Lo que se llevaron los vientos de Ian.

Hoy no pensaba escribir, pensé tomarme el domingo como un descanso total, mis amigos más antiguos, no por viejos, sino por los años que hace nos conocemos, me pidieron escribiera algo sobre Ian, ese terrible huracán que golpeo con furia el occidente de Cuba y el centro de la Florida. Les aclaré que me dejaría llevar por las musas, que no me pondría trabas, hágase la voluntad de las musas y no la mía.

Acá en la Florida las pérdidas han sido enormes, es el huracán que más pérdidas ha causado en daños materiales, la cifra en números redondos, supera la de los huracanes anteriores. El gobierno federal aprobó ayuda de inmediato, sin tener en cuenta si el estado era azul o rojo, demostrando que este gobierno es de todos, no sólo de los que votaron por él. Poco a poco la gente se recuperará y aunque el momento actual espanta, no faltarán ayuda oportuna, prestamos, créditos; duelen los muertos que estoy seguro serán numerosos y que en muchos casos si se hubieran evacuado, se hubieran podido evitar, pero siempre abundan los cabezones que se creen que se las saben todos y exponen sus vidas y la de sus familiares. Mientras el huracán azotaba estuve en contacto con una amiga que vive en Cape Coral y sus mensajes me espantaban, después supe que los daños no pasaron de un techo que voló y otras pérdidas materiales, por suerte todos están bien, seguros que pronto todo volverá a la normalidad. El norte se recupera poco a poco, se sacude el agua y apuesta al futuro.

Allá al sur, donde habitan mis memorias, mis fantasmas, Ian se ensañó con furia, destruyó casas, cosechas, tendidos eléctricos, como decimos nosotros: les dio con todo. Inundaciones y un viento fuerte que no perdonó miserias, ni angustias.

Allá, al sur, Ian se llevó algo más que techos, casas, cosechas, postes del tendido eléctrico, Ian se llevó el miedo, el temor a reclamar derechos, a gritar basta, a decidirse a ser parte de la historia, a elegir rumbos y caminos. Que un gobierno tiene que cumplir su función interna y garantizar pan y paz a su pueblo, ¡coño! que la gente se cansa y aburre de promesas y consignas; que la mayor consigna es el derecho a la vida, a una vida digna en el sentido exacto de la palabra, que no reclaman lujos, piden lo esencial para poder vivir y no morir en el intento.

La gente tiene todo el derecho a expresarse, a reclamar derechos, Ian se llevó el miedo, barrió con él, lo hundió en el fondo de esa mar profundo y azul que nos rodea. Entendieron que no tienen nada que perder, solo prohibiciones, miserias, angustias, que de la potencia médica solo queda el recuerdo, que lo que una vez se exhibía con orgullo hoy da vergüenza y dolor, que el viento se llevó miedos y vendas en los ojos y un pueblo mira de frente su estado actual y se niega a continuar así. Que la patria prometida es “para todos y para el bien de todos”, no solo para un grupo que disfruta del poder y sus ventajas. El pueblo tiene hambre de pan y libertades y va por ellas, no lo duden.

Algunas tormentas llegan para limpiar el camino, para llevarse miedos y poner un pueblo de pie, hay vientos capaces de llevarse miedos, abulias, estremecen cimientos y anuncian amaneceres; algo bueno dejó la tormenta; un pueblo de pie reclamando derechos, que se niega a ponerse de rodillas. Allá al sur, un pueblo se sacude cadenas y apuesta al futuro.

Nosotros, recuerdos, sueños y tolerancia.

Los recuerdos, esos fantasmas que habitan en rincones ocultos y basta un hecho, una palabra, para que estallen y entonces esos momentos que creíamos olvidados definitivamente, se vuelven torbellino, tormenta.

Tengo la suerte que un grupo de amigos del preuniversitario hicieran un grupo y decidieran invitarme a ser parte de él. Les confieso que a algunos no los recuerdo y eso que presumo de una memoria fotográfica, pero todos, al final, me recuerdan esa deliciosa etapa de nuestras vidas en que el futuro es, prácticamente, ¡toda la vida!

Este grupo, heterogéneo, borra diferencias y años y volvemos a ser adolescentes cargados de sueños y ganas. El chat de WhatsApp se mantiene activo todo el día, intercambiamos chistes, experiencias, nos damos los buenos días y las buenas noches; es una especie de gimnasia espiritual; mientras estamos en el chat somos unos muchachitos haciendo travesuras y burlándose de años y penas.

Recientemente, se incorporaron al grupo 3 muchachas, siempre seremos muchachos, muy cercanas a mi en esa etapa del pre, les confieso que su entrada al grupo no fue una tormenta, fue un huracán categoría 5 de recuerdos; imagínense que hasta recordé a mi maestra de 3er grado, Olvido Parra Muñoz, un angel donde quiera que esté. Recordé caminatas desde la colina universitaria hasta el municipio Playa, grupo de estudios, risas, buenos ratos, idas al cine, almuerzos, un montón de recuerdos que estaban ahí, ocultos, esperando encuentros que los despertaran.

Les confieso que no soy de los más activos en el chat, entre el gym, mi trabajo, escribir y alguna que otra travesura, no tengo mucho tiempo para dedicarle, pero siempre los saludo, leo lo que han escrito, doy opiniones y comparto mis escritos; ellos, amigos fieles, siempre me elogian y sonrojan. ¿Saben lo que es más importante para mi de este grupo? Aparte de revivir recuerdos y hacernos eternamente jóvenes, este chat es una prueba de la tolerancia, del respeto a opiniones ajenas, de compartir como un todo, aunque todos no pensemos igual. Los miembros de este grupo son cubanos dispersos por el mundo , Miami, Barcelona, San José, Madrid y la Habana, entre otras ciudades, comparten tiempo y espacio en este grupo donde nunca se habla de política, yo solo comparto mis escritos que no tocan mis puntos de vista en política, nadie presume de nivel de vida; somos un puñado de manos extendidas, para apretarse fuerte y andar juntos borrando diferencias, lejanias y ausencias.

Dicen que recordar es volver a vivir y nosotros, en ese grupo, revivimos los mejor de nosotros, compartimos sonrisas, pasado, sueños y planes.

Como dice un personaje de uno de mis cuentos: eso somos, recuerdos, solo lo que podemos recordar es lo que hemos vivido. Nosotros agigantamos recuerdos en este andar por el mundo de la mano de amigos y de historias, sumamos sueños y ganas, seguros del andar y del futuro.

La fotografía es la que identifica al grupo, el preuniversitario de Marianao.

El coronavirus, mis amigos y yo.

Con esta nueva variante del covid 19, terminamos el 2021 y empezamos el nuevo año casi todos muy positivos, diría que super positivos, positivisimos. Yo creí poder escapar al contagio, un estilo de vida sana, tomar cuanta vitamina o sustancia ayudara a prevenir el contagio, usar siempre una mascarilla de 5 capas, andar siempre con un pomo de alcohol en el bolsillo, dispuesto a dispararle a cualquier virus que apareciera, en fin, seguir todas las medidas indicadas me convertían en una especia de superman de nuevo tipo en la cruzada contra el covid19. Por supuesto que cuando aparecieron las vacunas las apoyé y me he puesto las 3, hasta ahora. Aunque escriba y me resista a creerme un escritor y trabaje en un aeropuerto, soy, por formación y convicción, un hombre de ciencias y como tal actuó, no hago caso a teorías conspirativas, ni a las tantas estupideces que pululan por internet.

Un buen día llegó una nueva cepa del covid19, catalogada como el segundo virus más contagioso del mundo, solo superado por el del sarampión, omicron la llamaron, llego decidido a fastidiarnos festejos y celebraciones. Poco a poco mis compañeros de trabajo en el aeropuerto se fueron contagiando, el maldito omicron se me acercaba peligrosamente, hasta que un día amanecí con los síntomas, me hice la prueba y zaz; yo era uno más de los que esperaríamos el año positivos. Les aclaro que gracias a las vacunas y al montón de vitaminas que tomo fue una gripe ligera, ojalá todas las gripes que me den en el futuro sean tan leves, ni fiebre, ni dolores en el cuerpo o de cabeza, nada de sudoraciones, solo tos y la voz tomada y un apetito voraz que me hizo aumentar 2 libras; cuando regresé al trabajo ni faltó quien me dijera si estaba con el covid o en Varadero. Por supuesto que tenía el oximetro de cabecera y me medía frecuentemente el oxígeno en sangre, a pesar de sentirme bien.

Cuando las pruebas confirmaron que estaba positivo, mis amigos, mi familia, me rodearon de amor, atenciones y ¡comida!. Me llamaban constantemente, monitoreaban mis síntomas, me preguntaban si necesitaba algo. No faltó quienes me llevaron alimentos, medicinas. Bastaba un mensaje: necesito azitromicin y a las dos horas estaban parqueados frente a mi casa con el medicamento en la mano, mis amigos son gente así, somos como hermanos. Todos estaban pendientes de mis necesidades en una especie de muro de amor al cual no podía vencer ningún virus, por mas contagioso que fuera. El covid 19 no sólo tenía que vérselas conmigo, también tenía que enfrentarse a mis amigos y familiares, vencerlos a todos era imposible.

Me recuperé rápido y comencé a trabajar. Valoré dar las gracias en general en Facebook, pero pensé era mejor un escrito, contarles mis experiencias, decirles que hay palabras que curan y gestos que fortalecen el sistema inmunológico, decir un gracias enorme a todos los que estuvieron pendientes de mi, a los que me hicieron olvidar que vivía solo y hasta olvidar que estaba enfermo.

Esa es la magia de la amistad, del afecto, de ese sentirse apoyado en todo momento, de manos extendidas y corazones abiertos; algo que escapa a la ciencia, que no puede envasarse y comercializarse, pero tan necesario y eficaz como los antibióticos, los antivirales, las vacunas y las vitaminas.

Cuando empezó, hace ya dos años esta pandemia y vivimos juntos aislamientos y temores, muchos confiaban que seríamos mejores seres humanos, que aprenderiamos a valorar abrazos y afectos, creo que ha sido asi, al menos lo siento así, mis amigos son prueba de ello.

Venceremos, no lo duden y en esta lucha sin cuartel contra el covid 19 no perderemos la sonrisa, los sueños, ni la fe en el futuro. Un abrazo enorme a todos.

Lourdes Libertad y Mirtha Medina compartiendo aplausos y éxitos.

Aunque estuve de descanso, el tiempo, ese implacable, me escasea, se me escurre entre las manos. Son pasadas las 11 de la noche y antes de dormir debo, especie de exorcismo literario, comentar a la manera de Habanero2000 un concierto especial, una nota destacada en el pentagrama de Miami, un logro de la cultura cubana que emigra y no se da por vencida, no cede, no baja la cabeza; el concierto de Mirtha Medina y Lourdes Libertad en Alfaro’s.

Todos sabíamos que sería una noche especial, una mancuerna perfecta que garantizaba aplausos, emociones, suspiros y nostalgias. Son dos figuras con mayúsculas, de esas a las que no vencen el tiempo, ni las dificultades, de las que se entregan con la misma fuerza en un gran teatro o en un pequeño local,¡son artistas! La magia de la noche va de la mano de la amistad, del compartir escenarios, voz, público, aplausos y exitos, sin otro interés que regalarnos una noche especial, cubanisima y emotiva, inolvidable.

Hubo muchos números que aseguraban aplausos en las voces de Mirtha y Lourdita, ambas poseen un vasto repertorio y saben como jugar con notas y agudos. Para mi, el mejor momento de la noche fue el Poupurrit de exitos de algunas de las mas destacadas figuras de la canción cubana, un pase de lista de lujo, Lourdes Torres, Elena, Martha Estrada, Leonora Rega, Omara, Olga Guillot, Gina Leon, Moraima y la Lupe. Cerraron con “Amigas”, sin dudas una fiesta de la nostalgia y los recuerdos, un convertir a Alfaros’s en un teatro habanero y desbordarlo a fuerza de voz y ganas. Se que muchos sentimos la brisa del mar y hasta palmeras al viento, al influjo de sus voces.

Quiero enfatizar que cuando dos figuras como Mirtha y Lourdita se deciden, por tercera vez, a compartir escenario lo hacen seguras de sus voces y talentos , son artistas y amigas, no van a competir, a intentar sobresalir por encima de la otra o a robarse el show. Se unen decididas a hacer arte y en esa dimensión en que se encuentran, no existen rivalidad, envidia, ni segundas intenciones. Por eso me molestó un desacertado y mal intencionado comentario que escuché decir a un triste y oscuro personaje: fulana barrió el piso con mengana. No, ninguna sobresalió sobre la otra, porque más allá de talento y voz, que sobra en ambas, esta la amistad que las une, el placer que da hacer arte del bueno y la satisfacción que da entregarse y recibir aplausos, bravos y ovaciones, la calidad humana no deja espacio a oscuros sentimientos; si alguien “barrió” fue la cultura cubana con la sentencia de que Miami es la tumba del artista cubano, demostró que aún en el exilio hace magia y arte a su antojo. Se tenía que decir y se dijo.
Cierran con un poupurrit de las Diego , disfrutan esa dulce locura del arte y la cubania, de la fiesta de recuerdos que se niegan a vivir en pasado e irrumpen con fuerza en el presente iluminando rutas y acciones. Bravo por las dos, por su arte y sus ganas, su fuerza y voz, su no darse por vencidas. Nos vemos en el 4to concierto de Mirtha y Lourdes Libertad, no se lo pierdan.

¡Mi mejor verso!

Entre sueños que acomodo entre recuerdos, esta mi ruta.

Quisiera hacer versos esta noche, pero quedaron al sur de mis memorias, guardan el camino del regreso, iluminan mi infancia, quedaron atrapados entre palmeras, en los brazos de mi madre, ocupando mi lugar, mi sitio, aliviando ausencias. Tuvieron el valor, la suerte, de acompañarla cuando mi adiós se hizo real, tal vez terrible, ellos le susurraban: vuelve pronto, le inventaban sueños y sonrisas; le hacían leve el tiempo, la espera

Mis versos están allá, al sur de mis memorias, ellos guardan el camino de regreso, me reclaman. Mantienen viva la imagen de mi madre, su eterna espera, su dispuesto abrazo, su perdonarlo todo, su aliento; hacen la magia de vencer la muerte, de traermela de noche entre mis sueños, aprovechamos cada minuto juntos.

Debe inventarme historias, reacomodar mis sueños, mi futuro. Mi madre ilumina la ruta de mi vida , a su influjo florecen girasoles y me invento historias, sueños, soy niño y hombre. Me toma de la mano, todo estará bien susurra entre los versos y me da la certeza del futuro, de esa luz que asegura victorias, eternidades. Ella será siempre mi mejor historia, mi mejor sueño, mi ruta, ¡mi mejor verso!

Cuba duele y mucho.

Cuba nos duele a muchos y es un dolor terrible. Sólo un golpe de suerte, una salida a tiempo nos salvó de estar dentro y no fuera, mirando espantados a nuestros hermanos morir.

Cuba duele y es un dolor terrible, unas ganas enormes de hacer y no encontrar las vías. Las palabras alientan, dan ánimos, pero no curan ni al covid, ni al hambre.

Muchos queremos tender incondicionales manos, ayudar como sea que nos faciliten la vía, que el camino se abra y la ayuda fluya, espontánea, solidaria, de hermano a hermano. Como quien comparte una tacita de café o un plato de comida.

Ayudar es la palabra de hoy y nos preguntamos , ¿cómo? Lloramos de impotencia y queremos convertir lágrimas en fuerza y acción, en comida y medicinas que llegue oportuna y solidaria.

Hoy se impone canalizar la ayuda, dar, porque hace días el pan nos sabe amargo y el café no sabe igual. Hay gente muriendo del otro lado y muchos, allá, abandonados a su suerte.

Sobre errores y mal manejo ha crecido esta tragedia y los discursos no salvan vida, ni matan hambre, las consignas se atragantan y no es hora de poses y repetir palabras que no tienen eco y se pierden en el éter.

Allá, los que tienen algo, quieren compartirlo y ofrecen autos y sus vidas para ayudar a salvar al pueblo. Demuestran que todo no esta perdido y un gigantesco; yo vengo a ofrecer mi corazón, recorre la isla, estremece y conmueve.

Que se abran las reservas de tiempo de guerra, ya el pueblo está en guerra con la muerte y el hambre, que se le dé pan al pueblo, se le garantice la canasta básica por un tiempo determinado, que no tengan que arriesgar sus vidas en interminables colas por un trozo de pollo o una botella de aceite, que lo que tengan para vender en dólares y euros se le entregue gratuito a las familias aisladas, el hambre mata tanto como el covid. Que se acepte la ayuda de todos los que queremos ayudar y que esa ayuda llegue al pueblo, que no se venda en dolares que no tienen, ni se especule con ella. Cuando todos tengan la comida garantizada por un tiempo determinado, entonces podrán cerrar el país totalmente, y un quédate en casa enorme podrá cortar las vías de transmision del virus. No es posible hablar de aislamiento e irresponsabilidades cuando hay que jugarse la vida para poner un plato de comida en la mesa.

Si un día los cuarteles se convirtieron en escuelas, que hoy los hoteles de lujo se conviertan en hospitales, que nadie espere atención médica tirado en el suelo, ni durmiendo en una silla.

Hablo con mis hermanos y muchos temen por sus vidas, hay miedo y hambre en Matanzas, hay espanto en las madres que abrazan con fuerza a sus hijos, que quieren ser la muralla que los proteja y salve.

No me hablen de imperios, ni luchas ideológicas, el pan no sabe de enemigos políticos, y una tableta para bajar la fiebre no pregunta, ni pide partido político.

Cuando muere un hermano, algo de nosotros muere con él. El futuro está muriendo ante nuestros ojos y muchos, por suerte, nos resistimos a contemplarlo con los brazos cruzados. Nos duele Cuba y mucho.

Fotografías tomadas de diferentes páginas de Facebook

Una Islita entre escombros

Pancho salio de Cuba en el 60, era parte de esos primeros cubanos que llegaron a Miami dispuestos a dejarse la piel trabajando, a darlo todo y comenzar una nueva vida. Logró salir con su mujer y su hijo pequeño, llegaron a un rincón del Miami de entonces y en un modestísimo apartamento y con 2 trabajos se aferró a sueños y ganas para salir adelante. No temía al trabajo, ni al futuro.

Los viernes pagaban en su trabajo, una noche de jueves mientras disfrutaba su café le dijo a su mujer:

– Mañana, por vez primera desde que salimos de Cuba, voy a comprar algo que no es comida, ni ropa, no es indispensable tal vez, pero que necesito tener, ver todos los días.

Juana no hizo preguntas, confiaba en él, sabía que era incapaz de hacer un gasto inútil.

El viernes, al salir del trabajo, Pancho pasó por una tienda, salió con una bolsa grande que llevaba con cuidado y orgullo. Llegó a su apartamentico y le dijo a su mujer:

– Mira Juana, nuestra islita, nuestra Cuba que nunca nadie podrá arrebatarnos, quiero que nos acompañe, como un talismán de la buena suerte, quiero que nuestro hijo crezca mirándola, sabiéndose cubano y orgulloso de serlo.

El tiempo pasó y el trabajo y esfuerzo dieron sus frutos, dio estudios y carrera a su hijo, compró algunas propiedades y vivía con comodidad. El día que su hijo se graduó invitó a sus amigos a cenar, uno de sus amigos le dijo:

– Debes estar feliz, tu hijo es prácticamente gringo y ahora médico.

Su hijo que escuchó la conversación le corrigió:

– No, no soy gringo, soy cubano, nací en esa islita que usted ve en ese cuadro y muy orgulloso de serlo, llegué a este país de 1 año, amo este país donde me he hecho hombre, pero aquí en mi corazón late Cuba con alientos a palmeras y brisas del mar, con aires de libertad; esa es mi patria.

Pancho lo abrazó orgulloso y feliz, como sólo puede ser feliz un hombre cuando su hijo sigue su ruta y aliento.

Pancho seguía las noticias sobre Cuba y hablaba con sus amigos, soñaba con ese regreso, volver a andar las calles habaneras, sentarse en el muro del malecón, recorrer los campos, sentir ese olor a Cuba que guardaba en el alma. Cuando estaba solo se acercaba al cuadro que había comprado hace años y acariciaba su islita, volveremos a vernos, le decía.

Un domingo a la hora del almuerzo su hijo le dijo:

– Papá, les compré un apartamento en la playa, frente al mar, sé que disfrutaras verlo todos los días y saber que del otro lado, en la otra orilla, Cuba te espera.

Se abrazaron emocionados, Pancho quedo mirando a su islita y hasta le pareció verla sonreír.

Cuando se mudaron al nuevo apartamento, compraron muebles nuevos, solo llevaron de su antiguo hogar, el cuadro de la islita de Cuba.

Pancho era feliz, tenía salud, aún estaba fuerte, ya se había retirado y vivía con comodidad, sus años de trabajar duro habían dado frutos. Pasaba horas pensando en su Cuba, imaginándola, trayendosela en el recuerdo y soltandola libre y radiante en sus sueños. Miraba el cuadro con su islita y lágrimas de emoción corrían por sus mejillas.

Su hijo quería que se mudaran con él, siempre le decía:

– Viejo vente conmigo, ese edificio donde viven ya esta viejo y no me siento tranquilo con ustedes viviendo ahí.

– Ay mi hijo, ese edificio va a durar más que yo, soy yo quien esta viejo, dejame allá frente al mar, cerca de mi tierra.

Un día los invito a comer, cuando terminaron la cena, después de la sobremesa les dijo:

– Quédense a dormir hoy, es tarde y mañana se van, estaré más tranquilo sabiéndolos aquí que manejando hasta la playa.

Pancho y Juana se quedaron a dormir, cuando se despertaron su hijo, casi llorando les dijo

– Miren las noticias.

Les puso el televisor, ahí estaba su edificio o lo que quedaba de él, la parte en que ellos vivían se había desplomado. Los viejos se abrazaron llorando, Pancho gritó

– ¡Cuba, Cuba, no puedo haberla perdido por segunda vez!

Juana y su hijo sabían a que se refería. A Pancho no le importaban las porcelanas que habían perdido o las joyas que estaban entre los escombros; su islita, la que guardaba hace años y acariciaba y hablaba con ella era lo que le preocupaba en ese instante.

Llegaron al lugar del derrumbe, a pesar de prohibiciones y medidas de seguridad, Pancho logró acercarse al lugar de derrumbe, allí, entre escombros, pero reluciente, como quien vence obstáculos y renace de cenizas, su islita brillaba al sol, intacta, como si la Caridad del Cobre la hubiera tomado en sus manos, protegiéndola. Pancho intentó recogerla, pero no lo dejaron acercarse más. Habló con un bombero al que logró convencer y emocionar, fue y arriesgando su vida le trajo su islita. Cuando Pancho estrechó junto a su pecho el cuadro, florecieron girasoles entre los escombros, volaron sinsontes entre los pedazos en pie del edificio y un rayo de sol con aires de libertad iluminó el cuadro con la islita de Cuba.

Fotografía tomada del profile de un amigo de Facebook.

40 años de arte y entrega, de empeños y ganas.

Anoche, entre luces, aplausos, recuerdos y ganas, Lourdes Libertad celebró sus 40 años en escena. Arropada por recuerdos, amigos fieles y admiradores, vistió de gala y cubania la noche de Miami, hizo historia.

Lourdita ha logrado imponerse en este Miami que parecía negarse a abrirse al empuje de nuestros artistas, de esos que dejaron atrás éxitos y público y apostaron todo a una nueva vida. Ella a fuerza de voz y temperamento ha hecho suya esta ciudad que no pudo resistirse a su empuje.

40 años en escena, celebra alguien que nació entre acordes, notas y escenarios. Desde la gloria la Lourdes mayor aplaude feliz, extasiada, segura que no hay finales, ni muertes decretadas para quien vive en el corazón de un pueblo y deja su retoño reverdeciendo laureles en cada escenario. Desde otra dimensión esa fuerza extraña y desconocida ilumina la ruta de Lourdita.

Allí estuvieron sus amigos, sumaron aplausos y bravos, su público fiel, faltamos algunos, entre ellos este habanero atrapado en su trabajo, pero seguro del éxito de la noche. Gracias a amigos pude disfrutar videos de la actuación de Lourdita, aplaudirle a pesar de no estar presente, vibrar con cada agudo, con cada nota.

Hubo invitados que aportaron entrega y esfuerzos en el homenaje a Lourdita, entre ellos Marcelino Valdes, basta su voz para garantizar calidad y arte.

Ya es historia el espectáculo, ya esta del lado de los recuerdos, fueron días de esfuerzos de todo un equipo para garantizar el éxito y lo lograron con creces.

Saben que me gusta soñar y me imagino a su público habanero aplaudiendola, sumándose a este homenaje. La Habana, nuestra Isla, se bastan para la magia y los milagros.

Gracias Lourdita por estos 40 años y por los años por venir, gracias por tu entrega, tu arte y tu fuerza, tu no bajar la cabeza y aceptar retos y desafíos, ¡felicidades!

Fantasmas al sur de mis memorias.

Cuentan que allá al sur, cruzando el mar, habitan fantasmas. Hay casas o refugios donde los fantasmas se niegan al olvido y reviven una y otra vez, infancias, vidas y memorias. Es una lucha tenaz contra el olvido, un seguir vivo, más allá de distancias, de la muerte

Allá al sur de mi existencia viven mis fantasmas, esos que cuando faltan las fuerzas y disminuyen las ganas, me empujan a seguir, me alientan y sostienen. Ellos no descansan, en su labor diaria, fantasmas victoriosos que no creen en finales, ni partidas.

En una casa, allá en un barrio habanero habita el niño que fui, el que soy aún, el que seré siempre. En las mañanas mi fantasma mayor lo despierta con un beso.

– Vamos despiertate, apúrate, no llegues tarde al colegio.

Allá en la mesa me sirve desayunos, conversa, me arregla la pañoleta, me despide con un beso. Regreso de la escuela, me recibe otro beso, somos felices en el reencuentro. Me da a probar potajes, delicioso le digo sonriendo.

– Lávate la cara y las manos y ven a almorzar.

Se sienta a mi lado, conversa, es y será siempre su costumbre.

Junto al fantasma de mi infancia, juegan otros fantasmas, son mis hermanas. Tomo en mis brazos la más pequeña e insisto en enseñarla a caminar, jugamos a que los marcianos nos persiguen por el patio y entre sustos y risas pasa la tarde.

El fantasma de mi adolescencia, regresa de la escuela al campo y la casa le parece inmensa, luminosa y limpia; repite besos y abrazos y el fantasma mayor lo mira emocionada, lo ama mucho.

Compartiendo tiempo y espacio entre fantasmas, un yo, joven se encierra.en su cuarto a estudiar, toma café y se empeña en estudiar toda la noche, nunca lo logra y su fantasma mayor le apaga la luz y lo besa suavemente para no despertarlo. Mis fantasmas celebran mi graduación, el orgullo a veces crece mucho en el corazón de quien nos ama.

Allá los fantasmas se niegan a que la casa esté vacía, no aceptan ausencias. Mi fantasma mayor se sienta en el portal y mientras mis otros yo recorren las memorias, sueña mi regreso, sabe que siempre volveré a sus brazos en explosión de amor y sentimientos. Me acaricia en la memoria y espera, me esperará por siempre.

Los fantasmas se niegan al olvido, a un ya no estás y multiplicados, laboriosos, llenan rincones con su risa y aliento. Fantasmas necesarios que esperan regresos, que saben que sin ellos andaría sin rumbo. Cuando las fuerzas fallan, ellos me recuerdan caminos, iluminan rutas.

Allá al sur de mis memorias, decenas de fantasmas hacen la labor diaria de mantener intactos la historia de mi vida, la de muchos. No, nunca nos fuimos del todo, tampoco la muerte pudo vencer memorias, allá existen fantasmas que se encargan de mantener vivos los recuerdos. Allá habitan fantasmas que nos aman y esperan.

Fotografía tomada del grupo de Facebook, Fotos de La Habana.

El tal Habanero publica su segundo libro, alabao.

Cuca invita a Yuya, su vecina de Hialeah a tomarse un café, recordando cuando lo compartían, alla en un solar perdido en CentroHabana. Lo saborean y la conversación adornada con el aroma del café, se hace inevitable.

-Cuca, tu viste esto, otro libritico del tal Habanero,¡hasta cuando por tu madre! No le basta con el blog, con poner sus escriticos en cuanto grupo de cubanos hay en Facebook, otro libro más. En cualquier momento anuncia el lanzamiento del libro y allá van sus “seguidores” a aplaudirle y halarle la leva, como dirian en Cuba.

– Ay Yuya no seas así, la tienes cogia con el pobre hombre, escribe porque le gusta y con eso no le hace daño a nadie, al contrario a muchos le gustan sus escritos. Mira su cuento “Yo tengo dos papás” tuvo miles de visitas en Uruguay y Argentina y como ese muchos más. En este libro tiene cuentos inéditos y hay como dos historias que les cambio el final, dándoles un nuevo aire.

– Ya no sabe que inventar para que la gente le compren sus libriticos, es capaz de pararse en los semáforos de Hialeah a vender sus libros a grito limpio, ¡aquí sus historias de Cuba y Miami a buen precio! ¡Si me compra uno, el segundo a mitad de precio! ¡Vaya agarra su lagrimita de nostalgia aqui! Esas historias se las leen 3 o 4 na’ma que no se venga a hacer ahora el escritor famoso. Ya me tiene cansá, aburría con su cantaleta de La Habana, que si los girasoles y los sinsontes. Ave María purisima, ¡hasta cuando!

– Mujer cálmate, que él ni se entera de lo que tu dices y de todos modos va a seguir escribiendo. Si te aburre, no lo leas y sanseacabo.

Mientras conversan, el camión de Amazon prime parquea frente a la casa de Cuca y deja un paquete. Cuca, sale y lo recoge.

– Mira me llegaron los libros del habanero, compré dos porque pensaba regalarte uno, pero como tú no lo quieres ver ni en pintura, se lo voy a regalar a Margarita.

Cuca abre el paquete con los dos ejemplares de “Cuba y Miami son también de un pájaro las dos alas”. Yuya se levanta del sillón y de un tirón le arrebata un libro a Cuca.

– Dame acá que este me lo leo esta noche que Manolo anda con el camión pa’ Atlanta, que Margarita, ni Margarita, que se compre uno si lo quiere leer.

-Mi santa lo tuyo es mucho con demasiado, contigo hay que decir aquello de: ¡que gente caballero, pero que gente!