Cuba duele y mucho.

Cuba nos duele a muchos y es un dolor terrible. Sólo un golpe de suerte, una salida a tiempo nos salvó de estar dentro y no fuera, mirando espantados a nuestros hermanos morir.

Cuba duele y es un dolor terrible, unas ganas enormes de hacer y no encontrar las vías. Las palabras alientan, dan ánimos, pero no curan ni al covid, ni al hambre.

Muchos queremos tender incondicionales manos, ayudar como sea que nos faciliten la vía, que el camino se abra y la ayuda fluya, espontánea, solidaria, de hermano a hermano. Como quien comparte una tacita de café o un plato de comida.

Ayudar es la palabra de hoy y nos preguntamos , ¿cómo? Lloramos de impotencia y queremos convertir lágrimas en fuerza y acción, en comida y medicinas que llegue oportuna y solidaria.

Hoy se impone canalizar la ayuda, dar, porque hace días el pan nos sabe amargo y el café no sabe igual. Hay gente muriendo del otro lado y muchos, allá, abandonados a su suerte.

Sobre errores y mal manejo ha crecido esta tragedia y los discursos no salvan vida, ni matan hambre, las consignas se atragantan y no es hora de poses y repetir palabras que no tienen eco y se pierden en el éter.

Allá, los que tienen algo, quieren compartirlo y ofrecen autos y sus vidas para ayudar a salvar al pueblo. Demuestran que todo no esta perdido y un gigantesco; yo vengo a ofrecer mi corazón, recorre la isla, estremece y conmueve.

Que se abran las reservas de tiempo de guerra, ya el pueblo está en guerra con la muerte y el hambre, que se le dé pan al pueblo, se le garantice la canasta básica por un tiempo determinado, que no tengan que arriesgar sus vidas en interminables colas por un trozo de pollo o una botella de aceite, que lo que tengan para vender en dólares y euros se le entregue gratuito a las familias aisladas, el hambre mata tanto como el covid. Que se acepte la ayuda de todos los que queremos ayudar y que esa ayuda llegue al pueblo, que no se venda en dolares que no tienen, ni se especule con ella. Cuando todos tengan la comida garantizada por un tiempo determinado, entonces podrán cerrar el país totalmente, y un quédate en casa enorme podrá cortar las vías de transmision del virus. No es posible hablar de aislamiento e irresponsabilidades cuando hay que jugarse la vida para poner un plato de comida en la mesa.

Si un día los cuarteles se convirtieron en escuelas, que hoy los hoteles de lujo se conviertan en hospitales, que nadie espere atención médica tirado en el suelo, ni durmiendo en una silla.

Hablo con mis hermanos y muchos temen por sus vidas, hay miedo y hambre en Matanzas, hay espanto en las madres que abrazan con fuerza a sus hijos, que quieren ser la muralla que los proteja y salve.

No me hablen de imperios, ni luchas ideológicas, el pan no sabe de enemigos políticos, y una tableta para bajar la fiebre no pregunta, ni pide partido político.

Cuando muere un hermano, algo de nosotros muere con él. El futuro está muriendo ante nuestros ojos y muchos, por suerte, nos resistimos a contemplarlo con los brazos cruzados. Nos duele Cuba y mucho.

Fotografías tomadas de diferentes páginas de Facebook

Una Islita entre escombros

Pancho salio de Cuba en el 60, era parte de esos primeros cubanos que llegaron a Miami dispuestos a dejarse la piel trabajando, a darlo todo y comenzar una nueva vida. Logró salir con su mujer y su hijo pequeño, llegaron a un rincón del Miami de entonces y en un modestísimo apartamento y con 2 trabajos se aferró a sueños y ganas para salir adelante. No temía al trabajo, ni al futuro.

Los viernes pagaban en su trabajo, una noche de jueves mientras disfrutaba su café le dijo a su mujer:

– Mañana, por vez primera desde que salimos de Cuba, voy a comprar algo que no es comida, ni ropa, no es indispensable tal vez, pero que necesito tener, ver todos los días.

Juana no hizo preguntas, confiaba en él, sabía que era incapaz de hacer un gasto inútil.

El viernes, al salir del trabajo, Pancho pasó por una tienda, salió con una bolsa grande que llevaba con cuidado y orgullo. Llegó a su apartamentico y le dijo a su mujer:

– Mira Juana, nuestra islita, nuestra Cuba que nunca nadie podrá arrebatarnos, quiero que nos acompañe, como un talismán de la buena suerte, quiero que nuestro hijo crezca mirándola, sabiéndose cubano y orgulloso de serlo.

El tiempo pasó y el trabajo y esfuerzo dieron sus frutos, dio estudios y carrera a su hijo, compró algunas propiedades y vivía con comodidad. El día que su hijo se graduó invitó a sus amigos a cenar, uno de sus amigos le dijo:

– Debes estar feliz, tu hijo es prácticamente gringo y ahora médico.

Su hijo que escuchó la conversación le corrigió:

– No, no soy gringo, soy cubano, nací en esa islita que usted ve en ese cuadro y muy orgulloso de serlo, llegué a este país de 1 año, amo este país donde me he hecho hombre, pero aquí en mi corazón late Cuba con alientos a palmeras y brisas del mar, con aires de libertad; esa es mi patria.

Pancho lo abrazó orgulloso y feliz, como sólo puede ser feliz un hombre cuando su hijo sigue su ruta y aliento.

Pancho seguía las noticias sobre Cuba y hablaba con sus amigos, soñaba con ese regreso, volver a andar las calles habaneras, sentarse en el muro del malecón, recorrer los campos, sentir ese olor a Cuba que guardaba en el alma. Cuando estaba solo se acercaba al cuadro que había comprado hace años y acariciaba su islita, volveremos a vernos, le decía.

Un domingo a la hora del almuerzo su hijo le dijo:

– Papá, les compré un apartamento en la playa, frente al mar, sé que disfrutaras verlo todos los días y saber que del otro lado, en la otra orilla, Cuba te espera.

Se abrazaron emocionados, Pancho quedo mirando a su islita y hasta le pareció verla sonreír.

Cuando se mudaron al nuevo apartamento, compraron muebles nuevos, solo llevaron de su antiguo hogar, el cuadro de la islita de Cuba.

Pancho era feliz, tenía salud, aún estaba fuerte, ya se había retirado y vivía con comodidad, sus años de trabajar duro habían dado frutos. Pasaba horas pensando en su Cuba, imaginándola, trayendosela en el recuerdo y soltandola libre y radiante en sus sueños. Miraba el cuadro con su islita y lágrimas de emoción corrían por sus mejillas.

Su hijo quería que se mudaran con él, siempre le decía:

– Viejo vente conmigo, ese edificio donde viven ya esta viejo y no me siento tranquilo con ustedes viviendo ahí.

– Ay mi hijo, ese edificio va a durar más que yo, soy yo quien esta viejo, dejame allá frente al mar, cerca de mi tierra.

Un día los invito a comer, cuando terminaron la cena, después de la sobremesa les dijo:

– Quédense a dormir hoy, es tarde y mañana se van, estaré más tranquilo sabiéndolos aquí que manejando hasta la playa.

Pancho y Juana se quedaron a dormir, cuando se despertaron su hijo, casi llorando les dijo

– Miren las noticias.

Les puso el televisor, ahí estaba su edificio o lo que quedaba de él, la parte en que ellos vivían se había desplomado. Los viejos se abrazaron llorando, Pancho gritó

– ¡Cuba, Cuba, no puedo haberla perdido por segunda vez!

Juana y su hijo sabían a que se refería. A Pancho no le importaban las porcelanas que habían perdido o las joyas que estaban entre los escombros; su islita, la que guardaba hace años y acariciaba y hablaba con ella era lo que le preocupaba en ese instante.

Llegaron al lugar del derrumbe, a pesar de prohibiciones y medidas de seguridad, Pancho logró acercarse al lugar de derrumbe, allí, entre escombros, pero reluciente, como quien vence obstáculos y renace de cenizas, su islita brillaba al sol, intacta, como si la Caridad del Cobre la hubiera tomado en sus manos, protegiéndola. Pancho intentó recogerla, pero no lo dejaron acercarse más. Habló con un bombero al que logró convencer y emocionar, fue y arriesgando su vida le trajo su islita. Cuando Pancho estrechó junto a su pecho el cuadro, florecieron girasoles entre los escombros, volaron sinsontes entre los pedazos en pie del edificio y un rayo de sol con aires de libertad iluminó el cuadro con la islita de Cuba.

Fotografía tomada del profile de un amigo de Facebook.

40 años de arte y entrega, de empeños y ganas.

Anoche, entre luces, aplausos, recuerdos y ganas, Lourdes Libertad celebró sus 40 años en escena. Arropada por recuerdos, amigos fieles y admiradores, vistió de gala y cubania la noche de Miami, hizo historia.

Lourdita ha logrado imponerse en este Miami que parecía negarse a abrirse al empuje de nuestros artistas, de esos que dejaron atrás éxitos y público y apostaron todo a una nueva vida. Ella a fuerza de voz y temperamento ha hecho suya esta ciudad que no pudo resistirse a su empuje.

40 años en escena, celebra alguien que nació entre acordes, notas y escenarios. Desde la gloria la Lourdes mayor aplaude feliz, extasiada, segura que no hay finales, ni muertes decretadas para quien vive en el corazón de un pueblo y deja su retoño reverdeciendo laureles en cada escenario. Desde otra dimensión esa fuerza extraña y desconocida ilumina la ruta de Lourdita.

Allí estuvieron sus amigos, sumaron aplausos y bravos, su público fiel, faltamos algunos, entre ellos este habanero atrapado en su trabajo, pero seguro del éxito de la noche. Gracias a amigos pude disfrutar videos de la actuación de Lourdita, aplaudirle a pesar de no estar presente, vibrar con cada agudo, con cada nota.

Hubo invitados que aportaron entrega y esfuerzos en el homenaje a Lourdita, entre ellos Marcelino Valdes, basta su voz para garantizar calidad y arte.

Ya es historia el espectáculo, ya esta del lado de los recuerdos, fueron días de esfuerzos de todo un equipo para garantizar el éxito y lo lograron con creces.

Saben que me gusta soñar y me imagino a su público habanero aplaudiendola, sumándose a este homenaje. La Habana, nuestra Isla, se bastan para la magia y los milagros.

Gracias Lourdita por estos 40 años y por los años por venir, gracias por tu entrega, tu arte y tu fuerza, tu no bajar la cabeza y aceptar retos y desafíos, ¡felicidades!

Fantasmas al sur de mis memorias.

Cuentan que allá al sur, cruzando el mar, habitan fantasmas. Hay casas o refugios donde los fantasmas se niegan al olvido y reviven una y otra vez, infancias, vidas y memorias. Es una lucha tenaz contra el olvido, un seguir vivo, más allá de distancias, de la muerte

Allá al sur de mi existencia viven mis fantasmas, esos que cuando faltan las fuerzas y disminuyen las ganas, me empujan a seguir, me alientan y sostienen. Ellos no descansan, en su labor diaria, fantasmas victoriosos que no creen en finales, ni partidas.

En una casa, allá en un barrio habanero habita el niño que fui, el que soy aún, el que seré siempre. En las mañanas mi fantasma mayor lo despierta con un beso.

– Vamos despiertate, apúrate, no llegues tarde al colegio.

Allá en la mesa me sirve desayunos, conversa, me arregla la pañoleta, me despide con un beso. Regreso de la escuela, me recibe otro beso, somos felices en el reencuentro. Me da a probar potajes, delicioso le digo sonriendo.

– Lávate la cara y las manos y ven a almorzar.

Se sienta a mi lado, conversa, es y será siempre su costumbre.

Junto al fantasma de mi infancia, juegan otros fantasmas, son mis hermanas. Tomo en mis brazos la más pequeña e insisto en enseñarla a caminar, jugamos a que los marcianos nos persiguen por el patio y entre sustos y risas pasa la tarde.

El fantasma de mi adolescencia, regresa de la escuela al campo y la casa le parece inmensa, luminosa y limpia; repite besos y abrazos y el fantasma mayor lo mira emocionada, lo ama mucho.

Compartiendo tiempo y espacio entre fantasmas, un yo, joven se encierra.en su cuarto a estudiar, toma café y se empeña en estudiar toda la noche, nunca lo logra y su fantasma mayor le apaga la luz y lo besa suavemente para no despertarlo. Mis fantasmas celebran mi graduación, el orgullo a veces crece mucho en el corazón de quien nos ama.

Allá los fantasmas se niegan a que la casa esté vacía, no aceptan ausencias. Mi fantasma mayor se sienta en el portal y mientras mis otros yo recorren las memorias, sueña mi regreso, sabe que siempre volveré a sus brazos en explosión de amor y sentimientos. Me acaricia en la memoria y espera, me esperará por siempre.

Los fantasmas se niegan al olvido, a un ya no estás y multiplicados, laboriosos, llenan rincones con su risa y aliento. Fantasmas necesarios que esperan regresos, que saben que sin ellos andaría sin rumbo. Cuando las fuerzas fallan, ellos me recuerdan caminos, iluminan rutas.

Allá al sur de mis memorias, decenas de fantasmas hacen la labor diaria de mantener intactos la historia de mi vida, la de muchos. No, nunca nos fuimos del todo, tampoco la muerte pudo vencer memorias, allá existen fantasmas que se encargan de mantener vivos los recuerdos. Allá habitan fantasmas que nos aman y esperan.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El tal Habanero publica su segundo libro, alabao.

Cuca invita a Yuya, su vecina de Hialeah a tomarse un café, recordando cuando lo compartían, alla en un solar perdido en CentroHabana. Lo saborean y la conversación adornada con el aroma del café, se hace inevitable.

-Cuca, tu viste esto, otro libritico del tal Habanero,¡hasta cuando por tu madre! No le basta con el blog, con poner sus escriticos en cuanto grupo de cubanos hay en Facebook, otro libro más. En cualquier momento anuncia el lanzamiento del libro y allá van sus “seguidores” a aplaudirle y halarle la leva, como dirian en Cuba.

– Ay Yuya no seas así, la tienes cogia con el pobre hombre, escribe porque le gusta y con eso no le hace daño a nadie, al contrario a muchos le gustan sus escritos. Mira su cuento “Yo tengo dos papás” tuvo miles de visitas en Uruguay y Argentina y como ese muchos más. En este libro tiene cuentos inéditos y hay como dos historias que les cambio el final, dándoles un nuevo aire.

– Ya no sabe que inventar para que la gente le compren sus libriticos, es capaz de pararse en los semáforos de Hialeah a vender sus libros a grito limpio, ¡aquí sus historias de Cuba y Miami a buen precio! ¡Si me compra uno, el segundo a mitad de precio! ¡Vaya agarra su lagrimita de nostalgia aqui! Esas historias se las leen 3 o 4 na’ma que no se venga a hacer ahora el escritor famoso. Ya me tiene cansá, aburría con su cantaleta de La Habana, que si los girasoles y los sinsontes. Ave María purisima, ¡hasta cuando!

– Mujer cálmate, que él ni se entera de lo que tu dices y de todos modos va a seguir escribiendo. Si te aburre, no lo leas y sanseacabo.

Mientras conversan, el camión de Amazon prime parquea frente a la casa de Cuca y deja un paquete. Cuca, sale y lo recoge.

– Mira me llegaron los libros del habanero, compré dos porque pensaba regalarte uno, pero como tú no lo quieres ver ni en pintura, se lo voy a regalar a Margarita.

Cuca abre el paquete con los dos ejemplares de “Cuba y Miami son también de un pájaro las dos alas”. Yuya se levanta del sillón y de un tirón le arrebata un libro a Cuca.

– Dame acá que este me lo leo esta noche que Manolo anda con el camión pa’ Atlanta, que Margarita, ni Margarita, que se compre uno si lo quiere leer.

-Mi santa lo tuyo es mucho con demasiado, contigo hay que decir aquello de: ¡que gente caballero, pero que gente!

Compadre, no se faje con familiares o amigos por políticos.

Elena y Rosa son amigas de siempre, de esas amigas que no importan, años ni distancias. Rosa vino para Miami primero, 10 años después llegó Elena. Nunca dejaron de llamarse, ni de cuidar una de la otra.

Elena es republicana e hizo de Trump su idea fija, su semiDios, Rosa es demócrata, no sólo hizo donaciones a la campaña de Biden, se ofreció voluntaria para hacer llamadas y movilizar a la gente para que votaran azul en las elecciones. A todos les sorprendía que esa diferencia de ideas políticas no afectará su amistad, que no se insultaran una a la otra o se agarraran de los moños, gritando el nombre de su candidato.

Elena y Rosa tienen bien claro que las amistades, la familia no se dividen por la política.

Una tarde de domingo, Elena invitó a Rosa a almorzar, su arroz con pollo especial fue el plato fuerte, después de saborear el arroz con leche, se sentaron en el portal a tomar el café y a darle a la sin hueso.

– Elena , tú sabes que Manolo, mi primo, fue a Tampa a visitar a su hermana, él y su cuñado siempre se han llevado como hermanos, bueno, no siempre.

– ¿Que pasó Rosa?

– Nada que Manolo es republicano, Trumpista y la misma noche que llegó, en plena comida se le ocurrió cagarse en la madre de todos los que habían votado por Biden, él no sabía que su cuñado había votado demócrata, aquello fue el acabose, casi se van a las manos él y su cuñado. Hasta le echó en cara que gracias a él estaban aquí y ahora votaba por un cochino demócrata que eso era el colmo. No se dieron golpes porque su hermana se metió en el medio. Manolo recogió sus cosas y regresó, otra familia más dividida por la política. Algo absurdo, dos hombres que eran como hermanos, fajados por dos tipos que ni los conocen.

– No es la política mi amiga, tú y yo pensamos diferentes y jamás hemos discutido, nos respetamos y reconocemos el derecho de cada uno de elegir al candidato o partido que quiera, es la falta de tolerancia.

– Sabes, ahí discrepo contigo, eso es más que falta de tolerancia. Desde enero del 59, en Cuba, la política dividió familias y separó amigos. Si alguien no era revolucionario, le dejaban de hablar y mantener contacto con los que se iban del país, era pecado mortal. Esos cubanos que se fajan con amigos y familiares, son buenos discípulos de esos que nos dividieron, de los que mandaron a grupos a tirar huevos y acosar a los que se iban del país cuando el Mariel. Viven en Miami, pero no evolucionan, aprendieron tan bien la lección que siguen en lo mismo.

– Tienes razón Rosita, se comportan aquí igualitico, no aceptan ideas contrarias a las suyas y destruyen familias y amistades sólo por diferencias políticas ¿Donde quedaron esos tiempos que la gente iba a votar, uno demócrata, otro republicano y a la salida se iban juntos a tomarse un cortadito?

– Son historia antigua, aunque todavía queda gente de esa.

– Claro que sí, mira Maargarita y Jose, el tal Habanero2000 ese, él es más demócrata que la Hillary y ella ama a Trump y siguen siendo los mejores amigos del mundo, jamás se han insultado, al contrario. Creo que en estos días van a comer juntos. Las fotos de esa comida de esos dos, van a ser una bomba en Miami, como si Biden invitara a Trump a almorzar. A más de uno le va a dar un soponcio cuando vean esas fotos, serán un símbolo de que las amistades no se destruyen por política, ojalá muchos sigan su ejemplo.

– Eres tremenda. Hay más casos de gente así, tú y yo no somos una especie en extincion y me alegro de amistades asi.

– El otro día en el Sedanos una gritaba en contra de los demócratas, una cajera casi le tira la caja por la cabeza. La gente se reía del ridículo que estaban haciendo las dos, fajadas por Trump y Biden, cuando al final a ninguno de los dos les importan ellas.

– Asi es Elena, uno puede apoyar a un político o al otro, a un partido u otro, pero no hay que exagerar y caer en los extremos, que gente buena y mala hay en todas partes y no se puede generalizar.

– Ay Rosita, está división no ayuda a nadie.

– Lo sé, mira mi hijo Luisto que trabaja en el aeropuerto, el dia que declararon ganador a Biden fue vestido de azul. Desde ese día una compañera de trabajo dejó de hablarle, antes le elogiada sus escritos y hasta le pedía que escribiera cuentos para niños, ahora ni le habla. Él sigue siendo el mismo, ella perdió un amigo.

– Lo absurdo es que muchos vinimos a este país buscando libertades y derechos y ahora quieren cortar esas libertades y derechos e imponer sus criterios a los demás. Niegan lo que dicen defender y rinden homenaje a los que dicen odiar y combatir.

– Asi mismito,¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografías tomadas de Google

Un café con la Patria, la vida y la libertad.

Nos duele la Habana con consignas y carteles, con promesas que nunca se cumplieron. Duele tanto en la memoria y en la piel, que, a veces, recordar se hace un oficio difícil.

Allá, donde la esperanza se disfraza en sueños y muchos murmuran opiniones, aún alientan amaneceres que se niegan a morir, que luchan por nacer.

Allá en un barrio habanero, de esos que no visitan turistas, ni políticos. Gloria cuela el café, abre la puerta de la cocina y grita.

– Cunda, ven que estoy colando.

Un voooyyy, responde mientras Gloria prepara las tazas y lleva el café recién colado para la sala, Cunda está en el portal y toca a la puerta.

– Entra, está abierta.

Gloria sirve el café y entre aroma y sorbos de café , las amigas conversan.

– Mi santa que es eso de si Patria o muerte o Patria y vida, ya estoy medio mareá con tantas consignas. Tú que has estudiao y te las sabes todas explícame todo este rollo. Tú eres más joven y tienes estudios, yo soy una negra que apenas sabe leer, explícamelo mi santica.

– Sabes, no me gustan las consignas, de tanto oírlas se me han atragantado. Para mi, lo más importante es la Patria, es lo primero. La Patria es la madre mayor y no me refiero a la tierra y a las palmas o a este olor a café, la Patria es más que eso. Nuestros recuerdos la conforman, nuestra infancia, nuestros primeros amores, el primer beso y la primera tristeza, las caricias de mamá, el nacimiento de los hijos, nuestros muertos, el sudor y la sangre de muchos es la Patria. La vida es hermosa, hay que vivirla a plenitud, disfrutarla y a veces uno siente que se le va la vida en una lucha inútil, en un batallar sin final. Patria y vida se unen por un futuro mejor y se resisten a la muerte. Sabes, cuando nacemos lo único seguro que tenemos es la muerte, esperándonos al final o a mitad del camino, por eso hay que gozar la vida, saborearla, pero yo agregaría algo más, la libertad. Porque la vida, aunque sea en la Patria, no es vida si no sé es libre y la libertad da otro sentido a la vida y viste de arcoíris a la Patria. Por eso yo quiero vivir mi vida a plenitud en mi Patria con libertades, porque sin la libertad la Patria está de luto y la vida es amarga y dura.

– Coño Gloria tu eres medio poeta, ¡que lindo hablas!

– Dejate de boberias y tomate el café que se va a enfriar.

Alguien toca a la puerta.

– Empuja que está abierta.

– Llegué a buena hora.

Dice Yeni mientras Gloria le sirve su café.

– Te quedó especial, este no es el de la bodega y hablando como los locos ¿ustedes vieron el video de la canción Patria y vida? ¡Que bueno está el Yotuel ese!

– ¿A ti lo que te llamó la atención fue nada más el negro sin camisa?

– No Gloria, me gustó la canción y aunque hay cosas con las que no estoy de acuerdo, tú sabes que yo soy de la juventud, si pienso que al final y al principio, Cuba es de todos y a todos hay que escucharlos, que mandando a callar a la gente y queriendo oír sólo lo que uno quiere, no se avanza. Que eso de la unidad y lucha de contrarios es una realidad y hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– Estás clara Yeni, hay que contar con todos y todos no podemos pensar igual.

– ¡Que lindo hablan ustedes! Yo me quedo boba escuchándolos.

– El punto es una vida digna en la patria de todos, con libertad, como dijo Martí, “con todos y para el bien de todos”

La tres amigas toman el café , sonríen, hay cafés que tiene aromas a libertades.

Fotografía tomada de Google.

Viaje al centro de una cola.

Elena apenas durmió, era la 1 de la mañana, se lavó la cara, se peinó, tomó un poco de “café” y salió a desafiar los elementos; decidida a comprar ese día pollo y aceite y algo más.

Cuando llegó se sorprendió, no había nadie. Una amiga que trabajaba en la tienda le había dicho, con mucho secreto, que iban a sacar pollo, aceite, mayonesa y algunos embutidos. Pensó encontrarse un montón de personas, hasta pensó que su amiga Iraida le había mentido, vaciló entre quedarse o volver a su casa. La necesidad y las ganas de poder llevar algo a su casa pudieron más. Con su mascarilla puesta se recostó a la puerta del mercado, decidida a esperar. Total hacía años que esperaba milagros y promesas, una espera más no hacía la diferencia.

Empezaron a llegar personas, algunas traían termos con su “café” y jabas de la shopping con algún pan dentro que, milagrosamente, escapó al hambre del día anterior.

Una señora la miró y dijo:

– Coño mira que madrugué para ser la primera y la blanquita esta me ganó . Seguro es de Buenavista y está entrená en esto

Elena la miró y sonriendo le dijo:

– Nacida y criada en Buenavista mi santa. Esto de las colas y pasar trabajos no tiene raza, ni color. El que no se ponga pa’ su número se queda en eso, pidiendo el agua por seña.

Llegaron los organizadores de la cola, émulos de esos que ponian números y clasificaban personas en la Alemania nazi. Con una pluma le ponían el número en el antebrazo a las personas, después le escaneaban el carnet de identidad. Mucha organización y control de colas y poca comida para repartir y poner en la mesa del cubano.

Elena se miraba su número 1 en el antebrazo, orgullosa y feliz, el 1, el 1, se repetía una y otra vez. No importaba estar despierta desde la 1 de la mañana, no sentía ese vacío en el estómago, el 1, el 1, ese era su triunfo.

La cola era de varias cuadras, eran muchas personas y en el intento de guardar la distancia entre ellas, las colas amenazaban con atravesar la ciudad, cruzarse unas con otras, en un laberinto de colas y necesidades.

Cuando faltaba una hora para que abriera la tienda, Elena sintió fatiga, las horas sin comer nada, la falta de sueño le estaban jugando una mala pasada, se puso pálida, sudaba. Micaela, la misma que tenía el número dos y se había sorprendido que la blanquita le quitara el número 1, metió la mano en su jaba, sacó un pomo plástico y le dijo:

-Date unos buches mi santa, es guachipupa de la buena, le pongo bastante azúcar pa’ poder aguantar estas horas pará’ aquí , no tengas pena, tomate unos buches verás que se te pasa la sirimba esa.

Elena dudo, no le hacía mucha gracia tomarse ese líquido que Micaela le ofrecía, pensó en giardias, amebas y hasta virus acechandola, esperando que acercara su boca para atraparla. Le dio un mareo, o se tomaba la guachipupa de Micaela o se iba a desmayar y perder su número 1 de la cola. Agarró el pomo plástico y se tomo 5 largos buches de la guachipupa ofrecida, el alma le volvió al cuerpo. Le dio las gracias a Micaela, gracias a ella terminaría triunfal su cola, con su primer número 1 en la historia de las colas.

Abrieron la tienda, Elena pudo comprar pollo, aceite, un pomo de mayonesa, hamburguesas y puré de tomate. A sus hermanos que vivían en Miami, tal vez les pareciera ridícula su compra, ella la miraba como su trofeo, como un premio o medalla a esfuerzos y sacrificios.

A la salida se encontró con Micaela.

– Ay blanquita, tengo un dolor de cabeza de tres pares y vivo en La Lisa, no sé como voy a llegar.

– Ven, vivo cerca y tengo ibuprofen, con eso se te quita el dolor.

– ¿Ibo que mi santa?

-Me las mandó mi hermano, son muy buenas para los dolores, ven te tomas un poco de jugo y esperas a que se te pase.

Así se fueron Elena y Micaela, apoyándose las dos, dándose una mano y alientos en su batalla por la sobrevivencia. Porque al final asi somos, damos lo que tenemos, nos negamos a desaparecer, amamos la patria y la vida.

¡Ábreme la puerta que Jack el destripador está en La Habana!

En la ciudad de contrastes, desigualdades y esperanzas en pausa, la tarde languidece. La cercanía del toque de queda hace a muchos apurar el paso, la ciudad se prepara para una noche más. Nena, se pone el tapabocas, cruza la acera y toca a la puerta de Micaela, como si en ello le fuera la vida o le fuera la muerte.

– Por tu vida, mi santa abre pronto que estoy a punto de un soponcio. Estamos entripaos o destripaos, decrépitas o medio muertas, pero créeme; esto está color de hormiga.

– Cálmate mujer que me asustas, ¿Qué pasa ahora? Entra y siéntate que te traigo un vaso de agua.

-Y un diazepam, si te quedan. Ya no sé si esto es una película de terror, el Apocalipsis ese que anunciaban en la biblia o los extraterrestres que se han decidido a exterminarnos.

– Ponte pa’ tu número y déjate de aspavientos mujer, ¿ Qué coño pasa ahora?

-Ya no sé si Jack el destripador está en La Habana o si los zombies le han comido el cerebro a las pobres gallinas.

– Ven acá Nena ¿Qué tú estas fumando? Yo creo que a ti lo que hay que darte un electroshock. Reacciona mujer.

-Micaela, tú no sabes na’, tú estas en el pueblo y no ves las casas. Tripas y más tripas, kilómetros de tripas están listas para ser repartidas a la población.

– ¿Tripas? ¿Y quien coño se comió la carne de tanta tripa? ¿ Cómo es eso de la tripa? Hace mucho tiempo que la carne esta perdía, vaya que a no ser que te muerdas la lengua para no gritar 4 cosas, no masticas nada. Y aparte del entripamiento anunciado, ¿qué es eso de las gallinas zombies que me dijiste?

– No sé mi santa porque el gordo ese que estaba hablando en la mesa redonda parece que le patina el coco, a lo mejor es el colesterol que lo debe tener por las nubes, pero yo lo oí hablar de unas gallinas decrépitas.

– ¿Gallinas decrépitas? Ay chica no estaría hablando de nosotras y pensarán exterminarnos. Por tu madre ahora la asustá soy yo.

– No chica, que estaban hablando de cosas que van a hacer para alimentar al pueblo.

– Alimentar al pueblo, si, cada vez que cagan cambian de idea. Lo mismo nos quieren poner a comer avestruces y cocodrilos, que nos empujan la masa cárnica y el picadillo de soya o el cerelac y cuanto invento se les ocurre. ¿Hasta cuando el cuento? Tía Tata , esta bueno ya. Lo que tienen que hacer es dejar que la gente resuelva, el tipo ese del queso, yo le hubiera dicho: un por ciento pa’ ti y otro pal gobierno y vamos a ver si el queso alcanza a tanta demanda, pero no coño que molesta que el tipo haga lo que los responsables de la “alimentación” no pueden o no quieren hacer y prefieren meterlo preso y decomisar el queso. Ahora se aparecen con las tripas de mierda esas como si uno fuera un animal y tuviera que empujarse cuanta mierda se les ocurre. No carajo que somos seres humanos y una se cansa, se nos acaba la vida entre promesas incumplidas y consignas rotas y esas tripas de mierda para lo único que sirven es para que se ahorque más de uno por incapaz, inepto y mentiroso.

– Callate mujer, habla bajito que nos vas a buscar una salación a las dos.

– No Nena, hay que hablar bien alto, hay que gritar, que hablar bajito no ha resuelto nada y ya no aguantamos más . Aquí el incapaz y el comemierda oportunista están que dan al cuello y lo único que hacen es vivir bien y cuidar el puesto. Que alguien dijo una vez que esta era la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes y no de los humildes para los dirigentes vive bien y oportunistas que sólo les preocupa llenarse la panza y que el pueblo se joda.

– Es verdad Micaela, tienes razón, una a veces entre el miedo y el intento de poner algo en la mesa, se olvida de las promesas y las consignas que se han hecho viejas y polvo. Esto es una pesadilla y ya es hora de despertar, que no tenemos otra vida de reserva para consolarnos de tanta mierda y tanta pena.

– Aquí o se ponen pa’ las cosas y to’ el mundo tira parejo o el cambio está a la vuelta del camino. Estamos cansaos Nena, cansaos de promesas y discursos que no llenan la barriga, ni el alma. Las tripas esas que se las metan por el culo, yo quiero la carne, comer, no quiero lujos en mi mesa, pero quiero que cada uno tenga en la mesa un plato digno de comida. Y que no me hablen del bloqueo que ya me la tiene pelá con ese cuento, que se pongan pa’ las cosas o cedan el paso a los que puedan resolver.

– Coño Micaela que bien tú hablas, yo creo que se te ha montao el espíritu de Mariana Grajales.

– El espíritu de nuestros mambises, de nuestros héroes y mártires , se nos tienen que montar a todos, cojones, para que perdamos el miedo a reclamar derechos y cambios y hacer realidad esa patria prometida, “con todos y para el bien de todos” y no solo para el bien de algunos. Ven vamos pa’ la cocina que voy a colar un poco de café.

El sol se pone en la Habana de todos, mientras un rayo de esperanza ilumina a hombres y pueblos, se miran como quien despierta y cierran filas por un sueño.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

Una luz de esperanza ilumina un apagón habanero.

Son las 6 de la tarde, Centro Habana esta casi desierta, en la ciudad un virus hace de las suyas y Nena que pasa ya los 70s prefiere quedarse en casa. Vive sola desde que murió su marido hace 2 años. Aún guarda todos sus diplomas y medallas, hasta una foto con Fidel, cuando le puso una de las tantas medallas. Se asoma al balcón y un grito le hace mirar a la entrada del edificio.

– ¡Nena, tirame la llave!

Pancha, su amiga, viene a visitarla. Nena pone la llave entre papeles de periódico, los envuelve en una jabita y la lanza a los pies de Panchita. Nena va a abrir la puerta, el viejo y ruidoso elevador aún funciona y Panchita está al llegar.

– Ay mi santa, que ganas tenía de verte, aproveché que un vecino venía por acá y le pedí que me trajera. Mira lo que tengo aquí.

Panchita exhibe triunfal una tarjeta plástica.

– ¿Y eso qué rayos es?

– Mi tarjeta plástica para comprar en las tiendas que venden en dólares. Manolito le envio un dinero a un amigo que vive en Barcelona para que me pusiera dinero, también me puso un dinerito extra para que fueras conmigo y te compraras lo que te hiciera falta. Me lo dijo bien clarito: puse un dinero para que vayas con tía Nena a comprar. No quiero que ninguna de las dos me carezca de nada. Él desde Miami, no puede poner el dinero, por eso se lo envió a su amigo.

Nena se seca las lágrimas con la bata de casa y abraza a Panchita.

– Ese hijo tuyo es de oro, yo no tuve hijos, pero Manolito fue siempre como el hijo que nunca tuve, ese no es de los que se toman la Coca-cola del olvido, él no se destiñe.

– Déjame poner mis cosas en el cuarto, hoy me quedo a dormir contigo y mañana nos vamos de compras. También traje un paquete de café Bustelo, que me quedaba, toma y ve colando. Esta noche nos ponemos al día de todos los chismes.

Pancha va al cuarto, se cambia de ropa y se pone sus chancletas y su bata de casa, cuando sale del cuarto el olor a café inunda el apartamento de Centro Habana.

-Toma Panchita, este café huele a gloria, esto si es café.

Las amigas toman el café, como quien disfruta recuerdos, lenta y pensativamente.

– Nena, hace tiempo quiero proponerte algo, las dos estamos viejas y solas, tú eres mi única familia, creo que es hora que vivamos juntas y nos ayudemos a llevar soledades y ausencias. Vendes este apartamento, así tienes un dinero para lo que te haga falta y te vas a vivir conmigo. Esa casa enorme de Miramar se me cae encima Nena, primero murió Manolo, después se me fue Manolito, yo no puedo con tanta soledad y tanta ausencia.

– Creo que tienes razón Panchita, ya estamos viejas y visitarnos se nos hace cada vez más difícil. Te acepto la propuesta, vamos a vender este apartamento y me mudo contigo a tu casa. Tú y yo somos como hermanas, creo es lo mejor.

Nena y Panchita se abrazan, con ese abrazo especial que solo pueden darse los que se aman sin reservas, los que comparten vidas y sueños.

-Ay Nena esto está de apaga y vámonos, todos los días me acuerdo de lo que decía Manolo: esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle.

– Si Pancha, mientras Pedro vivía, yo me aguantaba la lengua para no molestarlo, no quería herirlo, él amaba la revolución, su carnet del partido, sus medallas. Recuerdo unos meses antes de que le diera el infarto, estaba en el cuarto con sus medallas, sus diplomas, su foto con Fidel, tenia lágrimas en los ojos, me miró traspasando el alma y los recuerdos y me dijo: ¿en qué nos equivocamos, en que pantano nos metimos y se nos perdió el camino, dónde se nos quedaron los sueños y las promesas de igualdad? Yo no pude decirle nada, solo lo abracé mientras lloraba en mi pecho. Esas lagrimas tenían sabor de frustraciones y sueños rotos, de consignas perdidas, de discursos llevados por el viento. Desde ese día no volvió a mirar sus diplomas y medallas y la foto con Fidel, se le llenó de polvo, olvidada en un rincón. Tres meses después le dio el infarto y murió antes de llegar al hospital. Yo no he tenido valor para botar sus diplomas y medallas y a veces las miro, como quien mira un sueño que no fue, pero cuando me mude contigo no me los voy a llevar, sería una carga muy pesada, un nunca fue, que no quiero arrastrar lo que me queda de vida.

– Es duro Nena, muy duro, pero ya estamos viejas, tratemos de vivir lo que nos queda lo mejor posible. No perdamos la esperanza de un cambio, de una mejoría. Nuestra Isla sabe de conjuros y batallas y encontrará un modo de salvar el futuro. Bueno, dejemos la conversadera y vamos a preparar la comida, como decía mi amiga Fefa: para sufrir, hay que comer.

Van a la cocina, Nena prepara un congrí, mientras Pancha prepara unos bistecs de puerco que trajo y los fríe.

-Nena vigila los bistecs que voy a buscar el aguacate que se me quedó en la jaba.

La comida esta lista y las amigas la disfrutan como un banquete que anuncia cambios y proyectos.

– ¡Que rico estaba todo! Hacia tiempo no comía tanto, Nena pon el televisor que quiero ver Vivir del cuento, eso y la novela, es lo único que se puede ver.

Nena enciende el televisor y de pronto un apagón oscurece la pantalla y la noche.

– Coño otro apagón, dejame buscar el farol y encenderlo para aunque sea mirarnos las caras mientras hablamos.

Nena, regresa con el farol, lo enciende y lo pone sobre la mesa, de pronto la llama toma una forma extraña y Panchita la mira extasiada.

– Mira Nena, mira la llama de este farol.

– ¡Ave Maria purisima, Santa Barbara bendita! ¡Si es la Isla de Cuba! ¿Qué significa esto Pancha? Tú de joven tirabas las cartas y adivinabas cosas, dime qué quiere decir esto.

-Es la Isla Nena, la patria que se niega a que la apaguen y quiere seguir alumbrando el futuro de esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Las amigas se abrazan, mientras una luz de esperanza las ilumina.

Fotografía de una obra de Michel Blazquez pintor cubano que vive en Fort Lauderdale.