a veces parezca que si y una crea que ya no aguanta más. Yo no quería creerlo, pero sabes qué, no me va a destruir.

La puerta de la sala está abierta , Cacha, cargando sus 90 años toca a la puerta y entra, se arregla la mascarilla y pregunta.

– ¿ Qué pasó aquí? Y esas caras de velorio.

– Asunción que se ha tomado muy a pecho lo de las tiendas en dólares y las tarjetas plásticas, hasta un vaso de agua tuve que darle. A mi me golpeó duro la noticia, pero hay que apretar el culo y darle a los pedales, no hay de otra. No quiero que mi hijo vea que me doy por vencida, quiero darle una esperanza de que no todo está perdido, si me ve destruida, no sé que rumbo tomaría.

– A mi ya nada me coge de sorpresa, la vida da tantas vueltas que a veces termina volviendo al punto de partida. Hace tiempo que se acabaron las historias bonitas y sólo quedan las de horror y misterio. Mis hijos viven todos en Miami, muchos pensaron que yo no iba a soportar la salida del país de Joseito, pero ustedes no saben que yo fui la que le dio el empujón para que se fuera. Una tarde le miré a los ojos y le dije: mi hijo, yo no quiero morirme sabiendo que te dejo de este lado, cuando cierre mis ojos quiero saberte haciendo tu sueño realidad y así se decidió aquella tarde de abril que se fue, su vuelvo pronto quedó flotando en la sala, esperándolo, multiplicándose en cada regreso, en cada llamada por teléfono. Él está lejos, pero soy feliz de saberlo bien, aquí no tenía futuro, desde su intento de salida del país cuando el Mariel, le cerraron todas las puertas y nunca mas pudo ejercer su carrera. Ahora anda nuevos caminos y yo desde aquí, iluminó la ruta de su vida.

– Ay Cacha que lindo tú hablas, pareces más poeta que tu hijo.

– Son cosas que le salen a una del alma, no se vive tanto por gusto. Y ustedes, levanten ese ánimo, nadie se va a morir de hambre aquí. Muy negras que nos la vimos en el período especial y aquí estamos y asi vamos a seguir. Que hace tiempo sabemos que la felicidad no nos la dan gobiernos , ni decretos, esa la luchamos nosotros. Dicen que vivimos momentos difíciles y yo hace más de 60 años que sólo recuerdo momentos difíciles. Que no somos iguales y que esto está de sálvese quien pueda, lo sabemos, pero también sabemos que nosotras podemos. Las madres de ustedes y yo pasamos mucho, tanto que recordarlo duele en la memoria y en el pecho y nunca nos dimos por vencidas. Si ahora nos ponen la comida en dolares y con tarjeticas plásticas, pues ya resolveremos. Aquí lo que hay que estar vivos y no renunciar a soñar y a luchar, que la vida es del carajo y lamentándonos, sólo logramos llantos y angustias. Oye Asunción pasa luego por la casa para darte unos bistecs de puerco y una jamonada pa’ Manolo, Joseito no sé como se las arregla, pero no deja de mandarme algo siempre. Vayan las dos más tarde por la casa y así les cuelo un poco de café, todavía me quedan dos paquetes de Bustelo. Vamos cambien esas caras, no dejemos que la esperanza muera, no dejemos que nos aplasten con decretos y medidas absurdas. A nosotras no hay virus, presidentes, ni partidos que nos puedan joder la vida. Levanten ese ánimo, unidas, todo es posible.

Un gracias Concha, gracias, iluminó la tarde, mientras los girasoles de la sala apuntaban al futuro, buscando, ansiosos, esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.

La Habana, entre sueños y memorias.

La Habana se me pierde en los recuerdos, se acomoda en memorias, descansa en mi pecho y en mi mente, segura de regresos y futuros.

Dos años sin mirarnos cara a cara, sin renovar energías y recuerdos, sin esperarme del brazo de mi madre.

Mi Habana viene a buscarme en madrugadas, aprovecha mientras duermo, no viene sola; trae a mi madre, segura de victorias y regresos. Revive mi infancia, mis sueños más brillantes; me abraza en noches solitarias.

Sabe que con mi madre como aliada, me tiene atado a palmeras, girasoles. En mis habaneras madrugadas, sinsontes me despiertan, tocororos colorean memorias y futuros, una voz dulce acaricia oídos y recuerdos. Ella revive en cada uno de mis sueños, una mano necesaria me acaricia, un inconfundible: ¡hijo mío! Ensancha mi pecho, vuelvo a ser niño, adolescente, joven, amaso mis sueño con polvo de memorias; tejo un futuro luminoso.

Ellas me esperan, vencedoras de adioses, de finales, seguras de mi fuerzas, alentando mis sueños, mis intentos. A ellas me debo.

Lady Charisse, reina de la noche.

Juan nació en un humilde barrio habanero, uno de esos barrios donde no llegan delegaciones, turistas, ni esperanzas.

Juanito fue siempre un niño obediente, era muy presumido, le gustaba cuidar su ropa y estar bien peinado. Cuando su mamá se maquillaba, le gustaba mirarla. Ese ritual en que su mamá, de un ama de casa cansada, se transformaba en una mujer deslumbrante, le fascinaba; ejercía una magia especial sobre él.

Un día su mamá lo sorprendió, frente al espejo, un creyón de labios en la mano, intentando hacerse bella, como ella. No lo regañó, no lo repudió, lo sentó en sus piernas y le explicó que los hombres no usan maquillaje, le repitió la frase, el hombre mientras mas oso, más hermoso. Juanito no entendía lo que su mamá le decía, por eso lloró cuando su mamá decidió no dejarlo entrar más a su cuarto cuando se maquillaba y escondió sombras, coloretes, polvos y creyones, lejos de su alcance.

Mientras estuvo en la primaria, su vida fue más o menos normal, cuando empezó en la secundaria, fue objeto de burlas y bromas por sus compañeros; ser diferente es una carga difícil de llevar para un adolescente. Durante una escuela al campo, se hizo muy amigo de Lourdita, ella le prometió estar siempre a su lado. Lourdita era muy linda, tanto, que todos los muchachos estaban bobos con ella. A ellos les molestaban las largas conversaciones de Lourdita con Juanito, no entendían que prefiriera la compañía de ese chico que odiaba las clases de educación física y que hablaba raro y gesticulaba mucho. Un día Lourdita se hizo novia de Armando y eso los alejó un poco, pero no terminó la amistad, siguieron viéndose y compartiendo secretos y planes.

Juanito creció, cuando tenía 16 años se vistió por vez primera de mujer. Lourdita le prestó las ropas y el maquillaje. Tienes que encontrarte a ti mismo, ser feliz, aunque te cueste la vida, rompe esquemas, asúmelo, sólo así podrás ser feliz. Esa noche Juanito fue feliz, caminó por las calles habaneras, escuchó piropos, se sintió deseada y mujer.

Cuando estaba a solas con Lourdita, le gustaba doblar canciones, imitaba a Annia, a Mirta, a Maggie, Rosita Fornes era su preferida. Lourdita lo aplaudía y lo animaba, un día Armando llegó en plena función, Juanito se asustó y fue a parar la grabadora, Armando lo detuvo.

– Sigue, me gustó, deberías hacerlo con más público, tengo un amigo travesti que podría ayudarte.

– De verás Armando, ¿crees que lo hago bien? ¿Me ayudarias?

– Claro Juanito, yo soy de mente abierta, por eso me hice novio de Lourdita y aunque te he robado tiempo junto a ella, nunca me opuse a la amistad de ustedes, es más, creo que eres un tipo muy valiente, te admiro.

Lourdita lo besó y Juanito, emocionado, lo abrazó.

Quince días después Juanito se presentó en una de las llamadas fiestas de diez pesos de La Habana. Lourdita tuvo que viajar a Matanzas por una novedad en la familia, no pudo estar presente para apoyarlo y ayudarlo con maquillajes y vestuario. Antes de irse lo llamó y le dijo que le había dejado un vestido en una jaba de la shopping, escondido en el portal, que pasará y lo recogiera. Juanito tuvo que improvisar maquillajes y accesorios. Con lápices de colores y desodorante en crema, creó sombras, con el betún negro maquilló sus pestañas y con el polvo de color rojo le dio color a su cara. Como accesorios se puso unos aretes de su abuela que siempre guardaba como recuerdo.

Cuando anunciaron a Charisse, la revelación de la noche, un reflector la iluminó, Juanito se sintió, la reina de la noche. Los aplausos le hicieron feliz. Cuando terminó A mi manera de Annia, una ovación estremeció la azotea donde se celebraba la fiesta, dio las gracias , hizo un gesto y comenzaron a escucharse los acordes de, Sin un reproche, de Meme Solis, por Rosita Fornes. Había copiado gestos y andares de su ídolo, lo aplaudieron de pie. Los organizadores de la fiesta anunciaron por el audio que desde esa noche Charisse era parte del elenco de las noches de La Madriguera.

Todas las noches de los sábados, en La Madriguera, el alter ego de Juanito, la deslumbrante y dueña del escenario, Charisse, complacía a su público. Juanito era feliz en escena, se sentía seguro de sí mismo. Entre aplausos bravos y los gritos de sus admiradores, se había encontrado y disfrutaba las mieles del triunfo y la seguridad que da disfrutarlo.

En 1994, una mañana Lourdita lo llamó, fue breve.

– Armando tiene una lancha, se va junto con unos amigos y yo con él, todos están de acuerdo que vayas con nosotros. Es tu oportunidad de una nueva vida, Charisse triunfará en las noches de Miami. Nos vamos mañana

Juanito no lo pensó dos veces, un si, seguro y estruendoso fue su respuesta.

Esa noche la pasó junto a su madre, la besó muchas veces y llenó sus ojos con su imagen, no sabía cuándo volvería a verla y quería llevarse su recuerdo como escudo y aliento. Su madre conversó con él; las madres tienen ese don especial, esa magia de adivinarlo todo.

– Juanito, siempre serás mi hijo del alma y siempre estaré a tu lado para apoyarte y alentarte. Quiero que sepas que cuando intenté alejarte de maquillajes y de todo lo femenino, fue una reacción para protegerte, sé que el mundo es difícil para ti, pero quiero que sepas que no estás sólo, yo estoy a tu lado y lo estaré siempre. Hay muchos subiéndose a lanchas y balsas y buscando una vida mejor en Miami, me dolería mucho no tenerte a mi lado, pero te prefiero feliz y viviendo tu vida al norte. Si decides irte, yo estaré esperándote siempre y pediré por ti todos los días, te amo mi hijo.

Madre e hijo se abrazaron entre lágrimas, en silencio, las palabras cedieron espacio a un abrazo sin final; se hicieron poesía.

En Miami, Juanito conoció a Raúl, un hombre, divorciado, con hijos, se amaron al mirarse y se fundieron en un beso que solo la muerte podría poner fin.

Raúl lo alentó y ayudó a presentarse en una discoteca gay. Seria su primera presentación en Miami. Escogió bien su repertorio, números de Rosita, Moraima, Maggie y Annia le garantizaban éxitos y aplausos en un público mayoritariamente cubano. Cuando salió a escena, saludo a Lourdita y a Armando, que no podían perderse la primera presentación de su amigo en Miami.

El dueño de la discoteca, a última hora decidió presentarlo como Lady Charisse, para darle más realce y bombo a su presentación. Entre luces y música una voz anunció el debut en Miami, de Lady Charisse, una de las reinas de las noches habaneras.

Los aplausos, el apoyo de amigos y admiradores, los gritos de bravo y de otra, otra, le abrieron el camino al triunfo; Lady Charisse, sería también, una de las reinas de las noches miamenses.

Juanito, Lady Charisse, se presentaba en discotecas y fiestas particulares. A pesar del triunfo, de sus vestidos caros, de sus maquillajes de marca, de sus accesorios caros, no olvidaba nunca su primera noche; hay recuerdos que siempre están con nosotros, como columna y aliento.

Raúl y Juanito, se compraron una casa juntos. Un buen día, Juanito decidió vestir siempre de mujer y comenzó una larga transformación, quería ser mujer. Raúl lo apoyaba, cuidaba y alentaba.

Un día, un grupo de amigos se reunió y entre tragos y chistes, uno le preguntó a Juanito.

– Cuando estas a solas contigo mismo, ¿ Qué te sientes? ¿Hombre o mujer?

Juanito lo miró muy serio, miró a su alrededor y con voz cortada por las lágrimas dijo:

– Mujer, yo me siento mujer.

Sus amigos lo aplaudieron, Lourdita lo besó. Raúl lo abrazó fuerte.

El tiempo pasó y los éxitos de Lady Charisse continuaron, Raúl a su lado siempre, pendiente de todo, de su vida y su arte.

Un día Lourdita le preguntó.

– ¿Eres feliz?

– Mucho, Lourdita, mucho, tengo mi carrera, puedo vivir como mujer, a pesar que nunca he tenido el valor de hacer la transformación total. Tengo a Raúl, su amor me hace fuerte. Nadie ni nada podrá separarnos nunca, sólo la muerte y si uno de los dos muere, sé que nos volveremos a encontrar y a amarnos en otra vida, soy feliz y mucho. Recuerdo cuando me decías que debía luchar por mi felicidad, nunca pensé tener esta vida. Estoy lejos de mi madre, pero viajo a verla con frecuencia, la cuido y ella está feliz de verme con Raúl . Dime Lourdita, ¿ Necesito algo más para ser plenamente feliz?

Lourdes y Charisse se abrazaron, más que amigas, eran como hermanas, tejiendo vidas y futuros.

Raúl llegó, saludó a Lourdita, besó a Charisse, ella le susurró al oído: ¿me amas?, él le respondió: te amaré eternamente.

Lady Charisse continuó presentándose en las noches de Miami y ustedes y nosotros aplaudiendola y alentándola. Hay gentes así, que nacieron para ser, ¡Reinas de las noches!

Aclaración necesaria.

No pretendo hacer la biografía de Lady Charisse. Una foto que ella público y un comentario de un amigo, me animaron a armar este cuento, a rendirle homenaje a la amiga. Adorné la historia a mi manera, sea esta mi intención de alentarlo a seguir y a luchar, más allá de adversidades y penas.

Gigas, limones y guarapo en un barrio habanero.

En La Habana de todos, en un barrio cualquiera, Cunda está colando café, alguien toca a la puerta.

-Vaaaaa que estoy colando.

Cunda endulza el café, lo prueba y va a abrir la puerta.

– Ay Reglita que alegría verte, hace un ratico estaba pensando en ti. Ven vamos pa’ la cocina que acabo de colar.

Cunda sirve el café y van para la sala a saborearlo, entre chismes, noticias y recuerdos.

– Mi santa te quedó especial ¿ Cómo te las arreglas para hacer un café tan rico?

-No te hagas que tú sabes que este es Bustelo, mi hermano me manda siempre. Por suerte tengo una reservita, porque con esto del virus y la suspensión de los vuelos, no ha podido mandarme en estos 2 meses. Disfrútalo, porque el de la cuota no hay quien se lo empuje.

-Este me lo tomo como la canción, despacito.

– ¿Qué tienes en esa jaba? ¿Fuiste al agro?

– Limones, mi santa, limones, que son la base de todo, donde nace un limón, mueren las dificultades.

– ¿Qué disparates tú estás hablando mujer? ¿ A Santo de qué viene esa apología del limón?

– Tú estás atrás del palo, ponte pa, tu número que te veo más perdía que la carne e’ res. ¿ Tú no sabes que la limonada es lo mejor que hay? Gira que te veo fija y ponte a hacer limonada. Ahora la última es la limonada y el guarapo. Vamos a resolver los problemas a golpe de guarapo y limón, ¿Qué te parece?

– Yo creo que a ti el susto que pasamos con los avestruces, las jutías y los cocodrilos que amenazaron darnos por la cuota te afecto el cerebro. La limonada es refrescante, pero tampoco es pa’ tanto ¿o es que acaso piensan resolver los problemas ahora a base de limón, guarapo y juguitos? Que no jodan, que si no hay limones es porque han acabado con los limoneros, como han acabado con las guaraperas. Cualquier día le pido a mi hermano que me mande un guarapo de la Yuma, pa, no olvidarme del sabor, tú sabes como es eso.

– Chica, ¿tú no ves las noticias? No sólo limón, limonada y guarapo, hasta masa de pizza nos van a dar. El guarapo y la limonada deben ser pa’ bajar la masa esa, porque será pizza con na’. ¿ Tú tienes microwave mi negra? Oí algo que la masa de pizza es sólo pa’ los que tienen microwave, los demás que se jodan.

– Cállate ya que me vas a volver loca y dejate de jodedera, que yo tengo la presión por las nubes y si me como esa masa de pizza, exploto como kafunga.

– Yo sólo quería hacerte reír mi santa, que hay sólo dos opciones: reírse o gritar y si gritas te puedes buscar lo que no está pa’ ti y yo prefiero reírme, pa’ no llorar. Oye ¿tú no tendrás por ahí un giga que me prestes? Estoy pasmá y quería ver si entraba al feisbú a ver como estaba el solar con esto de los limones y el guarapo.

– ¿Chica tú te crees que los gigas florecen como la verdolaga? Que los gigas esos están como que embrujaos. Yo creo que ni Mandrake el mago, al frente de Etecsa, los desaparecería mejor, que lo mismo se te esfuman, que se te convierten en na’ en un pestañazo.

– No andes en esa gaveta que tiene cucarachas, que a mi se me desapareció el último. Subí una fotico al feisbú y cuando terminé tenía el saldo en negativo yo creo, tremenda salación la de Etecsa con los gigas.

– Esa gente no se quiere, dan unas explicaciones que ¡yo me quedo boba! No les entiendo nada y al final o les pagas o no te enteras de na’. Mira que yo ahorro esos malditos gigas, me da pena con mi hermano que me recarga el teléfono todos los meses, pero son gigas especiales, etecsianos, que se van cuando les da la gana. Pa’ mi que ni están bien hechos, vaya que con la escasez de materia prima por culpa del bloqueo, les falta algo para que duren más, no sé , pero ahí hay gato encerrao, huele a quemao.

Mientras Cunda y Reglita conversan, tocan a la puerta, Cunda abre la puerta y ayuda a pasar a Micaela que viene con una lupa en una mano y un termo en la otra.

– ¿Mujer que tú haces con esa lupa en la mano?

– Buscando el giga que se me perdió

– ¿Y el termo?

– La limonada, la base de todo, el principio y fin de todas las sustancias. Cuando me faltan las fuerzas me empujó un buche y sigo pa’ alante.

– ¿Tú estás hablando en serio?

– Na’ sólo jodiendo un poco que entre los gigas, los limones, el guarapo, el Coronavirus y la madre de los tomates, el que se salve queda bobo.

– Tienes razón Micaela, esto es mucho para un sólo corazón o mejor aún, esto es demasiado para un sólo giga.

Rien entre todas y Reglita recuerda sus años en un grupo de teatro y hace una parodia de una frase célebre de la película Lucía:

– ¡ Dame un giga mamá, dame un giga!

Fotografías tomadas de Google.

Avispones asesinos, coronavirus y huracanes acechando.

Cuca y María Elena han pasado horas conversando por teléfono, desde que comenzó la cuarentena. Han hablando de todo y de todos. Es su manera de paliar el aislamiento y el aburrimiento. Un buen día Cuca decide visitar a su amiga, claro está tomando todas las medidas necesarias. Cuca se prepara, con mascarilla , guantes y un plástico que le cubre el rostro, no olvida su jabita con Lysol, gel desinfectante y un spray con alcohol de 90. Se baja del auto y más parece una cosmonauta en el espacio exterior que una señora cubana de 70 años visitando a una amiga. María Elena le abre la puerta con mascarilla puesta, le indica que deje los zapatos en la puerta , dispone las butacas de la sala a 2 metros de distancia, entre las 2, una mesa con el café servido. Se saludan sin tocarse, abrazos en el aire y besos a distancia. Se toman el café y comienzan a darle a la sin hueso.

– ¿Cuca, tu estas viendo las noticias? Yo dejé de verlas, no quiero saber de otro síntoma más del dichoso virus ,que cualquier día me muero de un ataque de nervios, Ave María purísima .

– Yo las pongo solo un ratico, entre cocinar, limpiar, ver algo en Neflix y revisar Facebook, apenas me queda tiempo. Aparte como tú dices, si veo muchas noticias termino con una sirimba. Me divierto viendo Facebook, la tonga de chefs de cocina que han aparecido, esto es como un programa de televisión, “Todo el mundo cocina”

– Así mismo mi santa, ya me tienen cansá, con tantas fotografías de los almuerzos, las comidas y hasta de los desayunos. ¿ Estamos en cuarentena o estamos pasando un curso de cocina? El otro día mi nieto Jacinto, quería que le cocinara un invento que había visto en Facebook, le dije: mira comete los moros y el bistec de puerco empanizado y déjate de inventos que ya quisieran mucho probar mi sazón pa’ ponerme a inventar ahora lo que se le ocurrió a perico el cojo.

– Yo entiendo que estamos aburridos y hay mucha gente que no sabe qué hacer. Yo siempre estoy haciendo algo, que en una casa nunca se para, pero ni muerta se me ocurriría poner un video en Facebook de como hacer arroz con leche o frituras de malanga . No critico a quien lo hace, pero coño aflojen que entre los lives de los cantantes y hasta de los travestis y las recetas de cocina, una no va a tener tiempo de nada.

– Me haz hecho reír Cuca, pero no dejas de tener razón. Yo estoy un poco atacá de los nervios, ya estamos en mayo ahorita empieza la temporada ciclónica y seguimos con el virus.

– ¿Y qué me dices de las avispones africanos? Ya me veo con un spray de Lysol en una mano y en la otra uno de veneno para las avispas. Yo le dije a mis hijos que este día de las madres solo quería de regalo, cloro, Lysol, muchos desinfectantes, mascarillas y guantes y también spray de veneno para las avispas, mujer precavida vale por dos.

– Quién nos lo iba a decir hace 4 meses, que ibamos a estar felices si nos regalaban un spray de Lysol. El otro día fui a Navarro y pude comprar 2 pomos de gel desinfectante, estaba tan feliz como el día que me dieron la visa en la embajada americana.

– ¿Ven acá mi santa tu te enteraste de lo que dijo una periodista del noticiero de televisión en Cuba?

– ¿La que dijo que aquí había crisis de comida? A mi me dio pena con ella, caballero, si a mi no me cabe más na’ en el refrigerador. Los mercados están llenos de carne y a los que perdieron el trabajo, les han dado dinero para que compren comida. A Luisito, que trabajaba en el aeropuerto, le dieron más de 200 dólares, sólo para comida.

– Además hay lugares donde regalan comidas a las familias y a los viejitos si llaman a un número les llevan comida gratis a la casa.

– ¿ Qué viejitos mi santa, la gente de la edad de nosotras?

– Cállate mujer, yo hablo de los viejitos, nosotros somos unas teenagers al lado de ellos.

– ¡Que cara más dura tu tienes Cuca! Tu y yo ya tenemos medicare, ¡hasta cuando van a ser pollos los gallos de Menocal!

– Cualquiera que te oye piensa que nosotras aplaudimos a la Fornes, cuando se presentó en la Corte Suprema del arte, no tendremos 15, pero tampoco somos unas viejas de mierda, ahora estoy de lay off porque el hotel cerró, pero yo trabajo, voy al gym y sigo encima de la bola.

– Ten cuidao no te caigas de la bola y te partas un hueso, que a tus años, eso es una salación.

– Ay chica dejate de bobería y ponte pa’ esto, que a mi entre el coronavirus, los avispones y la temporada ciclónica , cualquier día me da un yeyo.

– ¿Quieres que te diga algo? Las noticias exageran, vaya como si quisieran tenerla a una con los pelos de punta to’ el tiempo.

Mientras conversan Maria Elena tose, ella toma lisinopril para la presión. Cuca saca el spray de Lysol y ” fumiga” la sala, se echa gel desinfectante en las manos y un poco de alcohol de 90 en la mascarilla.

– ¡Que exagerada eres mujer! Yo no tengo na’

– Hay que precaver, que aquí si no te mata el coronavirus, te pica un avispón o te lleva un huracán volando. Ay Santa Barbara bendita qué es esto, ayúdanos por tu madre.

– Cogelo con calma mujer, hay que cuidarse, tomar precauciones, pero hay que aprender a vivir con el virus. Yo creo que lo de mantenernos alejados, usar la mascarilla , no besarnos, ni tocarnos la cara, va a durar un buen tiempo. Mientras dure esto, no podemos volvernos locas. Aquí cuando no es el huracán categoria 5, es la fiebre del Nilo, pero siempre inventan algo pa’ tenernos del tingo al tango. Tú tranquilita que de cosas peores hemos salido nosotras o ¿ya se te olvidó el período especial, la neuropatía , la masa carnica, el dengue y los mosquitos persiguiendonos?

– Tienes razón mi santa, que venga la fiera que la estoy esperando, nosotras somos la que somos.

– Ves que tengo razón, hay que cuidarse, porque lo que si no es un invento es la cantidad de muertos y es mejor encerrada y aislada, que enterrada.

– Por eso yo quería venir a verte, tú me levantas el ánimo, me voy ya que está tarde quiero sorprender a mis nietos con una receta especial que vi en Facebook.

– Alabao

Cuca sale, se pone los zapatos y de la casa al carro va ” desinfectado el ambiente con Lysol , le pasa un pañito con alcohol a la puerta del auto, se despide de María Elena y se va, segura que hay vieja pa’ rato, que no hay coronavirus, huracanes, ni avispones que puedan con ella.

Fotografía tomada de Google.

Un amor vencedor de virus y temores

Pedro y Teresa se encontraron, mejor aún, chocaron el uno contra el otro en el aeropuerto de Miami.

Pedro venía de New York, la pandemia lo había atrapado en la gran ciudad. Logró vencer sus miedos y fobias y adelantar su regreso a Miami. Llevaba en el bolsillo un pomito de gel desinfectante para las manos, la mascarilla puesta y unos espejuelos enormes que cubrían gran parte de su rostro. En el maletín llevaba 3 pomos pequeños con alcohol, siempre le tuvo fobia a los microbios, esto de lavarse las manos a menudo, para él no era nada nuevo. Pedro hacía ejercicios y cuidaba su alimentación, tomaba vitaminas y todo lo que le dijeran que lo ayudaba a estar saludable, ahora, con esto del coronavirus, había incorporado algunos productos nuevos a su dieta. Pedro llevaba 2 años sin pareja, el amor se había tomado unas vacaciones con él, unas largas vacaciones, en ocasiones creía que nunca volvería a enamorarse. Con sus temores al corona virus, se alegraba de no tener pareja, de cuidar de sí mismo y no tener que responder por las acciones de otra persona. Cosas de las relaciones humanas y el amor, en tiempos del coronavirus.

Teresa, recién llegada de Cuba, había ido a pasar una temporada con su tía y sus primas en Miami. Tere era linda como un sol, cuando reía, su sonrisa iluminaba todo a su alrededor. Graduada de Historia del arte en la Universidad de la Habana, trabajó un año en el museo de artes decorativas, aprovechó el tiempo libre que tenía para escribir poemas, quería publicarlos un día. Sus poemas y sus sueños, la acompañaban siempre, como un Ángel de la guardia que la cuidaba y alentaba. Cuando el coronavirus comenzó a golpear fuerte la ciudad de New York, decidió regresar; tenía que estar junto a su madre y su abuelita en este momento, cuidar de ellas protegerlas. Adelantó la fecha de su regreso, su tía le consiguió tapabocas y guantes y algo de alcohol, no toques nada, no te toques la cara, le repitió cientos de veces.

Tere tenía el boleto de viaje en su teléfono, su tía no quiso que tocara nada, el virus podía estar sobre cualquier superficie. Lávate las manos seguido, le repitió su tía al despedirla en el aeropuerto.

Cuando Tere iba a hacer la línea para entrar por el punto de seguridad quiso asegurarse que todos guardaban la distancia establecida, se puso sus espejuelos de sol, respiró hondo y se decidió a ocupar su lugar en la línea, a toda prisa. Justo en ese momento, se abrió la puerta de salida al lado del punto de seguridad y Pedro, nervioso, salió apurado, tenía prisa por salir del aeropuerto, sabía que el virus lo acechaba en cada rincón de ese lugar. En su nerviosismo no vio a Tere, que casi corriendo se disponía a pasar el punto de seguridad. Sucedió lo inevitable, lo que ustedes y yo sabíamos que iba a pasar desde el inicio. Tere y Pedro, chocaron, colisionaron el uno con el otro en un aparatoso y delicioso accidente. Tere, perdió sus espejuelos y el tapabocas se le zafó de un lado, Pedro dejó caer sus enormes espejuelos al suelo y solo atinó a sujetar su mascarilla, antes de que llegara al suelo. Ambos estaban enojados, furiosos y aterrados, tantas precauciones y un imbecil se cruzaba en sus caminos y los exponía al contagio fatal. Cuando Pedro iba a insultar a la mujer que casi se había incrustado en él, los ojos de Tere y los suyos se cruzaron, no hizo falta más, sobraron las palabras , se hicieron obsoletas las medidas de precaucion para evitar el contagio; el mundo se detuvo a observar a dos almas que se encontraban y se unían para siempre. Pedro se enamoró de esos ojos que lo invitaban a besarlos, Tere se apoyó en el brazo de Pedro, sin poder resistir las ganas de besarlo. De nada valieron temores y pandemias, hasta los virus detuvieron su labor para observar a estos dos que se encontraban. Pedro acercó sus labios a Tere, ella se ofreció, segura y confiada, estalló el esperado beso; un beso vencedor de temores y contagios, un autentico beso salvavida. Todos se detuvieron a observar el milagro del amor.

Disculpa, no pude evitarlo, balbuceo Pedro, yo tampoco, susurró Tere, mientras se apoyaba en el pecho de Pedro, en un abrazo sin tiempo, ni temores. Se contaron sus historias, planearon su futuro, se hicieron promesas, intercambiaron números, volvieron a besarse. Tengo que irme, mi vuelo sale en una hora le dijo Tere al oído, volveremos a juntarnos le gritó Tere. Mañana reviso los vuelos y me voy contigo a pasar este tiempo, juntos armaremos el futuro, te estaré esperando siempre le respondió Pedro. Él le regaló sus pomos de alcohol, ella limpió sus espejuelos con gel desinfectante. Se colocaron sus mascarillas y antes de separarse, volvieron a besarse; el amor hacia el milagro de salvarlos, se convertía en la vacuna protectora y necesaria, nada podría vencerlos en esta apuesta por la vida. Antes de separarse, Tere le dio sus poemas, guárdalos hasta que volvamos a vernos,le dijo, él los besó antes de guardarlos.

Pedro y Tere se juraron amor eterno, un amor que ustedes y yo sabemos que sobrevivirá a virus y pandemias, un amor de estos tiempos.

Hay encuentros así, que ni virus, ni temores pueden evitarlos.

Fotografía tomada de Google

El recuerdo y presencia de mi madre.

Mi madre es un recuerdo mayor; ¡Es el recuerdo¡ y a ella vuelvo en cada turbulencia de la vida. Ella arregla las plumas de mi alas, sopla con fuerza, alienta un nuevo vuelo. Me regala esperanzas e ilusiones, compone sueños rotos, frustraciones; me hace ser roca, hierro, acero, ¡dinamita! Luchando por la vida y por mis sueños.

Ella es mi sostén, columna gigantesca, es mi pasado, mi hoy; es mi mañana.

En tiempos turbulentos, repasó en la memoria sus palabras, adivino su consejo, su acariciarme de nuevo en la distancia. Ese susurro suave que borra penas: todo estará bien mi hijo. En sus ojos adivino luz, ¡futuro! Desde la gloria me acaricia.

Ella es luz, esperanza, su recuerdo y aliento es mi columna.

Cuando fallan las fuerzas, cuando la angustia y el temor aprietan fuerte y mi pecho duele; repasar sus memorias me libera, me ilumina sueños y mañanas.

He repasado sus fotos tantas veces, revivido momentos de alegría. Desde otra dimensión ella me cuida y me obliga a ser fuerte, indestructible.

Ella habita en mi memoria, en mis letras, lleva un libro de antorcha entre sus manos; vive en mi pecho, segura de victorias, amaneceres.

Me esfuerzo en ser digno de su ejemplo, imbatible y seguro, desafio tormentas, no las temo. Ella me toma de la mano, asegura triunfos, apuntala sueños y esperanzas.

Gracias mamá por tu presencia, por guiarme a la luz en medio de la noche, por no dejarme vencer, por la constancia, por reinventarme. Por ser este dulce recuerdo que se basta, para hacerme invencible en la tormenta.

Volveremos a juntarnos.

Desde lejos, sin vernos, nos hablamos,

un nuevo tipo de saludo nos sorprende.

Revisamos memorias, adivinamos futuros, hacemos planes, hablamos de y armamos el mañana

Despedidas que aseguran regresos, un adiós sin apretón de manos, un cuenta conmigo en el aire; un te quiero inmenso, sólido, tangible.
Andamos a escondidas, no contamos hasta 10, la cuenta es larga. Nadie quiere que el mortal lo encuentre y se cierran rejas con candados.
No vengas, no visitas, un yo me quedo en casa, recorre el mapamundi.
Los amigos se juntan en la distancia, planean el futuro, se preparan, cierran filas; un enorme, ¡esto no podrá vencernos! Se dibuja en el cielo del presente y el mañana sonríe desde lejos.
Muchos somos el muro que proteje a abuelos y a los padres, hay que contar con todos, para siempre
Es una guerra sin cuartel, sin retroceso, el mundo está sitiado y no da un paso atrás; el invisible no podrá vencernos.
Dos hacen el amor entre las sombras y aseguran los niños del mañana. Muchos aseguran la victoria y entregan hasta su vida en el intento.
Florecerán girasoles en el mañana, arcoíris iluminarán la ruta del futuro. Un abrazo inmenso, un beso enorme, nos esperan a la vuelta del camino.

¡Venceremos!