Viaje a La Habana, reencuentros y emociones.

Marta preparó su viaje cuidadosamente, 10 largos años sin visitar su país, su Cuba, sin abrazar a su hermano, familiares y amigos, sin andar esas calles que tanto amaba. No quería dejar nada a la casualidad, preparó todo minuciosamente, llevó hasta el material necesario para impartir sus clases online, en caso de un retraso del regreso o de un imprevisto, no quería poner en riesgo su trabajo; eso de que mujer precavida vale por dos, se cumplía con ella, a lo mejor hasta le cobraban dos pasajes al abordar el avion. Preparó su maleta, antes de acostarse fue al chat de sus amigos de años, su grupo del preuniversitario, estaré ausente unos días por mi viaje, les dijo. Algunos de ellos que aún vivían en Cuba le dijeron: Marta, vamos a preparar un reencuentro contigo, vamos a reunirnos, ya te diremos cómo y cuándo, cuando estés aquí, nosotros nos ocuparemos de todos, ya verás, le dijeron al despedirse.

Se durmió soñando con su viaje. Volver a andar las calles de La Habana la hacía feliz, ese reencuentro con recuerdos, familiares y amigos se le antojaba un viaje en el tiempo, era como mirar frente a frente a su otro yo, ese que decidió quedarse y se aferró con uñas y dientes a la tierra y a recuerdos

Ya en el avión dio rienda suelta a la imaginación, se soltó el pelo y los sueños, se acarició la frente y los recuerdos, Cuba de nuevo, allá me espera mi infancia, mi adolescencia, ¡mi vida entera! Allá estoy yo esperándome otra vez. Recostó su cabeza, cerró los ojos, la voz del capitán la hizo dejar sueños y fantasmas: ya estamos sobrevolando La Habana, en unos minutos aterrizaremos. Miró por la ventana, su corazón se desbocó como queriendo llegar antes que ella a su tierra, sintió, a pesar de años y ausencias, las mariposas en el estomago de sus primeros amores, como si su mejor amante la fuera a esperar al pie del avión. Quiso retocarse el maquillaje y se miró al espejo, le pareció haber rejuvenecido 10 años, debo estar medio mareada por el viaje, me veo diferente, se dijo.

Cuando pisó tierra cubana sintió que una extraña energía la poseía, una fuerza especial la animaba, corrió al encuentro de su hermano y se unieron en uno de esos abrazos que solo los que vivimos fuera de Cuba hemos sentido. Su hermano la miraba admirado: Marta que joven te veo, luces super bien, ella se rio, este hermano mío siempre exagerando, pensó.

Recorrió la ciudad con sus familiares y así de alegría en alegría, de sorpresa en sorpresa llegó el día del encuentro con sus amigos del pre. Cesar la recogió en su auto y llegaron al jardín donde la esperaban sus amigos, los reconoció uno a uno, fue mencionando sus nombres, los recordaba a todos, Andino, Liana, Nancy, Desiderio, Maria Elena, Humberto, Irmita. Cuando se dieron un abrazo grupal ocurrió el milagro; las canas desaparecieron junto con las libras de más y las barrigas, las pieles se volvieron tersas, las ropas se cambiaron y volvieron a vestir el uniforme del pre, aparecieron libros y libretas, por unos instantes volvieron a ser los adolescentes que soñaban ser profesionales un día, con un montón de sueños por antorcha. ¿Que pasó? Se preguntaron mirándose asombrados, Liana que no había participado en el abrazo, temblando de la emoción les mostró la foto que había tomado; allí estaban todos con sus uniformes del pre, sus sonrisas iluminando el futuro, con 17 o 18 años dispuestos a comerse el mundo. Miraron la foto asombrados, ante sus miradas la foto se iba desvaneciendo y el teléfono quedó en blanco. ¿Qué fue eso? Se preguntaron emocionados, no pudieron responder. Hay milagros que escapan a nuestra compresión que van más allá de cálculos y realidades, hay magias y regalos que sólo La Habana puede darnos; ese es su encanto. La tarde transcurrió entre recuerdos y video llamadas a amigos ausentes, muchos fueron partícipes de ese encuentro, más allá de distancias y años sin verse.

Llegó el día del regreso, el más difícil para todos los que vivimos fuera de Cuba y nos toca volver a hacer maletas y decir adiós. Marta fue el aeropuerto y al llegar al mostrador de la aerolínea le dijeron: su vuelo ha sido cancelado, la tripulación tiene covid y es imposible ponerlos en el próximo vuelo, estarán unos días más en Cuba, hasta que la aerolinea los pueda reubicar en otros vuelos. Se sintió en una pesadilla, era sábado y el martes debía reiniciar sus clases online, no podía fallarle a sus alumnos y se estaba jugando su futuro laboral. Recordó que había traído lo necesario para dar sus clases online y que su sobrino tenía Internet en su casa y eso la tranquilizó un poco.

Llegó a casa de su hermano, dejó la maleta en la sala y fue al cuarto, quería estar sola, estaba en shock. A los segundos de estar sola en el cuarto sintió un ruido como de olas rompiendo contra el muro de todos, girasoles florecian en el cuarto y sinsontes revoloteaban, estoy delirando, pensó. De pronto se apareció una hermosa mulata vistiendo una bata cubana azul, blanca y roja.

– Perdóname Marta, pero fueron muchos años sin tenerte, todos ustedes lejos, inventándose otras vidas, me son necesarios, son mis hijos. Te hice trampas, quise retenerte unos días mas, después te dejaré marchar, pero prométeme volver.

Marta quiso protestar, decirle que pudo haber perdido su trabajo. La mulata hizo un gesto y le dijo:

– Yo también tengo derecho a ser un poco egoísta. No sabes como me duelen estas ausencias y cuanta falta me hacen ustedes para armar sueños y futuros. No me reproches nada, mira estas fotos, sólo yo podía hacerte lucir tan bella. Todo saldrá bien, ya verás. Ahora me voy, cuéntale al Habanero de este encuentro, hará una de sus historias seguro.

Marta la miró y le dijo.

– Prometo volver.

Se marchó como vino, entre olas rompiendo contra el muro de todos y cantos de sinsontes, le regaló un girasol antes de irse.

– Guárdalo, como prueba que todo no fue un sueño.

Desapareció ante ella dejándola atónita y feliz, no podía creer lo sucedido, miró el girasol en su mano, se miró al espejo y le pareció que una luz iluminaba su rostro.

Al final con la ayuda de amigos, tal y como prometió La Habana, todo se resolvió y Marta regresó a Costa Rica, su segunda patria. El día del regreso su hermano y todos sus amigos fueron a despedirla, los abrazó a todos y antes de pasar al área reservada a los que viajaban les dijo a todos

– Volveré, es una promesa que debo cumplir.

Cuentan que todos se asombraron cuando varios sinsontes revolotearon entre los pasajeros y girasoles florecieron en el suelo del aeropuerto.

Fotografía tomada de la página de una amiga de Facebook.

Lourdes Libertad y Mirtha Medina compartiendo aplausos y éxitos.

Aunque estuve de descanso, el tiempo, ese implacable, me escasea, se me escurre entre las manos. Son pasadas las 11 de la noche y antes de dormir debo, especie de exorcismo literario, comentar a la manera de Habanero2000 un concierto especial, una nota destacada en el pentagrama de Miami, un logro de la cultura cubana que emigra y no se da por vencida, no cede, no baja la cabeza; el concierto de Mirtha Medina y Lourdes Libertad en Alfaro’s.

Todos sabíamos que sería una noche especial, una mancuerna perfecta que garantizaba aplausos, emociones, suspiros y nostalgias. Son dos figuras con mayúsculas, de esas a las que no vencen el tiempo, ni las dificultades, de las que se entregan con la misma fuerza en un gran teatro o en un pequeño local,¡son artistas! La magia de la noche va de la mano de la amistad, del compartir escenarios, voz, público, aplausos y exitos, sin otro interés que regalarnos una noche especial, cubanisima y emotiva, inolvidable.

Hubo muchos números que aseguraban aplausos en las voces de Mirtha y Lourdita, ambas poseen un vasto repertorio y saben como jugar con notas y agudos. Para mi, el mejor momento de la noche fue el Poupurrit de exitos de algunas de las mas destacadas figuras de la canción cubana, un pase de lista de lujo, Lourdes Torres, Elena, Martha Estrada, Leonora Rega, Omara, Olga Guillot, Gina Leon, Moraima y la Lupe. Cerraron con “Amigas”, sin dudas una fiesta de la nostalgia y los recuerdos, un convertir a Alfaros’s en un teatro habanero y desbordarlo a fuerza de voz y ganas. Se que muchos sentimos la brisa del mar y hasta palmeras al viento, al influjo de sus voces.

Quiero enfatizar que cuando dos figuras como Mirtha y Lourdita se deciden, por tercera vez, a compartir escenario lo hacen seguras de sus voces y talentos , son artistas y amigas, no van a competir, a intentar sobresalir por encima de la otra o a robarse el show. Se unen decididas a hacer arte y en esa dimensión en que se encuentran, no existen rivalidad, envidia, ni segundas intenciones. Por eso me molestó un desacertado y mal intencionado comentario que escuché decir a un triste y oscuro personaje: fulana barrió el piso con mengana. No, ninguna sobresalió sobre la otra, porque más allá de talento y voz, que sobra en ambas, esta la amistad que las une, el placer que da hacer arte del bueno y la satisfacción que da entregarse y recibir aplausos, bravos y ovaciones, la calidad humana no deja espacio a oscuros sentimientos; si alguien “barrió” fue la cultura cubana con la sentencia de que Miami es la tumba del artista cubano, demostró que aún en el exilio hace magia y arte a su antojo. Se tenía que decir y se dijo.
Cierran con un poupurrit de las Diego , disfrutan esa dulce locura del arte y la cubania, de la fiesta de recuerdos que se niegan a vivir en pasado e irrumpen con fuerza en el presente iluminando rutas y acciones. Bravo por las dos, por su arte y sus ganas, su fuerza y voz, su no darse por vencidas. Nos vemos en el 4to concierto de Mirtha y Lourdes Libertad, no se lo pierdan.

Alguien me saluda del otro lado del espejo.

Me miró al espejo y un tipo que conozco, me sonríe, me hace un guiño, sabe que sin mis errores sería otro, otros fueran sus sueños, sus intentos, sus logros y sus metas, su vida toda. Si otros hubieran sido mis afectos, no sería yo, no tendría este carácter fuerte, ni mi mano extendida, dispuesta en cada ayuda, no fuera testarudo, sentimental, soñador y objetivo.

Soy, sin intentarlo, suma de mis fracasos y mis logros, ellos me han conformado, definido. Saben, uno es la suma de acciones y de afectos, si uno cambia, sin saberlo, se es otro.

Pudiera ser otro, tal vez un circunspecto hombre de ciencias, flaquito, barrigón, sufriendo escaseces, prohibiciones. En el ochenta cambié el curso de mi vida, sobreviví a repudios y ostracismos, remodelé mis sueños, mi vida entera y me hice otro y a pesar de cargar con mi fracaso, fui feliz y me inventé otra vida.

Si otra hubiera sido mi madre, si otra mujer hubiera moldeado mi carácter, creanme; no sería el mismo. Tal vez hubiera perdido mi sonrisa, hasta las ganas, con los golpes y vaivenes de la vida. Ella ha sido, será por siempre, el puerto seguro de mi vida, la luz que ilumina mi ruta, mis intentos. Sus brazos gigantes me guardan de tormentas, clataquismos; me aseguran la sonrisa y el futuro.

Si hubiera nacido en otras tierras, bajo otro cielo, aunque fuera Madrid que tanto amo, no seria este habanero que hoy me alienta, sería otro; uno está amasado con parte de la tierra en que nació.

Si en el 2000 mis amigos no hubieran sido mis alas y no hubiera volado alto a conquistar sueños pospuestos, no quiero imaginar quien fuera hoy amargado, reprimido y triste, buscando patria y libertad en cada esquina de la vida.

Uno puede ser cien tipos diferentes, tomar caminos diferentes, atajos, guardarrayas y al final de cada uno, ser un tipo diferente. Si hago el balance de mi vida, me alegro de quien soy y lo que he hecho. Lo que quedó por el camino, lo que no hice, lo compensan otros sueños realizados.

Estoy feliz de ser el tipo que me mira en el espejo, no soy perfecto, pero soy yo, moldeado, mejorado, siempre en cambio; feliz de mi vida, de mi origen, mis intentos, mis acciones; ¡mi vida toda!

Fotografía de Brian Canelles, premiada con el Grand prix en el concurso internacional de fotografía de Danza Alicia Alonso.

Cuba duele y mucho.

Cuba nos duele a muchos y es un dolor terrible. Sólo un golpe de suerte, una salida a tiempo nos salvó de estar dentro y no fuera, mirando espantados a nuestros hermanos morir.

Cuba duele y es un dolor terrible, unas ganas enormes de hacer y no encontrar las vías. Las palabras alientan, dan ánimos, pero no curan ni al covid, ni al hambre.

Muchos queremos tender incondicionales manos, ayudar como sea que nos faciliten la vía, que el camino se abra y la ayuda fluya, espontánea, solidaria, de hermano a hermano. Como quien comparte una tacita de café o un plato de comida.

Ayudar es la palabra de hoy y nos preguntamos , ¿cómo? Lloramos de impotencia y queremos convertir lágrimas en fuerza y acción, en comida y medicinas que llegue oportuna y solidaria.

Hoy se impone canalizar la ayuda, dar, porque hace días el pan nos sabe amargo y el café no sabe igual. Hay gente muriendo del otro lado y muchos, allá, abandonados a su suerte.

Sobre errores y mal manejo ha crecido esta tragedia y los discursos no salvan vida, ni matan hambre, las consignas se atragantan y no es hora de poses y repetir palabras que no tienen eco y se pierden en el éter.

Allá, los que tienen algo, quieren compartirlo y ofrecen autos y sus vidas para ayudar a salvar al pueblo. Demuestran que todo no esta perdido y un gigantesco; yo vengo a ofrecer mi corazón, recorre la isla, estremece y conmueve.

Que se abran las reservas de tiempo de guerra, ya el pueblo está en guerra con la muerte y el hambre, que se le dé pan al pueblo, se le garantice la canasta básica por un tiempo determinado, que no tengan que arriesgar sus vidas en interminables colas por un trozo de pollo o una botella de aceite, que lo que tengan para vender en dólares y euros se le entregue gratuito a las familias aisladas, el hambre mata tanto como el covid. Que se acepte la ayuda de todos los que queremos ayudar y que esa ayuda llegue al pueblo, que no se venda en dolares que no tienen, ni se especule con ella. Cuando todos tengan la comida garantizada por un tiempo determinado, entonces podrán cerrar el país totalmente, y un quédate en casa enorme podrá cortar las vías de transmision del virus. No es posible hablar de aislamiento e irresponsabilidades cuando hay que jugarse la vida para poner un plato de comida en la mesa.

Si un día los cuarteles se convirtieron en escuelas, que hoy los hoteles de lujo se conviertan en hospitales, que nadie espere atención médica tirado en el suelo, ni durmiendo en una silla.

Hablo con mis hermanos y muchos temen por sus vidas, hay miedo y hambre en Matanzas, hay espanto en las madres que abrazan con fuerza a sus hijos, que quieren ser la muralla que los proteja y salve.

No me hablen de imperios, ni luchas ideológicas, el pan no sabe de enemigos políticos, y una tableta para bajar la fiebre no pregunta, ni pide partido político.

Cuando muere un hermano, algo de nosotros muere con él. El futuro está muriendo ante nuestros ojos y muchos, por suerte, nos resistimos a contemplarlo con los brazos cruzados. Nos duele Cuba y mucho.

Fotografías tomadas de diferentes páginas de Facebook

Una Islita entre escombros

Pancho salio de Cuba en el 60, era parte de esos primeros cubanos que llegaron a Miami dispuestos a dejarse la piel trabajando, a darlo todo y comenzar una nueva vida. Logró salir con su mujer y su hijo pequeño, llegaron a un rincón del Miami de entonces y en un modestísimo apartamento y con 2 trabajos se aferró a sueños y ganas para salir adelante. No temía al trabajo, ni al futuro.

Los viernes pagaban en su trabajo, una noche de jueves mientras disfrutaba su café le dijo a su mujer:

– Mañana, por vez primera desde que salimos de Cuba, voy a comprar algo que no es comida, ni ropa, no es indispensable tal vez, pero que necesito tener, ver todos los días.

Juana no hizo preguntas, confiaba en él, sabía que era incapaz de hacer un gasto inútil.

El viernes, al salir del trabajo, Pancho pasó por una tienda, salió con una bolsa grande que llevaba con cuidado y orgullo. Llegó a su apartamentico y le dijo a su mujer:

– Mira Juana, nuestra islita, nuestra Cuba que nunca nadie podrá arrebatarnos, quiero que nos acompañe, como un talismán de la buena suerte, quiero que nuestro hijo crezca mirándola, sabiéndose cubano y orgulloso de serlo.

El tiempo pasó y el trabajo y esfuerzo dieron sus frutos, dio estudios y carrera a su hijo, compró algunas propiedades y vivía con comodidad. El día que su hijo se graduó invitó a sus amigos a cenar, uno de sus amigos le dijo:

– Debes estar feliz, tu hijo es prácticamente gringo y ahora médico.

Su hijo que escuchó la conversación le corrigió:

– No, no soy gringo, soy cubano, nací en esa islita que usted ve en ese cuadro y muy orgulloso de serlo, llegué a este país de 1 año, amo este país donde me he hecho hombre, pero aquí en mi corazón late Cuba con alientos a palmeras y brisas del mar, con aires de libertad; esa es mi patria.

Pancho lo abrazó orgulloso y feliz, como sólo puede ser feliz un hombre cuando su hijo sigue su ruta y aliento.

Pancho seguía las noticias sobre Cuba y hablaba con sus amigos, soñaba con ese regreso, volver a andar las calles habaneras, sentarse en el muro del malecón, recorrer los campos, sentir ese olor a Cuba que guardaba en el alma. Cuando estaba solo se acercaba al cuadro que había comprado hace años y acariciaba su islita, volveremos a vernos, le decía.

Un domingo a la hora del almuerzo su hijo le dijo:

– Papá, les compré un apartamento en la playa, frente al mar, sé que disfrutaras verlo todos los días y saber que del otro lado, en la otra orilla, Cuba te espera.

Se abrazaron emocionados, Pancho quedo mirando a su islita y hasta le pareció verla sonreír.

Cuando se mudaron al nuevo apartamento, compraron muebles nuevos, solo llevaron de su antiguo hogar, el cuadro de la islita de Cuba.

Pancho era feliz, tenía salud, aún estaba fuerte, ya se había retirado y vivía con comodidad, sus años de trabajar duro habían dado frutos. Pasaba horas pensando en su Cuba, imaginándola, trayendosela en el recuerdo y soltandola libre y radiante en sus sueños. Miraba el cuadro con su islita y lágrimas de emoción corrían por sus mejillas.

Su hijo quería que se mudaran con él, siempre le decía:

– Viejo vente conmigo, ese edificio donde viven ya esta viejo y no me siento tranquilo con ustedes viviendo ahí.

– Ay mi hijo, ese edificio va a durar más que yo, soy yo quien esta viejo, dejame allá frente al mar, cerca de mi tierra.

Un día los invito a comer, cuando terminaron la cena, después de la sobremesa les dijo:

– Quédense a dormir hoy, es tarde y mañana se van, estaré más tranquilo sabiéndolos aquí que manejando hasta la playa.

Pancho y Juana se quedaron a dormir, cuando se despertaron su hijo, casi llorando les dijo

– Miren las noticias.

Les puso el televisor, ahí estaba su edificio o lo que quedaba de él, la parte en que ellos vivían se había desplomado. Los viejos se abrazaron llorando, Pancho gritó

– ¡Cuba, Cuba, no puedo haberla perdido por segunda vez!

Juana y su hijo sabían a que se refería. A Pancho no le importaban las porcelanas que habían perdido o las joyas que estaban entre los escombros; su islita, la que guardaba hace años y acariciaba y hablaba con ella era lo que le preocupaba en ese instante.

Llegaron al lugar del derrumbe, a pesar de prohibiciones y medidas de seguridad, Pancho logró acercarse al lugar de derrumbe, allí, entre escombros, pero reluciente, como quien vence obstáculos y renace de cenizas, su islita brillaba al sol, intacta, como si la Caridad del Cobre la hubiera tomado en sus manos, protegiéndola. Pancho intentó recogerla, pero no lo dejaron acercarse más. Habló con un bombero al que logró convencer y emocionar, fue y arriesgando su vida le trajo su islita. Cuando Pancho estrechó junto a su pecho el cuadro, florecieron girasoles entre los escombros, volaron sinsontes entre los pedazos en pie del edificio y un rayo de sol con aires de libertad iluminó el cuadro con la islita de Cuba.

Fotografía tomada del profile de un amigo de Facebook.

40 años de arte y entrega, de empeños y ganas.

Anoche, entre luces, aplausos, recuerdos y ganas, Lourdes Libertad celebró sus 40 años en escena. Arropada por recuerdos, amigos fieles y admiradores, vistió de gala y cubania la noche de Miami, hizo historia.

Lourdita ha logrado imponerse en este Miami que parecía negarse a abrirse al empuje de nuestros artistas, de esos que dejaron atrás éxitos y público y apostaron todo a una nueva vida. Ella a fuerza de voz y temperamento ha hecho suya esta ciudad que no pudo resistirse a su empuje.

40 años en escena, celebra alguien que nació entre acordes, notas y escenarios. Desde la gloria la Lourdes mayor aplaude feliz, extasiada, segura que no hay finales, ni muertes decretadas para quien vive en el corazón de un pueblo y deja su retoño reverdeciendo laureles en cada escenario. Desde otra dimensión esa fuerza extraña y desconocida ilumina la ruta de Lourdita.

Allí estuvieron sus amigos, sumaron aplausos y bravos, su público fiel, faltamos algunos, entre ellos este habanero atrapado en su trabajo, pero seguro del éxito de la noche. Gracias a amigos pude disfrutar videos de la actuación de Lourdita, aplaudirle a pesar de no estar presente, vibrar con cada agudo, con cada nota.

Hubo invitados que aportaron entrega y esfuerzos en el homenaje a Lourdita, entre ellos Marcelino Valdes, basta su voz para garantizar calidad y arte.

Ya es historia el espectáculo, ya esta del lado de los recuerdos, fueron días de esfuerzos de todo un equipo para garantizar el éxito y lo lograron con creces.

Saben que me gusta soñar y me imagino a su público habanero aplaudiendola, sumándose a este homenaje. La Habana, nuestra Isla, se bastan para la magia y los milagros.

Gracias Lourdita por estos 40 años y por los años por venir, gracias por tu entrega, tu arte y tu fuerza, tu no bajar la cabeza y aceptar retos y desafíos, ¡felicidades!

Fantasmas al sur de mis memorias.

Cuentan que allá al sur, cruzando el mar, habitan fantasmas. Hay casas o refugios donde los fantasmas se niegan al olvido y reviven una y otra vez, infancias, vidas y memorias. Es una lucha tenaz contra el olvido, un seguir vivo, más allá de distancias, de la muerte

Allá al sur de mi existencia viven mis fantasmas, esos que cuando faltan las fuerzas y disminuyen las ganas, me empujan a seguir, me alientan y sostienen. Ellos no descansan, en su labor diaria, fantasmas victoriosos que no creen en finales, ni partidas.

En una casa, allá en un barrio habanero habita el niño que fui, el que soy aún, el que seré siempre. En las mañanas mi fantasma mayor lo despierta con un beso.

– Vamos despiertate, apúrate, no llegues tarde al colegio.

Allá en la mesa me sirve desayunos, conversa, me arregla la pañoleta, me despide con un beso. Regreso de la escuela, me recibe otro beso, somos felices en el reencuentro. Me da a probar potajes, delicioso le digo sonriendo.

– Lávate la cara y las manos y ven a almorzar.

Se sienta a mi lado, conversa, es y será siempre su costumbre.

Junto al fantasma de mi infancia, juegan otros fantasmas, son mis hermanas. Tomo en mis brazos la más pequeña e insisto en enseñarla a caminar, jugamos a que los marcianos nos persiguen por el patio y entre sustos y risas pasa la tarde.

El fantasma de mi adolescencia, regresa de la escuela al campo y la casa le parece inmensa, luminosa y limpia; repite besos y abrazos y el fantasma mayor lo mira emocionada, lo ama mucho.

Compartiendo tiempo y espacio entre fantasmas, un yo, joven se encierra.en su cuarto a estudiar, toma café y se empeña en estudiar toda la noche, nunca lo logra y su fantasma mayor le apaga la luz y lo besa suavemente para no despertarlo. Mis fantasmas celebran mi graduación, el orgullo a veces crece mucho en el corazón de quien nos ama.

Allá los fantasmas se niegan a que la casa esté vacía, no aceptan ausencias. Mi fantasma mayor se sienta en el portal y mientras mis otros yo recorren las memorias, sueña mi regreso, sabe que siempre volveré a sus brazos en explosión de amor y sentimientos. Me acaricia en la memoria y espera, me esperará por siempre.

Los fantasmas se niegan al olvido, a un ya no estás y multiplicados, laboriosos, llenan rincones con su risa y aliento. Fantasmas necesarios que esperan regresos, que saben que sin ellos andaría sin rumbo. Cuando las fuerzas fallan, ellos me recuerdan caminos, iluminan rutas.

Allá al sur de mis memorias, decenas de fantasmas hacen la labor diaria de mantener intactos la historia de mi vida, la de muchos. No, nunca nos fuimos del todo, tampoco la muerte pudo vencer memorias, allá existen fantasmas que se encargan de mantener vivos los recuerdos. Allá habitan fantasmas que nos aman y esperan.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El tal Habanero publica su segundo libro, alabao.

Cuca invita a Yuya, su vecina de Hialeah a tomarse un café, recordando cuando lo compartían, alla en un solar perdido en CentroHabana. Lo saborean y la conversación adornada con el aroma del café, se hace inevitable.

-Cuca, tu viste esto, otro libritico del tal Habanero,¡hasta cuando por tu madre! No le basta con el blog, con poner sus escriticos en cuanto grupo de cubanos hay en Facebook, otro libro más. En cualquier momento anuncia el lanzamiento del libro y allá van sus “seguidores” a aplaudirle y halarle la leva, como dirian en Cuba.

– Ay Yuya no seas así, la tienes cogia con el pobre hombre, escribe porque le gusta y con eso no le hace daño a nadie, al contrario a muchos le gustan sus escritos. Mira su cuento “Yo tengo dos papás” tuvo miles de visitas en Uruguay y Argentina y como ese muchos más. En este libro tiene cuentos inéditos y hay como dos historias que les cambio el final, dándoles un nuevo aire.

– Ya no sabe que inventar para que la gente le compren sus libriticos, es capaz de pararse en los semáforos de Hialeah a vender sus libros a grito limpio, ¡aquí sus historias de Cuba y Miami a buen precio! ¡Si me compra uno, el segundo a mitad de precio! ¡Vaya agarra su lagrimita de nostalgia aqui! Esas historias se las leen 3 o 4 na’ma que no se venga a hacer ahora el escritor famoso. Ya me tiene cansá, aburría con su cantaleta de La Habana, que si los girasoles y los sinsontes. Ave María purisima, ¡hasta cuando!

– Mujer cálmate, que él ni se entera de lo que tu dices y de todos modos va a seguir escribiendo. Si te aburre, no lo leas y sanseacabo.

Mientras conversan, el camión de Amazon prime parquea frente a la casa de Cuca y deja un paquete. Cuca, sale y lo recoge.

– Mira me llegaron los libros del habanero, compré dos porque pensaba regalarte uno, pero como tú no lo quieres ver ni en pintura, se lo voy a regalar a Margarita.

Cuca abre el paquete con los dos ejemplares de “Cuba y Miami son también de un pájaro las dos alas”. Yuya se levanta del sillón y de un tirón le arrebata un libro a Cuca.

– Dame acá que este me lo leo esta noche que Manolo anda con el camión pa’ Atlanta, que Margarita, ni Margarita, que se compre uno si lo quiere leer.

-Mi santa lo tuyo es mucho con demasiado, contigo hay que decir aquello de: ¡que gente caballero, pero que gente!

Compadre, no se faje con familiares o amigos por políticos.

Elena y Rosa son amigas de siempre, de esas amigas que no importan, años ni distancias. Rosa vino para Miami primero, 10 años después llegó Elena. Nunca dejaron de llamarse, ni de cuidar una de la otra.

Elena es republicana e hizo de Trump su idea fija, su semiDios, Rosa es demócrata, no sólo hizo donaciones a la campaña de Biden, se ofreció voluntaria para hacer llamadas y movilizar a la gente para que votaran azul en las elecciones. A todos les sorprendía que esa diferencia de ideas políticas no afectará su amistad, que no se insultaran una a la otra o se agarraran de los moños, gritando el nombre de su candidato.

Elena y Rosa tienen bien claro que las amistades, la familia no se dividen por la política.

Una tarde de domingo, Elena invitó a Rosa a almorzar, su arroz con pollo especial fue el plato fuerte, después de saborear el arroz con leche, se sentaron en el portal a tomar el café y a darle a la sin hueso.

– Elena , tú sabes que Manolo, mi primo, fue a Tampa a visitar a su hermana, él y su cuñado siempre se han llevado como hermanos, bueno, no siempre.

– ¿Que pasó Rosa?

– Nada que Manolo es republicano, Trumpista y la misma noche que llegó, en plena comida se le ocurrió cagarse en la madre de todos los que habían votado por Biden, él no sabía que su cuñado había votado demócrata, aquello fue el acabose, casi se van a las manos él y su cuñado. Hasta le echó en cara que gracias a él estaban aquí y ahora votaba por un cochino demócrata que eso era el colmo. No se dieron golpes porque su hermana se metió en el medio. Manolo recogió sus cosas y regresó, otra familia más dividida por la política. Algo absurdo, dos hombres que eran como hermanos, fajados por dos tipos que ni los conocen.

– No es la política mi amiga, tú y yo pensamos diferentes y jamás hemos discutido, nos respetamos y reconocemos el derecho de cada uno de elegir al candidato o partido que quiera, es la falta de tolerancia.

– Sabes, ahí discrepo contigo, eso es más que falta de tolerancia. Desde enero del 59, en Cuba, la política dividió familias y separó amigos. Si alguien no era revolucionario, le dejaban de hablar y mantener contacto con los que se iban del país, era pecado mortal. Esos cubanos que se fajan con amigos y familiares, son buenos discípulos de esos que nos dividieron, de los que mandaron a grupos a tirar huevos y acosar a los que se iban del país cuando el Mariel. Viven en Miami, pero no evolucionan, aprendieron tan bien la lección que siguen en lo mismo.

– Tienes razón Rosita, se comportan aquí igualitico, no aceptan ideas contrarias a las suyas y destruyen familias y amistades sólo por diferencias políticas ¿Donde quedaron esos tiempos que la gente iba a votar, uno demócrata, otro republicano y a la salida se iban juntos a tomarse un cortadito?

– Son historia antigua, aunque todavía queda gente de esa.

– Claro que sí, mira Maargarita y Jose, el tal Habanero2000 ese, él es más demócrata que la Hillary y ella ama a Trump y siguen siendo los mejores amigos del mundo, jamás se han insultado, al contrario. Creo que en estos días van a comer juntos. Las fotos de esa comida de esos dos, van a ser una bomba en Miami, como si Biden invitara a Trump a almorzar. A más de uno le va a dar un soponcio cuando vean esas fotos, serán un símbolo de que las amistades no se destruyen por política, ojalá muchos sigan su ejemplo.

– Eres tremenda. Hay más casos de gente así, tú y yo no somos una especie en extincion y me alegro de amistades asi.

– El otro día en el Sedanos una gritaba en contra de los demócratas, una cajera casi le tira la caja por la cabeza. La gente se reía del ridículo que estaban haciendo las dos, fajadas por Trump y Biden, cuando al final a ninguno de los dos les importan ellas.

– Asi es Elena, uno puede apoyar a un político o al otro, a un partido u otro, pero no hay que exagerar y caer en los extremos, que gente buena y mala hay en todas partes y no se puede generalizar.

– Ay Rosita, está división no ayuda a nadie.

– Lo sé, mira mi hijo Luisto que trabaja en el aeropuerto, el dia que declararon ganador a Biden fue vestido de azul. Desde ese día una compañera de trabajo dejó de hablarle, antes le elogiada sus escritos y hasta le pedía que escribiera cuentos para niños, ahora ni le habla. Él sigue siendo el mismo, ella perdió un amigo.

– Lo absurdo es que muchos vinimos a este país buscando libertades y derechos y ahora quieren cortar esas libertades y derechos e imponer sus criterios a los demás. Niegan lo que dicen defender y rinden homenaje a los que dicen odiar y combatir.

– Asi mismito,¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografías tomadas de Google

Un café con la Patria, la vida y la libertad.

Nos duele la Habana con consignas y carteles, con promesas que nunca se cumplieron. Duele tanto en la memoria y en la piel, que, a veces, recordar se hace un oficio difícil.

Allá, donde la esperanza se disfraza en sueños y muchos murmuran opiniones, aún alientan amaneceres que se niegan a morir, que luchan por nacer.

Allá en un barrio habanero, de esos que no visitan turistas, ni políticos. Gloria cuela el café, abre la puerta de la cocina y grita.

– Cunda, ven que estoy colando.

Un voooyyy, responde mientras Gloria prepara las tazas y lleva el café recién colado para la sala, Cunda está en el portal y toca a la puerta.

– Entra, está abierta.

Gloria sirve el café y entre aroma y sorbos de café , las amigas conversan.

– Mi santa que es eso de si Patria o muerte o Patria y vida, ya estoy medio mareá con tantas consignas. Tú que has estudiao y te las sabes todas explícame todo este rollo. Tú eres más joven y tienes estudios, yo soy una negra que apenas sabe leer, explícamelo mi santica.

– Sabes, no me gustan las consignas, de tanto oírlas se me han atragantado. Para mi, lo más importante es la Patria, es lo primero. La Patria es la madre mayor y no me refiero a la tierra y a las palmas o a este olor a café, la Patria es más que eso. Nuestros recuerdos la conforman, nuestra infancia, nuestros primeros amores, el primer beso y la primera tristeza, las caricias de mamá, el nacimiento de los hijos, nuestros muertos, el sudor y la sangre de muchos es la Patria. La vida es hermosa, hay que vivirla a plenitud, disfrutarla y a veces uno siente que se le va la vida en una lucha inútil, en un batallar sin final. Patria y vida se unen por un futuro mejor y se resisten a la muerte. Sabes, cuando nacemos lo único seguro que tenemos es la muerte, esperándonos al final o a mitad del camino, por eso hay que gozar la vida, saborearla, pero yo agregaría algo más, la libertad. Porque la vida, aunque sea en la Patria, no es vida si no sé es libre y la libertad da otro sentido a la vida y viste de arcoíris a la Patria. Por eso yo quiero vivir mi vida a plenitud en mi Patria con libertades, porque sin la libertad la Patria está de luto y la vida es amarga y dura.

– Coño Gloria tu eres medio poeta, ¡que lindo hablas!

– Dejate de boberias y tomate el café que se va a enfriar.

Alguien toca a la puerta.

– Empuja que está abierta.

– Llegué a buena hora.

Dice Yeni mientras Gloria le sirve su café.

– Te quedó especial, este no es el de la bodega y hablando como los locos ¿ustedes vieron el video de la canción Patria y vida? ¡Que bueno está el Yotuel ese!

– ¿A ti lo que te llamó la atención fue nada más el negro sin camisa?

– No Gloria, me gustó la canción y aunque hay cosas con las que no estoy de acuerdo, tú sabes que yo soy de la juventud, si pienso que al final y al principio, Cuba es de todos y a todos hay que escucharlos, que mandando a callar a la gente y queriendo oír sólo lo que uno quiere, no se avanza. Que eso de la unidad y lucha de contrarios es una realidad y hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– Estás clara Yeni, hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– ¡Que lindo hablan ustedes! Yo me quedo boba escuchándolos.

– El punto es una vida digna en la patria de todos, con libertad, como dijo Martí, “con todos y para el bien de todos”

La tres amigas toman el café , sonríen, hay cafés que tiene aromas a libertades.

Fotografía tomada de Google.