Samuel Calzado, a su manera.

Anoche, a petición de Samuel, asistí a su concierto en Miami Kfe, un nuevo sitio en Miami al que visité por vez primera. El lugar debe trabajar en la ambientación, en hacerlo mas acogedor. Falta algo que atrape al público y lo haga suyo para siempre, ese “duende” que nos obliga a hacer nuestro un lugar; falta calor y magia. Se agradece su existencia y esfuerzo en la presentación y apoyo a los artistas cubanos en Miami.

Sentado distante del escenario, casi en el parqueo como le dije a un amigo bromeando y luchando contra el ruido de las conversaciones de un público que debe aprender a respetar al artista que se entrega en el escenario, luché por no perderme un detalle del concierto.

La presentación de Samuel tuvo momentos sobresalientes, de esos que uno recuerda al día siguiente, con especial placer. Como siempre, sus mejores momentos fueron al piano. Samuel, aunque se resista a aceptarlo, es un piano man y debe explotar más esa arista de su talento. Su interpretación de Habáname, fue un regalo extra, un traerme a mi ciudad que con bata cubana y girasoles, me acompañó unos minutos. También hubo otros momentos que disfruté y mucho, como su interpretación de Quédate como nunca de amaury perez VIDAl. Si me preguntaran cual fue su mejor interpretación de la noche, esa que basta para justificar aplausos y asistencias, respondería sin dudar; Para vivir de Pablo Milanes, a capella y a petición de otra, otra, por el público presente. Un Samuel sencillo, todo voz y talento, sin artificios que no necesita, supo ganarse el aplauso y darnos un extra que agradecimos y disfrutamos.

En mis memorias queda el Samuel que, a su manera, nos dijo un día, ¡Sigo aqui!, ofreciendo mi arte, con mi piano y mi voz y aqui seguirá, estoy seguro. Con su piano al hombro, regalando sentimientos, entregándose, con la certeza que el arte se adorna por si mismo, sin pedir brillos prestados, un Samuel natural que aplaudiremos una y otra vez.

Fotografía tomada de la página de Facebook de Samuel Calzado,

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Alfaro’s, abriendo puertas y corazones.

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Miami, ciudad que creció y se hizo grande al influjo y voluntad de los cubanos es, sin dudas, la mejor prueba de lo que somos capaces de hacer cuando ponemos ganas y empeño.
El pasado martes 22 de marzo, por esas coincidencias hermosas de la vida y la historia, La Habana y Miami ratificaban palabras y hechos. Mientras en el gran teatro García Lorca el presidente Obama estremecía conciencias, hacia historia y proclamaba al mundo, entre muchas más verdades como puños, que Miami era la mejor prueba de la fuerza de los cubanos, acá en nuestra ciudad un par de cubanos recibía las llaves de la ciudad de Miami en reconocimiento a esfuerzos, trascendencias y hechos.
Muchos hemos sido parte de los logros de Nazario y Rudy, de su constante quehacer. Alfaro’s es hoy uno de los sitios obligados en la geografía cultural de Miami. Poco a poco este lugar de la pequeña Habana se ha convertido en hogar y cita de nuestros artistas y público. En cierto modo es la mano extendida a todos los que con ganas y talento llegan a la ciudad. Desde los más famosos y reconocidos, hasta los que dan sus primeros pasos en el difícil mundo del arte, todos tienen las puertas abiertas al pequeño escenario que, a fuerza de talento, ganas y aplausos, se ha hecho inmenso, simbólico, obligatorio.
En Alfaro’s he disfrutado del arte de artistas que en La Habana me obligaban a hacer colas para verlos y a veces no alcanzaba lugar en las primeras filas. Después de la función he conversado con ellos, prometido escritos y tomado fotos. Siempre con ese sabor que deja en el alma el buen arte y la cubanía. En más de una ocasión Alfaro’s se me ha agigantado en la nostalgia, haciéndome pensar que estoy en los grandes teatros de La Habana, cierro los ojos y la voz de nuestros artistas hace de las suyas llevándome a lugares, calles y recuerdos vividos.
En este rinconcito de Miami, también he hecho buenos amigos y cada vez que asisto, es como estar en una fiesta de amigos. Intercambiamos saludos, abrazos, conversamos; para muchos, artistas y público, Alfaro’s es un lugar familiar, desenfadado, cubano y especialmente amistoso.
Desde el pasado 22 de marzo, muestran con orgullo las llaves de la ciudad de Miami. Hace años que exhiben con orgullo y derecho las llaves de nuestro afecto y corazones, esas que sin protocolos y con unas ganas inmensas de hacer, lograron ganarse. Ellos saben abrir todas las puertas, al influjo de esfuerzo, ganas y tesón. Felicidades amigos, continuaran abriendo puertas.

Carta de un niño cubano al futuro.

carta de un niño cubano al futuro
No sé cuando leerás esta carta, si será dentro de 10, 20, 30 o mas años. Solo sé, que será en el futuro cuando yo sea un hombre o tal vez el abuelo de alguien como tú o como yo. Cuando la leas serás un niño como yo, tendrás sueños, ilusiones. Nacerás en Cuba, una isla preciosa, un país maravilloso, ámala siempre, porque la patria, termina siendo siempre lo más importante.

Te deseo un montón de cosas buenas, que seas feliz, muy feliz, que la suerte del amor siempre te acompañe y te ayude a conquistar el futuro. Quiero que puedas gritar, a cualquier edad, lo que sientas, en cada esquina de la ciudad y de la isla, sin temor a que te regañen, te repriman o te encierren. Quiero que seas un hombre libre en toda la dimensión exacta de la palabra.

Te deseo que los sueños que otros niños no hemos podido cumplir, tú los realices. Esa esperanza nos ayuda a vivir el presente, a reparar los sueños rotos.

Sé que cuando nazcas, tus padres estarán felices, muy felices. Vivirán en una Cuba diferente, mejor; tengo fe en el futuro. No sé si en tu infancia, los niños cubanos volverán a esperar, a creer en los reyes magos y a esperarlos cada 6 de enero. Si los reyes magos decidirán volver a visitarnos y a traernos regalos, sueños y esperanzas. Quiero que no pases las angustias de un juguete básico, no básico o dirigido. Quiero que disfrutes la alegría plena de un día de reyes por venir. Que tu mamá no sufra porque le toco comprar el 2do día y el juguete que te gustaba se lo llevaron el primer día. Tampoco quiero que te pares frente a una vidriera repleta de juguetes caros y suspires entre lágrimas, sabiendo que tus padres no podrán comprártelos, ese no es el futuro que te deseo.

No quiero que seas un niño rico, porque a veces, tener mucho, termina dañando el alma y corrompiendo los sentimientos, pero no quiero que tengas carencias. Que nunca te falte lo necesario, lo imprescindible, para que los sueños no te duelan. No deseo que la preocupación de cada día de tu mamá sea; ¿Qué le daré de comer hoy a mi hijo? ¿Qué pondré en la mesa? Quiero que su preocupación mayor sea tu futuro, que vas a ser cuando crezcas, formarte como un hombre pleno.

Quiero que puedas tomarte cada mañana, mediodía, tarde o noche, un buen vaso de leche. Tal vez no entiendas este deseo, pero llevamos años con vasos de leche prometidos que tardan en llegar y los niños, se han hecho hombres y viejos, esperándolos. También quiero que cada día tengas un vaso enorme lleno de esperanzas y sueños, alimentar el alma, es tan importante como alimentar al cuerpo.

Confío en que vas a ser un niño estudioso, que iras puntual a la escuela, que tu aula será hermosa y la amaras. Me imagino esa aula con un busto de Marti y una imagen de la Caridad del Cobre, convocando ambos a la unión de todos los cubanos. Quiero que estudies hasta lograr una carrera y ser un profesional exitoso, lamentablemente, ese no es mi sueño. En esta época dura y convulsa que me toco vivir, estudiar, no es la solución a los problemas. Mi tío Yazmani, se graduó de ingeniero y esta trabajando de camarero en una paladar. Su titulo no alcanza para poner todos los días un plato de comida en la mesa a sus hijos y tuvo que guardarlo y salir a luchar por la vida de su familia. Eso es duro, duele y mucho.

Yo, como muchos niños, he pensado muchas veces en irme, eso de vivir en la Yuma, un poco que nos gusta a muchos, pero siempre termino decidiendo quedarme. No quiero tener que echar raíces en otras tierras y me afinco a la mía con dientes y uñas.

Quiero que tengas una familia enorme, unida y feliz. Que la sala de la casa de tu abuelita, no tenga que extenderse a la fuerza y llegar hasta Madrid, Miami, Buenos Aires en el intento de que todos estemos juntos, aunque sea solo una tarde de domingo. Te deseo una abuelita como la mía, dulce, cariñosa, que sea tu abuela, madre, amiga y novia a la vez, pero que nunca tenga la tristeza en la mirada de mi abuela cuando en el almuerzo del domingo, pasa lista y nota ausencias en la mesa. Yo le pregunto, ¿Qué te pasa abue? Siempre me dice; nada, una basurita que me cayó en el ojo. Yo la beso mucho, un beso por cada hijo y nieto ausente, por cada afecto lejano. Es duro esto de tener una familia dispersa por el mundo, no quiero que esto te suceda a ti, ni a ningún niño cubano del futuro.

Tal vez te sorprendas por mi forma de escribir, sabes tengo un tío escritor que vive en Miami. Ha publicado varios libros, todos me los ha regalado y yo los he leído un montón de veces. Cada vez que escribe un cuento, lo imprime y me lo envía con alguien, paso horas leyéndolos. Si alguna vez él lee esta carta, seguro que me da un cocotazo, sonríe y me dice; sigue robándome las palabras, esa carta parece que la escribí yo. Aunque te parezca raro, mi tío de Miami, es quien me enseño a amar a Cuba. En cada llamada por teléfono, en cada carta, en cada conversación cara a cara, siempre me habla de Cuba y de su amor por esta islita. La patria es un montón de cosas, me dice siempre, es tu madre, tu abuela, sus lágrimas y sus caricias, es tu primera partidura de cabeza, el beso de tu mamá en tu frente cuando tienes fiebre alta, la primera noviecita, la primera alegría y la primera lagrima. Así aprendí a amar a Cuba, gracias a él; un cubano de Miami.

Quiero que cuando seas un niño como yo, el futuro no sea escapar, quiero que sea quedarse, afincarse a esta tierra, resolver sus problemas y hacerla mejor. Que ningún cubano tenga que irse a buscar fuera de su patria, libertades, ni pan. Que nuestra isla abrace fuerte a sus hijos y todos unidos luchen por un futuro mejor.

Sabes, no sé si decirte primo o hermano, todos mis amiguitos son como mis primos. Todos los niños cubanos, somos como una gran familia, sin importar colores, ni lugares de nacimiento. No sé a que jugaran los niños en el futuro, que juguetes raros y desconocidos por mi, usaran para sus juegos. No quiero que olvides jugar al pom, a los cogìos, a lanzarte en una chivichana por una calle o a jugar a las bolas con tus amiguitos, esos juegos te ayudaran a ser cubano y a hacer amigos, a tomar el sol y el aire, a vivir, no dejes que desaparezcan.

Nunca des motivos para que tu mamá, tu abuelita o tus tías, lloren por ti. Las lagrimas de los seres queridos, terminan pesando como plomo en el alma.

Quiero que si un día te enfermas, tu mamá pueda llevarte al mejor hospital de la ciudad. Que nadie le pregunte de parte de quien viene, ni tenga que invocar nombres de “personajes” para que te atiendan, tampoco quiero que le pregunten si tiene dinero para pagar. Sabes, curarse cuando uno esta enfermo es un derecho y no un negocio y quiero que siempre tengas ese derecho.

Quiero que decidas tu vida, que nadie la decida por ti. Es duro eso de que te prohíban un montón de cosas y que lo que no te prohíban, te lo impongan. Un niño, un hombre, tiene el derecho de elegir caminos. Espero que siempre elijas el mejor.

No sé en que año perdido del futuro leerás esta carta. La escribo confiado, sentado en el contén del tiempo. Con la certeza que llegara a ti y la harás tuya.

Quiero que cuando veas una balsa, pienses en olas, alegrías, sol y días de familia y risas. Que una balsa no te sobrecoja, no te recuerde huidas, muertes, estampidas, ni familias rotas. Quiero que nuestra historia cambie para bien de todos. Como dice mi tío en sus cuentos, quiero esa “patria con todos y para el bien de todos”. El me explicó lo que quiso decir Martì con esa frase.

Te deseo que un día le lleves un ramo gigante de girasoles a Cachita, allá en el Cobre. Que cuando estés frente a ella le digas mirándole a los ojos; Cachita, aquí estoy, aquí estamos todos, no falta nadie, estamos todos juntos, al fin.

Un abrazo grande, de aquí a la luna, muy fuerte. Te quiero primo.

Un niño cubano de estos tiempos.

Fotografia cortesia de Yohandry Leyva, fotógrafo cubano residente en Cuba.

Elena, Malena y Lena, ¡Las Burke!

Elena
Mis amigos más cercanos, saben que hace tiempo tengo en mente un escrito sobre Elena Burke. Un escrito sobre la Burke mayor como dicen con orgullo su hija Malena y su nieta Lena. Un escrito que de cierta manera rinda homenaje a Elena y a Las Burke, esa excepcional trilogía de mujeres que dan continuidad y brillo a un apellido ilustre, que son una en tres tiempos.
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Tengo un amigo que sabe de mi amor por La Habana, que me dice que para él, La Habana es olor a salitre, a bahía, es aventuras inconfensables en esas calles habaneras, es tiempos amargos y difíciles, todo eso endulzado con el toque mágico de la voz de Elena que salva lo mejor de sus memorias. Así de importante e imprescindible, es para muchos la voz y presencia de Elena Burke.

Elena fue, es, de esas cantantes capaces de dar un nuevo sentido y matiz a una canción, de estrenarlas en su voz haciéndolas nuevas. Escucharla es hacer silencio obligado, convocar emociones, recuerdos, seguros que en su voz, siempre cantara lo sentimental.

He tenido la oportunidad de asistir a conciertos de las Burke. Las he disfrutado en teatros y sitios nocturnos de La Habana y Miami. No importa el lugar, ni el momento, las experiencias internacionales o la juventud, en las venas de Las Burke, corre la cubania desbocada, dispuesta a saltar en cada nota y gesto.

En mi intento de acercarme a la esencia de estas mujeres, asistí, hace días, a un concierto de Lena. Me sorprendió su vitalidad y su talento en escena, su devoción y amor por su madre y su abuelita, a quien dedico una canción, “Eterna pasajera”. Se que Lena andará un camino largo, que el éxito y las ganas le acompañaran siempre, que enriquecerá la herencia de abuela y madre, prestigiando y amando, el apellido que lleva con orgullo.

Anoche asistí al concierto de Malena Burke en Hoy como ayer. Fue el modo, a lo cubano, de muchos, de celebrar el 4 de julio. Mi ultimo “empujón” para dar forma a mi modesto homenaje a Elena y Las Burke.

Malena inicia su concierto con una canción que en la letra recorre los barrios habaneros. Nos lleva entre notas y acordes, desde la esquina de Tejas, hasta el Vedado. Pasamos por Buenavista y Miramar y aprovecho para darle un beso a mami, que sonríe dormida, ajena al milagro de la música y la voz de Malena. Hasta la mamá de Hiram sale a saludarme desde su balcón en Centro Habana y alcanza a gritarme, ¡Regreso pronto! Es como una comparsa arrollando por La Habana a todo tren, de cubanos nostálgicos que no renunciaran jamás a sus raíces.

Rinde homenaje a la mora y desde el cielo Moraima aplaude y siente el alivio de su voz. Malena, guarachea, canta a capella, improvisa, baila, hace chistes. Dueña de la escena, lo sabe hacer todo y lo hace bien, con esa gracia y picardía cubana que bebió al nacer, en la mejor de las fuentes.
Dedica una canción a sus cuatro hijos y las lágrimas me nublan la vista, su imagen se me confunde con la de mi madre. Me parece que es ella quien me canta y me da alas, me enseña a volar, que intenta hacerme más feliz, en suprema entrega de amor maternal.

En el escenario, entre el piano, guitarras, tumbadoras y micrófonos, adivino a Elena, apuntándole la letra, ayudándola en el agudo, asintiendo feliz al final de cada interpretación. Le trae a Lena al escenario y el dúo de madre e hija, se me antoja trío y casi escucho la voz de Elena, feliz e inmortal, sumando su voz a la noche.
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Sonrío y el nombre del lugar se me antoja una trampa. He disfrutado de las Burke, Hoy como ayer y como siempre, en derroche de arte y cubania, deleite de mulatas que entre notas, acordes, mieles y girasoles, regalan arte y sonrisas, talento y raíces, afianzadas en la tierra que las vio nacer y echando ramas nuevas por el mundo.

Un estribillo final termina un concierto donde no falto nada ni nadie. Donde tres generaciones de Burkes nos volvieron a regalar una noche habanera, un 4 de julio, entre fuegos artificiales y aplausos; ¡Se acabo lo que se daba, la botella esta vacía, vámonos!

Voy hasta el camerino en busca de una foto, saludo a Favio Días, hacedor de arte y milagros, tren impulsor de nuestra cultura en Miami. Malena me recibe sonriente, accede a una foto, me pregunta, ¿Te gusto?
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Ivette, de fiesta con su voz.

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Escucharla es siempre, de un modo u otro, un éxtasis de sentimientos, emociones desatadas, fiesta de notas y cubanìa. La he llamado, la voz de La Habana, la voz de mi país, no por exceso de amor o derrochador de halagos, por ganárselo con su voz. Su traernos ciudades y país en cada canción, en cada frase y gesto. Tuve la suerte de conocerla en Miami, de ser parte de esos primeros aplausos que borraron distancias, que le demostraron que los cubanos somos siempre los mismos, sin importar norte o sur, burlándonos de la geografía y del tiempo.

Sube al escenario y llevados por su voz, su arte, asistimos a una fiesta de los sentidos. La magia se adueña de la noche, girasoles florecen entre los instrumentos musicales, colibríes revolotean en las notas de las canciones, las luces prefieren ser rojas, blancas y azules. Tal parece que La Giraldilla, apunta al pequeño escenario del Hotel Telégrafo, ella tampoco quiere perderse el disfrute de, una noche con, Ivette Cepeda.

Comienza su concierto con Mariposita de primavera y su voz es como un suspiro de amor fugaz que revolotea entre aplausos y en negativa a extinguirse, regala una y otra canción.

Le escucho por segunda vez su canción, País. En esta ocasión adquiere otro sentido, como si la estrenara para mí. Estoy escuchándola desde la otra orilla, con mis pies sobre mi tierra. En noche de bienvenida, reencuentros, fiesta de besos, reafirmaciones. Ivette se me antoja una palma real o un girasol gigante, regalándome frases y acordes, ratificando que “mi raíz es el sueño de los que aquí están, de los que han partido”. No tengo dudas, “soy de aquí de este suelo”. Un país mío, nuestro, estalla en su voz, convocándonos a unirnos, a hacer, a no dejar morir los sueños.

Mientras canta recuerdo su ultima visita a Miami, los aplausos y deslumbramientos de un publico que la hizo suya, que le desbordo el emblemático “Hoy como ayer”, una y otra vez, rindiéndose a sus pies y su voz. Puerto Rico no escapo a su magia y el teatro Tapia, en funciones repletas de público, arte y amor, le acaricio con la otra ala del pájaro. Casi viajo hasta San Juan a escucharla, a regalarme ese encuentro de alas y artes.

Termina su concierto, saluda a amigos. Me regala un abrazo y un beso, me sorprende con halagos. Justo cuando iba a regalarle adjetivos y prometerle próximos escritos, me dice; ay habanero, que lindo escribes, no son tus halagos, las cosas lindas que dices de mi, es la forma en que escribes, en que lo dices todo. Me deja sin palabras, sorprendido y orgulloso, me prometo hacerle un día una entrevista, a lo Habanero2000, mientras sonrojado le digo gracias. Mis amigas, las palabras, a veces, me abandonan cuando mas las necesito.

Le saludo de parte de Candi Sosa, que compartió escenario con ella en Los Ángeles y de Marvin. Le pregunto por su próxima visita a Miami, no se cuando regrese, me responde. Allá en un rinconcito de mi mente me digo, tengo que decirle a Favio que nos la lleve pronto, su próxima presentación en Miami, será como hoy en la Habana, como ayer en Miami, como siempre, ¡un regalo!

Regreso, vuelvo a mi vida en la ciudad que elegí para vivir y construir sueños. Pienso y repaso los conciertos de Ivette, a un lado y otro de este mar, ¿El mejor? El próximo, sin dudas, será siempre su mejor concierto, ese que aún esta por hacerse realidad.
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Dos voces, desbordando sentimientos.

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Un concierto en Miami, en Alfaro’s. Dos amigos uniendo esfuerzos y ganas, imponiéndose en una ciudad que, a pesar de ser muy cubana, a veces no tiende la mano a nuestros artistas. Dos hombres dispuestos a ganarse un público a fuerza de acordes, voces y una voluntad enorme de no darse por vencidos, de reinventarse una y otra vez. La ciudad no se resiste y termina tendiéndoles una mano. Alfaro’s repleto de público y amigos los recibe y aplaude.

Se nos presentan, “a su manera” como adelantándonos que romperán reglas y conceptos que todo se irá dando al influjo de la noche y nosotros. A una manera distinta en la que todo puede suceder y sucederá.

Samuel, me complace con una primera parte acústica, sabe que es mi preferida. En esta ocasión, créanme, aplaudí con la misma fuerza todo el concierto. No sé si termine convenciendo a Samuel que su mejor momento es al piano o el logro convencerme que, sin el piano, sigue librando batallas en un escenario y ganándolas.

Para mí, este concierto tiene una significación especial. Me acompaña un amigo que hace dos meses libro una batalla terrible con la muerte y la venció. Mientras escucho a Eddy y a Samuel, lo miro aplaudiendo, y hasta llorando de emoción con las canciones y me siento feliz. Fuimos muchos sujetándolo a la vida. Lo presento a amigos que se sorprenden y saludan. Mi amigo, en su primera juventud, canto en centros nocturnos habaneros y su primera salida nocturna es a un concierto de dos voces cubanas, unidas en un sentimiento. Sé que lo disfruto como un regalo de este regreso a la vida que entre todos logramos.

Eddy y Samuel dedican el concierto a Jacinto González, un amigo de ambos que partió hace unos días. Así es la vida, no todas las batallas se ganan, algunos amigos dicen adiós, siguen viviendo en el recuerdo y el amor, en sus obras.

Dedican un fragmento del concierto a la trova tradicional cubana, Pensamiento, le dice a Fragancia cuanto la amamos, que no la podemos olvidar, que vive en nuestras almas, ella lo sabe. Pensamiento y fragancia se me antojan dos orillas de un mismo pueblo. Invitan a Lourdes Libertad a recrear junto a ellos estas canciones, Roberto Polledo, los acompaña al piano y Longina, seductora y provocativa, seduce a todos con su encanto y belleza.

El homenaje a Frank Domínguez, convierte a Alfaro’s en un rincón de La Habana, que traviesa y coqueta se desata libre y eterna. Hay palmeras al viento y olas salpicándonos, un regalo extra de la noche que se vuelve cubana al influjo de voces y talentos.

¿Lo mejor del concierto? Ese ambiente desenfadado, de amigos compartiendo y dando todo, bromeando y descargando. Esa conjunción de voces que deja con ganas de más y provoca aplausos, lagrimas, risas y suspiros. Esa voluntad de hacer de dos amigos que lograron convertir al público en su cómplice y obligarlo a comentar entre los aplausos finales, ¿Cuándo será el próximo concierto?

Dos voces, un piano y muchos sentimientos compartidos es el saldo final de un concierto que desde ya, debe comenzar a programar su próxima fecha. Los esperamos seguros que sobran ganas, voz, talento y voluntades para seguir uniendo voces y amigos en más de un sentimiento.

Ivette, ¡la voz de un paìs!

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¡Por fin, Ivette en concierto! Desde marzo la esperábamos en esta orilla con amor y ansias. En su primera visita nos ganó con ese amor a primera escucha que solo quienes cantan con el corazón logran. En esa ocasión, la llame La voz de La Habana, como si la ciudad le pidiera que nos dijera todo lo que quiere y no puede y ella accediera gustosa, en su mensaje de amor. En este segundo concierto su misión no es solo traernos el mensaje de una ciudad, es mayor, sobre su voz pesa la responsabilidad de ser, la voz de un PAIS. Como si la isla, le dijera a nuestra ciudad, la necesito, solo ella, su voz, como un milagro, podrá hablar por mí y La Habana en un guiño le dijera, es nuestra voz, dejémosla hacer seguros y confiados.

Comienza el concierto y su voz teje lazos, puentes, cercanías, borra ausencias. La música logra lo que absurdos, prohibiciones, decretos y extremismos no pueden, une a un pueblo disperso por el mundo. Reafirma que estar a un lado u otro del mar no nos hace enemigos, somos hermanos, orgullosos de serlo. Comparte escenario, emociones y aplausos con Aymee Nuviola, Malena Burke y Albita Rodríguez. Su dúo con Malena se me antoja un trio, sé que Elena desde el cielo sumo su voz y sus ganas en cada nota, cada agudo. Se hace historia en el escenario y en nuestros corazones. Las imagino en la Habana, en una plaza o parque, en el Malecón, regalando su arte y su mensaje de amor y unidad a nuestros hermanos de la otra orilla, como un regalo necesario y esperado. Cuando Ivette, Malena y Aymee, se unen en “De mis recuerdos”, sus vestidos azul, blanco y rojo se me antojan bandera desplegada al viento de la unión y las ganas. Invocan a Elena que no puede unirse a este trio de lujo, las lágrimas de emoción se le vuelven lluvia y refresca emociones y alientos.

Ivette, recordando sus tiempos de maestra, decide hacer un pase de lista de figuras imprescindibles de nuestra música, Celia, Rosita, Benny, Gloria Stefan, Willy Chirino, Formel, Memé Solís, Moraima, Elena, muchos más. Su pase de lista reafirma uniones, borra distancias, dinamita absurdos, nos convoca a la unión.

En mayo pasado le dije.
“- Imagino lo que pasara en el teatro en Miami, cuando cantes “País”, será una apoteosis de emociones, le digo.
– ¿Tú crees?
– ¡Lo sé!”
Mi profecía se cumplió con creces, un silencio de emoción y alientos contenidos inunda el teatro mientras nos regala un PAIS, en su voz. No tuve tiempo de voltearme a mirar a los ojos del público a mi lado, mi vista nublada por las lágrimas no quería perderse un detalle. Los aplausos fuertes y prolongados agradecen su canción, su voz, su presencia, su ser cubana. El orgullo de ser cubano estalla, casi puede tocarse con el alma.

Reconoce a Rosita Fornés en el público y baja a dedicarle una canción, se abrazan, intercambian halagos y cariños. El público de pie no quiere perderse un detalle de ese minuto histórico, como si el siempre y el futuro se abrazaran.

Canta “Préstame tu color” y una bandera orgullosa se los regala, segura que sabrá cuidarlos y lucirlos con orgullo. Su voz abrirá ventanas y puertas, derrumbara paredes, hará milagros.

Fabio, artífice de este concierto, enamorado, como muchos, de Ivette y su voz, le trae un ramo de flores. Después de escucharla, tenía que traerla, como un regalo a este pueblo, nos dice. Agradecemos su regalo que esperamos se repita, aún sin concluirse, ya tenemos ganas de más.

Termina el concierto, Ivette sigue cantando en mi corazón. Escribo escuchando su disco, revivo emociones y nostalgias. Se me antoja que nuestro país, este país nuestro, agradece junto a nosotros canciones y voz, casi le escucho decirle al oído, gracias Ivette, ¡Por prestarme tu voz!

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